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Las historias en LA CIUDAD son historias sin terminar. El espectador no sabe cómo acaban. ¿Los trabajadores de Ladrillos se quedan ahí, sólos con el cuerpo de José? ¿Francisco vuelve a encontrar a María, o a su tío? ¿Consigue la hija del titiritero ir a la escuela?¿Le pagan a Ana por su trabajo, se alivia su hija? Una pregunta muy común después de ver la película es: ¿Qué pasa después? Y precisamente porque éste programa retrata la vida real de los y las migrantes, "lo que pasa después" debe ser respondido en la vida real. ¿Qué pasa después con los trabajadores indocumentados que se lastiman en el trabajo o a quienes no les pagan? ¿Qué pasa después con los niños y niñas que necesitan educación, vivienda y servicios de salud? ¿Qué pasa con quién se siente sólo y aislado y no tiene a quien recurrir? ¿Quién decide qué pasa después? En la vida real, ¿Quién "escribe" el final de las historias? Las preguntas que las cuatro historias plantean son un llamado a la acción personal y a la organización comunitaria. La familia, el taller, la cocina, la iglesia, la escuela, el sindicato, la esquina en donde se busca trabajo; todos esos son lugares para responder a la pregunta de ¿Qué pasa después?. La creación de espacios para hablar sobre la historia personal y para recordar las formas de resistencia a las pruebas que impone la migración, es una manera de cosechar los frutos de éstas experiencias, es también una oportunidad para construir comunidad y ganar más fuerza. Los hombres y mujeres que participaron en LA CIUDAD tomaron el riesgo de hacerse visibles y romper el silencio, varios ya han sido detenidos y deportados por ser indocumentados, la esperanza que permanece es que quien vea la película se motive a participar en la construcción de una sociedad que reconozca los derechos de los inmigrantes como seres humanos y como trabajadores. Siguiente |
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