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Papel de los medios de comunicación

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Comunicaciones

Por Donald S. Frazier

Máquina del telégrafo

La guerra entre Estados Unidos y México fue la primera en la que se hizo un considerable uso de innovaciones tecnológicas a nivel estratégico. En ningún otro aspecto esto fue tan evidente como en las comunicaciones. Todavía había mensajeros a caballo que transportaban informes de las batallas y despachos que llevaban bien seguros dentro de sus alforjas, pero en el período entre 1821 a 1854, los barcos de vapor, los ferrocarriles y los telégrafos transmitían las comunicaciones fundamentales a velocidades antes inimaginables.

Las comunicaciones tácticas en todos los ejércitos de esta área seguían siendo iguales a las de las primeras guerras. Los generales conducían sus batallas desde ubicaciones centrales próximas a las líneas de fuego, mientras tenían la batalla al alcance de la vista y el oído. Los tambores, las trompetas y las banderas marcaban el avance de las unidades en el combate. Las unidades situadas en ubicaciones distantes recibían órdenes verbales o escritas a través de oficiales o mensajeros que, frecuentemente, mantenían su puesto en el estado mayor no por un entrenamiento formal ni una experiencia en particular sino por sus conexiones con el oficial que estaba al mando. Faltaba mucho para la época del entrenamiento profesional del estado mayor. Aun así, estos mensajeros voluntarios proporcionaban el vínculo fundamental entre el comandante y su comando. Para muchos ejércitos de este período, inclusive el de México, el método de intercambio de información en mano se extendía también a las comunicaciones estratégicas.

Sello

Cada vez más, Estados Unidos obtuvo una clara ventaja sobre sus adversarios gracias a la aplicación de tecnología a las comunicaciones. En Estados Unidos, los dispositivos mecánicos reemplazaron a los mensajeros. Cuando llegaba un despacho a un depósito o una base de suministros situada lejos de la retaguardia del ejército en el campo, muchas veces encontraba su camino a través de los rápidos barcos de vapor o los buques de comunicaciones que a su vez llevaban el mensaje a un puerto interior, una terminal ferroviaria o un poste telegráfico. Los barcos de vapor habían transitado las aguas internas de Estados Unidos desde 1807. Esta conquista tecnológica de las corrientes de los ríos permitía la transferencia relativamente rápida de materiales e información tanto río arriba como río abajo, lo que convertía a las vías fluviales y los canales navegables en autopistas naturales. Después de 1826 los ferrocarriles comenzaron a superar a las comunicaciones ribereñas.

En 1844, Samuel Morse envió el mensaje "What hath God wrought" (Lo que Dios ha creado) a través de los alambres de cobre de un dispositivo al que llamó telégrafo. Con el perfeccionamiento de este invento, las comunicaciones dieron un gran salto hacia delante con las correspondientes implicaciones para las aplicaciones estratégicas y comerciales. Un observador militar señaló que, en el pasado, las innovaciones habían ocurrido lentamente y a intervalos, mientras que en la primera mitad del siglo xix los cambios ocurrían a una velocidad alarmante. Ahora, un período de diez años marcaba "una época en el progreso de los inventos y las mejoras modernas. Incluso cinco años pueden modificar sustancialmente planes de defensa que ahora se consideran los mejores y los más indispensables". Un buen plan estratégico se podía poner en peligro o deshacer por medio de una transferencia rápida de información. En 1850, el escritor Richard S. Fisher exclamó: "Viajamos gracias al vapor y conversamos tan rápido como un rayo".

Las implicaciones de estas innovaciones sobre la guerra entre Estados Unidos y México fueron profundas. En Estados Unidos, las noticias del frente llegaban en apenas unos días, y los políticos al igual que los generales podían reaccionar rápidamente a circunstancias cambiantes. El público estaba al tanto de las noticias y apoyaba la guerra en mayor o menor grado con base en los últimos informes del frente. Finalmente, materiales y hombres llegaban de lugares remotos de Estados Unidos a un ritmo constante y confiable. Todas estas ventajas permitieron que la nación llevara adelante una guerra en el extranjero, muy alejada de sus centros de población.