Latino Americanos Blog

De Desamparados de Harvard

Agosto 19, 2013 8:55 PM por Cemelli De Aztlan

Cemelli De AztlanMuchas personas no habrían pensado que una persona de El Paso, Texas, sin domicilio fijo y que abandonó la escuela preparatoria habría hecho historia en la Universidad de Harvard. Mi historia es surrealista sólo porque las oportunidades son escasas, la educación es censurada y porque todavía persiste la discriminación.

Cuando regresé a El Paso yo quería marcar la diferencia en un lugar que conocía en mi sangre y huesos. Como activista y defensora de la justicia racial, yo tengo la oportunidad de involucrar a las personas en las discusiones sobre las luchas humanas reales. A menudo, la gente pregunta: “¿Y qué es la justicia racial?” y yo les explico que la justicia racial es corregir las injusticias. Se trata de poder decir lo que piensas cuando los demás quieren que guardes silencio. Tratar de romper los estereotipos que están destinados a limitarte. La justicia racial consiste en empoderarte a ti mismo mediante la educación. En la actualidad, si tú eres hispano, los datos muestran que te verás 50% más propenso a la deserción de la escuela preparatoria. El hecho de recibir una educación conduce a darle la vuelta a una historia de discriminación, injusticia y estadísticas de gente destinada al fracaso, y es por eso que el obtener una educación es la justicia racial.

Siendo hija de activistas del movimiento chicano, mi educación comenzó desde temprano, como una niña revolucionaria dentro de las aulas improvisadas alrededor de mesas de cocina y en el suelo de las salas. Aprendí sobre mis ancestros, canté canciones en casas de trabajo forzado, planté vegetales y marché junto a mis padres en las protestas. Siempre me enseñaron a estar orgullosa de mi cultura, el respeto a la madre tierra y siempre, y quiero decir siempre, a cuestionar a la autoridad.

De niña constantemente me mandaban a la oficina del director por “mala conducta”. Me quejé de la política de “sólo inglés” luego de que presencié cómo un alumno era castigado por hablar español en clase. Saqué buenas notas, pero los programas de detención me llevaron a quedarme fuera de la clase. Me dejaron a vérmelas con mis propias defensas junto con los que crean problemas. Entre trabajar de noche en el restaurante del barrio abierto las 24 horas y constantemente metiéndome en líos, la escuela fácilmente se fue a la deriva. A los 15 años, yo  era desertora de la preparatoria, estaba embarazada y vivía en las calles.

Me tomó juntar mucho valor para regresar a la escuela cuando tenía 18 años. Era mayor que los otros niños, mientras que ellos estaban ocupados en vivir lo que me parecían vidas perfectas, yo estaba luchando para recomponer mi vida.

Cuando finalmente me gradué de la preparatoria, me aceptaron en la Universidad de Concordia. La universidad fue algo duro. Había vivido demasiado y peor aún, yo era la única mujer en mi programa, así como la única que no era blanca. Al final de mi primer año, ya era de nuevo una alumna desertora. En el último día de clases les informé a mis profesores que no regresaría. Un profesor me buscó y me retó a que me quedara. Junto con ese desafío, me dio un libro, “A New Religious America” (una nueva América religiosa) de Diana Eck. En su escrito, ella le atribuye a los pueblos indígenas el haber inculcado la idea ‘americana’ de que se pueden unir varias creencias en un entendimiento común. Cuando leí su biografía y me di cuenta de que era una profesora de la Universidad de Harvard, decidí que un día iba a estudiar en Harvard. Fue este sentimiento de inspiración que me permitió que me quedara en la Universidad. A pesar del miedo, de la discriminación y de mí misma, no deserté.

El día que llegó la carta de aceptación fue el momento más surrealista de mi vida. No podía creer que había sido aceptada para ir a la Universidad de Harvard.
Ese primer otoño en Cambridge el conocimiento y el poder eran palpables. Durante mi primer mes estaba flotando en una nube rosa – como si finalmente se hubieran desmantelado las barreras; como si no existiera la discriminación, porque a alguien como yo se le dio la oportunidad de estar entre ellos, pero eso no duró mucho.

Uno de mis primeros proyectos fue construir un altar para la celebración anual del “Día de los Muertos” organizada en el Museo Peabody de Harvard. El Dr. David Carrasco organizó la celebración e invitó al Consulado de México de Boston como el invitado de honor.

Durante el transcurso de la celebración, una multitud de manifestantes estaba reunida en torno al Museo, condenando al gobierno mexicano por la represión de la huelga del sindicato de profesores de Oaxaca. La tensión eran fuerte, y el Museo fue ‘cerrado’. Junto con otros estudiantes, me dirigí hacia el piso 2 en busca de un baño. ¡Y de la nada, un policía de Harvard me agarró, me aventó por la escalera dos pisos y me sacó por la puerta de atrás, empujándome hacia una multitud de policías y manifestantes!

Aturdida, evité la protesta y me retiré a la Divinity School, donde se exhibía el altar en el que trabajé. Mientras intentaba entender lo que había pasado, un profesor se acercó a mí para hablar sobre el altar. Al darse cuenta de mi mirada vidriosa, me preguntó que ‘si todo estaba bien’. Le conté los acontecimientos que acaban de suceder. Al final de mi historia, oí la voz del Dr. Carrasco exclamar, “¡QUÉ HICIERON ¿QUÉ?!”. En un santiamén, tenía a una multitud de nosotros caminando con una causa hacia el Museo Peabody. Cuando llegamos a la puerta de atrás por la que me habían expulsado, el Dr. Carassco le quitó el seguro a la puerta –pero, cuando la abrió, ese policía forzó su brazo contra el cuello de mi profesor y le ordenó que se hiciera a un lado y le cerró la puerta en la cara.

Fue esta experiencia que puso en marcha mi labor de defensa en Harvard. Encendió la rabia en mí respecto a lo que era ser perfilado, empujado y expulsado. Inmediatamente encontré razones para asegurarme aliados, desplegar mis defensas y exigir el cambio.
Comencé a estudiar nuestra cultura y cómo la historia nos ha dejado fuera de los libros de historia. Desafié a los líderes políticos, estudiantes, profesores, decanos y exigí que se cambiaran nuestros sistemas educativos; exigí que se tomara en cuenta la historia entre Cuauhtémoc y César Chávez. Cuando me gradué en 2009 con un Máster en divinidad, me dijeron que debido a mi labor de defensa a esta causa, yo había hecho historia en la Universidad de Harvard.
blog comments powered by Disqus