Latino Americanos Blog

The Rainbow Fish

Agosto 20, 2013 11:48 AM por Amber Seira

Amber SeiraEn la escuela primaria me encantó leer El pez arco iris, un libro de fotos sobre un pez con muchas escamas brillantes que aprende lo que es la alegría de dar a los demás después de que finalmente supera la vanidad y comparte sus escamas de arco iris con sus demás peces amigos. Avanzando casi dos décadas en el futuro y nunca me imaginé que este sencillo cuento personificaría mi experiencia universitaria como latino y graduado de primera generación de la universidad. 

Mi experiencia de haber obtenido la primera licenciatura de mi familia no es algo inusual entre los latinos del país. 22 por ciento de los estudiantes universitarios inscritos tienen al menos un padre inmigrante y 40 por ciento de los jóvenes latinos inscritos en la educación post-preparatoria son estudiantes universitarios de primera generación. Resulta que yo encajo bien en ambas estadísticas.  

A la edad de 17 años tomé la decisión de dejar todo y de aventurarme al Este para asistir a la Universidad Estatal de Ohio. Las consecuencias de esa decisión nunca cruzaron por mi mente; de lo contrario me hubiera asustado por haber soñado con algo más pequeño. De haber sabido acerca de la dolorosa nostalgia y el severo choque cultural que experimentaría, me habría parecido fácil convencerme de desistir. Además, no me daba cuenta de la dificultad para iniciar la escuela sin ningún tipo de red de apoyo. No tenía ningún familiar ni amigos en todo el campus, ni mucho menos en el estado.  

Por último, encaré el problema común que muchos de los latinos de primera generación enfrentan, la falta de representación en la educación superior. De cara al privilegio y a una ignorancia cultural malentendida me fue duro enfrentar el racismo en donde me sentía que seriamente me superaban en número. Mi experiencia fue de comentarios de la escama como: “Ah, ¿eres mexicana? Yo me dejé el bigote y me puse un sombrero el Cinco de Mayo” hasta "Tu presentación fue interesante sobre la inmigración a Ohio, pero ¿cuáles son tus sugerencias para los inmigrantes ilegales y sus bebés ancla?”. Si bien eran  abrumadores, al principio yo constantemente me alejé de todos estos temas. Pronto descubrí que una vez que la barrera hacia la independencia se rompía nada parecía irreal o imposible para mí.  

Un aspecto obvio que caracteriza a los estudiantes universitarios de primera generación es que se valen por sí mismos para resolver el proceso de presentar la solicitud a la universidad. Personalmente yo tuve que buscar información por mí mismo, pasar muchas confusas horas en el laboratorio de computación de mi escuela preparatoria. Mi hermana menor también desempeñó un papel singular en mi experiencia universitaria. Al principio me frustraba cuando me pedía un consejo sobre la solicitud a la universidad. Yo quería que mi hermana pasara por lo mismo que yo; a la larga cesó mi amargura. Pronto comencé a valorar mi experiencia bicultural y me di cuenta de que era algo que debía compartir con ella.  

En mis últimos años en la universidad fui llevada como el pez arco iris a compartir partes mías con todo el mundo, contando mi historia y cambiando la situación de mi hermana, de sus colegas y la de la comunidad en general en lo referente al acceso a la educación superior para los latinos y los resultados de logros. Después de encontrar los espacios apropiados, en última instancia esto moldeó mi participación en el campus y la trayectoria de mi carrera. Ayudé a fundar la Asociación de estudiantes latinos del Estado de Ohio, fui nominada para trabajar con un grupo de trabajo encargado de la reevaluación del clima del campus y me ofrecí de voluntaria en las oportunidades de tutoría en la preparatoria que surgían. Una vez motivada había una razón para tomar y acoger cada día con mi latinidad. En mi último año traduje esta pasión en una oportunidad profesional y efectúe una pasantía en Washington, DC en el Departamento de Educación de Estados Unidos en la División de la institución de servicio a los hispanos. Aprendí mucho acerca de la situación en el país relativa al logro del éxito en la educación superior entre los latinos. No fue sino hasta la semana de mi graduación que me pusieron mi prueba más difícil.  

 

De las numerosas ceremonias previas a la graduación a las que asistí, ninguna fue más importante para mí que la Ceremonia de graduación de los latinos. Fue allí que recibiría mi estola para llevarla con orgullo a la graduación, un símbolo público para honrar a mis orígenes mexicano-estadounidenses. Para mí no fue un marcador de identidad, fue una declaración que confirmaba que todo lo que había logrado para recibir mi título había sido posible junto con mi patrimonio cultural, y no una desventaja.  

La mayor satisfacción de logro que nunca antes había experimentado ocurrió ese viernes por la noche cuando por fin sentí la estola colocada sobre mis hombros, una sensación grandemente anticipada durante cuatro años. Esa emoción sólo sería superada el siguiente domingo, cuando por primera vez abrí el estuche de mi diploma y leí mi nombre inscrito en mi certificado de grado.

Sacaron un millón de fotos después de la ceremonia del viernes. Una foto que recuerdo con toda claridad es aquélla del momento cuando mi hermana se volteó hacia mí y me pidió que si podía sacarse una foto de ella con mi estola puesta. Un feo sentimiento familiar me brotó de regreso. Mi primer pensamiento fue el de: ¡No! ¡No puedes usar esto! Tú no tienes idea de todo lo que tuve que pasar. Recordé todas las desveladas que me pasé estudiando para los exámenes, las largas distancias a casa en el Día de acción de gracias, los constantes comentarios hechos acerca de mi etnicidad que seriamente desafiaban mi paciencia.

Amber Seira at GraduationPausando, me di cuenta de que no, que posiblemente ella no sabría exactamente por lo que había pasado para lograr esto. De hecho, es posible que mi hermana quizás ya haya tenido un vistazo de las dificultades de la educación post preparatoria, pero sí que sabrá de sobra lo que se siente tener y ver a nuestra herencia cultural celebrada junto con un logro elitista.

Con toda rapidez, para disfrazar mi titubeo, me quité de los hombros la tela morada y se la puse en los suyos que esperaban. En ese instante experimenté mi verdadero momento de Pez arco iris, al compartir con ella la representación física del éxito y el orgullo por mi herencia cultural con alguien aún más valioso que el triunfo.

¿De qué sirve alcanzar la cima de la montaña si no tienes a alguien con quien compartir esa experiencia? No basta con ser el único que triunfa; como latinos tenemos que navegar por nuestra crianza bicultural y establecer un lugar y una comprensión personal de la educación. Aquellos de nosotros a quienes se les conduce a llevar su latinidad a su carrera están abogando por toda la comunidad latina. Siempre es importante mantener fuertes lazos comunitarios e inspirar al menos a una persona para que llegue a convertirse en algo más de lo que alguna vez pensó que le sería posible ser.

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