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Día del descubrimiento de Puerto Rico

Agosto 21, 2013 10:10 PM por Sherman Jackson

Sherman JacksonYo descubrí que yo era puertorriqueño el 17 de marzo de 1954, día de San Patricio.

Mientras esperaba a la directora que tocaba la campana, yo estaba ya adelante de la mayoría de los niños. Su primera campanada era para que todos los niños se quedaran quietos, y con la segunda, los alumnos tenían que caminar a sus sitios designados fuera de la escuela y formarse y prepararse a iniciar su día escolar.

 St. Pius estaba ubicada en la calle Visser Street entre las avenidas Willis y Brook en el sur del Bronx, que en aquel entonces era un barrio predominantemente irlandés con un puñado de italianos, aunque los puertorriqueños iban llegando a diario.

 Había vivido unos siete duros meses desde el primer día en que me puse el uniforme escolar de pantalón azul, camisa blanca y corbata con las iniciales SPS, pero me había estado ajustando. En esa soleada mañana de marzo, al igual que habían hecho todos mis compañeros de escuela, me puse una corbata verde brillante.

 Toda la semana anterior habíamos estado cantando: "Soy un fabricante de relojes irlandés y a Nueva York sólo vine, Seamus O'Brian-ese es mi nombre". A mí me habían gustado la canción, el recortar tréboles de cartulina y el aprender cómo San Patricio había perseguido a las serpientes y las había echado fuera de Irlanda.

 Mi padre se llamaba Chester O'Neil Jackson y mi madre me había dicho que mi padre era irlandés. Entonces, entre el nombre de mi padre, la aseguración de mi madre y las canciones populares, ¡caray, yo era irlandés!

 Yo era irlandés, bueno, digamos que hasta que un alumno de séptimo grado se me acercó, agarró mi corbata y me preguntó: "Spic, ¿qué haces tú con una corbata verde puesta?" Yo le respondí: enfáticamente: "¡Soy irlandés!". Y con una fuerte carcajada el chico llamó a sus amigos, "McLaughlin, O' Hara, miren, el pequeño puertorriqueño cree que es irlandés". Mi corbata se había rasgado alrededor de mi cuello y los tres alumnos de séptimo grado comenzaron a golpearme.

 Cuando mi maestra, la hermana Pius Marie me vio sin corbata, y con la camisa arrugada y el labio hinchado, me preguntó que qué había pasado. Me daba vergüenza decirle que había sido golpeado porque no era irlandés. Quizás hayas visto a la gente que se ponen los botones o camisetas por allí del día de San Patricio día que proclaman: "Todo el mundo es irlandés el día de San Patricio". Cuando veas ese eslogan, sólo recuerda lo que me pasó y di: "¡No es así!"

 Desde el primer día fue duro ir a St. Pius. Mi madre me acompañó a la escuela el primer día. La directora salió de su oficina y estaba regañando a mi madre porque llegamos tarde. Mientras a mi madre la estaban regañando, yo me agarré de su falda con el puño apretado, y mientras vi al final del pasillo a una monja mucho más joven arrastrando y jalando del pelo a un niño. El niño lloraba. Estaba horrorizado.

 Después de la regañada de la directora, ella hizo que la siguiéramos mientras se preparaba a presentarme a mi nueva maestra. Me di cuenta de que nos estábamos acercando al lugar de la escena que acababa de presenciar. ¿Iba a tener la desgracia de ser arrojado al mismísimo salón con la monja violenta?

 Comencé a hacer mi versión de la caminata lunar, alejándome de la mano con la que me tenía agarrado mi madre y de la monja feroz. Mi corazón estaba agitado. Mis manos estaban sudando y me estaba acercando a un estado de pánico. Yo sólo había estado en aulas en Puerto Rico donde mi madre había sido la maestra.

 Al entrar, traté de no mirar a ninguno de los chicos y simplemente seguí a la monja hasta una silla de madera junto a su escritorio donde me senté. Ella empezó a hacerme preguntas para las que mi mamá y mi papá me habían preparado: ¿Cuál es tu nombre? Sherman Lee Jackson. ¿En dónde vives? 222 East 154 Street. Luego pidió que leyera.

 Nunca había hablado más inglés que lo requerido en las canciones que mi madre enseñaba en la escuela que decían: "pollito-chicken y gallina-hen, lápiz-pencil y pluma-pen”. Comencé a pronunciar: "See Spot run" y "Dick and Jane called Spot". ¡Increíble! Yo no sabía que podía hablar inglés y mucho menos leerlo. Más extraño aun, yo entendía todo lo que la monja estaba diciendo.

 Desafortunadamente ella no entendió todo lo que yo diría ese día. Después de asignarme un escritorio en medio del aula, la monja sacó unas tarjetas blancas grandes, cada una marcada con una letra del alfabeto.

 Vi como el primer niño se puso de pie y espetó la letra que la monja estaba sosteniendo y luego se sentó, enseguida, el siguiente estudiante se paró y repitió el proceso. ¡Lo tenía! Solo hay que pararse, decir la letra y volver a sentarse. ¡Qué cosa tan simple! ¡Genial!, yo me sabía el alfabeto. Sin duda podría yo impresionar a la monja y a mis compañeros de clase. Tuve suerte cuando llegó mi turno, la monja sostuvo la letra más fácil de todas las posibilidades: la primera letra del alfabeto, ante la que me puse de pie con toda confianza e identifiqué como: "Ahhhh," y satisfecho de mí mismo, me senté.

 La monja no se movió hacia el estudiante que seguía detrás de mí. Se quedó parada allí sosteniendo la misma letra. Ella me indicó que me levantara otra vez, y yo repetí: "Ahhhh". De repente, la única otra chica de la clase que hablaba español dijo: “Lo está diciendo bien, hermana, pero él está pronunciándola en español". Le eché una mirada matadora a Alice Quiñones y la llamé ‘metiche’, entre tanto la monja movía el dedo frente a mí y me explicó que "Ahh" era uno de los sonidos que la letra hacía, pero que en inglés, la letra se pronunciaba "Aeeee".

 El primer grado fue duro. Aprendí a hablar en inglés, a leer en inglés, a cantar en inglés y que yo no soy irlandés. Hay un viejo refrán que mi abuela utilizaba cuando yo era pequeño y vivía en Puerto Rico: "No hay mal que por bien no venga". Traducido más o menos al dicho en inglés, burdamente  significa –que cada nube tiene un revestimiento de plata. El mío fue el haber descubierto ¡el día de San Patricio que yo era puertorriqueño!  

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