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sello de nuestro patrimonio cultural

Agosto 23, 2013 10:18 AM por Soldanela Rivera

Soldanela RiveraCuando crecía en Puerto Rico durante los años setenta y ochenta la balada pop, salsa y las canciones de protesta en español sonaban por todas partes.

Recuerdo los sábados por la mañana cuando mi madre limpiaba el patio y el balcón con la manguera y limpiaba la casa tocando a todo volumen Lucecita Benítez, Chico Buarque, Valeria Lynch, Amanda Miguel, Pablo Milanés, Isabel Pantoja, Silvio Rodríguez, Violeta Parra, Sandro, Joan Manuel Serrat, o Mercedes Sosa.

El hecho de ir al banco, al centro comercial, a un restaurante o sencillamente al estar en el carro significaba Roberto Carlos, Juan Gabriel, Julio Iglesias, José José, FANIA, José Luis Perales, José Luis Rodríguez “El Puma” y en algunos círculos, incluido el mío, Charles Aznavour.

Por cada gran compositor de canciones de habla inglesa y compositor que la industria de la música estadounidense exaltaba, América Latina tenía su contraparte o equivalente. Es algo así como: Juan Gabriel = Barry Manilow; Violeta Parra = Joan Báez; Silvio Rodríguez = Bob Dylan; Sandro = Elvis Presley; o, Joan Manuel Serrat = Leonard Cohen.

Por un golpe de suerte hereditaria yo crecí rodeada de actores, compositores, bailarines, cineastas, músicos, pintores, productores, cantantes y escritores.

Un cantante en particular me hizo profundizar en mi comprensión no sólo de la música latina sino también de la música en general. Su nombre es Danny Rivera y resulta que es mi padre.

Sus proyectos musicales cubren toda la gama de géneros de la danza puertorriqueña, de la serenata, a la música folklórica puertorriqueña, hasta las canciones de protesta. Gracias a él aprendí, hablando en forma casual, de las contrapartes en América Latina del gran cancionero americano con canciones de Don Tite Curet Alonso, Don Felo, Pedro Flores, Carlos Gardel, Cheito González, Rafael Hernández, Agustín Lara, Juan Morel Campos, Sylvia Rexach y Daniel Santos.

Él hizo hermosos discos como Alborada, Danza para mi pueblo y Serenata, y Así Cantaba Cheito González. Recuerdo que le dedicó un concierto entero a Violeta Parra, alrededor de 1978 en coproducción con el Teatro del 60, que tocó en el desaparecido Teatro Sylvia Rexach en Puerta de Tierra, San Juan, Puerto Rico. El concierto, Gracias a la Vida (Fiesta en casa de Violeta) Danny Rivera Canta Violeta Parra es mi primer recuerdo de un concierto en vivo. Recientemente encontré un borrador del programa original donde mi padre incluye una carta que es tan pertinente hoy en día como lo era hace casi 40 años. En éste, él explica por qué creía en el sueño de Simón Bolívar de unificar a Hispano América. Hoy en día, es el sueño de Bolívar, uno puede decir, no realizado. Existe una nación de América Latina, no hay duda de ello, pero en la medida en que el “mercado” intenta capturarla en su conjunto, pasa inadvertida entre guerras políticas e inexactitudes históricas. Él se relaciona con la labor de Parra para esta unificación no resuelta y describe sus letras compasivas como un anhelo por mitigar el sufrimiento de un pueblo mayormente marginado.

Su disco Danza para mi Pueblo era una oda a la vieja tradición puertorriqueña de la danza. El disco incluyó su interpretación del himno nacional puertorriqueño original, proscrito, La Borinqueña, de la poetisa puertorriqueña Lola Rodríguez de Tió.


Tengo buenos recuerdos del proceso de producción del disco Alborada. Algunos de los temas de ese disco son emblemas de su trayectoria musical. También es un banquete musical inquietantemente atemporal.

En 6 de mayo de 2010 él presentó su cuarto concierto como artista principal en Carnegie Hall junto con el gran Michel Camilo. Sinceramente él hizo una verdadera actuación tour-de-force. Danny tiene esta voz, esta manera melódica, esta increíble gama y forma de abordar la música que es verdaderamente notable. Es un cantante popular.

Empezó a ser referido como “la voz nacional de Puerto Rico”. No estoy segura quién le puso el apodo, pero comenzó a usarse en la prensa hace muchos años. Creo que su postura descarada por la libertad de Puerto Rico y una América Latina unificada tuvo algo que ver con ello. ¿Por qué no trascendió su carrera a "mayores alturas”? es historia para otra ocasión y acerca de la industria en sí.

A pesar de toda la controversia política que le precede, su catálogo musical demuestra que se preocupa y está presente en todo el arte de la música latinoamericana y su gente. Es una rocola musical enciclopédica andando. Su catálogo musical incluye los géneros del continente y él nunca les dio la espalda a los artistas emergentes de esta nación.

Pero, ¿qué significa todo esto para los latinos de Estados Unidos? Para mí significa que tenemos el sello de nuestro patrimonio cultural.

Cuando vine a vivir en Nueva York en 1990, sola, pronto aprendí que tenía que aferrarme a algo para ubicarme como un individuo. Fue entonces cuando me di cuenta de que yo había traído conmigo la voz de mis padres; los grandes hombres y mujeres artistas que he conocido, escuchado y que me inspiraron; las canciones que describen a América Latina y que conjuran sentimientos en mí de orgullo, nostalgia y compasión; la identidad contradictoria que llevo dentro por ser un puertorriqueño y un ciudadano estadounidense; los proyectos que mi padre afinó e hizo que abordaran la identidad; sus lágrimas; el respeto de mis padres por la cultura; esquinas de las calles del viejo San Juan; mis años de escuela; Piñones; el Caribe; y el hecho de ver de primera mano el sacrificio, con toda su gloria y escasez, de dedicar la vida a la música y a la cultura.

Estas cosas me han marcado. Ellas me han enseñado que América Latina ha producido profunda literatura, música, danza, teatro y obras de arte visual. Mi experiencia cultural, estando plenamente consciente de que existen otros afligidos por la tragedia y el sufrimiento, me hace sentir mucho parte de la suma de las partes de toda la historia que se cuenta, no se cuenta, se cuenta mal y se cuenta correctamente sobre nosotros.

Es como cuando escucho a Mercedes Sosa cantar Solo le pido a Dios, o a Héctor Lavoe cantar Abuelita o a mi papá cantar el Villancico Yaucano yo sé que pertenezco a algo hermoso y que el arte y la cultura tienen importancia.

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