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La Carlota

Agosto 26, 2013 10:22 AM por Sara Monteagudo

Sara MonteagudpDurante los últimos 200 años, la solidaridad entre las mujeres de orígenes africano, español o indígena, en conjunto conocidas hoy en día en las Américas como latinas, ha intentado borrar la opresión ya sea con la pluma o con la espada en mano. Una mujer en particular, una cubana luchadora por la libertad conocida como La Carlota transmitió su espíritu de abolición a las generaciones que ahora cubren dos siglos.

Hoy, este espíritu de libertad se expresa a medida que los líderes unen su fuerza para implementar planes sólidos dirigidos a ayudar a nuestros jóvenes en el logro de la mejor forma de empoderamiento: las destrezas para ejercer el pensamiento crítico. Maestros, psicólogos, administradores y padres voluntarios, están todos presentes, para cerciorarse de que los niños en sus comunidades locales están recibiendo la mejor educación posible, ya que esto los arma con las habilidades y el autoestima necesarias para prosperar en esta acelerada generación de comercio global y tecnología. Y lo más importante, una sólida educación no sólo les permitirá identificar cuando experimenten la opresión de primera mano, sino también hacer algo para resolverlo de manera inteligente.

En la escuela P.S. 28, en Washington Heights, Nueva York yo vi como esta magia entra en acción durante el tiempo que pasé enseñando allí. Todas las maestras dieron el 100% de ellas mismas a los estudiantes de esta comunidad de clase obrera en dificultades, teniendo el futuro de los niños bien en mente, hasta lo más adelante, cada vez que iniciaban un nuevo día. Esta colaboración entre las mujeres para ayudar a que las económicamente pobres alcancen nuevas alturas no es nada nuevo. Por supuesto, en el camino ha habido hombres entregados a esta labor, no obstante, hoy voy a hablar de las mujeres del mundo que se juntan para marcar una diferencia.

En 1843, la abolicionista cubana, La Carlota, luchó por la emancipación de los esclavos de las plantaciones. Aunque La Carlota tenía ascendencia Yoruba, el espíritu de liberar a los oprimidos entre los latinos siempre ha trascendido a la raza, el patrimonio cultural y la clase social.

Carlota, una mujer esclava, se levantó en armas con machete en la mano para luchar cara a cara contra al opresor. Fue en la sublevación de los esclavos de 1843 en el ingenio azucarero del Triunvirato en la provincia de Matanzas de Cuba donde fue asesinada.

Más o menos al mismo tiempo que La Carlota luchaba con su hacha enarbolada bien en alto, cara a cara contra los hombres, que una mujer de clase alta, cubana de herencia española, Gertrudis Gómez de Avellaneda, publicaba en 1841 su novela antiesclavista, Sab. Avellaneda, (1814-1873), que se crió entre esclavos, era también muy franca al expresar sus sentimientos en contra de la esclavitud y ella los plasmó en sus escritos. En su novela, Avellaneda, enfatiza el trabajo arduo, el abuso y la crueldad de los amos hacia sus esclavos. Para estas mujeres del siglo XIX les quedaba bien en claro contra quién y qué luchaban. Las heridas eran físicas y el enemigo era el único con látigo en mano. El mensaje de La Carlota era claro. Deja ir a mi pueblo. Trátennos como seres humanos, porque nosotros tenemos tanto derecho a la libertad en el comercio y la propiedad de la tierra como lo tiene la clase de la élite. La Carlota de hoy en día, sin importar la raza o la clase social en la que nace, sabe que es por medio del poder que brinda la educación que se conducirá a la próxima generación de jóvenes hombres y mujeres y moldeará su manera de pensar de modo que los beneficie, en lugar de permitirles caer presa de quiénes los querrán sujetar.

En la mentalidad anti-esclavista moderna, la novela para jóvenes adultos, Cimarrona, (2013), yo he vinculado los grilletes de la opresión de antaño a las trabas de nuestros días por medio de Chabelis, la protagonista, quien en la historia es la hija de La Carlota, y representa su espíritu que aún persiste. Esta adolescente cimarrona no sólo representa el increíble espíritu de lucha por la libertad de La Carlota que aún perdura, sino que también le habla a nuestra juventud de hoy en día, en la medida en que demasiadas veces también tienen que sobrevivir al trauma de la violencia a fin de marcar una diferencia en el mundo sin comprometerse al derramamiento de sangre.

Y, hoy, nuestra juventud experimenta la violencia que no es sólo física o está en las calles. Ellos se ven sutilmente, pero de modo muy siniestro, animados a seguir un estilo de vida de complacencia y mediocridad en la medida en que se ven consumidos por los mensajes de texto, los juegos de video y el hecho de ver programas sin sentido sobre zombis. Su mundo tridimensional se ha convertido en una existencia de 2-D cuando que en realidad podrían estar prosperando en sus comunidades y alcanzando las cimas del éxito en sus carreras. Ellos mismos no están estableciendo los nexos necesarios entre los luchadores por la libertad que vinieron antes que ellos y su predicamento actual de la libertad social, para ver la importancia de mantener el espíritu de lucha contra la opresión en la parte delantera de su psique. Hoy, la moderna Carlota de nuestros días es la mujer que se bate contra el opresor, que busca controlar las ideas y las acciones de nuestros jóvenes a través de lo que se revela y lo que se omite en los medios de comunicación y en el desarrollo de los planes de estudio educativos. Ella es la mujer que ha intercambiado las acciones de violencia en busca de justicia por una sólida formación educativa en el ámbito judicial. El espíritu de La Carlota prevalece bastante vivo en las mujeres como la Ministra de la Suprema Corte, Sonia Sotomayor, y la representante del Congreso del 27o distrito republicano, Ileana Ros-Lehtinen, quien hasta el día de hoy lucha por la libertad de Cuba.

Nuestros jóvenes latinos de hoy deben saber que el espíritu de La Carlota se mantuvo vivo a lo largo del siglo XX mientras blancos y negros marcharon en solidaridad durante el Movimiento de los derechos civiles, a la voz de libertad e igualdad para todos. Hoy, el espíritu de La Carlota se expresa a través de las mujeres que han dominado el micrófono como su arma. Está vivo en las presentadoras de programas televisivos Cristina y Oprah, que han utilizado su educación como medio de expresión para llegar a los oprimidos y alentarlos a superar la mentalidad rebañega. La plataforma de los medios sociales también ha sido un instrumento viable para la diseminación de la libertad como una manera de pensar: la libertad de expresión, la libertad de la voluntad, la libertad de elección.

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