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Este es Sherman Jackson Reportando para NBC News

Agosto 28, 2013 4:17 PM por Sherman Jackson

Sherman JacksonA raíz de los disturbios urbanos por todo el país de la década de 1960, el Presidente Lyndon B. Johnson designó una comisión para examinar los incidentes y determinar las causas de los disturbios. La Comisión Kerner, como era conocida, trabajó extensamente e hizo decenas de recomendaciones para abordar las disparidades en el empleo, la vivienda y la vigilancia de las comunidades principalmente afro-estadounidenses. 

De manera significativa, la Comisión hizo también recomendaciones sobre la cobertura mediática de los disturbios y estableció las medidas que la industria de los noticieros y el gobierno podrían tomar para presentar una visión más equilibrada de las comunidades de color.

Mientras se acredita a los medios de comunicación con un esfuerzo por hacer presentaciones de información precisa y equilibrada, la Comisión también determinó que
 la industria necesitaba  

Contratar más negros en el periodismo y las emisiones y promover a aquéllos que están calificados en las escuelas y continúan hasta la universidad; y en caso necesario, la ayuda para la capacitación debe proporcionarse. Y cooperar en el establecimiento de un Instituto de comunicaciones urbano de organización y financiamiento privado dedicado a entrenar y educar a los periodistas en el área de asuntos urbanos, reclutar y capacitar a más periodistas negros, fortalecer los métodos para mejorar la relación entre la policía y la prensa, revisar la cobertura de los disturbios y problemas raciales, y seguir apoyando la investigación en el ámbito urbano.  

Fred Friendly era un decano de la escuela de graduados de periodismo de Columbia University. Friendly y Columbia, en cooperación con la Fundación Ford, llevaron a efecto las recomendaciones de la Comisión e iniciaron un programa para reclutar y capacitar a periodistas de las minorías.

Me convertí en un reportero después de enterarme de que WABC-TV estaba buscando a “un hombre hispano” que se convirtiera en periodista de Eyewitness News. Había hecho un trabajo de radio mientras estudiaba en la Universidad de Puerto Rico y siempre tuve la reputación de hablar bien el inglés, usando palabras que la mayoría de mis amigos pensaba que sólo pertenecían al diccionario y que no tenían cabida en la conversación.

Yo sabía que solo había habido una periodista puertorriqueña que trabajaba en la TV en Nueva York en la historia de la humanidad. Su nombre era Gloria Rojas, y todavía recuerdo el orgullo y la curiosidad que sentía al ver y escuchar sus reportajes en las noticias de WCBS TV.

Yo había estado trabajando en el barrio cuando un grupo que se hacía llamar los Young Lords, ocuparon una iglesia local para usarla como lugar donde las familias pobres podían ir para recibir comida gratis. Todos los señores llevaban boinas púrpuras y chaquetas de cuero negro de tres cuartos de largo.

El ahora famoso, Geraldo Rivera estaba allí. Geraldo era abogado y había ofrecido sus servicios legales a los Young Lords que estaban siendo detenidos y golpeados por miembros de la fuerza de la policía táctica del Departamento de Policía de Nueva York –las tropas de asalto que usaban casco y visera de “los mejores de Nueva York”.

Algunos meses después de que la ocupación de la iglesia había terminado, llamé a la Universidad de Columbia y me enviaron un material para revisar y escribir ensayos.

Todo marchaba bien hasta que el director del programa me llamó para decirme que WABC había decidido contratar a Geraldo Rivera, quien había sido entrevistado antes. Un día más tarde, sin embargo, me volvieron a llamar y me dijeron que NBC estaba interesada en mí, y me mandaron en avión a Chicago donde pasé un día entero con el vicepresidente y el gerente general de las seis estaciones propiedad de NBC y que NBC opera en todo el país.

Cuando regresé a casa esa misma noche, me llamó el Vicepresidente de NBC y me dijo: “¡Bienvenido a bordo!”.

Empecé en la NBC en septiembre de 1970 redactando las noticias de las 6 de la tarde mientras que a un colega y compañero de Columbia lo pusieron a prueba enviándolo primero a las calles como reportero. Después de sólo dos meses, fue mi turno, y después de unos pocos meses, como reportero de asignación general, firmé un contrato por tres años.

NBC me puso a cubrir de todo desde los incendios a los disparos, pero también querían usar mis antecedentes dado que la Comisión Kerner había recomendado que pudiera cubrir los vecindarios de minorías con mi particular punto de vista.

  Una de esas historias involucraba a un grupo de familias sin hogar que habían estado “viviendo ilegalmente” en edificios de propiedad de la Universidad de Columbia y que habían sido desalojados sin tener nada más a dónde ir que un sótano cercano a la iglesia. Cubrí su situación durante tres días, haciendo seguimientos en un intento por entrar a un edificio Mitchell-Lama recién construido y ocupar los apartamentos. 


Una mañana, ya rumbo al trabajo, contesté el teléfono y un hombre con un profundo acento sureño me preguntó si yo era Sherman Jackson y si mi madre se llamaba Norma. Le dije que sí y le pregunté que quién llamaba. La respuesta me sorprendió: “Este es tu papá, hijo. Yo estaba viendo el Today Show esta mañana y vi un reportaje realizado por un joven de aspecto hispano que firmó como Sherman Jackson, y pensé que ese debería ser mi hijo”. No había visto o escuchado de mi padre desde que tenía diez años y había regresado a Georgia después de que mi mamá y él se habían separado.


Un día, después de cerrar una historia sobre la visita de un funcionario federal a Nueva York, mi director de noticias me sacó de lado y me dijo que le había gustado mi “cierre”--que había captado la esencia de la hipocresía detrás de la retórica del gobierno, pero luego agregó: “Ahora bien, si hubieras firmado usando un nombre hispano, habría sido mucho mejor”.


Le pregunté que qué quería decir, y me preguntó que cuál era el apellido de mi madre. Cuando le dije Vincenty, él se rio y dijo: “¿Sherman Vincenty”? Eso suena como un judío italiano”. Le corregí la pronunciación. Le expliqué que Vincenty se pronunciaba Vincenti y no Vinchenti. Además, le dije que me gustaba mi nombre y que había estado ya en el aire cerca de dos años, y si él estaba sugiriendo que lo cambiara a algo así como Juan Pancho Martínez, Rodríguez González, que mejor lo pensara mejor otra vez.  


Yo disfruté de mi trabajo como reportero de noticias y, hasta la fecha, si bien no estoy en la industria, sueño con el día cuando pueda yo hacer las preguntas que  veo que otros reporteros no formulan y ofrecer la perspectiva de alguien que igualmente creció en un hogar monoparental, andaba por las calles del Bronx y que también soportó su ración de privaciones.

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