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Porque el sueño sabe más que tú: Crónicas de un ciudadano bilingüe de las Américas hemisféricas

Agosto 30, 2013 11:48 AM por Jose Torres-Tama

Jose Torres-Tama
Dedicatoria al inmigrante/Oda al inmigrante
 
El emigrante cruza por varias razones, por necesidad económica,
The immigrant crosses for various reasons, for economical necessity,
por el sueño de otra vida mejor, por evitar percusión política,
for the dream of a better life, to avoid political persecution,
por libertad social y religiosa, porque el acto de cruzar es un poema físico 
for social and religious freedoms, because the act of crossing is a physical poem,
y un grito rebelde y un ejercicio mítico porque a veces hay que cruzar simplemente 
a rebellious scream, a mythic undertaking because sometimes you simply have to cross
porque unos cabrones coloniales, que llegaron ilegalmente sin documentos apropiados  
because some colonial pimps and pilgrims, who all arrived illegally without documents 
a descubrir algo que ya existía sin ellos, pusieron una línea imaginaria
to discover something that already existed without them, put up an imaginary line
disfrazada como frontera que no es natural, 
disguised as an unnatural border, and sometimes it crosses us,
y porque a veces nos cruzan a nosotros mismos, y por eso no hay solución,
and for that there is no solution other than to cross,
más que cruzar, y el otro lado es una línea quebrada, 
and the other side is a broken line,
pero el sueño de cruzar sabe más que tú. 
but the dream of crossing knows more than you. 

  A menudo yo me siento como un hombre sin país. Si bien he vivido en mi hogar adoptivo de los Estados Unidos desde la edad de siete años, continuamente me recuerdan que soy el “extranjero”, que soy un huésped invitado y tolerado con un derecho cuestionable a reclamar esta tierra como mía. Además, he decidido no renunciar a mi lengua original de nacimiento que es el español y he adoptado una identidad de latino-americano con guión.  

He elegido voluntaria y políticamente conseguir el equilibrio entre los dos mundos distintos que informan mis perspectivas personales, y por las que navego en una realidad bilingü, cosa que no es algo inusual para muchos de mis hermanos y hermanas, brothers and sisters, y para todos los demás inmigrantes que se encuentran en dualidades similares en un país que profesa la igualdad, pero que todavía indiscriminadamente práctica la distribución de sus ideales.

Abrí mi acto con un poema hablado porque espero que efectivamente ilustre la forma hacia la que yo he venido gravitado en un esfuerzo por transformar mis inquietudes sociales y estéticas en arte y para comentar sobre la mitología del “Sueño Americano”, que es el núcleo temático de todo mi trabajo.

Este poema actuado es una obra bilingüe, pero a veces no ofrezco ninguna traducción directa. Entonces, es mejor rendirse a los sonidos desconocidos de otro idioma, como hacen los inmigrantes que se rinden a su objetivo de cruzar al otro lado, de dar el salto al vacío por realizar un sueño esquivo que puede convertirse en una pesadilla.  

Los invito a ser un turista conceptual a través del paisaje de mi actuación muy cargada de implicaciones del mismo modo que he aceptado los desafíos planteados por una migración épica, un nuevo lenguaje y un nuevo país, cuando crucé rumbo a lo desconocido de niño.

Llegué a los Estados Unidos a la edad de siete años con mi madre. Ella era lo suficientemente valiente como para dar el gran salto desde Ecuador, América del Sur, a la Ciudad de Nueva York con una maleta llena de esperanzas, su único hijo y algunas palabras en inglés para negociar nuestro paso a la fría gringolandia de El Norte.

Era septiembre de 1968 cuando primero hicimos nuestra entrada legal a través del puerto de Miami, y mientras nos tenían esperando para pasar la inspección de aduanas en el aeropuerto, fuimos transformados en el altar del Primer Mundo porque había sacrificios que tuvieron que hacerse con el fin de entrar en el Reino.

El primer choque cultural ocurrió cuando me cortaron mi nombre natural de nacimiento, mis dos apellidos de mis raíces latinas y ecuatoriana. 

La primera estrellada cultural y sacudida de la nueva realidad llegó cuando mis dos apellidos, que son parte de mi identidad familiar latina, fueron amputados y separados el uno del otro debido a un apetito bastante incomprensible por la abreviatura de este mundo anglicano dominado por las combinaciones de nombres monosilábicos como John Smith, Bill King y Tom Jones.

Mi nombre de nacimiento completo y más melódico de José Eduardo Torres-Tama se redujo a José Torres, y para eso no había ninguna solución en el momento.

Presencié el indiferente arranque del cuero cabelludo de mi herencia y la matanza de un cordón umbilical metafórico que me conectaba a los fantasmas de todos mis parientes muertos. Mis lazos con Suramérica fueron cortadas precipitada e inesperadamente por la pluma de los funcionarios de la frontera de Estados Unidos, y sin mucho aviso, esta búsqueda del sueño comenzó con un cambio de nombre, simplificando mi nueva identidad oficial en una combinación tan común como Joe Brown.  

En la cultura latina tradicional, son nuestros dos apellidos los que ayudan a distinguir nuestros lazos familiares y a archivar nuestros ancestros.

Me tomaría otros once años para comenzar a deshacer ese acto innecesario perpetrado por los funcionarios de aduanas de Miami y toda una vida de esfuerzos creativos para desafiar a la matriz cultural dominante con su propia lengua por la postura imperial que elige, en la medida en que margina a todos los demás que están fuera de sus paradigmas eurocéntricos y anglicanos.

Ese día que pasé por la inspección de aduanas de Estados Unidos Miami, emergí como otro niño de inmigrantes a lo largo del camino de ladrillos amarillos teniendo sólo a mi madre querida para ofrecerme el amor y la protección necesarios para luchar contra los muchos enfrentamientos raciales que acababan de comenzar.

Mi madre fue testigo de la rajada a nuestros nombres, pero como muchos inmigrantes que llegan a estas costas, no tenía mucho vocabulario como para protestar por esas acciones. Tal vez era mejor aceptar esta dramática imposición sobre nuestras identidades para entrar en la tierra de las oportunidades.  

Después de haber nacido en América del Sur y de haberme criado en América del Norte, me considero un genuino ciudadano bilingüe de las Américas Hemisféricas.

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