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Dura vida en la Big Easy: Los inmigrantes latinos y la recuperación de Nueva Orleans post-Katrina

Septiembre 1, 2013 3:17 PM por Jose Torres-Tama

Jose Torres-TamaEn ningún otro momento desde mi llegada en 1968 he sido testigo de tan flagrante difamación a los inmigrantes que la que veo hoy, y la aprobación de la SB 1070 de Arizona por la gobernadora republicana Brewer en 2010 ha generado otras copionas leyes anti-inmigrantes en estados como Georgia (mayo de 2011), Alabama (junio de 2011) y Carolina del sur (junio de 2011). 


Yo llamo a estos estados la Nueva Confederación del Sur que aprueba leyes Juan Crow que redirigen hoy en día su anterior vitriolo y veneno racial en contra de los afroamericanos ahora hacia los latinos morenos.

Básicamente, la gente que se parece a mí porque yo soy un hombre latino mestizo moreno, y con base en la discreción de la policía local en cualquiera de estos estados, yo podría ser detenido y requerido de presentar mi pasaporte o tarjeta de residencia para demostrar mi estatus.

Imagínate, si viéramos que se aprueban leyes donde se les exige a las personas de ascendencia judía que prueben su estatus legítimo, si a los miles de judíos hasídicos de Nueva York se les detuviera y cuestionara su estatus legal. Habría consecuencias políticas muy fuertes sobre las evaluaciones por perfiles raciales o por vivir como judíos. No es que el pueblo judío no haya experimentado esto antes en freedomlandia.

Nosotros, los morenos, así como nuestros hermanos y hermanas negros, sabemos muy bien lo que significa ser detenido simplemente por ser el otro de color.

Ahora, existen leyes aprobadas para justificar estos asaltos a nuestros cuerpos morenos por parte de las autoridades. Cuando decido viajar de Luisiana a las playas de Florida, tengo que pasar por Alabama y Georgia. Por si acaso debo llevar mi pasaporte conmigo por conducir siendo moreno. 

¡Bienvenido a la tierra de la oportunidad! y he aquí una nueva versión del Sueño Americano que salió mal. Los latinos morenos han sido marcados como sospechosos —sin importar si somos legítimos ciudadanos, residentes legales o indocumentados. 

Lamentablemente, mientras escribo esta crónica, a los indocumentados o según su desprestigio más común de "illegal aliens” (extranjeros ilegales), los están convirtiendo en chivos expiatorios políticos por todo lo que está pasando hoy en “América”, que incluye su creciente desempleo, su sistema de atención sanitaria incosteable, las ineficaces escuelas públicas, su infraestructura en descomposición y el derrumbando de su economía.

Si bien he manifestado que soy el producto de esta mitología del “Sueño americano”, criado por padres inmigrantes arduos trabajadores que eran dueños de su negocio, de un carrito de café en la ciudad de Nueva York, yo exploro el punto débil de este sistema de creencias, y para miles de inmigrantes latinos que los trajeron a Nueva Orleans para participar en la reconstrucción post-Katrina, el sueño de ser capaz de trabajar en el gran imperio muy a menudo se convirtió en una pesadilla infernal.

Todo lo que puedo hacer como artista es hacer un llamado a despertar y a oler el café con leche.

Los aspectos más dolorosos de estos años post-Katrina de los que he sido testigo es que Nueva Orleans, donde cultivé mi voz artística, ha sido cruel con muchos de mis hermanos y hermanas latinos inmigrantes que fueron traídos para la reconstrucción.

“La ciudad que se preocupa se olvidó” nunca se ha preocupado por darle las gracias  oficialmente a los miles de trabajadores inmigrantes latinos que ayudaron a la reconstrucción extensa en los días, semanas, meses y años posteriores a la monumental devastación tras Katrina.

Hombres y mujeres inmigrantes dieron su sudor, sangre y algunos sus vidas para reconstruir una ciudad ingrata que explota su fuerza de trabajo —con la facilidad como explotó a los esclavos africanos cuando “el algodón era rey”.

Este país, al igual que la ciudad de Nueva Orleans, continúa prosperando gracias a la explotación de la mano de obra. Es un hecho simple y brutal para una nación democrática basada en la esclavitud de los africanos y el casi genocidio de los nativos americanos.  

Estas son verdades difíciles.

A los Estados Unidos de Amnesia no les gusta recordar sus épocas oscuras, y nos alienta a que olvidemos que el faro de la libertad del mundo se ha construido con la sangre de otros.


Me niego a olvidar, y continuamente le recuerdo a la gente que fueron los inmigrantes los que limpiaron y repararon los múltiples hoteles para volver a encender los motores turísticos. Su trabajo le permitió a la ciudad declarar que estaba abierta para hacer negocios sólo uno o dos meses después del fracaso de los diques federales y el abandono apocalíptico de su gente por parte de la administración Bush.  

Los inmigrantes limpiaron los desechos humanos en el Superdome y el centro de convenciones. Muchos siguen tratando de forjarse una vida para ellos y sus familias en una ciudad que al mismo tiempo los ha vuelto invisibles.  

Los inmigrantes ocupan un universo paralelo, trabajando a la sombras de una ciudad y de un país que explota su trabajo y les demoniza simultáneamente. La suya es una extraña realidad de ciencia ficción. 

Los trabajadores inmigrantes fueron expuestos a enfermedades en las aguas sucias y contaminadas de la ciudad inundada, y muchos trabajadores se vieron obligados a limpiar casas sin equipo de protección adecuado. Ellos fueron subyugados a condiciones de vida aborrecibles en las que hasta catorce hombres eran alojados en un tráiler destinado a albergar a una persona.  

Un joven hondureño que entrevisté me contó cómo llegó dos semanas después de la tormenta y fue testigo de cómo muchos de sus compadres caían enfermos de gravedad debido a las condiciones de vida y trabajo despreciables. Él fue “alojado” en uno de los tráileres junto con otros trece trabajadores. Casi pierde su brazo izquierdo cuando un contenedor de basura, que pesaba una tonelada, le aplastó la mano izquierda y se la partió en dos, dejándole los dedos colgando.  

Estoy dispuesto a responsabilizar a Nueva Orleans por sus históricos pecados en contra de mis hermanos afroamericanos y sus recientes crímenes en contra de mis hermanos y hermanas, mi resistente familia inmigrante, que luchan por permanecer en una ciudad que han reconstruido.

Creo que necesitamos excavar las múltiples verdades ocultas para recuperarnos completamente de nuestro trauma colectivo por la tormenta y sólo entonces, podremos

P O N E R N O S   D E   P I E   C O M O   U N O. 

 Este fue el tema omnipresente que todos adoptamos cuando volvimos para reconstruir nuestra ciudad inundada.

Todos necesitamos que nos incluyan en una ciudad conocida como el primer puerto multirracial de las Américas Hemisféricas.

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