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Página principal » A hablar sobre la pérdida de control del niño

Hable de sus sentimientos de enojo


Cada uno tiene un minuto para decir lo qué le molesta. Adam me trató muy mal hoy.

Dele a cada uno su turno para auejarse

“Si sus hijos se están quejando o lloriqueando, en vez de decir: 'Deja de lamentarte', fije una hora formal para quejarse (pero póngale un límite de tiempo). De esta manera, todos podrán hacerse partícipes de los sentimientos de los demás, podrán desahogarse y sacar todo lo que les aflige. Asigne a cada miembro de la familia su turno. Sea comprensivo y trate de escuchar lo que hay detrás los lloriqueos o lamentos.”

John Gottman, Ph.D.

Author of Criar a un Niño Emocionalmente Inteligente

Deje que su hijo exprese sus sentimientos negativos, sin juzgarlos. Imagínese si cada vez que usted estuviera disgustado, alguna persona más grande, más alta, que frunce el ceño y que lo mira de arriba a abajo le dijera: “No te sientas así” o “ No me digas eso”. ¿Se sentiría usted con ganas de cerrarse en sí mismo o de contestar con gritos?

Pregúntese a usted mismo: “¿Estoy realmente escuchando a mi hijo o estoy esperando a que él acabe de hablar para decirle lo que yo pienso?”. “A menudo, los niños empiezan a hacer un berrinche porque no sienten que se les escucha. Si usted está pensando en lo que usted dirá mientras que su hijo está hablando, entonces sabrá que realmente usted no está escuchando,” aconseja el Dr. Michael Thompson.

Reflexione sobre los sentimientos de su hijo. Usted podría exclamar: “¡Guau! pero, ¡mira qué enojado estás!” a un niño más joven. Con un niño en edad escolar usted podría intentar decirle: “Ya veo cuán contrariado estás. ¿Podrías decirme que es lo que te hizo sentirte de esa manera?”. (“Qué” es siempre más importante que: ¿”por qué”? —pida datos concretos.)

Retrase el proceso diciendo: “Necesito un momento para pensarlo”. Si su hijo está siendo grosero, o está listo para hacer un berrinche, usted puede aplazarlo dando su retroalimentación. Usted podría decir: “¡Auch! Ese comentario lastima mis sentimientos” o “Veo que estás disgustado. Hablemos.”

Aproveche esta oportunidad para resolver el problema. Si los niños se están peleando, usted podría decirles: “En esta familia (o casa) no ofendemos los sentimientos de la gente. Intentemos solucionar este problema de otra manera.” Luego, pida a cada niño que le dé su propio parecer sobre lo que él cree que sería lo justo. Usted podría decir: “Tú no crees que es justo que tengas que irte a la cama antes que tu hermana. Lo entiendo. Entonces, dime ¿qué piensas que debiéramos hacer?”.

Pídale a su hijo que se lo explique otra vez. Incluso si usted no está de acuerdo, usted podría decir: “Explícame de nuevo qué es lo que te parece tan injusto”. Esto requiere que el niño se calme y que exprese lo que siente.

Reconozca el efecto que tiene su hijo sobre usted. Muchos niños se calmarán, si usted admite y reconoce el efecto que le causan —y se enojan más si usted no lo reconoce. Usted podría detenerse y decir algo como: “He parado el coche” (o “Ya colgué el teléfono”) y tienes ahora toda mi atención”. Y en seguida, haga preguntas tales como: “¿Por qué dices que no entiendo?”.

Enfóquese al comportamiento de su niño, no a su carácter. Usted podría decir: “Los gritos en la cocina no son ACEPTABLES”, en vez de: “¿Cuántas veces te tengo que decir que dejes de gritar?”. Hablen sobre las consecuencias de este comportamiento. Usted podría decir: “Por tu forma de actuar veo que tedremos que evitar y dejar de organizar reuniones de juego con tus amigos después de la escuela”. Esto puede ser más efectivo que decir: “¡Ya no habrá más reuniones de juego para tí!”.

Fijen límites que a su hijo le parezcan razonables. Ponerle un límite a algo no es un castigo. Los límites pueden ayudar a que su hijo aprenda a calmarse. “Los niños encuentran que el hecho de fijar límites como algo que los consuela y los calma,” comenta el Juan Gottman. “Ellos necesitan saber que usted (el padre o la madre) es quién tiene el control.”

Procure que las consecuencias sean relevantes —y aclaréselas. . “Haga que el castigo concuerde con la falta de conducta. Si su hijo derrama la leche [a propósito], él tiene que ayudar a limpiar, en vez de que lo manden al rincón por un rato,” dice el Dr. Gillian McNamee.

SIGUIENTE: ¡Cuándo los ánimos enardecen!

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