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Lupe Hernández
Lupe Hernández, un torbellino de mujer de sólo cinco pies de estatura, ha luchado para sobrevivir desde muy temprana edad. A los 17 años se marchó de la Ciudad de México y lleva 15 años trabajando en la industria de la costura en Los Ángeles. Maura Colorado optó para dejar a sus tres hijos con sus abuelos para buscar un trabajo en Los Ángeles y mantenerlos. Durante los 18 años en Norteamérica, encontró que el trabajando por un salario bajo traía consigo un precio muy alto: condiciones miserables y un estatus de "indocumentada" que le impediría ver a sus hijos. María Pineda llegó a California desde México a la edad de 18 años con la esperanza de una vida mejor y con un esposo también joven. Tras 23 años, las condiciones de trabajo deplorables, un salario de miseria y el abuso doméstico la han encausado en la lucha por el futuro de sus hijos y por su propia dignidad.

Maura Colorado
Lupe, María y Maura, junto con otros trabajadores inmigrantes, tal como se muestra en el nuevo y conmovedor documental en POV Made in L.A., se juntaron en el 2001 en el Centro de Trabajadores de Costura en Los Ángeles para reclamar sus derechos laborales. Contra todo pronóstico, estos trabajadores aparentemente indefensos lanzaron un reto público contra una de las tiendas de ropa más importantes de la ciudad, en una llamada de atención sobre la cara oscura del trabajo de salarios bajos al norte de la frontera. El boicot contra la reconocida cadena de tiendas Forever 21, liderado por ellas junto a otros trabajadores, no sólo evoca una era anterior en la lucha por los derechos de los inmigrantes, sino que revela las fallas sociales de la nueva globalización. Para Lupe, Maura y María, la larga campaña para conseguir que la compañía pague salarios justos y que acepte responsabilidad por las condiciones de trabajo en su "patio trasero" se convirtió un camino de no retorno desde su condición de victimas a su empoderamiento.

María Pineda
Bienvenidos a Los Ángeles: el puerto de entrada actual para los inmigrantes, muchos de los cuales vienen a Estados Unidos en una búsqueda desesperada de trabajo, bien para mandar dinero a su país, bien para traer a otros familiares, o simplemente para tratar de construir una vida mejor para ellos y para sus hijos. Sin conocimiento del inglés, y a menudo sin papeles, encuentran trabajo como temporeros en industrias como la agricultura, construcción, restaurantes o servicios de limpieza. Pero ademés de estos trabajos más reconocibles, muchos acaban trabajando en las fábricas de costura de Los Ángeles. En un salto en el tiempo a un siglo anterior, muchas de estas fábricas son en realidad modernos talleres de explotación, donde los trabajadores de costura principalmente mujeres Latinas o Asiáticas trabajan jornadas de 10 a 14 horas diarias en fábricas cerradas con llave y mal ventiladas, por salarios muy por debajo del mínimo en California. No sólo deben aguantar violaciones como la prohibición corriente de ir al baño o de comer, sino que además deben pelear por horas extras y salarios no pagados.
Mientras los trabajos de fabricación y manufacturización en EEUU se envían a países de sueldos bajos (México, China e Indonesia), los trabajadores pobres siguen arriesgando su vida para venir a este país a realizarlos. Y como las tiendas de moda están a un paso de ellos, pueden ver como la ropa que cosen por centavos se vende a precios muy elevados.
Como muchas otras industrias que explotan la mano de obra inmigrante, la industria multinacional de la costura en Los Ángeles utiliza una red de contratistas y subcontratistas para fabricar su ropa, protegiéndose así de la problemática derivada de los bajos salarios de los trabajadores y de las malas condiciones de trabajo. Made in L.A. expone un sistema que hace que las leyes laborales sean prácticamente imposibles de aplicarse, y que mantiene a los trabajadores atrapados entre los contratistas y la aplicación de la ley, mientras las tiendas y su clientela desconocen el costo humano detrás de la moda. Pero Made in L.A. es, aún más, la historia de las extraordinarias protestas organizadas por los trabajadores del Centro, y las reveladoras historias de tres mujeres unidas por una lucha en común.
¿Cómo unos inmigrantes pobres, indocumentados, vulnerables a la perdida del empleo y a la deportación, van a enfrentarse al status quo? María mantiene a sus hijos con poca ayuda de su esposo alcohólico, pero sus circunstancias suponen un reto constante a su resignación. Maura sufre profundamente por los 18 años en que no ha podido ver a sus hijos o traerlos sanos y salvos a EEUU, y tiene miedo de una deportación que les dejaría a ellos sin sustento económico. Lupe, quien no pudo terminar su bachillerato en México antes de venir al norte, ahora lamenta "sólo saber" trabajar en la costura. Pero es vivaz y está preparada para el cambio, y rápidamente aprende más y más mientras ayuda a otros en la lucha por los derechos laborales.

Thousands of immigrant women work in garment factories in Los Angeles.

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