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Cuban exiles Fidel Castro los llamó "gusanos", "escoria" y, más recientemente, "la mafia de Miami". Entre todos los aspectos que tienen que ver con la revolución cubana, ninguno ha tenido tanto impacto en Norteamérica como la migración de más de un millón de cubanos a los Estados Unidos. Establecidos en su gran mayoría en Miami, pero también en otras partes, los cubanos americanos han creado una sociedad de inmigrantes rica, exitosa y con gran influencia política. A medida que ola tras ola de inmigrantes fueron reconstruyendo sus vidas después de la traumática experiencia de la revolución, ellos lograron recrear y reinterpretar la cultura cubana en un nuevo suelo patrio, abriendo un camino que condujo a la transformación de Miami en una ciudad como las de América Latina. Junto con otros latinos -- inmigrantes y nacidos en los EE.UU. -- ellos han traído un sabor latinoamericano a las costas estadounidenses.

Sueños de los exiliados
La Calle Ocho, en "Little Havana" (La pequeña Habana), el epicentro de la comunidad de los exiliados cubanos, fue construida en base al café cubano cargado, la comida cubana, la música cubana e igualmente a partir de un sentido cubano de los negocios. Pero en su mayor parte fue construida sobre una base política: sobre el deseo ardiente de un pueblo de recapturar lo que recordaba como "un paraíso perdido". "El sueño de regresar, el sueño de la venganza, el sueño de arreglar cuentas y de darle marcha atrás al reloj, ha mantenido a una significativa porción de la diáspora subyugada durante casi cinco décadas. El impacto de estos sentimientos se ha sentido en la política y en los planes de acción de los EE.UU., lógicamente durante la Guerra Fría, pero también por un poco más de una década desde que ésta llegó a su fin", escribe el experto en América Latina, Mark Falcoff.

Cuatro oleadas
Desde el triunfo de la revolución de Fidel Castro en 1959, ha habido un flujo constante de cubanos hacia los Estados Unidos, que se ha visto acentuado por cuatros oleadas significativas: la de 1959 a 1962; la de 1965 a 1974; la de 1980; y la de 1993 a 1995. Cada oleada ha alcanzado capas más profundas de la sociedad cubana, desde los ricos durante los años sesenta, hasta los habitantes de los escuálidos vecindarios de la superpoblada y ruinosa sección central de La Habana en la década de los años noventa.

Los recién llegados
Los cubanos que llegaron a Miami en 1959 era partidarios del gobierno de Batista el cual había sido suplantado. Muy pronto se unieron a ellos un creciente número de cubanos ricos cuyas propiedades les habían sido confiscadas por el gobierno cubano: ejecutivos de las compañías norteamericanas y profesionales ya establecidos, entre ellos, muchos doctores. La mayoría no esperaba que el exilio durara mucho tiempo, sino creía en cambio que Cuba sería liberada pronto; entonces pusieron sus esperanzas primero, en la fallida invasión de la Bahía de Cochinos, y después en la certeza de que los Estados Unidos jamás permitiría la consolidación de un gobierno comunista a noventa millas de sus costas.

Volver a empezar
Muchos de estos pioneros salieron de Cuba sin nada y les tocó volver a empezar de nuevo. Los dueños de los ingenios azucareros se convirtieron en ayudantes de las gasolineras y mujeres que tenían profesiones se emplearon como criadas. Narrada una y otra vez, su historia ya tiene un carácter épico. Los denominados "préstamos de carácter" o préstamos que reconocían la experiencia empresarial previa, dispensados por el Republican Bank y en especial por un banquero cubano llamado Luis Botifoll, le permitió a los cubanos abrir pequeños negocios. Haciendo uso de las habilidades empresariales que trajeron desde su Cuba nativa y aprovechando la creciente población cubana en Miami, poco a poco fueron creando la exitosa historia de Miami por la cual los cubanos americanos son hoy conocidos.

Un anti-castrismo violento
Esta historia también tiene su lado oscuro. A medida que los exiliados cubanos peleaban en contra del represivo régimen de Castro desde el extranjero, muchos cometieron actos de terrorismo. Hubo incursiones ilegales en Cuba, asesinatos, bombas y complots, algunos que involucraban al gobierno de los EE.UU., tales como la Operación Mongoose. Los ladrones que entraron por la fuerza a la sede del partido demócrata en Washington, D.C., al complejo de Watergate también eran cubanos americanos, lo mismo que el terrorista que colocó la bomba que mató a Orlando Letelier, el embajador de Chile en los Estados Unidos. Pero el acto más espantoso cometido por cubanos americanos tuvo lugar en 1976, cuando Orlando Bosch y Luis Carriles Posada colocaron una bomba a bordo de un avión comercial cubano que llevaba civiles. La explosión mató a docenas de víctimas inocentes, entre ellos a unos atletas jóvenes que venían de regreso del extranjero.

Músculo político
A comienzos de 1980, los cubanos americanos comenzaron a ensayar nuevas estrategias. Organizados bajo la poderosa Fundación Nacional Cubano Americana, liderada por el exitoso constructor, Jorge Más Canosa, se convirtieron en una importante fuerza de cabildeo en Washington, la cual durante las dos décadas siguientes jugó un papel muy útil en la formulación de la política de los EE.UU. hacia la Cuba de Fidel Castro. Incluso después del final de la Guerra Fría, la Fundación Cubano Americana logró exitosamente que el embargo comercial de los EE.UU. hacia Cuba se mantuviera, e incluso se apretara un poco más.

La Segunda oleada: Los vuelos de la libertad
Desde mediados y hasta finales de los años sesenta, el descontento en Cuba, alimentado por las dificultades económicas, junto con la erosión y virtual desaparición de las libertades políticas, se intensificó. Particularmente, cuando Castro cerró unas 55,000 pequeñas empresas en 1968, virtualmente eliminando toda la propiedad privada, más cubanos se pusieron en contra de la revolución. Ahora era el rechazo de las clases medias y bajas y de los trabajadores especializados. A medida que la presión subía, Castro abrió el puerto de Camarioca. Desde Miami llegaron parientes a recoger a aquellos que se habían quedado en Cuba. En el lapso de semanas el presidente Lyndon Johnson inauguró los llamados "vuelos de la libertad". Hacia 1974, se le dio la bienvenida a los Estados Unidos a un cuarto de millón de cubanos. Una pequeña porción de los refugiados llegaron de manera indirecta a través de países tales como México y España.

La tercera oleada: El transporte por barco desde Mariel
Crowds in the Plaza de la Revolucion listen to Fidel Castro speech Entre abril y septiembre de 1980, 125,000 cubanos transportados de manera dramática por barco, llegaron a la Florida desde el puerto de Mariel. Este viaje tuvo repercusiones para los Estados Unidos y para la imagen de Castro que habrían de durar años. Todo comenzó cuando un autobús se estrelló contra las puertas de entrada de la embajada del Perú en La Habana. Mientras que se disparaban el uno al otro, dos guardias fueron heridos, y Fidel Castro, en un arranque de cólera, decidió quitar el puesto de seguridad a la entrada de la embajada. "Un grave error," rememoró el jefe de la recién abierta oficina de la Sección de Intereses de los EE.UU. en La Habana, Wayne Smith, "porque en el lapso de varias horas había 10,000 cubanos adentro de la embajada y miles más en camino". Avergonzado, el gobierno cubano llamó a los refugiados escoria o "basura". Castro decidió entonces abrir el puerto de Mariel para cualquiera que quisiera irse de Cuba.

Cambios en la demografía de los refugiados
Una flotilla reunida por los cubanos americanos partió de Miami y ancló en el puerto de Mariel. A medida que el constante flujo de exiliados llegaba a la Florida, todo el mundo notaba la diferencia entre estos refugiados y aquellos que habían llegado antes. De los nuevos recién llegados, un 71% eran obreros: la mismísima gente en cuyo nombre se había llevado a cabo la revolución. Castro también envió en esta ocasión a los EE.UU. a un grupo de criminales y a uno de personas que sufrían de enfermedades mentales. La comunidad cubano americana en Miami, que apenas estaba emergiendo como una importante fuerza económica y política, ahora tendría que luchar con esa nueva imagen; criminales, cubanos incultos y algunos que no eran blancos se habían unido a sus filas. El más avergonzado, sin embargo, fue el mismo Fidel Castro. "Mariel fue una vergüenza porque no solamente fue la clase alta de Cuba la que inmigró, sino también los trabajadores comunes. Mucha gente joven que había crecido bajo el cobijo de la revolución también inmigró", dijo el profesor Jorge Domínguez. "Pero Mariel también fue una vergüenza porque el régimen le mostró su lado feo a la comunidad internacional al deportar a criminales comunes a los Estados Unidos, cometiendo un acto de agresión no sólo en contra del 'gobierno imperialista de EE.UU.', sino en contra de todo el pueblo americano".

La cuarta oleada: Los balseros
El colapso de la Unión Soviética en 1991 dejó sin fondo a una economía cubana que ya se encontraba enferma. En un lapso de tres años la economía se contrajo en un 40%. Por primera vez hubo disturbios en La Habana. Para aligerar la presión, Fidel Castro declaró una vez más que cualquiera que quisiera irse de Cuba podía hacerlo. Durante algún tiempo, balseros se arrojaron al mar a lo largo de la costa de la Florida a bordo de cualquier cosa imaginable: llantas de camión, balsas de madera, cualquier cosa que flotara. La partida de cientos de miles desde las costas cubanas se convirtió en un espectáculo inolvidable.

Regulando el flujo
Desde entonces se ha hecho un esfuerzo por regular una vez más la migración de los cubanos hacia los Estados Unidos. Castro prometió no fomentar más partidas anómalas desde Cuba y EE.UU. acordó otorgar visas a 20,000 cubanos por año. Si estos acuerdos llegan a sobrevivir o no al colapso del régimen cubano o a cualquier otro cambio dentro del gobierno de Cuba, es una preocupación de cierta consideración entre los oficiales estadounidenses, mientras que el gobierno se prepara para saber cómo manejar la transición en Cuba. Lo que todos temen es otro Mariel.



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