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  Huber Matos, un partidario moderado de la revolución cubana Previous
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Huber Matos El caso del Comandante Huber Matos, sentenciado por el régimen de Fidel Castro a 20 años de cárcel por "actos de sedición y traición", tan sólo nueve meses después de la victoria de los rebeldes, por una parte fue un indicio de la desintegración de la coalición revolucionaria, y por otra, marcó la desaparición de aquellos que sostenían una posición "moderada" dentro del gobierno revolucionario de Cuba. "Ese fue el momento cuando los aliados radicales dijeron: 'este es el camino que vamos a seguir e incluso aquellos que pelearon a nuestro lado no pueden decir que no'", afirma el profesor Bill Leogrande.

Un rebelde anti-Batista
Huber Matos, un maestro de escuela y un agricultor que cultivaba arroz, oriundo del pueblo de Manzanillo en la provincia de Oriente en Cuba, venía de una familia modesta de clase media. Como Fidel Castro, Matos era miembro de un partido político, el Partido Ortodoxo, que se oponía al gobierno de Fulgencio Batista. Matos continuó hasta llegar a convertirse en miembro del Movimiento 26 de Julio, un movimiento urbano y clandestino, y más tarde se unió al ejército rebelde de Castro en la Sierra Maestra. Monte adentro, le fue otorgado el rango de comandante, y en enero de 1959, entró a La Habana junto a Castro, encima de un tanque. Ese mismo año, el 19 de octubre, Matos le escribió una carta a Castro en la que renunciaba a su mando, y le mencionaba la preocupación que sentía con respecto a la creciente influencia de los comunistas en el gobierno revolucionario de Cuba.

En sus propias palabras
La historia de las decisiones políticas de Matos está mejor contada en sus propias palabras. Cuando Batista usurpó el poder por medio de un golpe de estado el 10 de marzo de 1952, inicialmente la mayoría de los cubanos reaccionó con indiferencia. Huber Matos estaba entre los pocos que salieron a la calle inmediatamente después:

"El golpe de Batista fue un insulto... Yo lo percibí como una situación que exigía una respuesta. Al día siguiente me uní a los estudiantes y a los trabajadores en una manifestación, en un esfuerzo por tratar de prevenir que Batista se consolidara en el poder".

Moncada y lo que vino después
El 26 de julio de 1953, las guerrillas de Castro asaltaron la base militar del cuartel Moncada . La brutal reacción de Batista lanzó a Castro a desempeñar un papel de líder en la lucha en contra del gobierno. Matos pensó entonces en si debiera unirse al nuevo héroe rebelde:

"El episodio del cuartel Moncada acababa de suceder. Fidel ya estaba en la cárcel y yo estaba involucrado en conspiraciones en contra de Batista. Celia Sánchez se me acercó y me propuso lo siguiente. 'Escucha', me dijo ella, 'tenemos que forjar una alianza con Fidel. Él es el hombre que buscamos, debemos olvidar todas las otras conspiraciones y unirnos a Fidel'. Yo, junto con los otros en Santiago de Cuba, tenía mis reservas. Fidel había encabezado un atrevido asalto, pero él personalmente no había entrado al cuartel Moncada y se las había ingeniado para salvarse a sí mismo... Pero muchos de los muchachos que se habían unido al 26 de Julio habían sido mis estudiantes, de modo que por un lado estaba Celia, y por el otro estaban los muchachos... fue hasta el desembarco del Granma cuando finalmente decidí unirme al Movimiento 26 de Julio. A partir de ese momento, colaboré con los rebeldes en la Sierra... enviando armas, medicinas y combatientes, encubierto como maestro y como hombre de negocios. Pero en abril de 1957 me descubrieron y fui aprehendido. Me escapé de milagro, anduve en la clandestinidad por un tiempo y luego me fui para Costa Rica con el sueño de obtener armas para la insurrección".

Llegada a la Sierra Maestra
Después de pasar diez meses en Costa Rica, Matos aterrizó en la Sierra Maestra el 31 de marzo de 1958 con un avión cargado de armas, el cual fue posible obtener con la ayuda del presidente costarricense José Figueres, un hombre comprometido con la promoción de gobiernos democráticos en América Latina. Matos recuerda:

"Aterricé en la Sierra con más de cinco toneladas de armas y municiones. Fidel brincaba de alegría, literalmente. Disparó hacia la noche. Se gastó no sé cuántas balas disparando todas esas armas... como un niño que se despierta el día de Navidad. 'Ahora sí, de verdad tenemos ganada la guerra', se regocijó Fidel. 'Con estas armas podremos acabarlos'".

Comandante de la guerrilla
El 8 de agosto de 1958, Fidel Castro le confirió a Huber Matos el rango de comandante. Matos se acuerda de los comentarios de Castro ese día:

"Una vez que terminemos esta guerra, [dijo Castro], los comandantes militares no podremos ocupar posiciones políticas. Tendremos que permanecer como los guardianes morales de la revolución. Nuestro deber es el de asegurar que las promesas que le hicimos al pueblo se cumplan".

"Nuestro objetivo primordial era el de restablecer la democracia y yo vi que la gente, la gente joven que se unió al ejército rebelde, personificaba este impulso de todos los cubanos de regresar a un gobierno democrático. Pero, al mismo tiempo, la revolución había comenzado a nutrirse de nuevas ideas. Además de restablecer la democracia, debemos adoptar reformas económicas y sociales que beneficien al pueblo cubano: una reforma agraria, una reforma urbana, todo dentro de un estado de derecho".

"Yo me había dado cuenta de que Fidel era un hombre imprudente y muy temperamental, con tendencias despóticas. De noche en mi hamaca me preguntaba a mí mismo,'¿qué será del futuro?' Pero luego veía a los capitanes y a los otros comandantes obedecer a Fidel y admirarlo de qué manera. Y me preguntaba a mí mismo, '¿seré yo el único que duda?'"

Victoria
Fidel Castro and Huber Matos greet crowds El día de la Victoria en enero de 1959, el Comandante Huber Matos entró a la Habana como un héroe, de pie, junto a Fidel Castro:

"Para los rebeldes, ésta llegó como una sorpresa. Nunca creímos que íbamos a poder derrotar al ejército de Batista tan fácilmente... estábamos eufóricos y sentimos la satisfacción espiritual de alguien que ha cumplido con su deber desinteresadamente".

Liderazgo... y sospechas
Hacia el 11 de enero de 1959, Matos había sido nombrado el gobernador militar de la provincia de Camagüey. El gabinete de los rebeldes incluía al presidente, Manuel Urrutia Lleó; al primer ministro, José Miró Cardona; al presidente del Banco Central, Felize Pazos; al ministro de construcción, Manuel Ray; y a otros cubanos prominentes que no eran miembros del ejército rebelde. Fidel permaneció a la cabeza del ejército rebelde. Pero el poderío real residía en la persona de Fidel y en una nueva y poderosa institución, el Instituto Nacional de Reforma Agraria, un brazo del ejército rebelde. En el lapso de un mes, el 16 de febrero de 1959, Fidel Castro se convirtió en primer ministro, violando su propio mandato de que ninguno de los comandantes asumiría cargos políticos. En esta era de la Guerra Fría, el comunismo era algo extremadamente controversial, un sistema de creencias odiado por muchos en el mundo occidental. Hacia marzo, Huber Matos se alarmó de ver signos de que el comunismo estaba penetrando las fuerzas armadas cubanas:

"A finales de marzo y comienzos de abril, encontré propaganda pro-marxista en Verde Olivo, una revista que se le distribuía a las fuerzas armadas... uno, dos, tres artículos. Y veíamos al [Che] Guevara circulando entre los líderes del partido Comunista cubano y a Raúl [Castro, el hermano de Fidel] sosteniendo reuniones con ellos, nombrando a algunos comunistas para que formaran parte del personal general, y me dije a mí mismo 'Aquí se está desarrollando un segundo plan'. Pero cada vez que se lo mencionaba a Fidel, él decía, 'No, no, no, yo no voy a traicionar mi compromiso con la historia cubana'".

Dudas y traición
Hacia julio, Castro había acusado al presidente Urrutia de "acciones que bordeaban la traición" y lo había reemplazado con Osvaldo Dorticós, un abogado oscuro que le fue leal a Fidel ciegamente. Matos le envió una carta de renuncia a Castro, en la que le expresaba sus dudas acerca del curso de la revolución. El 26 de julio -- el aniversario del asalto al cuartel Moncada -- más de un millón de personas, entre ellos miles de campesinos, se reunieron en La Habana para celebrar la proclamación de la Ley de Reforma Agraria. Matos recuerda los comentarios de Castro:

"Fidel me recibió en el hotel Hilton. Fue muy afectuoso. 'Tu renuncia no es aceptable en este momento. Todavía tenemos mucho trabajo por hacer', me dijo. 'Te admito que Raúl y el Che estén coqueteando con el marxismo... pero tú tienes la situación bajo control... Olvídate de renunciar... Pero si en un tiempo crees que la situación no ha cambiado, tienes el derecho a hacerlo'".

Renuncia
En septiembre de 1959, Matos tomó una decisión. El gobierno democrático moderado que esperaba y que él apoyaba no parecía formar parte del futuro de Cuba. Fue entonces cuando escribió:

"La influencia comunista en el gobierno ha seguido creciendo. Tengo que dejar el poder tan pronto como sea posible. Tengo que alertar al pueblo cubano sobre lo que está pasando".

El 19 de octubre de 1959, Matos le envió a Castro una segunda carta de renuncia, en la cual escribió, "Yo no quiero convertirme en un obstáculo para la revolución, y creo que la opción más honorable y revolucionaria es la de renunciar". Más tarde diría, "Yo no quería provocar un conflicto. Deseaba separarme del poder y que me dejaran tranquilo. Pude prever la llegada no sólo de una dictadura, sino de una dictadura con tendencias comunistas. Me pareció que esto era obvio y no me sentía capaz de traicionar mis propias convicciones".

Traidor
Major Huber Matos sits inside bus following his arrest Fidel Castro calificó públicamente a Huber Matos de traidor el 21 de octubre de 1959 y envió al comandante Camilo Cienfuegos, uno de los líderes más populares de Cuba, a arrestarlo. Ese mismo día, el antiguo jefe de la fuerza aérea de Castro, Pedro Díaz Lanz, voló a La Habana desde Miami, y dejó caer volantes en los que se invocaba a Castro a eliminar a los comunistas de su régimen. Cinco días después, en una manifestación masiva "para apoyar la revolución y en contra de los traidores", Fidel pidió ver una votación a mano alzada de los que estuvieran a favor de la ejecución de Díaz Lanz, quien estaba de vuelta seguro en Miami y de Huber Matos, quien estaba detenido en La Cabaña. La respuesta fue unánime: al Paredón". Luego Castro ordenó una reunión del gobierno para discutir la suerte de Matos. Raúl Castro y el Che Guevara favorecieron la ejecución. Tres ministros claves, Manuel Ray, Faustino Pérez y Felipe Pazos, que cuestionaron la versión de Castro de los eventos, fueron reemplazados de inmediato por hombres leales a Castro. Esto indicó el fin de la coalición revolucionaria. Castro sostenía con firmeza las riendas del poder. En un giro sorpresivo, sin embargo, decidió no mandar a ejecutar a Matos, diciendo, "No quiero convertirlo en un mártir".

Juicio y condena
El 11 de diciembre de 1959, comenzó el juicio de Matos. "El juicio duró cinco días, si es que eso se puede llamar un juicio", recordaría él. "Fue más como una corte marcial. Al final de la tarde antes del primer día me entregaron un montón de papeles. En ese momento fue cuando vi por primera vez que se me acusaba de 'traición y de sedición'". En el lapso de cuatro días, Matos -- el rebelde que había estado al pie de Castro durante la última parte de los años cincuenta -- había sido sentenciado a 20 años de prisión. La mayor parte de esos años cumpliría su condena en la Isla de Pinos, en donde Castro había pasado 22 meses entre 1953 y 1955. El encarcelamiento de Matos fue una prueba severa:

"Los días en prisión fueron una larga agonía de la cual salí vivo gracias a la voluntad de Dios. Tuve que hacer huelgas de hambre, montar otros tipos de protestas. Terrible. Contando los intervalos, pasé un total de dieciséis años en confinamiento solitario, en los que constantemente me decían que nunca iba a salir vivo de allí, que a mí me habían sentenciado para morir en la cárcel. Fueron muy crueles, en toda la extensión de la palabra... Fui torturado en varias ocasiones, fui sometido a toda clase de horrores, de toda clase, incluso a la perforación de mis genitales. Una vez durante una huelga de hambre un guardia de la prisión trató de aplastarme el estómago con una de sus botas... cosas terribles".

Puesto en libertad
Huber Matos fue puesto en libertad el 21 de octubre de 1979, después de haber cumplido todos y cada uno de los días de su condena. Se reunió con su esposa y sus cuatro hijos, quienes habían abandonado Cuba en 1963, en el exilio en Miami, en donde la familia reside ahora.



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