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Sugarcane being loaded onto cart En vísperas de la revolución de Fidel Castro en 1959, Cuba no era ni el paraíso que conjurarían las nostálgicas imaginaciones de muchos de los exiliados cubanos, ni el infierno descrito por muchos partidarios de la revolución, quienes recuerdan a Cuba como "el burdel del hemisferio occidental": una isla habitada por gente depravada y hambrienta, cuya ocupación principal era la de complacer a los turistas estadounidenses en los lujosos hoteles, las playas y los casinos de La Habana. Antes bien, Cuba era uno de los países más avanzados y prósperos de América Latina.

El éxito según las cifras
La Habana, la capital de Cuba, era una ciudad resplandeciente y dinámica.
A comienzos de siglo la economía del país, impulsada por la venta de azúcar a los Estados Unidos, había crecido de manera muy enérgica. Cuba ocupaba el quinto lugar en ingreso per cápita en el hemisferio, el tercero en expectativas de vida, el segundo en el número de automóviles y teléfonos per cápita, y el primero en el número de televisores que había por habitante. El porcentaje de alfabetización era de un 76%, el cuarto más alto de América Latina. Cuba ocupaba el lugar número once en el mundo en cuanto al número de doctores que había per cápita. Muchas clínicas privadas y hospitales suministraban servicios a los pobres. La distribución del ingreso en Cuba se comparaba de manera favorable con la de cualquier otra de las sociedades latinoamericanas y una clase media floreciente conservaba vivas las promesas de prosperidad y de movilidad social.

Desigualdades
man sorting out empty bottles En la sociedad cubana, no obstante, había desigualdades profundas entre la ciudad y el campo, y entre los blancos y los negros. En el campo, algunos cubanos vivían en una pobreza abismal. La producción de azúcar era de estación, y los macheteros -- o cortadores de caña de azúcar, quienes solamente trabajaban cuatro meses al año -- eran un ejército de desempleados, que vivía en deuda perpetua y al borde de los límites de la supervivencia. Muchos de los campesinos pobres pasaban hambre y se encontraban en serio estado de desnutrición. Ninguna forma de atención médica ni de educación les llegaba a esos habitantes de la Cuba rural que se encontraban en la parte más baja de la sociedad. El analfabetismo era extenso y aquellos que con suficiente suerte lograban asistir a la escuela, rara vez pasaban del primero o del segundo grado. Grupos de cementerios salpicaban la carretera principal a lo largo de las colinas al pie de la Sierra Maestra, marcando los puntos en donde la gente moría esperando el transporte para llegar a los hospitales más cercanos y a las clínicas de Santiago de Cuba.

Dos mundos
El racismo también plagaba a la sociedad cubana. En los clubes privados y en las playas de la isla se practicaba la segregación. Incluso al presidente Fulgencio Batista, quien era mulato, le fue negado el derecho a pertenecer a uno de los clubes más exclusivos de La Habana. "La mejor manera en que uno podría resumir esa compleja situación sería diciendo que la Cuba urbana había llegado a parecerse a un país del sur de Europa (con un nivel de vida tan alto o que sobrepasaba el de Francia, España, Portugal y Grecia), mientras que la Cuba rural duplicaba las condiciones de otras sociedades que dependían de las plantaciones en América Latina y el Caribe", según el analista Mark Falcoff.

Un escenario político caótico
Anti Batista rally, crowd 'hangs' batista effigy Los problemas sociales de Cuba eran una amalgama compuesta por una historia política violenta, caótica y corrupta. Desde el momento en que Cuba alcanzó la independencia en 1902, sufrió de lo que de manera simple se puede llamar un mal gobierno. Una costosa y sangrienta lucha por lograr la independencia de España había desolado su economía. Los líderes insurgentes, conocidos como los mambises, habían sido decimados. Y José Martí, el George Washington de Cuba había sido asesinado en una batalla en 1895. El 20 de mayo de 1902, en el día cuando nació la primera república cubana, ningún líder contaba con el poder para encaminar las pasiones y ambiciones desatadas por la independencia. El Congreso de los EE.UU. aprobó la Enmienda Platt, la cual otorgaba el derecho a los EE.UU. de intervenir militarmente en Cuba para proteger los intereses que este país tuviera allí. La posición de los EE.UU. socavó aún más la legitimidad del gobierno, en tanto que situó a los Estados Unidos en el centro de los asuntos cubanos. Invocando la Enmienda Platt, Estados Unidos ocuparía a Cuba entre 1906 y 1909, y continuaría con sus intervenciones en años posteriores.

La esperanza democrática
Todas las tensiones de la Primera República explotaron en la Revolución de 1933. Los estudiantes universitarios, los sindicatos de trabajo y los oficiales desleales del ejército se sublevaron en contra del quinto presidente de Cuba, Gerardo Machado, un hombre que llevó la corrupción y la represión a nuevas alturas. Un profesor universitario, Ramón Grau San Martín, asumió la dirección de la coalición. Grau, quien era nacionalista, invocó a una "Cuba para todos los cubanos", pero el embajador de los Estados Unidos, Sumner Welles, hizo un trato con Fulgencio Batista, un sargento del ejército que hablaba inglés, quien destituyó a Grau. Batista se convirtió en el hombre fuerte de Cuba detrás de una sucesión de presidentes hasta 1940, año cuando él fue debidamente elegido como presidente. Batista sorprendió a muchos al introducir una era de esperanza en Cuba, apoyando una constitución progresista, permitiéndole al partido comunista cubano unirse al gobierno y luego renunciando para dejarle el camino libre a su oponente, Grau, cuando su período de cuatro años llegó a su fin.

Plagado de corrupción
Durante los siguientes doce años Cuba disfrutó de ser un país democrático en el que se realizaban elecciones libres. Pero la suya fue una democracia echada a perder por la corrupción y la violencia política: la obra de unos "grupos de acción" o pandillas que se abrieron un camino en la política a punta de bala, en la Universidad de La Habana y en las calles de la ciudad. Cuando en marzo de 1952, Batista destruyó con un golpe de estado la república democrática a la que él había dado vida, el marco para la revolución quedó establecido. "El golpe de Batista abrió la caja de Pandora", explicó el escritor Carlos Alberto Montaner. "Las instituciones ya habían dejado de tener importancia. Lo que importaba era la audacia, el individuo capaz de ejercer la acción violenta". Ese individuo resultó ser un temerario abogado joven llamado Fidel Castro.

Época de cambio
Fidel Castro in jeep with soldiers, victorious over Fulgencio Batista Entre 1952 y 1958, cubanos de todas las profesiones y condiciones sociales -- estudiantes, hombres de negocios, madres, políticos -- se unieron en contra de Batista. El escritor Carlos Alberto Montaner describe el ánimo: "los temas de conversación eran la democracia, la libertad y el respeto por los derechos humanos; el... objetivo era restaurar el estado de derecho que había sido arrasado por Batista".

Esperanzas de tener un gobierno honesto
Incluso Castro, una dinámica figura nacional después de su fallido asalto al cuartel Moncada en 1953, habló en esos términos. "Ni el comunismo ni el marxismo son nuestro ideal. Nuestra filosofía política se basa en la democracia representativa y en la justicia social, en el seno de una economía bien planeada". Muchos cubanos ricos le dieron la bienvenida al triunfo rebelde de Castro en enero de 1959. "Mis padres, mis abuelos y mis tíos salieron a pagar sus impuestos atrasados", recuerda la profesora Marifeli Pérez Stable, "porque finalmente, iba a haber un gobierno honesto en Cuba".



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