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  Fidel Castro (1926-)
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Fidel Castro hand on chin thinking Para ser el líder de una pequeña nación caribe, el impacto de Fidel Castro durante la segunda mitad del siglo veinte ha sido excesivo.

¿Héroe o villano?
En los Estados Unidos, la Unión Soviética, China, América Latina y África, políticos e intelectuales y gente de todas las profesiones y condiciones sociales, lo desprecian como a un dictador despiadado, o lo festejan y alaban como un defensor de la justicia social. Las generaciones futuras debatirán los méritos de la revolución de Fidel Castro, pero ahora, casi cinco décadas desde que asumió el poder, el esbozo del legado de Fidel Castro está comenzando a adquirir forma.

Los costos de la revolución
Norberto Fuentes, un escritor que alguna vez fuera cercano a Castro y quien ahora vive en el exilio, cree que Fidel es importante como "portavoz del silencio, del hombre que no tiene ejército, ni Congreso, ni rostro, del hombre que no tiene nada". Wayne Smith, un diplomático experto en Cuba, cree que a Fidel Castro se le recordará por "habérsele enfrentado resueltamente a los Estados Unidos y haber sobrevivido". La profesora Marifeli Pérez Stable, una cubana americana que alguna vez apoyara la revolución, reflexiona sobre los costos de la revolución cubana. [Hubo] "miles de ejecuciones, cuarenta, cincuenta mil prisioneros políticos. El trato que se les dio a los prisioneros políticos, con lo que hoy en día sabemos acerca de los derechos humanos y las normas internacionales que regulan los derechos humanos... resulta legítimo cuestionar posibles delitos cometidos en Cuba en contra de la humanidad".

Blanco: EE.UU.
La primera evidencia del anti-americanismo de Castro se manifestó en junio de 1958. Seis meses antes de su entrada triunfal a la Habana, cuando se encontraba en lo alto de las montañas de la Sierra Maestra con su ejército insurgente de 300 hombres, sitiado por 10,000 de los soldados de Fulgencio Batista, el comandante rebelde le escribió a su amiga y confidente Celia Sánchez: "Una vez que la guerra llegue a su fin, comenzaré lo que para mí es una guerra más larga y de mayor envergadura, la guerra que voy a librar en contra de los americanos. Comprendo que este será mi verdadero destino".

Las raíces del anti-americanismo
El arranque anti-americanista de Castro fue una respuesta parcial a la política americana frente al régimen de Batista. Tras una tibia respuesta al golpe de Batista en marzo de 1952, Estados Unidos pretendió no ver nada, mientras que el presidente cubano, quien ahora se consideraba a sí mismo un anti-comunista ferviente, se volvía más represivo y corrupto. En la primavera de 1958, tres meses antes de la carta de Castro a Celia, Estados Unidos, avergonzado por la brutalidad de Batista, dejó de venderle armas al dictador, muy tarde ya, sin embargo, para cambiar la difundida percepción de que EE.UU. apoyaba al sangriento régimen de Batista. Pero el anti-americanismo de Castro fue mucho más profundo aún. Estaba enraizado en su experiencia personal, filtrado por convicciones intelectuales nacidas de una interpretación de la historia de las relaciones entre los EE.UU. y Cuba, y en la necesidad psicológica que tenía él de jugar un papel importante en la historia.

Predominio de los negocios americanos
Angel Castro holding cigar Fidel Castro llegó a la mayoría de edad en una remota región de Cuba, que estaba dominada por dos ingenios azucareros, el de Preston y el de Boston, que pertenecían a la United Fruit Company, un símbolo del predominio americano en América Latina. Su padre, Ángel Castro, había llegado a Cuba para pelear en contra de los EE.UU. durante la Guerra Hispano-Americana. Después de la derrota de España, Ángel permaneció en la isla e hizo una fortuna cultivando caña de azúcar para los americanos. Aunque Ángel Castro mantuvo buenas relaciones con sus vecinos americanos, es muy probable que durante su vida hubiera albergado sentimientos anti-americanistas dentro de su alma española.

Influencia jesuita
Fidel Castro estudió con los padres jesuitas en el exclusivo Colegio de Belén, en la Habana. Corrían los años de 1940, y la experiencia de la Guerra Civil española aún estaba fresca. Los nacionalistas españoles bajo Francisco Franco se habían identificado con los fascistas en cuyas filas se había intensificado un sentimiento anti-americanista. Los maestros jesuitas de Castro, por su parte, habían impregnado al joven Fidel con la idea de la "Hispanidad", acentuando la superioridad de los valores españoles del honor y del orgullo en contra de los valores materialistas del mundo anglosajón. Una vez que hubo entrado a la Universidad de la Habana, Fidel entró en contacto con los escritos de los profesores nacionalistas quienes creían que el destino de Cuba había sido obstruido a causa de la intervención de los Estados Unidos. La intervención de 1898, la Enmienda Platt y el dominio económico de los EE.UU. se habían combinado para despojar a Cuba de su independencia y su orgullo nacional. En el sistema de creencias de Castro, el fracaso político de Cuba había sucedido por culpa de los Estados Unidos.

El patio de recreo de los americanos
Fidel Castro with his wife Mirta Diaz-Balart En 1948, Fidel Castro contrajo matrimonio con Mirta Díaz Balart, la hija de un abogado de la United Fruit Company. Castro llegó a familiarizarse con el exclusivo y próspero mundo de Banes, el pueblo de la United Fruit Company. En Banes, los americanos vivían y jugaban completamente separados de los cubanos. El acceso a la playa de este pueblo estaba controlado por una entrada cuya llave la tenían solamente los empleados de la United Fruit. Recuerdan sus amigos de aquella época que Fidel cada vez que cruzaba el portal, se enfurecía.

Un apetito por la gloria
Después de llegar al poder en 1959, Fidel fusionó la ideología con los recursos disponibles. "Castro se dio cuenta que la influencia americana en Cuba era tan profunda que él no podría llevar a cabo la revolución que deseaba realizar a menos que extirpara a los Estados Unidos de la sociedad y de la economía cubanas", explica el profesor Jorge Domínguez. "Su gran lucha tendría que ser en contra de los Estados Unidos porque esa era la única manera en que él alcanzaría la gloria y un lugar en la historia", añade Carlos Alberto Montaner.

Por amor a la patria
Fidel Castro speaking and pointing finger Aprovechando el nacionalismo durmiente que existía dentro del pueblo cubano, y enfatizando el comportamiento arrogante de América para con su vecino más débil, "Cuba sí, yanquis no" se convirtió en la consigna de la Cuba revolucionaria, una consigna que Fidel Castro ha mantenido viva durante casi cinco décadas.



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