Cómo ayudar a su niño a manejar la frustración

La madre de un niño de seis años me llamó llorando. Después de otro colapso emocional en su salón de clases, el profesor solicitó una reunión con los padres. La madre me aseguró que su hijo es dulce, divertido y muy brillante. Es el alma de la fiesta en la casa y tiene muchos amigos. Las crisis, pensó, palidecían en comparación con el resto de su personalidad.
El problema, por supuesto, es que los colapsos emocionales afectaron su capacidad de aprender. Cuando su hijo enfrentaba algo frustrante, era como si “prendía un interruptor”. Pasaba en un instante de estar feliz y motivado, a estar enojado y ponerse a gritar. Esto desviaba la atención de la maestra de las clases, afectando negativamente a todo el salón del jardín de infancia.
No pasó mucho tiempo para determinar que no era tanto que el niño “cambie tan bruscamente cómo si prendiera un interruptor,” cuando encontraba algo difícil, sino que la acumulación de la frustración con el tiempo resultaba en grandes colapsos emocionales cuando el finalmente alcanzaba el momento de inflexión. El niño, durante el día, no leía o entendía sus señales propias de su ira y eso provocaba una avalancha de emociones repentinas cuando se enfrentaba a algo particularmente frustrante.
Muchos niños pequeños luchan con la tolerancia a la frustración. La ira y la frustración son emociones poderosas y las reacciones de los niños pueden ser intensos en el momento. Como adultos, sabemos cuándo se activan los botones de nuestra ira. Sabemos lo que tenemos que hacer para superar algo frustrante de manera adecuada. Los niños, sin embargo, no llegan a este mundo con un bolsillo lleno de habilidades con instrucciones para manejar la frustración.
El desarrollo de estrategias para el manejo de la frustración requiere tiempo y práctica.
Las buenas noticias es que los padres pueden ayudar a sus niños en el desarrollo de habilidades para tolerancia a la frustración en el hogar. Con un poco de orientación (y mucha paciencia) puede enseñar a su pequeño a cómo actuar cuando enfrentan situaciones difíciles.
Intenten hacer un pequeño mapeo del cuerpo. Los niños pequeños no establecen las conexiones entre sus cuerpos y sus emociones. Yo sé, por ejemplo, que un dolor de cuello significa que estoy estresado. Con ese conocimiento, puedo tomarme un tiempo para averiguar qué debo hacer para disminuir mi nivel de estrés. Los niños luchan para llegar a esas conclusiones. Es posible que experimenten dolor en los músculos por apretar los puños, pero no se detendrán a pensar en cómo su estado emocional contribuye a esos músculos adoloridos.
El mapeo del cuerpo es una de mis estrategias favoritas del libro “The Happy Kid Handbook” [en inglés] porque ayuda a los niños de todas las edades. Dibuja el contorno de una persona (o, si usted lo hace como yo, busque en Google e imprima la silueta de una persona). Pida a su niño que piense en todos los lugares del cuerpo que se sienten adoloridos o diferentes cuando está enojado. Puede indicar que su corazón se acelera cuando está enojado y eso hace que sienta la cabeza como cuando está mareado. Es importante que haga este ejercicio con su niño. Coloree todos esos lugares en el cuerpo de rojo. Dígale a su niño que cuando esos lugares comienzan a enrojecerse, su cuerpo le está indicando que busque ayuda en un momento de frustración.
Averigüe qué provoca la frustración. Todos los niños son diferentes y no hay dos que tengan exactamente los mismos puntos de frustración, pero hay algunos puntos en común que hay que prestarles atención:
- Transiciones
- Interacciones negativas con los compañeros (o interacciones que se perciben como negativas)
- Tareas académicas desafiantes (sí, incluso en preescolar, cortar con las tijeras puede ser muy frustrante)
- Sentirse incomprendido por los adultos o compañeros
- Falta de control
- Hambre
- Agotamiento
- Situaciones inesperadas
Usted puede ayudar a su niño a comprender sus problemas específicos, manteniendo apuntes. Cuando converse sobre una situación frustrante con su niño, tome nota de lo sucedido justo antes del evento, la hora del día y lo que estaba ocurriendo cuando ocurrió el colapso emocional.
Hagan una lista del enojo. Cuando mi hijo era más joven, una lista del enojo era el secreto para ayudarlo a desahogar su frustración. Los niños pequeños necesitan desahogarse (como los adultos), pero a esa edad todavía no saben cómo hacerlo. Gritar y agitarse se siente bien en el momento, así que ellos hacen lo que les funciona.
Pídale a su niño que nombre todas las cosas que lo enojan, escriba su lista en una hoja de papel mientras él desahoga sus emociones. Muestre empatía y compresión mientras hacen la lista. Los niños necesitan sentirse comprendidos y con un simple “¡Oh, eso también me enoja a mí!” demuestra que lo entiende. Una vez que la lista esté completa, pídale a su niño que la rompa en pedazos pequeños (esto da una liberación física de emoción muy necesaria) y que las tire al aire. Luego, reúna los pedazos y deséchelos para siempre.
Enséñele sobre la técnica del semáforo con una respiración profunda. Es probable que recientemente haya escuchado mucho sobre el poder de la respiración y es por una buena razón. Cuando se hace correctamente, la respiración profunda puede calmar los sentidos de un niño y ayudarlo a superar una situación frustrante sin tener que gritar.
El mejor momento para practicar la respiración profunda es cuando ambos están tranquilos. Hasta que logran aprender, los niños tienen la tendencia de asociar la respiración profunda con la respiración rápida, que tiene un efecto contrario.
Pida a su niño que se siente cómodamente y relaje los músculos. Cuente hasta cuatro mientras su niño inhala, cuente hasta tres mientras su niño aguanta la respiración y luego cuente hasta cuatro mientras exhala. Repita varias veces y practique con regularidad (consejo adicional: esto también funciona de maravilla para los que se preocupan mucho). Me gusta que mis niños “respiren el arco iris” imaginando un color con cada respiración mientras visualizan sus objetos favoritos en ese color (fresas, cerezas, pelotas saltarinas, ¡oh, sí!).
A continuación, enséñele la técnica del semáforo. Todos los niños saben que el rojo significa detenerse, el amarillo significa reducir la velocidad y el verde significa continuar. Profundice más enseñándoles a visualizar una luz roja para detenerse en un momento de frustración. Aquí es cuando pueden aprovechar la respiración profunda para calmar su mente y su cuerpo. Cuando cambian a una luz amarilla, deben pensar en tres soluciones posibles (¿pedir ayuda al maestro? ¿Intentar algo nuevo? ¿Preguntar a un amigo?) cuando visualizan la luz verde, pueden elegir una opción y continuar. Prosiga y cree un semáforo con papel de construcción para pegarlo en su refrigerador como referencia. Con el tiempo, ese proceso se convertirá en un hábito y las crisis emocionales se desvanecerán.
Autor: