¡Súper garabatos!: Cómo crecen los pequeños artistas

“Cada niño es un artista”, dijo Pablo Picasso. “El problema es cómo seguir siendo artista una vez que crezca”. Observe a los niños golpeando las ollas, moviendo el cuerpo al ritmo de la música y dibujando en el piso. Están explorando el mundo y dejando su huella, a veces literalmente.
Pero, ¿cómo se convierte esta exploración temprana en una habilidad artística? Cuando mi hija tenía cuatro años, pasaba horas con una caja de crayones y una pila de papel. Pero no dibujaba objetos que se parecían a algo del mundo humano. Al contrario, dibujaba puntos en una hoja y garabatos en la otra. Una semana mientras hacía su arte, pasó todo el rato haciendo una línea ondulada tras otra. Llamé a mi hermana, una maestra de arte: “¿Cuándo empezará a dibujar a personas o… algo concreto?”
“Ella esta haciendo precisamente lo que debe hacer”, me aseguró la tía Rachel. “Está explorando las líneas y las formas, además de desarrollar su motricidad fina. Cuando esté lista, empezará a juntarlas de maneras creativas”.
Cuando tuve a mi segundo hijo, estaba más familiarizada con las etapas de arte de la primera infancia. Así que cuando mi hija se queja de que su hermanito está “haciendo garabatos”, le recuerdo que sus primeros garabatos le dieron las herramientas que necesitaba para poder dibujar sus complejas escenas de la selva y del bosque.
A continuación explico lo que aprendí acerca de cómo los pequeños artistas crecen:
Garabatos: ¿Alguna vez habrá observado cómo un niño pequeño agarra los crayones con el puño? Hace dibujos con un movimiento repetitivo hacia delante y atrás, disfrutando ver el movimiento y el color. Los niños a esta edad están desarrollando los músculos para agarrar cosas, además de la coordinación mano-ojo. No se trata de crear un producto terminado, sino que están disfrutando la acción misma. Los niños mayores tienen más control y decisión en sus “garabatos” (tal como lo describe mi hija). Por ejemplo, es posible que elijan un color específico o que decidan dibujar en una sola parte de la hoja.
Las líneas y las formas: Los niños de tres años frecuentemente están listos para crear líneas (largas, cortas, en forma de zig-zag, onduladas, o curvadas) y formas (especialmente los óvalos y los círculos). No se preocupe si todavía no dibujan cosas reconocibles. ¡Están desarrollando las habilidades que necesitan para avanzar con su arte al siguiente nivel! Es similar a aprender las letras o las notas del piano. Cuando estén listos, comenzarán a organizar las líneas y las formas -igual como se hace con los bloques- para representar a las personas y los objetos.
Objetos con nombre: Entre las edades de tres y cinco años, la mayoría de los niños comienzan a dibujar imágenes reconocibles. Frecuentemente empiezan con círculos: un círculo imperfecto con dos puntos para los ojos y cuatro líneas para los brazos y las piernas para representar a la “mamá”. Estos dibujos tempranos son motivo para celebrar. Significa que los niños han marcado un hito en su desarrollo cerebral: saben que las líneas y las formas sobre el papel pueden ser un símbolo de algo en el “mundo real”.
Las composiciones: En cuanto los niños se sientan cómodos dibujando objetos, como una persona, una casa, una flor o el sol, comienzan a crear escenarios: una persona parada al lado de un árbol, debajo del sol. Es entretenido observar a los niños de cinco a siete años de edad elegir con atención colores que coinciden con su visión mental y cómo juegan con las texturas, el equilibrio y las proporciones. Es posible que combinen sus habilidades para hacer arte y escribir con sus intereses, haciendo dibujos, pósters, tarjetas, dibujos animados o libros que tengan significado para ellos.
Cómo darle a su joven artista el espacio para crecer
Tenga materiales a la mano: Papel, crayones, pinturas, cajas, bolsas de papel, tijeras, pegamento, plastilina, y arena mágica. No es necesario que tenga todos, incluso una caja de crayones y cualquier papel al alcance del niño le pueden servir.
Creen juntos: A veces, hacemos arte en familia como una oportunidad de relajarse después de la cena. Normalmente mi hija elige un tema (“¡Dibujemos imágenes del invierno!” o “¡Dibujemos casas embrujadas!”) y a menudo nos perdemos coloreando, pintando con las manos, o amasando plastilina entre los dedos.
Celebre el proceso, no solo el producto final: Es muy fácil elogiar el dibujo que su hijo le muestra para admirar. “¡Bonito! ¡Buen trabajo! ¡Me encanta!” Pero este tipo de elogio tiene sus límites. No le enseña nada a su hijo, y no reconoce su creatividad ni su esfuerzo. La retroalimentación más eficaz [en Inglés]
resalta “una de tres cosas: el esfuerzo, la estrategia, o las acciones del niño”. Tía Rachel, la artista, es especialmente buena para hacer esto. Le enviamos dibujos y ella responde con percepciones específicas que nunca decepcionan:
“‘¡Veo espirales en el cielo! Parece ser un día con viento”.
“Usaste cuatro colores diferentes para esa flor. Parece ser alegre y amistosa”.
“Colocaste cinco animales en tu selva. Habrás dedicado mucho tiempo para hacer esto”.
“Mira esas formas increíbles: veo círculos, puntos y triángulos”.
A través del ensayo y error, he aprendido que ayudar a mis hijos a sacar el artista que llevan dentro frecuentemente requiere que les dé los materiales y el tiempo, y que los deje estar tranquilos. Son artistas, y su visión del mundo enriquece la mía.
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