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Los inmigrantes vienen a menudo a los Estados Unidos por oportunidades del trabajo, y muchos vienen con títulos universitarios y experiencia profesional. Algunos de los inmigrantes no pueden trabajar en sus campos de especialización debido a la política de inmigración actual de los EE.UU., que requiere que cada empleado nuevo compruebe su ciudadanía. Frecuentemente se obligan a los inmigrantes indocumentados a tomar empleos de bajos ingresos y a menudo peligrosos - sin tomar en cuenta su experiencia o habilidades - porque ellos no tienen los documentos que les permiten hacer los trabajos que mejor saben hacer.
Las corporaciones estadounidenses dependen de una mano de obra barata de los inmigrantes indocumentados, según la American Federation of Labor and Congress of Industrial Organizations (AFL-CIO). Pero cuando los inmigrantes se esfuerzan para mejorar sus condiciones del trabajo, los patrones usan la amenaza de deportación para silenciarlos. Recientemente, el AFL-CIO cambió su posición previa hacia las políticas de inmigración estadounidenses establecidas en 1986 (vea la Cronología). La organización ahora condena los castigos civiles y criminales impuestos a los patrones que contratan a los trabajadores indocumentados. Estudios muestran que estas sanciones causan la discriminación contra aquellos ciudadanos estadounidenses y otros empleados que puedan parecer haber nacido al extranjero. Algunos patrones usan estas provisiones para intimidar a los trabajadores indocumentados que intentan organizarse por sueldos justos y condiciones seguras de empleo. Lea más sobre la posición actual del AFL-CIO en La Ley de Inmigración es Injusta.
Con respecto al labor en las maquiladoras, la Fair Labor Association (FLA) del Presidente Clinton, formada en 1998 para enfocarse en las prácticas laborales injustas en los Estados Unidos y en el extranjero, pide a los patrones que se vigilen a sí mismos con respecto a los derechos de los trabajadores... el equivalente de pedirle al zorro que guarde vigile el gallinero. La FLA todavía permite el pago de sueldos que ni alcanzan el umbral de la pobreza y la práctica de trabajar horas extraordinariamente excesivas, y no defiende adecuadamente los derechos de los trabajadores de sindicalizarse.
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Estudios sobre Trabajadores Inmigrantes y Luchas Sindicales
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Entre 1988 y 1993 en Los Angeles, el sueldo medio por hora de los empleados de la ropa para mujeres bajó de $6.37 a $5.62.
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En 1993 en uno de los restaurantes chinos más grandes y más prósperos de la Ciudad de Nueva York, los trabajadores inmigrantes hicieron una campaña durante siete meses para cambiar las condiciones parecidas a las de una maquiladora que ellos aguantaron.
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En 1994 en El Monte, California, se encontraron a 72 inmigrantes tailandeses en un campamento encerrado con alambre de púas trabajando 22 horas al día bajo amenazas de la violencia física.
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En 1996 en San Leandro, California, agentes de inmigración examinaron los formularios I-9 (verificación de ciudadanía) de una compañía de reproducción de videos para encontrar los nombres de trabajadores indocumentados. Siguió en enero una pesca grande en que se deportaron a 99 personas, poco antes de una elección sindical.
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Durante una campaña sindical organizada por los Teamsters y los United Farm Workers de la industria manzanal del estado de Washington en 1998, la administración informó a los trabajadores que, si apoyaran el sindicato, se provocarían pescas del INS.
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En 1999, una fábrica de muebles de Los Ángeles empezó a llamar a sus trabajadores a la oficina para verificar su estado de inmigración después de que ellos votaron juntarse con el Sindicato Unido de Trabajadores Industriales y Textiles. Posteriormente, muchos trabajadores no apoyaron el sindicato por miedo de ser deportados.
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En una comunidad pequeña en Long Island, New York, se ha reportado una serie de ataques violentos contra jornaleros, incluyendo un disparo desde carro en 1999.
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La Movilización Nacional Contra Maquiladoras informa que se han sindicalizado entre el 80 al 90 por ciento de las maquiladoras textiles en el Chinatown de Nueva York, y aún así las condiciones están deteriorándose: los trabajadores sindicalizados ganan entre $1 a $3 por hora y trabajan 10 a 16 horas por día.
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Aún con la prosperidad hoy percibida, el salario mínimo federal ha sido $5.15 por hora desde el 1 de septiembre de 1997.
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Fuentes de Información
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