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hand holding photo En los últimos cinco años se ha visto muy poco mejoramiento en las condiciones laborales de las mujeres inmigrantes en Estados Unidos que limpian casas, cuidan de los niños o atienden a los ancianos.


la maternidad transnacional

¿Por qué viven y trabajan en los Estados Unidos miles de mujeres inmigrantes centroamericanas, mexicanas y caribeñas, mientras sus hijos y otros miembros familiares permanecen en sus países de origen? La naturaleza cambiante de la demanda de labor en los EE.UU. y las políticas de inmigración restrictivas han fomentado estas nuevas formas de familias transnacionales. La demanda de labor inmigrante de las economías postindustriales difera (en cuanto al género) de la demanda típica en sociedades industriales o industrializantes. En todas las naciones postindustriales vemos un aumento en la demanda de trabajos dedicados a la reproducción social. Éstos incluyen los trabajos en las clínicas de reposo la limpieza en casas privadas, y el cuidado de niños. Estos trabajos son tradicionalmente codificados como trabajos "para mujeres," pero hoy, estos trabajos han entrado en el mercado global.

Los EE.UU. no es el único país en reclutar a mujeres inmigrantes empobrecidas para el trabajo doméstico privado. Alrededor del mundo, mujeres del Perú, de Sri Lanka, de India, de Tailandia, de las naciones de Europa del Este y de las Filipinas - éstas en números desproporcionadamente grandes - realizan el trabajo doméstico pagado en las naciones recientemente industrializadas de Asia, en las naciones ricas en petróleo del Oriente Medio, en Canadá y en varias partes de Europa. Algunos países han desarrollado programas muy regulados de trabajo contratado, dirigidos por el gobierno, que han institucionalizado el reclutamiento y la servidumbre garantizada de las obreras migratorias que trabajan en el sector doméstico. Muchos de estos programas obligan una separación a largo plazo entre estas obreras domésticas y sus familias.

Los EE.UU. es menos formalizado en su incorporación de mujeres inmigrantes al trabajo doméstico pagado. A diferencia de Hong Kong, Taiwán y Canadá, no hay ninguna política o sistema gubernamental formal para contratar legalmente a obreras domésticas extranjeras en los Estados Unidos. Aunque los métodos de reclutar y contratar, y el papel del estado en estos procesos son diferentes, las consecuencias son similares. Ambos sistemas requieren la incorporación de mujeres migratorias como trabajadoras que deben separarse de sus familias.

Los requisitos de trabajos domésticos en residencia, en particular, virtualmente exigen estas separaciones. Muchas mujeres inmigrantes latinas que tienen trabajos en residencia en los Estados Unidos, encuentran que ellas deben estar "accesibles las 24 horas" - así que no existe una demarcación clara entre cuando se trabaja y cuando no. La línea entre el espacio del trabajo y el espacio personal también es borrosa, y las reglas y regulaciones pueden extenderse las 24 horas; algunos patrones restringen la habilidad de sus empleadas en residencia a recibir llamadas telefónicas, entretener a sus amigos, asistir por las tardes a clases de ESL, o ver a sus novios. Otros patrones no imponen estas clases de restricciones, pero porque sus casas se localizan en laderas remotas, en enclaves suburbanos o en las comunidades-recintos en efecto se les niega una vida social o familiar, o acceso a la cultura pública, a las niñeras o amas de llaves que viven en la casa.

Estos arreglos contemporáneos continúan un legado histórico largo de las personas de color incorporadas a los Estados Unidos a través de sistemas de empleo coercitivos que no reconocen los derechos de familia. Los defensores de los derechos de las mujeres inmigrantes que trabajan en las naciones postindustriales - mientras sus familias permanecen en sus países de origen - condenan las leyes de inmigración y los modelos de empleo que institucionalizan estas prácticas.

Este artículo (que aparece aquí con el permiso de NNIRR Network News) fue escrito por Pierrette Hondagneu-Sotelo, profesora de sociología en la Universidad de California del Sur (USC) y autora de Gendered Transitions: Mexican Experiences of Immigration (University of California Press, 1994) y además co-editora de Latina Challenging Fronteras: Structuring and Latino Lives in the U.S. (Routledge, 1997).




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