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Una presentación de títeres está presentándose en un solar vacío al lado de un edificio de habitaciones. Una niñita, Dulce, haciendo el papel de ayudante al titiritero, lee un libro de cuentos cuando no se le necesita. Después de terminar la presentación, ella pasa un sombrero para recoger donaciones. Más tarde, el titiritero, su padre, le cuenta a Dulce una historia a la hora de acostarse. En la mañana, él padre recoge madera en un solar vacío, tosiendo crónicamente, mientras Dulce duerme en la muy acabada camioneta vieja. Cuando ella se despierta, ambos miran el libro de cuentos juntos, pero el padre está angustiado ya que su hija todavía no ha aprendido a leer. Él decide que ya es hora para que ella asista a la escuela. Un hombre con vehículo oficial de la ciudad de Nueva York llega y les dice que ellos deben ir a un centro de ayuda para personas sin hogar en lugar de quedarse en propiedad de la ciudad. El titiritero explica que él se enfermó en ese centro de alojamiento temporal y que nunca llevaría allí a su hija. Mientras él prepara para su próxima presentación de títeres, una mujer le trae a Luis (el titiritero) un folleto. Incapaz de leer, él lo lleva a un restaurante y le pide ayuda a una amiga. Es información sobre exámenes para la tuberculosis. Mientras Luis rasca un boleto de Lotería, su amiga le dice que había oído en la radio que en los EE.UU. todos los niños tienen el derecho a asistir a la escuela. Ella tranquiliza a Luis, asegurándole que no le pedirán sus papeles de inmigración, y ella se ofrece a acompañarlo.
Al día siguiente, Dulce y su papá muy nerviosos e inquietos esperan fuera del aula mirando hacia adentro. Cuando ellos van a la oficina para matricularse, la administradora dice que necesita ver un certificado de nacimiento y un recibo de renta o factura de teléfono para demostrar que ellos viven en la ciudad. Luis le explica que no tiene tal recibo de renta, pero que cada niño tiene el derecho a asistir a la escuela. La administradora le dice que ella no puede matricular a Dulce sin ese recibo porque así es la ley. Luis, enojado, le dice que él irá a otra escuela. Al regresar a su automóvil, Luis le cuenta una historia a su hija sobre una madre triste y cansada que llora un río de lágrimas hasta que un milagro pasa: un árbol pequeño crece lleno de fruta, creciendo y madurando fruta allí ante sus ojos. La escena cierra con la familia alejándose del solar vacío en su camioneta, en busca de su propio milagro. |
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