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LA ENTREVISTA ENTERA CON DAVID RIKER, EL DIRECTOR DE LA PELíCULA


Pregunta: Las historias en LA CIUDAD son universales y, al mismo tiempo, muy personales. ¿Cómo contribuyeron las experiencias de su vida a la película?

Yo pasé una parte grande de mi niñez viviendo fuera de los EE.UU., por eso yo tengo algo de comprensión de cómo es ser inmigrante. Cuando yo me mudé a Nueva York para asistir a la universidad, yo viví en un barrio de Brooklyn que era predominantemente latinoamericano. Me quedé profundamente afectado por la experiencia del latinoamericano en Nueva York. Después de trabajar en los teatros de la comunidad latina durante mi primer año a NYU, yo decidí escribir un guión que reflejara algunos de los problemas más importantes dentro de esta comunidad, mientras estructurando la historia alrededor de los temas de la vivienda, la salud y la educación. Yo quería que la película tratara todos los tres problemas, mediante una simple historia de amor entre un padre y su hija. Esta historia se convirtió en "El Titiritero."


David con la comunidad

Pregunta: ¿Cómo logró que la comunidad a la cual Ud. se ha referido participara en la película?

Yo decidí que no haría la película sin el apoyo y la participación de la comunidad. Mientras desarrollaba mis ideas para la película, yo investigué el arte de las marionetas o títeres, una parte importante de la cultura de muchos países latinoamericanos. Me enteré de un taller donde latinoamericanos, principalmente trabajadores de la confección, estaban haciendo títeres bajo la tutela de dos brasileños. Cuando yo conocí a las personas y vi los títeres, me di cuenta que ya tenía la base fundamental para mi película. Todavía no hablaba mucho español, pero ya estaba estudiando intensivamente el idioma. Mi maestro de español me ayudó a traducir el guión y también fue un extra en la película, así que estaba allí cuando lo necesitaba.

Cuando terminamos "El Titiritero" se estrenó en una iglesia en el South Bronx donde la filmamos. Miles de personas del barrio vinieron a verla, y la manera en que respondieron fue increíble. Ofrecieron de todo, del dinero hasta la comida hasta los viajes de taxi gratis para la producción, para más desarrollar la película.

Finalmente decidí hacer una película de largometraje compuesta de cuatro historias en que las personas de la comunidad se representarían a sí mismos. Sus historias serían las historias de la película. Sus esperanzas y luchas serían las esperanzas y luchas de los personajes.


Pregunta: ¿Cómo lo hizo Ud. - que apenas habla el español - para ganar la confianza de las personas cuyas historias Ud. quería representar?

Plató de Ladrillos

Para cada historia yo empecé mi trabajo con la ayuda de alguien que ya tenía la confianza de la comunidad, en varios casos, con la ayuda de un activista de la comunidad. Por ejemplo, mientras desarrollando "Ladrillos," yo conocí a Miguel Maldonado, un organizador dominicano que estaba intentando organizar a los jornaleros en Nueva York. Juntos, salimos a las 5 de la mañana a una esquina cualquiera en Brooklyn donde había centenares de hombres esperando trabajo. Mientras Maldonado distribuía folletos y hablaba con los hombres agrupados, me sentía muy torpe. No sabía qué podría ofrecerles a estos hombres. Terminé comprando unas cafeteras industriales y pasé los próximos meses saliendo por las mañanas con Maldonado y sirviendo café a los obreros ansiosos.

Al conocer mejor a las personas, yo les hablaba sobre la película que quería hacer. Las personas comenzaron a abrirse a mí: invitándome a sus casas, reuniéndose conmigo después del trabajo, pasando tiempo conmigo por las esquinas callejeras. Les entrevistaba, grabando, sobre sus experiencias al venir a este país, sus esperanzas y sobre cómo les ha ido aquí. De esto, salió el núcleo emocional de la película.

La idea para "Costurera" me vino durante la temporada de las compras para Navidad en 1996 durante una manifestación protestando abusos laborales en las fábricas de ropa enfrente de una tienda en la Avenida Quinta. Tres de las mujeres con quienes hablé sugirieron que yo hablara con Rodolfo Guzmán, un organizador peruano que trabajaba en aquel entonces con el sindicato de trabajadores textiles. Rodolfo me invitó a las oficinas centrales del sindicato donde había una reunión matutina de un grupo de obreras en huelga. Les mostré una cinta de "Ladrillos" a este grupo de aproximadamente 30 mujeres, y ellas se relacionaron muy profundamente a esto. Con esto empezaron seis meses de intensa investigación sobre el mundo del trabajador textil.


Pregunta: La película tiene como actores principales a inmigrantes de la comunidad, salvo unos profesionales. ¿Cómo seleccionó Ud. a sus actores?

Encontré a José Rabelo (Luis en "El Titiritero"), uno de los actores profesionales en la película, después de buscar con mucho esfuerzo en los teatros latinoamericanos de la comunidad, pero fue mucho más difícil encontrar a la muchacha que hace el papel de su hija. Desilusionado con las audiciones de muchos actores profesionales jóvenes, decidí buscar en las escuelas públicas. Después de dos semanas en PS 30 en el South Bronx, encontré a Stéphanie Viruet que hace el papel de la hija en el segmento.

David distribuiendo folletos


un dibujo de Casa

Cuando empecé a trabajar en "Ladrillos," pasé noticias en busca de actores por las esquinas de la calle e hice audiciones en Brooklyn y Queens. Respondieron cientos de hombres. Reduje el número de candidatos a 20, haciendo un esfuerzo consciente para representar una gran variedad de nacionalidades, edades, características físicas y colores de piel. Quería representar a todos los latinoamericanos que están intentando hacer su vida en una tierra extranjera.

Entre el grupo había un guardia nacional de la Presidencia de Honduras, un antiguo guerrillero sandinista de Nicaragua, y varios pescadores y obreros eléctricos del Perú. En otros términos, hombres formidables con mucha mayor experiencia de la que yo tenía. Yo les pedí que hicieran un dibujo de su casa durante un taller dramático. Al describir lo que su dibujo le significaba personalmente, cada hombre dejó de ser simplemente un jornalero, un inmigrante, un extranjero. Todos simplemente se transformaron en sí mismos, volvieron a ser lo que eran al fondo. Me di cuenta entonces que nadie podría contar sus historias mejor que ellos mismos.

Para "Costurera", mi acceso a las trabajadoras textiles se limitó a los 25 minutos cuando van al metro de ida y vuelta del trabajo en la mañana y la tarde. Con la ayuda de docenas de trabajadoras textiles se repartieron más de 40,000 hojitas durante el cambio de turnos de las fábricas durante el transcurso de un mes. El primer día de audiciones abiertas, no vino nadie. Cuando estaba preparándome para salir, pensando haberme perdido el tiempo distribuyendo mis hojitas, llegó una mujer de Ecuador. Mirándome con una mezcla de miedo y sorpresa, me dijo, "Yo he estado aquí sólo seis meses y no sé qué significa esto, pero me dieron esta hojita ayer, y ésta es mi vida. No me han pagado por las últimas cinco semanas de trabajo y el jefe coreano me pega todo el tiempo."

Silvia Goiz, a quien asigné el papel principal en "Costurera," es una costurera de México que ha estado en Nueva York durante cinco años. Su vida se refleja en la película. Su vida en Nueva York es muy regimentada - consiste en su casa, el metro, la maquiladora y los domingos, la lavandería. Aunque Silvia no es una madre, usaba sus recursos emocionales tan fácilmente que yo sabía que ella podría realizar la película con éxito.


Pregunta: ¿Cómo preparó Ud. a sus actores para las exigencias de la película?

Mi trabajo como director era crear un espacio seguro para mis actores. Muchos de ellos estaban aquí sin papeles, y ellos viven con el miedo de la deportación. En general, su único contacto con personas blancas ha sido en situaciones hostiles - un policía, un agente de la migra o un jefe. Yo tenía que enseñarles que podían sentirse seguros: seguros que podían salir de las sombras de LA CIUDAD, para estar en la luz, y para poder contar hasta sus historias más íntimas a personas no conocidas. Por el uso de talleres dramáticos, intenté crear un lugar sagrado en donde podían emerger todas las emociones de la película.

Usé técnicas de improvisación, mientras constantemente inventando nuevos ejercicios. Les pedí a que hablaran sobre la memoria más dolorosa que ellos tenían, pero sólo si querían hacerlo. En un taller, después de un gran silencio, un tipo grandote nicaragüense de 56 años empezó hablando sobre el día cuando sus mejores amigos fueron asesinados en una ofensiva guerrillera. Él y los dos otros supervivientes tuvieron que enterrar a sus amigos. Sus lágrimas eran la prueba de que nunca antes había hablado de esto.

Costureras

Para los talleres de "Costurera," seis mujeres llegaron después de un día largo de trabajo en la maquiladora. En una improvisación en la iglesia donde tenía lugar el taller, las mujeres gateaban entre las mesas y sillas y se escondieron por debajo del altar de la iglesia, para recordar cómo era cruzar la frontera por la noche. En medio de la improvisación, una mujer se quitó los pendientes y los escondió en su sostén. En ese momento todas las otras mujers empezaron a llorar. Se habían olvidado de lo que habían tenido que hacer para que no les robaran. Como director, pensaba mucho en cómo relacionar estas emociones a la película, y además, me sentía responsable de cómo iban a sentirse estas personas una vez terminada la película. Desde entonces mi vida se ha dedicado a mantener estas amistades y a cumplir con las responsabilidades que pienso tener. Les ayudo a tratar con sus familias, a ir al hospital, con asuntos de la inmigración, y más. Ha sido una experiencia intensa y gratificante para mí.


Pregunta: A través de las cuatro viñetas en LA CIUDAD, Ud. representa las experiencias de inmigrantes de una gran variedad de países latinoamericanos. ¿Cómo eligió Ud. las perspectivas reflejadas?

un dibujo de Casa

Para dar un ejemplo, decidí hacer la historia "Casa" porque me di cuenta del creciente número de mexicanos en Nueva York y pensaba que era importante contar una historia verdaderamente mexicana. Cuando yo empecé la película en 1992, había aproximadamente 60,000 mexicanos en Nueva York. En 1997, había entre 300,000 y 500,000. Me había invitado a una quinceañera mexicana la muchacha que en realidad tiene su fiesta en la película. Me impresionó mucho, ver cómo esta tradición cultural es tan firmemente transportada de México al barrio de Bronx. La familia de la muchacha consintió en representar la fiesta para la película, y doscientos de sus parientes, algunos de tan lejos como Carolina del Norte, vinieron a celebrar de nuevo la fiesta, sólo esta vez las botellas de cerveza llevaban agua. Yo quería que los dos actores principales fueran mexicanos y, aún más, quería que fueran del mismo pueblo. Cipriano García y Leticia Herrera provenían de pueblos cercanos del estado de Puebla, México. Cipriano es panadero que tenía alguna experiencia como actor no profesional, y Leticia es trabajadora textil. Siendo jóvenes y ambos provenientes de México, lograron dar una honestidad y profundidad emocional a la historia.


Pregunta: Ambos, "Ladrillos" y "Costurera" plantean la pregunta de la solidaridad: obreros trabajando en desacuerdo entre sí, o uniéndose para formar un grupo más poderoso. Díganos más sobre lo que Ud. espera que la gente aprenda de la película.

Yo quería que la última historia en la película contestara las preguntas planteadas en "Ladrillos" - cómo consiguen unirse estos inmigrantes en un nuevo ambiente. Ya que primero la pregunta se topa con las peleas entre los hombres, decidí que la respuesta debe provenir de un grupo de mujeres. En la película, las costureras representan la fuerza que tiene la gente al unirse para defender lo que consideran ser íntegro, para defender la justicia. En general, yo espero que la gente consiga de LA CIUDAD un entendimiento diferente y más profundo de la comunidad latinoamericana. A menos que Ud. sea miembro de una de las comunidades indígenas, la inmensa mayoría de personas en este país o sus antepasados ha tenido esta misma experiencia - de venir aquí de otra parte del mundo, explotado como trabajador, sin saber el idioma, con el trastorno profundo de ser desarraigado. Yo espero que la película sirva para denunciar la xenofobia. Pero la última secuencia de la película se debe entender como un paso más allá: vemos todas las caras y retratos de esta comunidad, en una manera que pone de relieve su humanidad como seres individuos. Hice una selección de caras muy diversas a propósito, con la esperanza de que la gente se vea a sí misma en una de las caras, o vea la cara de un conocido. Y al final, espero que la película cree una solidaridad capaz de combatir el fervor anti-inmigrante que tanto predomina.




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