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Antonio Lopez de Santa Anna

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Santa Anna: la sombra de la sospecha

Una conversación con Miguel Soto
Universidad Nacional Autónoma de México

Antonio López de Santa Anna Antonio López de
Santa Anna

¿Qué facciones políticas estaban interesadas en el retorno de Santa Anna a México y por qué?

Las facciones políticas que buscaban el retorno de Santa Anna eran básicamente los moderados y los puros. Eran grupos de federalistas liberales que pensaban que lo mejor para el país era un gobierno con sistema federal, pero que tenían dificultades en la forma de establecerlo y especialmente cómo distribuir la propiedad, en particular la propiedad eclesiástica. Estos puros y moderados se unieron para derrocar al presidente Mariano Paredes e hicieron arreglos para lograr el retorno de Santa Anna. Intentaron usarlo como lo habían hecho a principios de la década de 1830 para unificar las fuerzas públicas y políticas y alcanzar sus metas, aunque sin éxito. La alianza de los puros y los moderados durante la guerra duró solamente mientras se deshicieron de Paredes. Tan pronto lo lograron, continuaron con sus propias pugnas entre ellos.

¿Por qué quería volver Santa Anna?

Porque se veía a sí mismo como el salvador eterno de la nación. Cuando los puros, los moderados y otros lo llamaron, tenía que regresar. Tenía que salvar a la nación y al mismo tiempo tratar de controlar todas las partes para su propia ventaja política. Esto es lo que Santa Anna se propuso hacer.

En realidad, volvió bajo una sombra de sospecha. La gente no estaba segura de lo que pudo haberle ofrecido al gobierno de Polk en Washington. Se preguntaban: ¿Qué había estado dispuesto a sacrificar a fin de llegar a un acuerdo con Estados Unidos? ¿Simulaba con el fin de impresionar a los grupos políticos y de influencia para mostrarles que hacía un serio esfuerzo militar, cuando su verdadera intención era la de presionar al Congreso para que firmara un tratado de paz con Estados Unidos a fin de evitar peores consecuencias para México? Su conducta despertaba duda y preocupación en los diferentes grupos políticos, pero el continuo antagonismo y los incesantes conflictos entre ellos hicieron necesario que éstos dependieran de Santa Anna a lo largo de la guerra.

¿De qué forma contribuyeron a las sospechas en torno a Santa Anna los resultados de las batallas?

Desde mi punto de vista y hablando estrictamente en términos militares, el desempeño de Santa Anna consistió de demasiados errores. A mí me parecen excesivos. Uno puede cometer un error o varios, pero, ¿todos a la vez? Eso es demasiado. Así que hay dudas verdaderamente serias respecto al desempeño de Santa Anna. Tan pronto como volvió del exilio, ordenó que las tropas abandonaran Tampico y Monterrey en lugar de que defendieran esas ciudades. Los oficiales en Tampico acataron las órdenes; el general en Monterrey no. Luego vino la famosa retirada de La Angostura cuando Santa Anna estaba a punto de ganar la batalla contra Taylor. Más tarde, la vez en que se negó a acudir para brindarle auxilio a Valencia en Padierna cuando esto pudo haber significado un triunfo sobre las fuerzas de Scott. En cambio hubo otros momentos en que movilizó tropas sin ton ni son. Sin embargo, tenemos un hombre que actuó heroicamente, que no evitó los peligros ni las balas. En La Angostura, su montura recibió el impacto de una bala estando él en la silla. Pidió otro caballo y continuó comandando su ejército.

¿Cómo se vieron afectadas las conductas de Santa Anna y del Congreso mexicano dada su relación de desconfianza?

Después de la derrota militar sufrida en Cerro Gordo y la llegada del Ejército estadounidense a Puebla, Santa Anna trató de explorar la posibilidad de llegar a un acuerdo con Nicholas Trist, representante de Estados Unidos. Sin embargo, Santa Anna no quiso hacerlo solo. Les preguntó a los miembros del Congreso si estaban dispuestos a reconocer y autorizar sus esfuerzos; pero el Congreso le contestó que primero debería llevar a cabo las negociaciones. Así, se reservarían el poder para determinar si dichas negociaciones serían válidas o no. ¿Qué significó esto? Que ni Santa Anna ni el Congreso estaban dispuestos a correr el riesgo político solos. Ninguno quería tomar la decisión sin el apoyo del otro en caso de que las cosas no salieran bien.

La inhabilidad de tomar una decisión de tal magnitud fue muy reveladora de la situación política en México. Nadie estaba dispuesto a correr el riesgo de algo que temían ya se había perdido. Por esa misma razón no hubo una declaración de guerra por parte del congreso contra el gobierno de Estados Unidos porque todos sabían que la guerra se iba a perder. Nadie quería asumir esa responsabilidad política.

¿Qué le pasa a la sombra de la sospecha?

Los eventos la arrollan. Creo que Santa Anna jugó las cartas que tenía en la mano. No eran suficientes. No podía controlar lo que pasaba. Se le escapó. Fue tan catastrófica la forma en que se desenvolvió la campaña militar y tan divisiva la lucha entre las facciones políticas --en la cual él era participante--, que se volvió imposible cualquier tipo de consenso. Con lo que no contó fue con el extremo al que todos dejarían que llegara la situación antes de unir sus esfuerzos. La capital, la ciudad de México, tuvo que ser conquistada por el Ejército de Estados Unidos. El gobierno tuvo que cesar de funcionar y reconstruirse en Querétaro. Se necesitó todo esto antes de que las facciones políticas en México estuvieran dispuestas a sentarse y firmar un tratado de paz. Cuando Santa Anna vio esto, se fue. No quiso estar presente porque estaba consciente del costo político implicado. Creo que le hubiera gustado llegar a un acuerdo con los estadounidenses pero como no pudo, se fue.

¿Cómo explica a Santa Anna y su carrera?

Sin duda alguna, la personalidad de Santa Anna es un reflejo de las condiciones políticas y sociales del país. La enorme inestabilidad, el carácter efímero y frágil de las alianzas, de las actitudes hacia la autoridad y el gobierno, explican cómo alguien como Santa Anna, que fue atacado y derrotado a fines de 1844 pudo volver para el verano de 1846. Su retorno ilustra el grado de fragmentación política en México. Sin embargo, queda claro que Santa Anna es solamente uno de un número de personas que se aprovecharon de estas condiciones. A veces pienso que ni siquiera fue el personaje más importante, pero recibió más atención porque sobrevivió, prevaleció más veces.

Santa Ana encendido a caballo Más que ver a Santa Anna como un dictador, lo veo como un hombre que aspiraba eternamente al poder. Era un gran oportunista, un pragmático, siempre en busca de alianzas, de gente con quien poder hacer tratos. Sin embargo, nunca pudo crear una base duradera de poder, y si Santa Anna no pudo hacerlo, entonces creo que nadie pudo haberlo hecho en este periodo.

Hoy la mayoría de los mexicanos piensan que Santa Anna le regaló el territorio a Estados Unidos al firmar el tratado de paz, pero él ni siquiera estaba en el país cuando se firmó el tratado. Yo creo que le hubiera gustado estar presente y poder aprovecharse de esa situación, usar el tratado para su ventaja política. Sin embargo, ese no fue el caso. Para entonces ya estaba fuera del país, aunque no por mucho tiempo.

Como resultado de la guerra, se hizo tan profundo el vacío de autoridad que Santa Anna aprovechó la oportunidad de volver a tomar el poder. En 1853 varios políticos lo invitaron a volver, si bien no la mayoría. Cuando asumió el poder, se autonombró “Su Alteza Serenísima” y se dio a sí mismo no sólo la autoridad de reinar por el resto de su vida sino también de nombrar a su sucesor. Aunque sólo pudo conservar el poder por dos años, el hecho de que se le permitió dirigir otra vez el país es indicativo de la crisis en México a mediados del siglo XIX.