Hernán Cortés llega a México

Es la primavera de 1519. Una expedición española compuesta por 11 barcos navega hacia el oeste con la esperanza de agrandar el imperio. Le habían llegado relatos a Velázquez, gobernador de Cuba, de que algunos de sus hombres habían encontrado tierra más allá del horizonte donde se pone el sol. Velázquez nombró a Hernán Cortés como Capitán General de la armada y lo mandó a investigar.

Quizá Cortés no era el más apto para guiar la expedición. Aunque tenía experiencia y fama por su valor, una de las principales razones por la que se le encomendó el mando de la expedición fue su promesa de ayudar a financiar la misma. Cortés gastó hasta el último centavo de su fortuna en la expedición. Hipotecó sus tierras. Convocó a sus amigos para que lo ayudarán a preparar el viaje y para que se unieran a su pequeño ejercito.

Quinientos ocho soldados navegaron desde Cuba con Cortés en búsqueda de nuevas riquezas. ¿Qué fue lo que motivó a estos hombres ha dejar a España en busca de algo basado en rumores? Muchos de ellos eran españoles que habían llegado tarde al final del arrebato de las tierras en Cuba. Los primeros españoles en llegar a Cuba recibieron tierras e indios Taino, a los que podían usar como esclavos. Los que llegaron más tarde encontraron que casi no quedaba nada para ellos. Algunos de éstos vivían en las regiones pobres y sobrepobladas de España, y deseaban tener su propias tierras. Así pues, habían aprendido su lección: ahora navegaban con Cortés para ser los primeros en cosechar las riquezas que las nuevas tierras pudieran ofrecer.

La primera de estas tierras en ser detectada fue la costa de Yucatán, la cual alguna vez fuera el centro del Imperio Maya. A pesar de nunca haber sido un imperio totalmente unificado, varios grupos mayas ocupaban esas tierras, grupos que compartían características culturales tales como un calendario sumamente desarrollado, un complejo sistema de escritura y un sofisticado sistema matemático. Hoy en día, los mayas siguen ocupando parte de esas tierras, preservando su singular cultura y lenguaje.

A la llegada de los españoles, el General Alvarado, uno de los hombres de Cortés quien junto con un pequeño regimiento se había adelantado a la expedición, atacó a un templo maya. Cortés reprimió al general: este tipo de ataque impetuoso podía llevar a la expedición a un final rápido y desastroso. En un lugar llamado Punta Catoche, Cortés encontró a Aguilar, un sobreviviente de un barco que zozobró. Aguilar pasó nueve años como esclavo de un jefe maya. Cortés enlistó a Aguilar; sus conocimientos de los mayas era de valor incalculable para el explorador.

En el pueblo de Champotón, los españoles atacaron a los nativos de Tabasco. Estos pronto se dieron por vencidos ante el superior poder militar de Cortés, y lo abastecieron con alimentos y una intérprete llamada doña Malintzin. Los españoles se apoderaron de la ciudad de Santa María de la Victoria y de ahí, navegaron hacia San Juan de Ulúa.

Cortés ignoraba las implicaciones espirituales de su expedición. Su arribo en las Américas coincidió perfectamente con el previsto retorno de la Serpiente Emplumada llamada Quetzalcóatl, el principal dios de los Aztecas a quien se le atribuía la creación del hombre, la enseñanza sobre el uso de los metales y el cultivo de las tierras.

La expectación entre los Aztecas sobre el retorno de Quetzalcóatl era grande. Cortés llegó a Veracruz el Jueves Santo de 1519. El emperador de los Aztecas, Moctezuma Xocoyotzin II contemplaba como acercarse a estos personajes, uno de los cuales podría ser el dios Quetzalcóatl. Moctezuma reinó sobre Tenochtitlán de 1502 a 1520. Era un hombre muy religioso y bien informado. Consultó a los dioses. Mandó a mensajeros para recibir a Cortés, y éste los recibió a balazos para intimidarlos. Los reportes de este encuentro le llegaron a Moctezuma: "El ruido debilitaba, mareaba. Algo como una piedra con fuego y chispas salía de las armas de los visitantes. El humo era terrible; tenía un olor fétido y enfermante". Otro reporte caracterizaba a los visitantes como gente "de piel blanca, mucho más blanca que la nuestra. Todos tienen barbas largas, y su pelo solo llega hasta sus oídos".

Los mensajeros también describían a los visitantes, los cuales viajaban a caballo, como bestias "de dos cabezas y seis piernas". Moctezuma decidió recibir a Cortés, quien finalmente, sabiéndose superior, conquistó a Tenochtitlán. A diferencia de la colonización que tendría lugar al norte del continente años después, los españoles querían conquistar todo el continente. Los ingleses poblaron Norteamérica más lentamente y sin tanta ambición. Cortés lamentaba la muerte de los indígenas como una tragedia, pues estos eran vitales para España en la explotación de los recursos de la tierra. Los ingleses, por su parte, interpretaban la muerte de los indígenas norteamericanos como una necesidad divina para realizar su colonización.

Los españoles consideraban a los indígenas como súbditos de la corona española. Cuando era posible, los convertían a la fe cristiana y les enseñaban útiles trabajos para que contribuyeran a la causa española. Los ingleses veían a los indígenas como extraños y no intentaron aceptarlos dentro de sus planes de colonización. Había excepciones, sin embargo. William Penn y Roger Williams eran populistas quienes abogaban por la tolerancia religiosa, un gobierno liberal y el trato justo de los indígenas.

España ejercía un estricto control sobre la inmigración. Excluían a los heréticos y trataban de conservar la pureza de su raza, al mismo tiempo que cuidaban celosamente los recursos de sus recientemente conquistadas tierras. Como resultado de todo esto, la colonización española de la parte sur de Norteamérica promovió principalmente las culturas españolas e indígenas.

Los ingleses, por su parte, eran más liberales en cuanto a la inmigración al Nuevo Mundo. Su filosofía estaba descrita en la frase, "Bienvenido uno, bienvenidos todos". Habían venido a crear un mundo nuevo y a poblarlo con el que quisiera contribuir. El que los indígenas de la Nueva España hayan sido sometidos por sus conquistadores, hacía que los ingleses aceptaran más fácilmente a los españoles simplemente como otros gobernantes soberanos. Pero los indígenas del norte del continente nunca aceptaron el gobierno de los ingleses.

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