El trabajador inmigrante mexicano es considerado en el suroeste estadounidense como parte vital de las temporadas de pisca. La necesidad por parte de los empresarios estadounidenses de mano de obra extranjera aumentó primero durante la expansión de los ranchos ganaderos en el suroeste, y después por el incremento de la producción de la fruta en California entre 1850 y 1880.
Antes de la llegada de los mexicanos a los campos agrícolas de los Estados Unidos, eran los chinos los que satisfacían dicha necesidad. Cerca de 20,000 ciudadanos chinos fueron contratados para trabajar en dichos campos, hasta que se aprobó la Ley de Exclusión de Chinos. Enseguida, los japoneses tomaron el lugar de éstos, y después de ellos, los mexicanos.
Entre 1850 y 1880, 55,000 trabajadores mexicanos viajaron a los Estados Unidos para trabajar en los campos que habían pertenecido a México. La institución del trabajador mexicano en Estados Unidos fue así establecida, especialmente en la agricultura comercial, en la industria minera, en la industria ligera y en los ferrocarriles. Sin embargo, las condiciones de trabajo y paga eran pésimas.
La presencia del trabajador mexicano en el escenario laboral estadounidense aumentó entre 1880 y 1890, cuando se estableció una ferrovía entre México y los Estados Unidos. Un 60 por ciento de los trabajadores ferroviarios eran mexicanos. Rodolfo Tuiran, en su ensayo "El Pasado y el Presente de la Inmigración Mexicana a Estados Unidos" subraya que el flujo inicial de los inmigrantes mexicanos a los Estados Unidos se componía principalmente de mineros experimentados, peones de los ranchos ganaderos mexicanos, sirvientes, y agricultores independientes.
Después
de la revolución de 1910, el gobierno mexicano no pudo mejorar la calidad
de vida de sus ciudadanos. A finales de los años 30, los campos agrícolas
de México daban menos fruto y el desempleo aumentó. El jornalero
mexicano se vio en la necesidad de buscar en otros lugares para subsistir. La
Primera Guerra Mundial también fomentó la inmigración mexicana,
pues el trabajador mexicano laboraba duro y bien en las industrias y en el campo.
También sobresalían como maquinistas, mecánicos, pintores
y plomeros. Este periodo fue muy bueno para el trabajador mexicano, pues la
gran mayoría de los trabajadores estadounidenses marcharon a la guerra.
Sin
embargo, hubo periodos durante los cuales los trabajadores mexicanos se quejaban
de maltrato y abusos a sus derechos laborales. Esto condujo al gobierno mexicano
a idear un contrato laboral que garantizara a dichos trabajadores ciertos derechos
establecidos en la constitución mexicana. Tal contrato exigía
que los rancheros estadounidenses permitieran que los trabajadores trajeran
a sus familias durante el periodo del contrato, el cual era firmado por oficiales
de inmigración, y establecía la paga, el horario de trabajo, el
lugar del mismo y otras condiciones similares. Así, éste se convirtió
en el primer programa de braceros de facto entre ambos países.
En 1924, la Patrulla Fronteriza estadounidense fue creada, un evento que tendría un importante significado en las vidas de los trabajadores mexicanos. Aunque el público en ese entonces no consideraba a los mexicanos como "extranjeros ilegales", la ley de inmigración sí consideraba que los trabajadores indocumentados eran fugitivos. Con la creación de la patrulla fronteriza, nace la definición "extranjero ilegal". Muchos mexicanos que vivían en los Estados Unidos empiezan a ser vistos como sujetos sospechosos.
La
fuerza laboral mexicana fue vital en el desarrollo de la economía y prosperidad
de los Estados Unidos. En su gran mayoría, los trabajadores mexicanos
eran considerados fuertes y eficientes. Además, trabajaban por salarios
bajos y en condiciones infrahumanas. Otra medida de control sobre los inmigrantes
mexicanos establecida durante la Era de la Depresión era negarle la visa
a todo aquel que no pudiera comprobar que tenía empleo seguro en Estados
Unidos. A los mexicanos deportados bajo este decreto se les avisaba que si retornaban
a los Estados Unidos, se les consideraría personal fuera de la ley.
Parece ser que cada vez que los Estados Unidos encontraba una razón para cerrarle la puerta a la inmigración mexicana, un evento histórico ocurría que los forzaba a abrir la puerta de nuevo. Ese fue el caso cuando los Estados Unidos entró a la Segunda Guerra Mundial. Su fuerza laboral se fue a los campos de batalla. En 1942, los Estados Unidos firmó el Tratado de Braceros que abrió de nuevo la puerta a la inmigración de trabajadores mexicanos. Entre dicho periodo y 1964, millones de mexicanos viajaron hacia los Estados Unidos bajo dicho tratado, el cual les daba derecho a empleo y estancia temporal en los campos y los ranchos.
Bajo el Programa Bracero, más de 4 millones de trabajadores agrícolas mexicanos laboraron en los campos estadounidenses. Esa fue una de las razones por la cual dichos campos se convirtieron en los más productivos del mundo. Muchos de los braceros venían de otras regiones agricultoras de México, tales como Coahuila, la llamada "Comarca Lagunera".
Muchos viajaban por tren a la frontera norte. Su arribo alteró el medio ambiente social y económico de los pueblos fronterizos. Ciudad Juárez, vecina de El Paso, Texas, se convirtió en un centro de reclutamiento laboral y en el punto principal de reunión de los trabajadores agrícolas.
Los contratos del Programa Bracero eran controlados por asociaciones independientes de agricultores y la Oficina de Cultivo. Escritos en inglés, los contratos eran rompecabezas para los trabajadores, quienes los firmaban sin saber los términos de empleo y sin entender que estos eliminaban sus derechos laborales.
A dichos braceros se les permitía regresar a sus pueblos sólo en caso de emergencia, y sólo si recibían permiso de sus patrones. Cuando los contratos expiraban, los trabajadores tenían que devolver sus permisos y retornar a México. Los braceros cosechaban remolachas, pepinos, tomates y algodón, entre otros productos agrícolas.
Al final de la Segunda Guerra Mundial, los trabajadores mexicanos fueron sustituidos por aquellos que regresaban de la guerra. En 1947, El Servicio de Cultivo Laboral de Emergencia trabajaba en la reducción del número de trabajadores mexicanos. Para los años 60, el sobreflujo de trabajadores agrícolas "ilegales", junto con la invención de la cosechadora de algodón mecánica, hicieron del Programa Bracero una política poco práctica y atractiva. Estos eventos y la violación de los derechos laborales del bracero, pusieron fin a dicho programa en 1964.