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Aired March 29, 2022

Zoot Suit Riots (español)

Film Description

En junio de 1943, se desataron en Los Ángeles, los peores disturbios raciales en la ciudad hasta la fecha. 

Durante 10 noches seguidas, marinos estadounidenses recorrieron los barrios mexicoamericanos con armas improvisadas en busca de zoot-suiters: modernos adolescentes mexicanos vestidos con pantalones anchos y abrigos de cola larga. 

Los militares sacaron a rastras a chicos, algunos de tan solo 12 años, de cines, cafeterías, bares y cafés, arrancando la ropa de sus cuerpos y golpeándolos brutalmente. Los jóvenes mexicanos respondieron agresivamente. 

La lucha se intensificó y en la peor noche, los taxistas ofrecieron transporte gratis al área de los disturbios. Un periódico de Los Ángeles incluso imprimió una guía sobre cómo “quitar el zoot” a un zoot-suiter. Cuando terminó la violencia, montones de mexicanos y militares estaban en camas de hospital.

Zoot Suit Riots es una impactante película que explora las complicadas tensiones raciales y el cambiante panorama social y político que condujo a que las calles de Los Ángeles explotaran en el verano de 1943. 

Para comprender lo que sucedió durante esas aterradoras noches de junio, la película describe los cambios en la población de la ciudad: el influjo de nuevos inmigrantes, el auge de la economía en tiempos de guerra, la enorme cantidad de militares camino al teatro del Pacífico y una nueva generación de mexicoamericanos que eran más visibles, más ricos, y más seguros de sí mismos de lo que sus padres jamás se hubieran atrevido a ser. 

Luciendo sombreros de ala ancha, pantalones anchos, botas altas y abrigos de cola larga, estos zoot-suiters se llamaban unos a otros “gatos locos”. Eran “tremendos como el Pacífico” y “frenéticos como el Atlántico”. 

Cruzando fronteras culturales y pasándose de la raya de raza y clase social, trataban de definir por sí mismos lo que significaba ser estadounidense en Los Ángeles en 1942. A pesar de que no había evidencia para conectar a los zoot-suiters con el crimen, la actitud y la confianza en sí mismos de los chicos puso nerviosos a los anglosajones. Muchos padres mexicoamericanos estaban de acuerdo en que algo andaba mal con sus jóvenes.

En el corazón de esta historia se encuentra un asesinato sin resolver. El primero de agosto de 1942, un mexicoamericano de 22 años fue asesinado a puñaladas en una fiesta. Para los angelinos blancos, el asesinato fue una prueba más de que la violencia mexicoamericana estaba fuera de control. La policía se desplegó por Los Ángeles, capturando 600 chicos mexicoamericanos sospechosos. Casi todos los detenidos vestían el uniforme distintivo de su generación: zoot-suits. El trágico asesinato y la injusticia del juicio que vino después, junto con la cobertura sensacionalista de ambos, avivaron las llamas de la hostilidad racial que ya abundaba en la ciudad. A los pocos meses del veredicto, Los Ángeles vivía la peor violencia de su historia.

Con impactantes recreaciones de Los Ángeles en la década de 1940 al estilo del cine negro y con relatos elocuentes de primera mano de participantes claves (marinos y ciudadanos blancos que los apoyaron, zoot-zuiters y sus familias), el programa evoca hábilmente el extravagante mundo de la subcultura mexicoamericana, la intolerancia y el odio de gran parte de la sociedad blanca y la dedicación de unos pocos liberales que presionaron por hacer justicia frente a una oposición abrumadora.

Al explorar la estremecedora efusión de odio y resentimiento en Los Ángeles durante la guerra, esta película nos enseña sobre las relaciones raciales en los Estados Unidos de hoy. 

Credits

Written & Produced by

Joseph Tovares

Directed by

Joseph Tovares

Narrated by

Hector Elizondo

Edited by

James Rutenbeck

Associate Producers/research

Desirée Garcia
Mylène Moreno

Cinematography

Michael Chin

Music by

Claudio Ragazzi

Sound Record

Scott Harber

Assistant Camera

Jill Tufts

Lighting Director

Chas Norton

Gaffer

Tom Clark
Dean Hayasaka

Grip

Robert Chambers
Carl "Buddy" Lenhart
Dave Bunge
Craig A. Love

Additional Cinematography

Peter S. Kreiger

Additional Sound

Perce Urgena
Claudia Katayanagi
Sara Chin

Archival Research

Joy Conley

Additional Research

Lena Sheehan
George J. Fogelson
Dan Lukenbill

Sound Design by 701 Sound

Ira Spiegel
Bruce Kitzmeyer
Gerald Donalan
Conor Guy

Sound Mixer

Robert Fernandez

Colorist

Greg Conners

Photo-animation

Berle Cherney
Ed Joyce

On-line Editor

Mark Steele

Production Design

Susan Gaedke
Brian Cobb

Wardrobe

Kristin Nelson

Makeup/hair

Erin Doyle

Casting

Deb Doyle

Location Scout

Deb Doyle
John P. Crowley
Linda Emmons-Cunningham

Extras

Salome Aguilar, Jr.
Patrick Cardenas
Isaac Robledo
Andrew Aguilar
Joey Mata
Stephen Acevedo
Andrea M. Bueno
Raymond A. Ortiz III
Dannette S. Garcia
Cynthia De La Garza

Special Thanks

Kevin Stein
Raul Tovares

Archival Film Provided by

Historic Films
Archive Films
WPA Film Library

Archival Photos Provided by

Don Normark
AP/Wide World Photos
Leyvas Family
Corbis-Bettmann, Inc.
Jim Heiman
Library of Congress
Los Angeles Public Library
Diaz Family
Los Angeles Times
Carlos Espinoza
Theodore Encinas
Regional History Collection, University of Southern California
Special Collections, University of California, Los Angeles
Ventura County Historical Society
Water/Transportation Authority, Los Angeles

Advisors

Eduardo Obregón Pagán
Edward Escobar
Elizabeth Escobedo
Don T. Sine

Creative Consultant

Paul Taylor

Production Assistants

Paulette Orona
Nikki Young
Gabriel Monts

Interns

Debra von Colln
Heather Chapman
Michael Equi
Patrick Carey
Sarah Smythe
David LaMattina
Scott Lawrence
Molly Goggin
Elida Kamine
 

FOR AMERICAN EXPERIENCE

Post Production

James E. Dunford
Rose M. Compagine
Greg Shea

Series Designer

Alison Kennedy

On-line Editor

Mark Steele

Sound Mix

John Jenkins

Series Theme

Mark Adler

Business Manager

John Van Hagen

Project Administration

Nancy Farrell
Vanessa Ruiz
Helen R. Russell
Rebekah Suggs

Director, New Media

Maria Daniels

Interactive Media

Danielle Dell'Olio

Publicity

Daphne B. Noyes
Johanna Baker

Spanish Translation
Diana Trudell

Coordinating Producer

Susan Mottau

Series Editor

Sharon Grimberg

Senior Producer

Mark Samels

Executive Producer

Margaret Drain

 

© 2001
WGBH Educational Foundation
All rights reserved

Transcript

Los Disturbios del Zoot Suit

Narración: Una noche despejada de agosto de 1942, un grupo de adolescentes mexicoamericanos de la calle 38 en Los Ángeles se dirigió a nadar a la laguna Sleepy Lagoon. Hank Leyvas iba en el auto. Esa misma noche, chicos mexicoamericanos de otro barrio habían golpeado a Hank y a su novia. Hank estaba decidido a defender el honor de su novia. Al acercarse a Sleepy Lagoon, oyeron una fiesta a través de los árboles, y Hank Leyvas creyó que había encontrado a los chicos que buscaba.

Canción: ♪ Pasar una noche contigo en nuestro viejo lugar. Rememorar contigo. Ese es mi deseo. Bailar donde tocan los gitanos. Y que nuestros corazones se pierdan en ese oscuro café. Ese es mi... Deseo... deseo... deseo... de... ♪

Narración: La pelea de 10 minutos en Sleepy Lagoon tenía todos lo indicios de ser una típica pelea de adolescentes, salvo por lo que los vecinos descubrieron más tarde. A la luz de la luna llena, José Díaz, un joven de 22 años a punto de partir a la guerra, yacía agonizando. Le habían dado una paliza y lo habían apuñalado.

Letrero en la puerta: División de Homicidios, Departamento de Policía de Los Ángeles. 

Edward J. Escobar, Historiador: En el verano de 1942, había una creciente preocupación por la delincuencia juvenil entre mexicoamericanos. Cuando ocurrió el caso de Sleepy Lagoon, cuando se encontró el cuerpo de José Díaz, ese fue el momento justo que desató la histeria.

Narración: En los años cuarenta, un chico mexicano matando a otro no atraía el interés de las autoridades. Pero en tiempos de guerra en los Ángeles, el asesinato de José Díaz tomaría otro cariz. El departamento de policía irrumpió en la comunidad mexicoamericana de la cuidad. Hank Leyvas era el principal sospechoso.

Titular en un periódico: Uno asesinado y 10 heridos en guerra de chicos

Narración: El arresto y juicio de Leyvas y otros del barrio de la calle 38 hizo crecer el temor de que la juventud mexicana estaba fuera de control. En cuestión de meses, violentos disturbios raciales se apoderarían de la ciudad. Los mexicoamericanos apuntan a los disturbios de 1943 como los días más oscuros de su larga historia en la ciudad de Los Ángeles.

En 1942, el estado de ánimo de Los Ángeles era inquietante. El país estaba en guerra. En la calle, se hablaba de espías y traidores. Las sospechas giraban en torno a los mexicoamericanos.

Titular en un periódico: PANDILLAS JUVENILES ATRIBUIDAS A AGENTES DEL EJE

Narración: Se temía que los chicos rebeldes fueran manipulados por agentes enemigos.

George J. Sánchez, Historiador: En los periódicos locales, veías columnas una al lado de la otra. Japón está haciendo esto, y nuestra amenaza local es esta juventud mexicoamericana.

Narración: Hacía menos de 100 años, Los Ángeles pertenecía a México. Los negocios se realizaban en español, y las calles tenían nombres como Eternidad y Chapule. Pero para 1942, Nuestra Señora de Los Ángeles era ahora simplemente Los Ángeles. Y había cambiado más que el nombre d la ciudad. Chapule se convirtió en Pearl Street y Eternidad, en Broadway. A medida que Los Ángeles fue creciendo, los mexicoamericanos comenzaron a ser vistos como extranjeros en una ciudad establecida por sus ancestros.

En las 48 horas que siguieron al asesinato de José Díaz, 600 jóvenes mexicoamericanos fueron emboscados por la policía.

Lupe Leyvas, Hermana de Hank Leyvas: Recogieron a todos los que tuvieran entre 12 y 25 años. No podías salir a la calle porque te agarraban. Se corrió la voz en el barrio. "Se están llevando a todo el mundo. Es por una pelea, y alguien resultó muerto". Los padres iban con los demás padres y les decían: "Están haciendo esto y aquello. Que los niños se queden en la casa". Mirábamos por la ventana, y había policías en todas partes.

Edward J. Escobar, Historiador: La policía solía acosar a los chicos mexicanos porque los consideraban posibles delincuentes. Si el chico parecía sospechoso, se lo llevaban. Si el chico estaba taciturno o les faltaba al respeto, era probable que la policía le diera una paliza. Muchas veces, los chicos mexicanos decían: "Si estás en la calle después de las 8:00, ten cuidado. No tienes por qué estar en la calle".

Narración: Hank Leyvas conocía bien a la policía de Los Ángeles. La policía se lo llevaba con frecuencia cuando la vaga descripción de un sospechoso de un crimen era "mexicano desconocido".

Eduardo O. Pagán, Historiador: Desde la perspectiva del Departamento de Policía, Hank era un delincuente resentido, porque era la clase de chico que defendía sus derechos. Protestaba cuando lo agredían. Protestaba si lo arrestaban, por ejemplo. Los desafiaba.

Narración: En el verano de 1942, su vida parecía ir en una nueva dirección. Se había enlistado en la Marina Mercante, hasta tenía el uniforme. Pero ahora era sospechoso del asesinato de José Díaz.

Lupe Leyvas, Hermana de Hank Leyvas: Apenas nos detuvimos, mi madre estaba saliendo del auto y la policía rodeó el auto, y... Arrestaron a mi hermano. Les pregunté adónde se lo llevaban, y me respondieron: "A la Comisaría 77".

Narración: Décadas de discriminación habían forzado a la comunidad mexicoamericana a encerrarse en sí misma. Para la década de 1940, los 250 000 mexicoamericanos de Los Ángeles vivían en una serie de vecindarios muy unidos, conocidos como "barrios". Las comunidades eran tradicionales, conservadoras y autosuficientes. Como muchos mexicoamericanos de su generación, Hank Leyvas se negó a aceptar los confines del barrio. Había un país diferente fuera de su barrio, y Hank, y otros como él, querían reclamar una parte para sí mismos.

George J. Sánchez, Historiador: Las tensiones que surgieron de esta especie de división de la cultura es que, a menudo, los padres veían que sus hijos desaparecían frente a ellos, se alejaban de la santidad del barrio, del mundo cultural. Aunque permanecía físicamente, era cada vez más la gente que a menudo se aventuraba en diferentes aspectos de la cultura estadounidense.

Eduardo O. Pagán, Historiador: Estos chicos hablaban en inglés entre ellos, un inglés marcado por frases del jazz... "cool", "hip", "on time". Cosas que claramente tomaron de la cultura del jazz en este período. Algunos de los chicos de la 38 te dirán que no sabían español. No hablaban español.

Narración: La economía en tiempos de guerra puso dinero en sus bolsillos. En 1942, lo gastaban en pantalones abombados ajustados en los tobillos y abrigos largos y sueltos, un estilo copiado de los afroamericanos. Se llamó el "zoot suit". El zoot suit estaba en todas partes. En los clubes nocturnos, los chicos en zoot suits dominaban la pista. Sus movimientos eran la esencia de lo que era ser cool.

Álvaro Rodríguez y Arthur Arenas: Él solo tomaba el brazo de la chica así, y ella lo rodeaba, y él sacaba su brazo así, y ella daba vueltas unas tres veces, y él hacía así, porque el tipo no se iba a mover. No quería arrugar el abrigo ni nada. ¡No quería que se le arruinen los pantalones!

Eduardo O. Pagán, Historiador: Apenas salían de la casa, se dirigían en fila a Central Avenue, donde había muchos clubes de jazz. Iban a escuchar artistas de jazz y a bailar el swing; todo lo que sus padres mexicanos seguramente no habrían aprobado. Y encontraban cómo escabullirse, y usar el zoot suit, creo, era parte de eso.

Lupe Leyvas, Hermana de Hank Leyvas: Muchas veces, llevaba la falda justo arriba de la rodilla hasta que doblaba la esquina, y ahí me la subía a la cintura. Así me quedaba muy corta, ¿entiendes? Cuando volvíamos de la escuela, la volvíamos a bajar. Los chicos usaban pantalones muy anchos en la rodilla. Medían como un metro alrededor de las rodillas y 25, 30 centímetros en los tobillos, así que quedaban muy abombados, con la cintura muy alta.

Narración: Su extravagante ropa y su actitud arrogante escandalizaban a sus tradicionales padres, quienes temían que sus hijos e hijas se estuvieran convirtiendo en "pachucos".

Artículo de un periódico: Pachucos arrestados.

Eduardo O. Pagán, Historiador: En Los Ángeles a principios de los años 40, la palabra "pachuco" significaba vándalo. Eran chicos maleducados. No eran los chicos que querías de amigos de tus hijos.

Narración: Muchos angelinos blancos se sentían amenazados por su presencia asertiva. Para ellos, todo chico mexicano en un zoot suit era un posible pachuco.

Eduardo O. Pagán, Historiador: Al usar sus zoot suits y contonearse por las calles en público, estos chicos desafiaban las normas de la segregación. Es difícil para nosotros imaginarlo, pero hay que volver al contexto de los años cuarenta, donde todo a tu alrededor te decía: "No eres uno de nosotros. No eres americano, y como no eres ni americano ni blanco, debes quedarte en tu barrio. No puedes ir a nuestros clubes, no puedes ir a nuestros restaurantes, no puedes ir a nuestros cines", y así. Por supuesto que eso genera resentimiento.

Narración: La tensión en las calles de Los Ángeles se agudizaba por la presencia de 

50 000 marinos que querían desahogarse antes de ir a la guerra.

George J. Sánchez, Historiador: La tensión entre los soldados y los chicos mexicoamericanos creo que tenía diferentes razones. Lo primero que hay que mirar es de dónde venían los soldados. Muchos de ellos venían de otras partes de los Estados Unidos.

No estaban familiarizados con los mexicoamericanos. Y no estaban acostumbrados, no solo a la diversidad de Los Ángeles, sino a las interacciones que se podían ver en la calle.

Narración: Este ambiente pesado provocó frecuentes peleas callejeras entre marinos de la fuerza naval y chicos mexicoamericanos de una comunidad cercana, Chavez Ravine.

Eduardo O. Pagán, Historiador: Muchos de los chicos mexicoamericanos aceptaron la segregación viendo a sus barrios como "sus barrios". Resentían la presencia de los blancos, imagínense a los militares blancos de esa época, llenos de energía después del entrenamiento listos a enfrentar a los japoneses, a los nazis.

Narración: Los marinos regresando de una noche en la ciudad no tenían más opción que pasar por un barrio mexicoamericano.

George Bray, Marino: Yendo por ese callejón desde la armería, los chicos mexicanos se sentaban arriba en la ladera de la colina mientras íbamos por la calle. Como marino, no querías que te agarraran solo por ahí. Íbamos en fila, de a uno. Era buscarse problemas. Realmente era buscarse problemas.

Reno Sanetti, Marino: En la base, nos dijeron que fuéramos a la tienda de la marina y nos cosieron 13 centavos en los pañuelos para el cuello. Si alguno de los pachucos te perseguía, te sacabas el pañuelo y lo usabas de palo. Con 13 centavos, golpeas bastante fuerte. Todos teníamos eso.

Narración: Cada pelea servía de excusa para la siguiente. Los marinos insultaban a los chicos mexicoamericanos y ellos, a su vez, se burlaban de los marinos.

La policía tenía sus propios problemas con la juventud mexicana de Los Ángeles.

Edward J. Escobar, Historiador: Durante los años de la guerra, la Policía se sentía frustrada. Estaba perdiendo a los mejores y más experimentados oficiales que se iban a servir en el Ejército y la Marina. Y, además de eso, se enfrentaban a este nuevo fenómeno de los chicos en zoot suits. No sabes cuántas veces oía uno que se iban a quitar los guantes y a lidiar con los zoot suits con mano dura, que querían dar un paso adelante y lidiar de manera severa con lo que veían como un elemento criminal.

Narración: En la sala de interrogatorios del precinto 77, Hank Leyvas no podía imaginar

lo que le esperaba. El caso de Sleepy Lagoon parecía una película de Hollywood. Hank era el villano. El final de esta historia sorprendería a todos. 

El arresto de Leyvas y otros 21 fue noticia de primera plana. Hank y sus amigos admitieron haber estado en una pelea, pero negaron haber matado a José Díaz. Se apegaron a su historia a pesar del maltrato de la policía.

Henry Joseph Ynostroza, Acusado en el caso de Sleepy Lagoon: Se ponían guantes para no dejar marcas en las manos. Y te golpeaban... En el cuerpo, la cara, todos lados. Y las piernas, te pateaban en las piernas. Intentaban conseguir una confesión.

Lupe Leyvas, Hermana de Hank Leyvas: Llegamos a la comisaría y me acerqué al mostrador, y pregunté si podíamos ver a mi hermano Hank, que recién se lo habían llevado, y qué podíamos hacer. Y el oficial dijo... Lo buscó y dijo: "Ah, sí, él es el líder". Y le dije: "No estoy segura de que tengan a la persona correcta, si lo llamas el líder". Él dijo: "No, sabemos a quién quieres. Quieres ver a Hank". Abrieron la puerta y vi a mi hermano... Pero no lo reconocí. Lo tenían esposado. Tenía las manos detrás de la silla. Tenía la cabeza baja, los labios colgando debajo del mentón. Lo llamé, pero no levantó la cabeza. Estaba noqueado. Y dijo: "Bueno, ya lo vieron".

Narración: Hank dijo que uno de los policías que lo golpeó era el jefe Clem Peoples. El jefe era el investigador principal del caso de Sleepy Lagoon.

Artículo de la revista Sensation: Yo peleé contra los japoneses en el mar de Java. 

Narración: Cuando el juicio masivo más grande en la historia de California comenzó en octubre de 1942, Peoples estaba ahí, armando un caso contra Hank y los chicos en el tribunal y escribiendo artículos sobre Sleepy Lagoon en la prensa sensacionalista. 

Artículo de periódico: Pequeños gánsteres. Por: Clem Peoples. Oficina del sheriff de Los Ángeles. 

Narración: El honorable Charles Fricke presidía el caso, un juez respetado y conocido como un seguidor de la ley.

William Shibley, Hijo del Abogado de la Defensa: Papá solía hablar de Fricke como un juez de la fiscalía. El juez Fricke, según mi padre... ...se llevaba a los fiscales a la hora del almuerzo y les enseñaba a presentar evidencia. Se enorgullecía de sabe derecho penal mejor que nadie. Creo que mi padre sintió que él se creía infalible, y solía despreciar a los abogados y a las personas con las que no estaba de acuerdo.

Narración: Denegando objeciones de la defensa, el juez Fricke sentó a todos lo acusados juntos, aislándolos de sus abogados. Desde su arresto, a los acusados no les había permitido cortarse el pelo o cambiarse de ropa. Los abogados de la defensa solicitaron que permitieran que los acusados se acicalaran. Su solicitud fue rechazada. El juez determinó que la apariencia de los chicos era relevante para el caso.

Lupe Leyvas, Hermana de Hank Leyvas: "Así es como son, así es como deben estar aquí". Dijo: "Usan el cabello largo, atado, y no, no vamos a permitirles que se lo corten". No se permitió nada, y, naturalmente, se veían muy mal.

Alice Greenfield McGrath, Miembro del Comité de Defensa de Sleepy Lagoon: El jurado veía a los acusados, sentados en dos filas de asientos frente a ellos, y el desagrado que sentían se podía palpar. No les agradaban esas personas que estaban mirando.

Narración: "Hank y los demás chicos parecen vagabundos", dijo un observador.

Lupe Leyvas, Hermana de Hank Leyvas: Ya no eran esos jóvenes que se enorgullecían de su ropa. No tenían eso.

Narración: Solo Hank Leyvas comprendió la importancia del juicio. Su condena enviaría el mensaje que la ciudad tenía controlados a los criminales mexicanos.

Rudy Leyvas, Hermano de Hank Leyvas: Mi hermano Hank sabía que iban a centrarse en él. Era muy consciente de lo que pasaba.

Alice Greenfield McGrath, Miembro del Comité de Defensa de Sleepy Lagoon: Hank fue presentado como el villano, porque tanto en personalidad y tamaño, era más grande que los demás.

Narración: La fiscalía presentó al grupo de la calle 38 como asesinos despiadados, con Hank como líder. Cuando los chicos de la calle 38 subieron al estrado, contaron una historia diferente. Dijeron que esa noche iban conduciendo por ahí, buscando a los chicos que habían atacado a Hank y su novia esa tarde.

Canción:  ♪ Bailar donde tocan los gitanos. Y que nuestros corazones se pierdan en ese oscuro café. ♪

Narración: Cuando se acercaron a la fiesta, dos de las chicas encontraron a José Díaz acostado en la sombra. Le habían dado una paliza y lo habían apuñalado.

Eduardo O. Pagán, Historiador: Le caía sangre de ambos lados de la cara. También le salía sangre de la boca. Su respiración era muy superficial. Y así es cuando lo encontraron, ya inconsciente, antes de que empiece la pelea.

Narración: Mientras las chicas atendían a José, Hank y sus amigos fueron al ataque. Cuando la breve pelea comenzó, las chicas que ayudaban a José fueron retiradas. Uno de los chicos vio a Díaz en el suelo y lo golpeó. Los acusados admitieron que uno de su grupo había golpeado a Díaz, pero, bajo juramento, negaron cualquier responsabilidad por su muerte.

Canción:  ♪ Mi amor, te quiero tanto. Ese es mi deseo. ♪

Narración: Aunque nunca fueron acusadas en relación con el asesinato, las chicas de la calle 38 fueron presentadas en la prensa como igual de peligrosas que los chicos.

Artículo de periódico: ¡Acusen de Asesinato!

Elizabeth Escobedo, Universidad de Washington: Estaba en todos los periódicos que las chicas participaron de esta incursión homicida la noche que José Díaz fue asesinado. Era una parte importante de la historia... ...que las mujeres peleaban con los chicos en las calles.

Narración: La fiscalía llamó a testificar a ocho chicas. Una tras otra, se negaron a cooperar. Una de ellas era Lorena Encinas. Ella sabía quién había matado a José Díaz, pero no quiso revelar su secreto.

El juicio se prolongó durante 3 meses. La madre de Hank Leyvas mantuvo las esperanzas durante todo el proceso.

Lupe Leyvas, Hermana de Hank Leyvas: Mi madre siempre creyó que, como su hijo era inocente, no importaba qué hicieran, al final iban a liberarlos, porque no tuvieron nada que ver con el asesinato.

Narración: El 12 de enero de 1943, el jurado anunció su veredicto.

Alice Greenfield McGrath, Miembro del Comité de Defensa de Sleepy Lagoon: Cuando entró el jurado y se leyó el veredicto... La expresión en la cara de los acusados era de horror.

Lupe Leyvas, Hermana de Hank Leyvas: Las madres estaban todas juntas, y yo estaba con ellas. Casi ninguna hablaba inglés. Así que intentábamos traducir rápidamente lo que había pasado.

Narración: Diecisiete acusados fueron hallados culpables. Hank Leyvas fue sentenciado a cadena perpetua.

Rudy Leyvas, Hermano de Hank Leyvas: Hank sabía que lo iban a declarar culpable. Y levantó la cabeza, cuando muchos de ellos agacharon la cabeza y miraban el piso. Pero solo levantó la cabeza, como si supiera lo que venía. Mi hermano Hank sabía lo que iba a pasar.

Henry Joseph Ynostroza, Acusado en el caso de Sleepy Lagoon: Algunos de los chicos estaban llorando. Hank Leyvas y yo les decíamos: "Aguántense, buenos para nada. Sean hombres y paren de llorar." A nosotros también nos dolía, pero no íbamos a mostrarlo. Intentábamos ser machos, pero muchos de los chicos estaban llorando.

Narración: Los chicos fueron enviados a la prisión de San Quintín, a 650 kilómetros de casa. No fueron los únicos que cumplirían una condena. Las chicas de la calle 38 fueron separadas de sus familias y quedaron bajo tutela del estado. En un proceso legal sin jurados ni juicio, las enviaron a un reformatorio de pésima reputación.

Elizabeth Escobedo, Universidad de Washington: La Escuela Ventura para Niñas, en esa época, es una institución represiva, cuyos procedimientos de custodia y disciplinarios están al mismo nivel de las prisiones estatales. Las jóvenes tomaban medidas drásticas para evitar ir a la Escuela Ventura para Niñas por su mala reputación. Había mujeres en la prisión de menores que sabían que eventualmente iban a ser enviadas a la Escuela Ventura, y la noche anterior tragaban alfileres para no ir.

Narración: Con el secreto que guardaba, Lorena Encinas podría haber hecho un trato. Pero se negó.

Theodore Encinas, Hijo de Lorena Encinas: La razón por la que mi madre estuvo allí fue simplemente porque no cooperó con el tribunal y no divulgó la información que querían que diera, que dijera los nombres de todos los involucrados.

Narración: Durante el tiempo que estuvo en Ventura, Lorena se guardó los detalles del asesinato de José Díaz. 

Mientras los chicos de la calle 38 estaban en San Quintín, había angelinos importantes trabajando para liberarlos. Como creían que les habían tendido una trampa, comunistas, intelectuales, y celebridades de Hollywood, como Orson Welles y Rita Hayworth, prestaron sus nombres para el recién formado Comité de Defensa de Sleepy Lagoon.

Lupe Leyvas, Hermana de Hank Leyvas: Fui al hotel Beverly Hills. Dijeron que tenía que ir a hablar. Dice: "Trae ropa, nosotros te recogemos". Fui como me vestía, con mis medias blancas hasta la rodilla y una falda negra muy corta. Me recogieron y fuimos a la casa de Rita Hayworth. Y Rita Hayworth dijo: "No, no puedes usar eso. Ponte uno de mis vestidos". Mi primer vestido formal perteneció a Rita Hayworth.

Narración: También se unieron a la causa activistas políticos.

Papel con membrete: Comité de Defensa de Sleepy Lagoon. Los Ángeles, California.

Alice Greenfield McGrath, Miembro del Comité de Defensa de Sleepy Lagoon: Teníamos profesionales, educadores, congresistas, muchas personas de los sindicatos.

Caricatura: ¡Dejen libres a los 17 chicos!

Narración: Los esfuerzos del comité por presentar a los acusados como víctimas inocentes dio fruto. El dinero para una apelación llegó de todo el país. Miembros importantes del comité visitaron a los chicos para asegurarles que no serían olvidados.

Henry Joseph Ynostroza, Acusado en el caso de Sleepy Lagoon: Anthony Quinn nos dijo: "No se preocupen. Vamos a ganar esta apelación, sí. El juicio fue una trampa". Y nos dijo: "Yo los cubro, chicos".

Titular de un periódico: GÁNSTERES DE ZOOT ACUCHILLAN Y ROBAN A MÁS VÍCTIMAS

Narración: En los meses tras el juicio, el ambiente se puso más tenso. Las escaramuzas

entre marinos y zoot suits se volvieron cosa de todos los días.

Marietta Lee, Testigo: Los pachucos intimidaban a la gente. Iban por la calle, de a cinco, y si caminabas alrededor de ellos, se reían o sacaban la mano y te golpeaban. Después de un tiempo, íbamos por las calles laterales en lugar de confrontarlos. Muchos de ellos eran de México. No hablaban inglés. No seguían nuestras leyes. Ni siquiera estaban preparados para ir a la guerra.

Narración: El 3 de junio de 1943, la ciudad explotó.

Eduardo O. Pagán, Historiador: Mientras un grupo de oficiales pasaba cerca de un grupo de jóvenes civiles, un joven levantó la mano de tal manera que a uno de los marinos le pareció amenazadora. Uno de los marinos se dio la vuelta y tomó al joven civil del brazo, y a partir de eso, se desató la pelea. Ambos lados parecían preparados para el enfrentamiento y la calle explotó en una pelea. En el proceso, al marino le rompieron la mandíbula, quedó inconsciente, y sus amigos tuvieron que arrastrarlo hasta la armería.

Narración: Más tarde esa noche, un grupo de marinos armados con palos y correas salió de la armería y se dirigió al centro. Los disturbios de los Zoot Suits habían comenzado.

George Bray, Marino: Teníamos un oficial al mando. Él les dijo a los chicos: "Está bien. Ya nos hartamos". Los chicos de la armería tomaron cinturones de armas y se los envolvieron en las manos y salieron a limpiar la ciudad.

Arthur Arenas, Testigo: Estaba en el cine, en el centro, viendo una película. De repente, se encendieron las luces, y había mucho ruido, una conmoción. Mucha gente gritando o algo así. Te das la vuelta y ves a estos soldados dándole una paliza a unos mexicanos.

Gloria Rios Berlin, Testigo: Hubo una pelea, no solo a puñetazos, sino que algunos tenían cadenas. Así que lo que hice fue saltar bajo el mostrador... ...y me quedé allí para protegerme, porque era algo salvaje. Era como una película.

Narración: Entre las víctimas del cine había chicos de 12 y 13 años, apaleados por soldados estadounidenses por la ropa que llevaban.

George Bray, Marino: Sé que muchos de ellos volvieron felices, muchos de los estadounidenses volvieron felices.

Narración: La siguiente noche, cientos de marinos llevaron la pelea más allá del centro, al corazón del barrio mexicano más antiguo de L.A.

George J. Sánchez, Historiador: Los soldados cruzaron el río y se dirigieron a comunidades como Boyle Heights, y a otras partes del este de Los Ángeles, en busca de jóvenes mexicoamericanos que ya no terminaban en el centro de Los Ángeles en cines y bares. A medida que los disturbios se fueron desarrollando... ...hubo mucho más "ubicar y eliminar “por usar una metáfora militar. Y ahí comenzó el verdadero movimiento hacia el este de Los Ángeles.

Narración: Ya en el barrio, los marinos ampliaron su ataque más allá de los chicos mexicanos vestidos en zoot suits. Cualquier mexicano en su camino era un objetivo potencial.

George J. Sánchez, Historiador: La manera en que se desarrollan los disturbios está ligada a la noción de quiénes eran los zoot suits. La noción del zoot suit siempre fue racial, aunque los mexicanos no eran los únicos que usaban zoot suits. Un disturbio que primero apuntaba a individuos por cómo se vestían se convirtió en un disturbio más expansivo que apuntaba a una población racial: los mexicoamericanos.

Narración: Los chicos de los barrios no tardaron en organizarse y contraatacar.

Rudy Leyvas, Hermano de Frank Leyva: Había un callejón detrás del cine y un lote al lado. Estaba repleto. Estábamos esperando, ya estaba oscureciendo. Salen unos 20, 30 tipos a la calle, y cuando los marinos llegan, pueden verlos. Apenas salieron, llegaron camiones llenos de marinos y de civiles. Y gritaron: "¡Ahí están, ahí están!". Y entraron. Cuando entraron, una vez que ya estaban adentro, nosotros salimos. Yo tenía un bate y lo usé. Había gente herida de ambos lados.

Reno Sanetti, Marino:  Estábamos peleando a puñetazos, y patadas, y mordidas y rasguños. Recibí un par de golpes, me derribaron. Me llevaron a la base y me dejaron en la enfermería. A la mañana siguiente, volví a mis tareas habituales. Pero tenía dos ojos morados.

Carlos Espinoza: Vinieron a la noche. A la noche, ¿sí? Vinieron a la noche. Y nosotros desaparecemos. Desaparecemos. Pero después descubrimos que lo mejor para vengarnos de ellos era esperarlos en Whittier Boulevard, y cuando había cuatro o cinco en un auto, los seguíamos hasta que tuvieran que detenerse en el bulevar, y entonces habría otro auto frente a ellos. Corríamos, abríamos una puerta y empezábamos a sacudir la puerta del conductor y lo hacíamos salir. Y le dábamos una paliza al tipo.

Narración: El quinto día de los disturbios, cinco mil civiles aparecieron para ayudar a los marinos.

Marietta Lee, Testigo: Mi hermano tenía solo 14 años. Yo tenía 16, pero conducía. Conseguimos el auto de mi madre y fuimos a El Toro a buscar marinos. Los Ángeles era una zona de guerra y teníamos que hacer algo al respecto. Los pachucos habían tomado el control. Sentí que hacía mi parte en la guerra.

Narración: Los chicos no peleaban solos contra los marinos.

Rudy Leyvas, Hermano de Frank Leyva: Había un hombre que no conocía, no lo había visto nunca. Y dice: "¿Vienen a pelear con los marinos?". Le digo: "Sí". Dijo: "Tengo un auto, está lleno de gasolina". En esa época, la gasolina estaba racionada. "Tómalo, úsalo. Cuando termines, deja las llaves puestas. Déjalo por Central Avenue y yo lo recogeré". Y dice: "Lo único que quiero es que le des a uno de esos blancos por mí".

Titular del periódico New York Times: Las peleas de los Zoot Suits se extienden en la costa. 

Narración: Para el fin de semana, los disturbios de los Zoot Suits estaban en todos los titulares. Miles de marinos y de soldados de lugares tan lejanos como Las Vegas llegaron a la ciudad de Los Ángeles ansiosos por limpiar la ciudad. Los chicos mexicoamericanos estaban abrumados. En un ritual repetido en toda la ciudad, los soldados les sacaban la ropa y quemaban las prendas en las calles.

Eduardo O. Pagán, Historiador: La Policía no hace nada durante toda la confrontación. Había pasado una semana de disturbios, y nunca tomó la ofensiva para tratar de detenerlos, y solo aparecía cuando los soldados habían arrasado una zona. Y aparecen solo para arrestar a las víctimas de los disturbios y meterlas a la cárcel.

Reno Sanetti, Marino: La guardia costera naturalmente llegaba rápido, porque patrullaban como policías normales. Y llegaban para desarmar una pelea y se llevaban a los pachucos, podían atraparlos, si no huían, y los atrapaban y los metían en el jeep y los metían en el furgón y los llevaban a la cárcel. A los marinos, nos metían en el jeep, nos llevaban un par de cuadras y nos decían que volviéramos al barco o la estación.

Carlos Espinoza: No arrestaron a ningún marino. ¿Dime de un marino que haya sido arrestado, por darle una paliza a alguien, eh?

George J. Sánchez, Historiador: En cuatro, cinco días, los policías de L.A. se dieron cuenta de que esto podía salirse de control, en una sociedad en guerra. Podía llevar a problemas mucho mayores si los soldados seguían desobedeciendo a sus superiores y metiéndose en estas comunidades. Y por eso se detiene.

Narración: El 8 de junio de 1943, las autoridades militares, después de reunirse con los líderes civiles, declararon a la ciudad vedada para los soldados. Los disturbios terminaron poco después. 

Al día siguiente, el concejo municipal adoptó una resolución que prohibía el uso de zoot suits en las calles de Los Ángeles. Usar el traje en público podía ser castigado con 30 días de cárcel. Las tiendas que vendían los trajes rápidamente buscaron distanciarse del estilo que se había convertido en símbolo de rebelión.

Letrero en una tienda de ropa: Burton’s. Ropa Elegante

George J. Sánchez, Historiador: La juventud mexicoamericana aprendió en la Segunda Guerra Mundial que no podía elegir ella misma cómo expresarse. No podía simplemente decidir qué ropa usar, no podía decidir quién podría ser, aprendió que esta no era una sociedad que permitiera esa clase de libertad o expresión para esta juventud en particular. Y esa es una lección muy dolorosa. Es una lección muy dolorosa cuando uno oye la retórica de "Todos somos americanos", la retórica de la promesa americana, abierta a todos los inmigrantes, a todas las personas.

Titular del periódico Los Angeles Examiner: Los Estados Unidos responden a los disturbios de los Zoot Suits: El Gobernador ordena una investigación.

Narración: Cuando los disturbios cesaron, el gobernador ordenó que se creara un comité de ciudadanos. Estaba encargado de investigar determinar la causa de los disturbios. Irónicamente, la prisión había protegido a los chicos de la calle 38 de la peor violencia de pandillas en la historia de Los Ángeles.  

Letrero: Departamento de Correcciones. Prisión Estatal de California, San Quintín. 

Narración: Con las estrellas de Hollywood aún trabajando en su nombre, recibieron un trato especial.

Henry Joseph Ynostroza, Acusado en el caso de Sleepy Lagoon: Nos daban de comer lo que comían los guardias. Su comida, no comida de prisión, su comida. Filete, chuletas, leche, helado, pastel. Todo.

Narración: A diferencia de los otros chicos, Hank Leyvas se negó a seguir el juego. Su resistencia a la autoridad le valió una temporada en la temida prisión de Folsom. "Las puertas cerradas," escribió, lo dejaron con una sensación de soledad y vacío. "Estás parado junto a la puerta de metal, esperando que el guardia llegue y haga el conteo. Escuchando sus pasos alejarse en la distancia, te das cuenta de que estás solo".

Con el pasar de los meses, Leyvas se volvió más resentido. Finalmente, en noviembre de 1943, los abogados de la defensa presentaron una apelación con el Tribunal del Segundo Distrito de California afirmando que sus clientes no habían tenido un juicio justo.

Pasó un año antes de que se dictara una decisión. Para entonces, Hank y los demás llevaban más de dos años encerrados.

Alice Greenfield McGrath, Miembro del Comité de Defensa de Sleepy Lagoon: Envié un telegrama a San Quintín, para Henry Leyvas, para que les dijera a todos "Apelación exitosa..." No me acuerdo qué más decía, pero sé que terminaba: "Oh, qué maravillosa mañana".

Telegrama: QUÉ HERMOSA MAÑANA, CON CARIÑO, ALICE

Henry Joseph Ynostroza, Acusado en el caso de Sleepy Lagoon: Al principio no podíamos creerlo. Fue como un choque. Uno de los chicos me dijo: "Este tipo tiene un barril de licor casero enterrado en el suelo". Y queríamos celebrar. Así que lo desenterramos y esa noche nos emborrachamos en las barracas de allí. Después llegaron los oficiales... Bueno, no eran oficiales, sino como supervisores. y el jefe, el alcaide, les dijo: "Mientras no se peleen con nadie, no causen problemas, déjenlos en paz. Déjenlos en paz". Nos bebimos todo el barril, sí.

Narración: En octubre de 1944, Hank Leyvas y los demás fueron liberados. Siempre rebelde, Hank Leyvas salió del tribunal de Los Ángeles luciendo un zoot suit. El tribunal

determinó que el juez Fricke había cometido errores graves en el juicio y desestimó el veredicto, pero el tribunal no absolvió a los chicos de la calle 38 del cargo de asesinato. Aunque las autoridades de L.A. no sometieron el caso de nuevo a juicio, el homicidio de Sleepy Lagoon persiguió a Hank y los demás el resto de sus vidas.

Lupe Leyvas, Hermana de Frank Leyva: Le impidió ser soldado, que era lo que él más deseaba. Ya había firmado con la Marina Mercante. Ya había tenido una prueba. Tenía el uniforme. Pero no ocurrió. Pasó todo esto y arruinó su futuro.

Narración: José Díaz estaba muerto, y su asesino se salió con la suya. Los que tenían información no hablaron en 1942.

Judy Torres-Preston, Hija de Lorena Encinas: Mi mamá sabía quién era el asesino de José Díaz, pero no se lo dijo a nadie. Y se negó a cooperar con las autoridades.

Narración: Pasaron décadas antes de que surgiera la verdad. Hacia el final de su vida, Lorena Encinas finalmente compartió su secreto sobre Sleepy Lagoon.

Judy Torres-Preston, Hija de Lorena Encinas: Mi madre me admitió que la razón por la que había guardado el secreto de las autoridades era que su hermano Louie estaba involucrado en el asesinato. No se lo dijo a nadie porque no era la clase de persona que delatara a nadie. Y también intentaba proteger a mi tío Louie.

Narración: Lorena dijo que su hermano Louie estaba en esa fiesta antes de que llegaran los chicos de la calle 38, pero lo habían echado por causar problemas. Más tarde esa noche, cuando José Díaz y dos más se fueron de la fiesta, se cruzaron con un furioso

Louie Encinas y sus amigos. En la pelea que siguió, José Díaz fue apuñalado y lo dieron por muerto. Poco después, Hank Leyvas y sus amigos llegaron a la fiesta. 

Louie Encinas fue detenido en la emboscada después del asesinato de Sleepy Lagoon, pero la policía lo dejó ir. Años después, Encinas se suicidó.

En 1943, el comité de ciudadanos que investigaba los disturbios de los Zoot Suits

presentó un informe. Condenaba el papel de la prensa y la policía de L.A. y determinó que la raza fue una causa central de los disturbios.

Titular de un periódico: El problema no fue discriminación racial, declara el alcalde.

Narración: Al mismo tiempo, el alcalde llegó a su propia conclusión. Dijo: "Los disturbios fueron causados por delincuentes juveniles. La raza no fue un factor".

El Comité de Defensa de Sleepy Lagoon no pudo ayudar a las chicas de la calle 38.

Siguieron bajo la tutela de la Autoridad Juvenil de California hasta cumplir los 21 años de edad. Lorena Encinas murió en 1991.

Cuando Hank Leyvas y los demás salieron de prisión, un guardia dijo: "Volverán". Tenía razón. Hank Leyvas y muchos de los chicos se volvieron trágicamente familiares con la vida en prisión. Hank, el icónico zoot suit, murió en un bar en el este de L.A. en 1971. El asesinato de Sleepy Lagoon permanece oficialmente sin resolver.