Elizabeth Perez with her sons, Rocky and Pelé, and daughter, Georgia.

Qué Ha Pasado con Marcos y Elizabeth

In partnership with:
April 15, 2019
/
by Rahima Nasa Tow Journalism Fellow, FRONTLINE/Newmark Journalism School Fellowship

(Leer en inglés)

Observando desde afuera, la vida de Elizabeth Pérez parecía idílica. Después de años de lucha para reunificar a su familia, ella y sus cuatro hijos pudieron reunirse con Marcos Pérez, su esposo, en su país natal, México. La familia vivía en un apartamento en la soleada península de Yucatán, una región turística repleta de complejos turísticos frente al mar.

Pero aún así, Elizabeth Pérez estaba confligida. Separada de su familia y amigos en Cleveland, y sin poder hablar más que un español rudimentario, se sentía aislada. Fuera de los Estados Unidos, la veterana de los Marines tampoco podía acceder al sistema de salud que le había sido ofrecido a través de Asuntos Veteranos. Mientras tanto, su marido, que había sido un árbitro de fútbol y maestro de inglés en la Ciudad de México, no podía encontrar trabajo.

Así que en el 2017, solo un año después de mudarse a Yucatán, Elizabeth Pérez y sus hijos se fueron de México dejando a su esposo atrás. Los cuatro niños, entre uno y nueve años, tienen que volver a conectarse con su padre a través de la pantalla de una computadora.

“Cuando regresamos de México… uno de mis hijos se sentía muy mal,” dijo ella. “Sentía que había abandonado a su papá.”

Marcos Doesn’t Live Here Anymore un nuevo documental de FRONTLINE dirigido por David Sutherland cuenta la historia de la familia Pérez la cual fué separada por la frontera entre Estados Unidos y México, desde que Marcos Pérez fue deportado en el 2010. La película es una crónica de los repetidos intentos de Elizabeth Pérez para lograr traer a su esposo de regreso a los Estados Unidos, y la lucha de él para adaptarse a vivir en un lugar que había dejado muchos años atrás, lejos de su esposa e hijos.

En el 2010, Marcos Pérez fue detenido por la policía en un semáforo rumbo a su trabajo en una compañía de limpieza. Dos semanas después estaba de regreso en México. El día en que fue él fue arrestado, un doctor le había confirmado a Elizabeth que estaba embarazada de su segundo hijo. En ese tiempo, Pelé, su hijo mayor, tenía aproximadamente seis meses.

De pronto Pérez se encontró luchando para criar a sus dos hijos sola, mientras trataba de navegar el complicado sistema migratorio, del cual sabía muy poco. Aún cuando pagó las tarifas legales y llenó múltiples solicitudes de visa, Pérez hizo lo mejor que pudo para mantener a sus hijos al margen de lo que ocurría con su padre.

“Siento que mis hijos tienen esta enorme carga, e intento mantenerlos al margen,” ella expresa. “Ni siquiera uso la palabra “deportado”…”ni siquiera sabían que su padre había sido deportado hasta que cumplieron como seis [años].”

Y mientras tanto, la familia crecía: durante largos viajes a México, Pérez se embarazó dos veces más. Tres de los cuatro hijos de la pareja nacieron mientras su esposo estaba en México.

“Mi familia me ayudó mucho, pero no es lo mismo que tener el apoyo de un esposo,” dijo. “Mis hijos necesitan a su padre.”

La situación específica de Marcos Pérez, como muchos que atraviesan un proceso migratorio, no es clara. La pareja no se casó hasta después que él estaba en México. El tenía un antecedente criminal en los Estados Unidos, y ya había sido deportado una vez. Los Pérez solicitaron un permiso condicional humanitario siete veces. Este permiso permite a algunos inmigrantes inadmisibles que ingresen al país si hay una emergencia convincente  — en este caso, Elizabeth Pérez criando cuatro hijos como madre soltera, pero el permiso fue denegado cada vez.

Así que ahora la familia tiene solamente una opción: esperar a que se libere el bloqueo de diez años de Pérez, el cual fue impuesto luego de que él fue deportado la segunda vez, lo cual permitiría solicitar un permiso para que el pudiera entrar al país legalmente.

A lo largo de los años, Elizabeth Pérez ha visto cómo ha afectado a sus hijos la deportación de su esposo. La explicación de que su padre esta en México “de trabajo” ya no funciona. Ellos han tenido que enfrentar las realidades de el sistema migratorio de los Estados Unidos, desde una edad muy temprana.

Cuando Rocky, su hijo más joven, tenía cuatro, ya se sabía de memoria el teléfono de su papá. Los niños hablan con su padre a diario y comparten muchas cosas en común, como por ejemplo la pasión por el fútbol. Georgia, la hija mayor de la familia, constantemente presume a otras niñas de los regalos recibidos de su papá. Aún así, nada se compara a poder estar físicamente junto a él.

Elizabeth dice que la separación le ha causado a sus hijos lo que ella llama una “crisis de identidad” – intentan favorecer más el lado mexicano que el Americano, porque eso les hace sentir más cercanos a su papá.

“Yo luché por mi país. Amo a mi país, y no quiero que ellos digan que no les gusta ser Americanos,” dijo.

 

In order to foster a civil and literate discussion that respects all participants, FRONTLINE has the following guidelines for commentary. By submitting comments here, you are consenting to these rules:

Readers' comments that include profanity, obscenity, personal attacks, harassment, or are defamatory, sexist, racist, violate a third party's right to privacy, or are otherwise inappropriate, will be removed. Entries that are unsigned or are "signed" by someone other than the actual author will be removed. We reserve the right to not post comments that are more than 400 words. We will take steps to block users who repeatedly violate our commenting rules, terms of use, or privacy policies. You are fully responsible for your comments.

blog comments powered by Disqus
Support Provided By Learn more