
A New Reality
Season 2 Episode 9 | 48m 22sVideo has Closed Captions
Clara and Mateo hunt proof as loyalties split and Raul risks everything.
Clara and Mateo search for proof of Omar’s crimes. Family loyalties fracture while Raul pushes himself too far in the workshop.
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback

A New Reality
Season 2 Episode 9 | 48m 22sVideo has Closed Captions
Clara and Mateo search for proof of Omar’s crimes. Family loyalties fracture while Raul pushes himself too far in the workshop.
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
How to Watch Velvet Collection
Velvet Collection is available to stream on pbs.org and the free PBS App, available on iPhone, Apple TV, Android TV, Android smartphones, Amazon Fire TV, Amazon Fire Tablet, Roku, Samsung Smart TV, LG TV, and Vizio.
Providing Support for PBS.org
Learn Moreabout PBS online sponsorship♪♪ ♪♪ ♪♪ ♪♪ ♪♪ ♪♪ ♪♪ ♪♪ -¿Les ha gustado?
-Mucho.
Ha sido estupendo.
-¿A que sí?
De esas veces que lo ves todo claro, ¿sabes?
Una colección perfecta para una nueva mujer, una mujer siempre segura de sí misma, pero al mismo tiempo tiene que ser femenina, refinada y sutil.
Una mujer como yo, ahora que lo pienso.
-Una mujer atrevida, vulgar, inoportuna, hablo de la colección, eh, sobre todo si la presentas en un club de hombres.
-¿A qué te refieres?
-Pues, que has traído aquí a esas chicas como si fueran carnaza para el deleite de todos estos hombres.
-Querida, sí que te me has vuelto pudorosa, ¿no?
-No, esto no es cosa de pudor, no, no.
-¿Ah, no?
A ver si va a resultar que ahora mismo una mujer no se puede vestir con libertad y al mismo tiempo querer gustar.
-Clara, Elena en ningún momento he pretendido molestarte.
-No, qué va, si ella no se ha andado con muchos miramientos.
-Perdóname, pero yo creo que esto no tiene ningún sentido, ¿no os parece bien si lo dejamos para otro momento?
-Sí, creo que será lo mejor, hasta mañana.
[suspiro] Piénsatelo.
-¿Vulgar e inoportuna?
Cuando esta mujer es la más antigua y soberbia de todo Barcelona.
-Elena, ¿pero qué esperabas?
Que has hecho la presentación a sus espaldas, es que también son ganas de ponértela en contra.
-Pero si a ella en contra la tengo desde que se levanta por las mañanas.
-¿Y a mí?
-¿A ti qué?
-Es que te recuerdo que a mí tampoco me habías dicho nada.
-Porque te quería sorprender.
-Pues lo has conseguido, más que nada porque ahora sé que andas haciendo negocios con Godó.
-Lo hago todo mal, ¿no?
Yo es que ya no sé cómo acertar contigo.
Te recuerdo que fuiste tú el que consintió que ella rechazara mi colección.
Sergio, esta es mi noche y no voy a permitir que nadie me la estropee.
♪♪ -¿Ya te vas?
-Sí.
Iba... -¿Sin despedirte?
-No, no, aquí no.
-A mí no me importa, ¿a ti?
Yo prefiero que seamos discretos mientras nos unen los negocios.
-Está bien, pronto se entrega el vestido.
-Sí.
-Entonces, habrá que celebrarlo con una cena inolvidable.
-¿Cuándo?
-Mañana.
[timbre de ascensor] ¿O voy a tener que esperar a nuestro próximo viaje, ah?
-No, mañana es perfecto.
♪♪ -Eres espectacular.
♪♪ -Gracias.
-Felicidades, un desfile precioso.
-Eso es justo lo que necesitaba oír.
-¿Ha pasado algo?
-Los nervios de la presentación, ya sabes.
-Que nada empañe este momento único para los dos.
-Salud.
-Salud.
-Eduard.
-Omar.
Elena, permíteme que te presente a Su Excelencia, el embajador de Irán, Omar Ahmadi.
-Mi más sincera enhorabuena.
-Gracias.
-Pocas mujeres se atreverían a presentar una colección así en un lugar tan masculino como este.
-Pues hay quien piensa que le quito categoría, eh.
-Bueno.
-Pues yo creo que es un acto de valentía y seguridad y estoy seguro de que será un éxito.
-Se lo agradezco.
-¿Tienen distribución internacional?
-Qué sorpresa, Omar, no sabía que te interesaba la lencería como negocio.
-A mí me interesa todo lo que valga la pena, Eduard.
¿Podría ver la colección completa?
-¿Ahora?
-En la vida, las oportunidades hay que cogerlas al vuelo, ¿por qué esperar a mañana?
-Eh... Claro, sí, será un placer, acompáñame.
♪♪ Espera, voy a comprobar que no haya ninguna chica dentro.
¿Hola?
Adelante, no hay nadie.
-Por favor, las damas primero.
-Muy bien, vamos a ver.
Bueno, en realidad, podríamos subir a verlas arriba.
-Aquí estamos, muy bien, más intimidad.
-Claro.
-Precioso.
-Sí.
Lo que no sé si una colección así va a tener muy buena acogida en Oriente, ¿no?
Es otro mundo.
-Un mundo que conozco muy bien y que te voy a enseñar.
-Ah, bueno.
[risa] -¿Dónde has estado todo este tiempo, Elena?
-Elena.
♪♪ -Hola.
-Te estaba buscando.
-Ah.
Es que, Su Excelencia, el embajador estaba muy interesado en la colección y hemos venido a, a que le echara un vistazo.
-Ya.
Lo que quizá no sepa Su Excelencia, el embajador, es que tú y yo vamos a casarnos y que los planes de abrir mercado van a tener que esperar.
[risa nerviosa] -En tal caso, tendré que felicitarles.
-Bueno, pero eso no tiene que alterar los planes profesionales, yo sigo estando muy interesada en avanzar.
-No se preocupe, señorita, mi oferta puede esperar.
Si me disculpan.
-¿Se puede saber qué estás haciendo?
-¿Y se puede saber qué hacías tú aquí encerrada con él?
-¿Perdón?
Hacer negocios, Sergio, hacer negocios.
Mucho más de lo que hago contigo y con Clara.
-No, Cristina, la única razón por la que estoy hablando contigo es porque quiero saber si tienes a Elvis o... Está bien.
Hasta mañana, entonces.
-Enhorabuena, Enrique.
-Hemos hecho un buen trabajo.
-Lo del cava tiene que ser aún mejor.
-No te quepa la menor duda.
-Había pensado que para la visita de Elvis, además del spot, podríamos hacer algo más en comunicación, una de esas fotos que parezcan robadas para que la gente vaya hablando de su vinculación con Godó.
-Bueno, déjame darle una vuelta.
-Te llamo mañana.
-Sí, seguro que tendré las cosas más claras.
-Muy bien, hasta mañana entonces.
♪♪ -¡Padre, padre!
¿Qué le ha pasado?
-Eh, nada, nada, nada, no te preocupes, tampoco es para tanto.
-¿Cómo que no es para tanto?
¿Pero qué le han hecho?
[tos] -Todo esto ha sido culpa mía.
-A ver, ¿alguien me puede explicar qué narices ha pasado aquí, por favor?
♪♪ -El grupo de niñas que han estado viniendo aquí y a Manresa... -Sí.
-...pues una de las niñas es la hija de Diana.
-Sí.
-Y llevan, ellas llevan mucho tiempo sin, sin verse y yo he intentado acercarla a ella y, bueno, pues, el padre se ha dado cuenta y me parece que no, no le ha parecido muy bien.
-O sea, el padre es su marido.
-No, no, no están casados.
[tos] -Pedro, perdóname, yo he sido una inconsciente por dejar que me ayudaras, es que mira cómo te han puesto.
-Que no, que no, que Diana, que si las cosas pasan por algo.
-¿Pero cómo que pasan por algo?
Está usted delirando, padre, vamos al médico, que le vea y que le diga si tiene algo.
-No, no, de verdad, de verdad, calma, Manolito, que yo pienso, yo pienso denunciar a este desgraciado, ¿eh?
Voy a presentar un parte de lesiones.
-No, eso complicaría más las cosas, Pedro, no hagas nada, por favor, por favor.
-La policía le tendrá que detener, que le interroguen y ya está, y así pedimos la custodia de Marta.
-¿Y tú crees que me la darían?
-No lo sé, pero vamos a intentarlo por lo menos.
Manolito, hijo, vete, vete al despacho de tu tío y coge el listín de teléfonos, que mañana por la mañana voy a llamar al abogado.
-¿No será mejor que vayamos...?
-Por favor.
Ya está.
-Qué gran noticia, Estephanie, te llamo mañana.
Sí, adiós.
Mi hermana ha conseguido que admitan a Juliette en otra escuela de moda.
-Esto hay que celebrarlo.
-Sí, claro que sí.
Juliette.
-¿Qué?
[risas] -Cariño.
-¿Qué pasa?
-Vas a volver a París a estudiar moda, te han admitido en la San Benoit.
¿No estás contenta?
-Sí, sí, sí, sí, solo que así de repente... -Bueno, es que las cosas pasan así de repente, es maravilloso, estoy muy feliz por ti.
-Gracias, tía.
-No parece muy contenta, ¿no?
-A ver, es la novedad, pobre, con todo lo que ha pasado.
-Sí, supongo que es eso.
-Sí, ya se merece que la vida le vuelva a sonreír.
Y tú y yo nos merecemos volver a nuestra rutina, ¿no?
♪♪ ♪♪ ♪♪ -Sergio.
-Mateo me ha citado aquí.
-Ya.
Y a mí también.
-Oye, Clara, que anoche... -Ya, lo siento.
Fui un poco impertinente.
-No, no, no, si no es eso.
Claro, es que ni yo mismo sé si, si esto tiene sentido.
-¿Me estás hablando de Elena?
-Buenos días.
Anoche estuve pensando que nos hemos equivocado, no podemos seguir dando vueltas en torno a Omar, tenemos que cambiar la estrategia.
-¿Y entonces yo este paripé que estoy haciendo con él qué, no sirve para nada?
-Vamos a tomárnoslo con calma.
Lo hecho, hecho está.
Pero podemos llegar de otra forma a Omar.
-Godó.
-Eso es, necesito que consigas todos los documentos que tenga tu padre que delaten a Omar.
[timbre telefónico] -Sergio, no tienes por qué.
-Si no queremos que esto salpique a Velvet, necesitamos tu ayuda.
-Creo que sé cómo hacerlo.
[suspiro] -Julia, hola, soy Sergio.
No, no, no, no quiero hablar con mi padre.
No, ¿podría hablar con Godino, por favor?
Godino.
Hola, ¿cómo estás?
-Buenos días.
-Buenos días.
-Así que este es el famoso Club Godó.
-Gracias por venir.
-Faltaría más.
Aunque si te soy sincero, me ha sorprendido tu llamada, y sobre todo, que quisieras verme sin la presencia de tu padre.
-Ya, mira, Godino, no me voy a andar con rodeos, sé perfectamente que mi padre usaba mi nombre y el de mis hermanos para firmar contratos y que su nombre no apareciera en ellos.
-Sergio, no sé de dónde has sacado esa idea, pero eso no es cierto.
-Claro que lo es, mi padre, tu jefe, me lo confirmó, de la misma manera que me prometió que haría desaparecer mi nombre de uno de esos contratos, el del transporte de petróleo con el embajador iraní Omar Ahmadi.
¿Sabes de lo que te hablo, no?
Claro que lo sabes.
Godino, solo te lo voy a preguntar una vez, ¿hizo desaparecer mi nombre de ese contrato?
-Sí, yo mismo lo hice.
-Bien, aunque supongo que entenderás que quiera comprobarlo con mis propios ojos.
-Bueno, eso ya tendrás que pedírselo a tu padre.
-O puedes dármelo tú.
Tienes acceso a la caja del banco.
-Sí, el problema es que no está allí.
Ese tipo de documentos el señor Godó los guarda de su mano en la caja fuerte del despacho de su casa.
-Muy bien.
-Suerte.
-Creo que te has pasado.
¿Te das cuenta?
Que a ti solo te interesa ponerte la medallita con tus trabajos periodísticos.
Siempre anteponiendo tus intereses a todo lo demás.
-Eso no es cierto.
-Ya está, ya tenemos la mercancía y no nos han detenido en la aduana, ¿qué más quieres?
-Las joyas de tu maleta, ¿ya te has olvidado de eso?
-No.
Pero ya mañana entregamos el vestido y nos podemos olvidar de ese tipo para siempre.
[risa] -¿Quién está anteponiendo ahora sus intereses personales?
♪♪ -Ay, no me gusta nada estar así contigo.
-A mí tampoco.
-Antes éramos una pareja más... -¿Más qué?
♪♪ -Déjalo.
♪♪ -Sí, pues, pues muchísimas gracias, don Ricardo, de verdad, es que sin usted yo no sabría por dónde empezar.
Sí, sí, sí, no, le estaremos esperando aquí.
De acuerdo, gracias, gracias de nuevo.
-Primo, te estaba buscando.
-¿Qué pasa?
-¿Qué te ha pasado?
-Nada, que tuve un mal encuentro con el ex de Diana.
-Ya te dije que no era buena idea ayudar a esa chica.
-Pues yo creo todo lo contrario, ¿eh?
-¿Le he puesto una denuncia?
-Esta mañana.
Sí, acabo de estar hablando con don Ricardo Lozoya porque vamos a aprovechar para que Diana pueda reclamar la custodia de su hija.
-¿Tú estás seguro de esto?
-Mucho.
Diana.
Diana es una mujer que no ha tenido suerte.
-Y tú te has enamorado de ella.
Que no hay que avergonzarse de eso.
-No, si yo no me aver-- Pero gracias.
-Bueno.
-Esta parte delantera está sin hilvanar.
Ay, Dios, este dolor no me deja ni respirar.
¿Y ese brocado?
Ese brocado está sin rematar, ¿es que no lo están viendo?
¿Nadie se da cuenta?
No, solamente este, he visto varios aquí, como mínimo tres, Esta capa tendría que estar para ayer, terminada para ayer.
No lo puedo entender.
Señorita, usted, venga aquí, venga aquí, venga aquí, venga aquí.
¿Dónde está el armiño?
¿Por qué no estamos poniendo ya al armiño?
Tendría que estar cosiendo el armiño ya.
-Hacemos lo que podemos.
-Pues habrá que hacer más.
¿A dónde va?
Corra por el armiño.
-Raúl, Raúl.
-Señor De la Riva, por favor, el bastón.
-Perdón, ay, lo siento mucho.
El dolor me está matando, bueno, ¿qué os parece?
-Eh, bonito, ¿no?
-Y ahora dime que le sobra la capa.
-Le sobre o no, la lleva.
¿No es cierto?
La lleva.
Pues eso, que aquí me tienes dando puntadas a mí.
Que, por cierto, siete metros de capa tiene, siete metros, fíjate, esta... ¡Ay, no!
-Señor De la Riva, por favor.
-Ay, Dios mío.
-Ya está, ya.
-¿Qué ha pasado?
¿Qué ha pasado aquí?
-¡Ay, Dios mío!
Ay, cuidado, cuidado, cuidado.
-Dejadme, dejadme, que le voy a hacer unos estiramientos, ¿vale?
-No me toques.
No me toques, que te arranco los ojos si me tocas.
Que estiramiento ni que estiramiento.
Tráeme las gotas, por favor.
-¿Pero qué gotas, señor De la Riva?
¿Dónde están, dónde están las gotas?
-Las... Inés, que me las raciona la muy... -Señor De la Riva, relájese, le hago un estiramiento y luego, si quiere, vamos a por las gotas.
-Escúchame.
Tráeme las gotas o te juro que no respondo.
-No sé dónde están.
-Busca en mi despacho, en el primer cajón, un botecito de cristal, ¡corre!
-Venga, corre, corre.
-No, tú no, tú no.
-Tú no, tú no.
-Tú no.
Tú busca a Inés, que igual las tiene escondidas y ya.
-Ya voy yo, ya voy.
-Ya está, ya está, ya está, señor De la Riva.
Ya está, ya está, ya está.
-¿Y a ti qué te ha pasado en la cara?
-Pues nada, que tuve un problema anoche.
Bueno, ya, no pasa nada.
-¿Pero te han hecho daño?
-Me hicieron un poquito de daño.
-Ay, que me da igual, que no me lo cuentes.
Me da igual.
-No, a mí también me da igual.
-Que no, que las tengo.
-Las tiene.
-Ay, bien.
-Ya está.
-¿Inés?
¿Has visto a Inés?
¿Tú has visto a Inés?
[mueve los labios] ¿Has visto a Inés?
♪♪ Hola.
-Hola.
¿Me buscabas?
-Sí.
-¿Qué te pasa?
Parece que has visto un fantasma.
-Estás guapísima, Inés.
-Gracias.
-El señor De la Riva me ha dicho que te llame porque necesita que le des las, la, la gota porque ha tenido un, un... ¿Vamos?
Que tiene, al, el taller.
-Claro.
♪♪ -Ya, ya viene.
-Ay, Dios mío.
Ay, aleluya.
-¿Hola?
-Pero bueno.
-Hola.
-Que sí, que está muy guapa, que la he vestido yo, pero mis gotas.
-Sí, sí, sí.
tres máximo, por favor.
-No, no, bueno, sí, sí, bueno.
-Más.
-No, no.
-No, más no, no, al final va a ser peor el remedio que la enfermedad.
-Claro, no, no, no, no, no, no, por favor.
-Qué pesada, qué pesada mi institutriz, que tomo las gotas que creo necesarias, no estoy enganchado, todo por culpa de la capa.
-Ya está, ya está, eh.
Eh, ya está.
-De la capa.
-Ya está.
-¿Pero y estas gotas?
¿De dónde las han sacado?
-En el despacho, en uno de los cajones.
-No.
-¿Qué, qué te pasa?
-Manuel.
-Una, una clienta tiene un pedido muy importante y a mí se me ha olvidado.
-¡Ay!
-Ahora vuelvo.
-Raúl, oye.
-Manuel.
-Estos chicos van a la suya.
-Déjale, déjale, déjale, si es que este niño.
-¡Ay!
Ah.
♪♪ ¿Qué, qué tienes ahí?
-La herida.
-¿Tienes una luz en la nariz?
-¿Eh?
No, no, será un reflejo.
-¿Ya estás bien, Raúl?
-Sí, estoy bien, estoy bien, estoy muy bien, dejadme descansar, que me aturdí.
-Sí.
Sí, sí, estoy cansado, dejadme descansar.
Dejadme solo.
-Descansa.
-Dejadme solo, que estoy muy bien.
[quejidos] ♪♪ -¿Qué pasa, Manuel?
-Nada.
La, toda la clientela de Velvet me satura muchísimo y me tiene... -Mira, Manuel, que nos conocemos.
-Sí, sí, sí.
-Mira, si tú quieres arreglar las cosas conmigo... -Sí.
-...déjate de mentiras y dime qué ha pasado ahí dentro ya.
-Esas gotas, que no son nada del señor De la Riva.
-Ya, ya lo sé, ¿de quién son?
-Son mías.
-¿Tuyas?
-Sí.
-¿Y para qué tomas gotas?
-Me las dieron en la finca de Patty Shamira.
-En la finca de Patty Shamira.
¿Y para qué te las dieron, Manuel?
-No le busques una explicación, Inés, porque no la tiene, yo desde que no estoy contigo no he parado de hacer estupideces, por eso quiero volver.
-Mira, yo... -Inés, por favor, escúchame.
Yo todo este tiempo he estado buscando la paz y la única persona que me da paz eres tú.
-África, África, ay, Campanilla.
-¿Campanilla?
Vamos a ver.
[Raúl ríe] ♪♪ -Manuel, ¿qué son esas gotas?
-No sé, Inés, me las dieron para conectar con otros mundos.
-Pero, pero, ¿no serán gotas con droga, verdad, Manuel?
-Drogas alucinógenas, Inés.
-¿Qué?
[Raúl imita a un pájaro] Manuel, te voy a matar.
Te voy a matar.
♪♪ ¿Pero qué está haciendo?
-¿Señor De la Riva?
[Raúl imita a un pájaro] -Dios mío, ¿qué le está pasando?
-Ay, ay, ay, ay.
¿Qué va a hacer?
-No, ni se le ocurra, señor De la Riva, por favor, señor De la Riva, por favor.
[Raúl imita a un pájaro] -Ay, Manuel.
-Señor De la Riva, señor De la Riva, pare, por favor.
-Dios mío, ay, Dios mío.
-Ay.
No salte, no salte.
-Por favor.
-No, no, no.
[Gritos] -Señor De la Riva, ¿está bien?
Hay que llamar a un médico.
-Señor De la Riva.
-Un médico, por favor, un médico.
-Señor De la Riva.
¡Un médico!
-¿Cómo está, doctor?
-He tenido que ministrarle un calmante en vena, la señorita está con él.
-¿Pero cómo ha podido ponerse así?
-El señor De la Riva estaba bajo los efectos de una alucinógeno.
-¿Qué?
No, no, eso no es posible.
-Créame, no tengo interés en engañarles, seguramente se habrá tomado un ácido lisérgico.
-Si solo le hemos dado calmante en gotas.
-Pues deberían buscar la procedencia de esas gotas porque pudo haberse matado si llega a caerse de allí.
Déjenle descansar unas horas, pronto estará bien, a lo sumo tendrá una buena resaca.
-Le acompañamos, doctor.
-Muchas gracias.
-¿Pero cómo ha podido pasar algo así?
[puerta se abre] [puerta se cierra] -Todo ha sido culpa mía.
Lo sé, soy un desastre.
-Manuel... Voy a hablar con él, ¿vale?
Manuel.
♪♪ ♪♪ ¿Qué pasa?
-Usted tenía razón, padre, soy un inútil.
-Oye, yo no he dicho eso, ¿eh?
-Solo sirvo para darle disgustos, es que no doy una a derechas.
-Todo el mundo mete la pata, ¿eh?
Pero es que si eres Infantes, vas a meter las dos.
Si soy yo el que tenía que haber tirado el bote cuando te lo quité.
-Padre, la culpa ha sido mía.
[suspiro] Si le hubieras hecho caso desde el principio, padre.
No hago más que destrozarle la vida.
-Eh, no digas tonterías, por favor.
-Por eso me quiero volver.
-¿Volver?
¿Dónde te vas a volver?
-A Alemania, para que pueda usted seguir tranquilo con su vida y no tenga que estar pendiente de mí.
-Mírame a los ojos.
No vuelvas a decir que te vas a volver, ¿eh?
Yo no hubiera hecho nada sin vuestra ayuda, ser padre no es sencillo.
Y tú tienes que saberlo, y más cuando la vida te da los palos que me ha dado a mí, pues.
Pero sois lo más grande que yo tengo mi vida.
Y da igual, da igual que cometas errores porque siempre hay soluciones.
Pero nunca, nunca debes huir.
-Perdóname, por favor, padre.
Por favor.
-Ya está.
Ya está.
-Quiero a Carmela en oro, quiero las burbujas en oro, quiero al rey en oro, pero el fondo no puede ser oro.
-Buenos días.
-Menos mal que hay puertas.
-Ay, perdón.
-Venga a trabajar, mañana os quiero aquí a primera hora para el montaje, vamos.
-Hasta mañana.
- Okay, ¿y bien?
-Tengo a Elvis.
-No.
¿De verdad?
Somos hermanos.
Mañana es crucial que lo traigas aquí a las 11:30.
-Uy, uy, uy, no tan deprisa.
-¿Por qué?
¿Pasa algo?
-Ya lo creo que sí, yo te saco de este terrible aprieto en el que andas metido, pero a cambio quiero ser parte de tu agencia.
-Y yo quiero abrir oficina en Madison Avenue, pero todos tenemos nuestras limitaciones.
-Tú verás, Enrique, pero creo que no soy yo la que te necesita a ti, sino tú a mí.
-Espera.
¿Cómo sé que no es una treta y me estás intentando engañar?
♪♪ Un 10 %.
-Por un 20 el trato está hecho.
¿Y en qué te puedo ayudar?
Hay que recibir a Carmela.
♪♪ -Y qué poquita dignidad que le queda al hijo de su madre, henos aquí, Carmela.
-[Inaudible], hombre.
Me parece a mí que aquí hay mucho pan en juego, Paco.
Te voy a decir otra cosa, no me la líes, ¿eh?
Espero que no se te vuelva a pasar por la cabeza calentar [Inaudible] como la última vez, por favor.
-Eso ya lo veremos, Carmela.
-Carmela.
Don Francisco, les presento a Cristina Otegui, mi hermana.
-Y su socia.
Encantada.
-Que me ha mirado la tuerta.
-Uy, uy, uy, uy.
-Quita, quita.
-Bueno, si, si me acompañan a la sala de reuniones, les voy a enseñar algo único.
-¿Con esa?
[Inaudible] -Qué poco mundo tienes, Paco.
♪♪ -Esto es una revolución en el mundo de la publicidad.
Nunca nadie ha hecho nada semejante.
Un anuncio que va a ser como una película en la que les felicitamos las navidades a todos los españoles.
-Pues yo no sé, esto sin [Inaudible] ni nada.
-No, hombre de burbujas la va a poner.
-Carmela, esto te va a hacer grande, confía en mí.
-Ya te voy a decir yo a ti lo que me va a hacer grande, el cheque, Enrique.
A ver, ¿a cuánto estamos hablando?
[algarabía] -Dinerito.
[algarabía] -¡Basta!
Por favor.
-Qué sosa.
-Gracias.
-Bien, como podrán comprobar, la oferta es realmente generosa por nuestra parte.
-Vámonos, Carmela, aquí no hay nada que hacer.
-No, esperen, no se lo hemos contado todo todavía, hay algo más importante que el dinero, usted sabrá valorar el arte mejor que nadie, señora Cortés.
¿Qué le parecería si le dijera que El Rey va a estar con usted en este anuncio?
-¿El rey de España?
-Ya ves tú, si rey es menor que emperatriz.
Anda, Carmela, por favor.
-No, hombre, el... Mi hermana se refiere al, al rey del rock, a Elvis Presley.
-Eh, ese sí, ese sí.
-¿Elvis?
-Sale en la... -¿Ese no es el del pelo pa'lante que mueve el culo de lado?
-El mismo.
-Ese payo es muy flamenco.
-Tiene arte, tiene arte.
-Y si un artista de su talla, de fama mundial, ha accedido, ¿por qué no iba a interesarle a usted?
[timbre telefónico] -Sí.
- Don Mateo.
Soy el escolta personal de Farah Diba.
-Dígame.
-Solo llamaba para confirmar, ¿tienen ya las pruebas?
-Aún no, pero estamos cerca.
-Creo que no es suficiente don Mateo, no sé si se da cuenta de la magnitud del asunto.
Mañana la Reina va a presentar el vestido de la coronación ante la prensa.
-¿Y quieren detenerlo después de la presentación?
-Pero para ello necesitamos tener pruebas sólidas contra él.
-Las tendrá, se lo aseguro.
-De acuerdo, perfecto.
Eso sí, don Mateo, recuerde que Omar no debe sospechar nada, lo último que queremos es que pongan sobre aviso a sus hombres.
Si está desesperado es capaz de cualquier cosa, y no podemos poner en peligro la vida de Su Majestad.
-Allí estará mi mujer, soy el primer interesado en que todo salga bien, le mantendré informado.
♪♪ Julián, ¿dónde estás?
♪♪ -Para la mujer más importante de las Galerías Velvet.
-Sí.
Déjelo, eh, que ahora mismo, aviso a la señora Montesinos.
-No te hagas de menos, Paloma, que estas flores son para ti.
-Ay, ¿de verdad?
-Pues claro que son para ti.
-Si son preciosas.
-Toma.
-Muchas gracias.
-De nada.
[carraspeo] -Hola.
-Hola, Clara, perdona, no te había oído.
-No te apures, si es lo que tiene el amor, que dejas de ver, de oír y de todo.
-¿Me das un minuto?
-Claro.
-Es que creo que hay algo que no va bien.
-Sí, está claro.
♪♪ -Clara.
Tú, bien lo que se dice bien, no estás.
-No, no estoy en mi mejor momento.
-Tú sabes que yo también he estado así, y que un día de repente todo cambia.
-Que no, que, es que esto está siendo demasiado para mí.
Farah Diba, Omar, Irán.
-Bueno, y Mateo, ¿no?
Sigues enamorada de él.
-Me siento estúpida.
-Pues no tienes por qué sentirte estúpida, porque él también sigue enamorado de ti.
-No, te equivocas, él siempre seguirá enamorado de sí mismo.
-Pues mi madre siempre me decía que el amor eterno existe, siempre y cuando aceptes y ames a la otra persona tal y como es.
♪♪ -Ay.
-Julián.
-Don Mateo.
-¿Dónde estabas?
Llevo buscándote media mañana.
-Perdone, pero es que hoy se cumplen tres semanas de, de, bueno, ya sabe, de lo mío con Paloma, y quería tener un detalle con ella, pero dígame, ¿en qué puedo ayudarle?
-Necesito que te coordines con el cuerpo de seguridad de la reina de Irán, va a haber una presentación en las galerías del vestido y necesitamos saber cuál es el personal de la Reina y cuál de Omar.
-¿Pero ha pasado algo?
-No, solo esperan noticias nuestras, quieren tenerlo todo preparado por si lo detienen.
-¿Lo van a detener ya?
-Le tenemos a punto de caramelo.
-Pues entonces me pongo enseguida con esto.
Claro que sí.
Don Mateo, ¿le puede decir a Paloma que me he tenido que marchar?
Que ponga las flores en agua y que nos dé el sol.
-Julián, espera.
-¿Sí?
-Si algo he aprendido es que lo más importante es la mujer de tu vida, díselo tú.
♪♪ -Paloma, hola.
-Hola.
-Os dejo solos.
-¿Has sabido algo más de Sergio?
-No.
Mateo.
-Clara.
-[piensa] Sé que te estoy volviendo loco, pero me gustaría volver a empezar.
-¿Qué?
-[piensa] Que ojalá no hubieras firmado los papeles de la nulidad.
Que... Vamos a volver a intentarlo, ¿te parece?
Lo de llevarnos bien, digo.
-[piensa] Yo quiero mucho más, quiero volver a empezar.
Sí, me parece.
Ajá.
-Mateo.
Que si sabes algo de Sergio, me llamas.
-Por supuesto.
♪♪ -¿Pero qué puedo hacer yo?
-Necesito acceder a la caja fuerte, mamá.
-Pero, cariño, ya sabes cómo está la relación con tu padre.
-Ya, pero tú también guardas tus joyas en la caja.
-Sí, pero la cosa es que no se extrañe, así de repente, que se las pida.
Bueno, déjalo en mi mano, a ver qué puedo hacer.
-¿Seguro?
-Sí.
-Macarena.
No te esperaba por aquí.
-Será porque no me has invitado.
-¿Qué te parece?
¿Te gusta?
-Elegante, sobrio, sí, con estilo.
Ahora, que no sé si encaja en la filosofía Velvet.
-No podía ser perfecto.
Gerardo.
Un güisqui con hielo y un anís para la señora.
-Yo no tomaré nada y menos un anís.
Venía por un asunto muy breve.
-Veo que no tiene nada que ver con el club.
-Claro que no, me gustaría que me devolvieras los anillos y las joyas de mi madre.
-Si necesitas dinero para tu nuevo proyecto, sabes que puedes contar conmigo.
-No, no voy a vender las joyas.
-¿Y entonces para qué las quieres ahora?
-¿Te lo tengo que explicar?
Primero porque son mías, y lo segundo porque tienen un gran valor sentimental y las quiero tener a mi lado.
¿Me puedes dar la tarjeta de la caja?
-Pues me gustaría ayudarte, pero hay un pequeño problema, las joyas no están donde tú crees.
-¿Cómo?
-He tenido que trasladar las cosas de valor a la caja fuerte del banco.
Ahí estás autorizada.
Habla con Godino y que te la abra.
¿Pero cómo que autorizada?
Las joyas son mías, lo que no entiendo es porqué estás autorizado tú.
-Macarena, por favor, no vamos a discutir de eso ahora.
-¿Por qué no me lo has dicho hasta ahora?
-Lo siento, he tenido que utilizar la caja para otros asuntos.
-Está bien, hablaré con Godino.
♪♪ Blanca, Blanca, necesito tu ayuda.
-Sí, claro, ¿ha pasado algo?
-Te va a parecer extraño, pero tengo que abrir la caja fuerte de mi casa para ayudar a Sergio a encontrar unos documentos.
-¿Y en qué puedo ayudarte yo?
-Verás, he de hacerme con una tarjeta magnética que Eduard lleva en su cartera.
-¿Una tarjeta magnética?
-Sí, ha instalado un sistema de seguridad muy complicado, y esa tarjeta abre la caja.
Necesito robarla.
-Pero, Macarena.
-No, que van a ser solamente dos horas, lo he intentado por las buenas, diciéndole que necesitaba mis joyas, pero precisamente las ha cambiado de sitio y no me ha dado la tarjeta.
-¿Y por qué no la coges mientras duerme?
-No, porque llevamos mucho tiempo separados, sospecharía en cuanto me viera entrar en su cuarto.
[suspiro] Ay, ay, que me parece que me he precipitado, ya lo soluciono... -No, no, no, no, espera, creo que sé cómo hacerlo.
¿Él está en el club ahora?
-Sí, ¿me vas a ayudar?
-Voy a intentarlo.
♪♪ -Vaya, qué de visitas inesperadas.
-Señor Godó, disculpe, no quería importunarle.
-No, por favor, doña Blanca, acaba de salir Macarena, por eso el comentario.
-Ah, pues no la he visto y la verdad es que preferiría que no supiera que he estado aquí.
-Por supuesto, pero sentémonos.
Por favor.
-Gracias.
Verá, señor Godó, hace tiempo que quería hablar con usted, pero no encontraba el momento oportuno, se trata de un asunto delicado.
-Puede contar conmigo para lo que quiera, soy una tumba.
-Necesito ayuda para mi colección de bisutería.
Macarena me ha prometido que se venderá en la nueva franquicia, pero me gustaría producir una colección más completa y ella no dispone de tanto capital, hoy me han comentado en el taller que usted ha impulsado la colección de lencería de Elena, ¿no es cierto?
-Es cierto.
-Bien, pues me gustaría plantearle algo similar.
-Bravo.
Por un momento pensé que venía con malas noticias.
-Ay, no, no, por Dios.
-Por favor, sírveme un Vie Blanc, hoy recibo una visita muy especial.
No todos los días tiene una ocasión de brindar por un nuevo negocio y menos con alguien como usted.
-¿Entonces eso es un sí?
-Eso es que podemos empezar a hablar.
¿Qué necesitas de mí exactamente?
-Así que pasamos al tuteo.
-Si tú me lo permites, Blanca.
-Por supuesto, Eduard, bien, la cuestión es que mi colección está destinada a mujeres jóvenes, dinámicas, alegres.
-Diana.
Ya está, ya está aquí el abogado.
-¿Qué tal estás?
-¿Yo?
-Sí.
-Feliz.
Feliz.
-Ay.
-Perdona.
-No.
Venga, vamos para dentro.
-Bueno.
-Ya verás cómo lo consigues.
Don Ricardo, le presento a Diana.
-La madre, supongo.
-Sí, encantada.
-Igualmente, siéntese, por favor.
-Don Ricardo ya lleva aquí un rato y le he podido contar todo, todo lo que te está pasando.
-Así es, y me temo que las cosas no son exactamente como ustedes las habían pensado.
-¿Cómo?
-Después de todo lo ocurrido y de la denuncia que ha puesto Pedro, estoy seguro de que podremos conseguir que le quiten la custodia al padre de la niña.
-¿Pero?
-Hay una objeción legal a que usted se haga cargo de su hija.
Dadas sus circunstancias, al no estar usted casada, sería el Estado quien se ocuparía de ella.
-¿Cómo?
-En estos casos en los que los padres no se consideran aptos para poder cuidar de sus hijos, los niños suelen ser trasladados a un hospicio.
-Pero yo no quiero ver a Marta en un hospicio.
-¿Pero cómo, cómo que apto?
Diana es la madre de Marta, ¿qué más se puede necesitar?
-Te entiendo perfectamente, Pedro, pero a efectos legales, Diana es una madre soltera y carece de una situación familiar estable.
Lo lamento, de veras.
Pero es que además tenemos otro problema, según he podido averiguar tras hacer algunas llamadas, el padre de la niña acusó a Diana de abandono de hogar, ¿eso es así?
-No, no es así.
Yo me tuve que ir porque él me maltrataba, intenté irme con mi hija y él me la quitó.
-Diana.
-Me la quitó.
-Don Ricardo, usted había venido aquí para ayudarnos.
-Y eso es lo que estoy intentando hacer, contándoos todos los problemas a los que vamos a tener que enfrentarnos.
♪♪ -Ven, ven.
-Pero, pero, pero, ¿pero le has quitado la chaqueta a Eduard?
-Es que me invitó a una botella de champán cuando para engañarle le pedí que invirtiese en la colección de bisutería, y en un despiste, le tiré la copa por encima.
-¿Pero qué le has dicho para quitársela?
-Pues que me dejara la chaqueta un minuto para rociarla con agua de rosas, que si no el olor no se iría, intentó negarse, pero casi le arranco el brazo tirando de la manga y al final tuvo que rendirse.
Pero coge la tarjeta ya.
-Espera un momento, espera, sí, está aquí, está aquí, ay, nunca está en la manga.
-Corre.
-Momento, momento, perdón.
Aquí, ya.
-¿Ya?
-Momento.
Fantástico.
El agua de rosas.
-Ay, sí, es verdad.
Aquí.
Sujétalo.
Ya.
-Vale, vale.
-Ahora sí.
-Toma, toma.
♪♪ -Ya estoy aquí, perdóname.
-Por favor, no es la primera vez que me sucede algo así, no tenías que haberte molestado.
-Con todo lo que me estás ayudando.
-Bueno, deja que mire mañana los números y te digo algo, voy a darte mi tarjeta y así... -¿Pasa algo?
-No, que no encontraba mi cartera.
-Muchísimas gracias.
Ah, y por favor, a Macarena ni una palabra.
-Pero por supuesto.
♪♪ -Bueno, pues ya me diréis si queréis seguir adelante.
-Sí, ya le llamaremos.
-Encantado.
-Tú no te preocupes, que vamos a llamar a otro abogado y ya está.
-No, no vamos a buscar a nadie más, Pedro.
Mira, yo te agradezco todo lo que estás haciendo para que yo pueda estar con Marta, pero es que es una batalla perdida.
-No digas eso, por favor.
-Ha sido precioso.
Por una vez en mi vida me he sentido la mujer más especial y más querida del mundo, pero, pero esta no es mi vida.
Será mejor que no volvamos a vernos.
-Diana, espera, espera, espera, espera.
Yo no quiero perderte, ni ahora ni nunca.
Cásate conmigo.
♪♪ ♪♪ ♪♪ ♪♪ ♪♪ ♪♪
Support for PBS provided by:
















