
An Unexpected Visit
Season 2 Episode 3 | 49m 10sVideo has Closed Captions
Mateo’s consulate break-in risks Velvet as rivalries grow and Raul begins recovery.
Mateo’s risky break-in at the Iranian consulate threatens Velvet. Clara and Elena clash, secrets emerge and Raul begins a difficult recovery.
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback

An Unexpected Visit
Season 2 Episode 3 | 49m 10sVideo has Closed Captions
Mateo’s risky break-in at the Iranian consulate threatens Velvet. Clara and Elena clash, secrets emerge and Raul begins a difficult recovery.
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
How to Watch Velvet Collection
Velvet Collection is available to stream on pbs.org and the free PBS App, available on iPhone, Apple TV, Android TV, Android smartphones, Amazon Fire TV, Amazon Fire Tablet, Roku, Samsung Smart TV, LG TV, and Vizio.
Providing Support for PBS.org
Learn Moreabout PBS online sponsorship♪♪ - Ahora no puedo hablar.
♪♪ - ¿Va a volver a andar?
- Hay posibilidades de que vuelva a caminar, pero todo pasa porque él lo ponga todo de su parte.
Si su amigo no se esfuerza, jamás se librará de esa silla de ruedas.
Se lo digo porque, hasta ahora, el paciente no se ha mostrado muy colaborador que digamos.
- Ya.
Bueno, no se preocupe que vamos a hacer todo lo posible para que eso cambie.
Muy bien.
- ¿Podemos entrar a verle?
- La operación ha sido muy traumática, conviene evitarle el dolor de las primeras horas.
- Pero es que queremos estar a su lado.
- Está bien, pero no pasen más de dos personas, por favor.
- Descuide.
- Gracias.
♪♪ - ¿Y qué vamos a hacer ahora?
- Bueno, él mismo tiene que darse cuenta de que con esa actitud no va a ninguna parte.
- Sí, ahora es cuando tenemos que ser fuertes porque nos necesita a su lado, y este proceso no va a ser corto.
- Podéis contar conmigo para lo que necesitéis.
- Gracias.
- ¿Quién va a pasar?
- Pasa tú, primo.
- No, no, no.
Pasad vosotros dos.
- Que no, de verdad, que yo llevo todos estos días pegado a su lado.
- Bueno, justamente a Raúl le vendrá bien tenerte cerca.
Además, así Marie y yo aprovechamos para avanzar con el encargo de Farah Diba y después vamos a la estación a recoger a su sobrina.
- Sí, pasad vosotros.
Nos llamáis después.
- Esto está siendo muy duro.
- Yo es que cada vez que vengo a un hospital no paro de acordarme de Rita.
Vaya, nuestro aniversario.
- Es verdad.
- Me voy a ir a Porrillos a verla.
- ¿Quieres que te acompañe?
- No te preocupes.
Tú quédate con Mateo y disfruta de él.
♪♪ - Ay, amigo.
Ahora nos va a tocar luchar y habrá que adaptarse a lo que venga.
- Ay, Carmelita.
- Chache, ¿qué cerote me has diñado?
- ¿Y mi Raúl?
- ¿Ya estás con el payo?
Rafael.
Que ahora lo más importante eres tú y que te pongas bien, ¿eh?
[quejido] No te puedes mover, lo siento.
Bien clarito nos lo ha dicho el médico.
- Eso ya lo veremos.
¿Cómo que habéis venido?
- ¡Jesús!
¿Cómo no iba a venir si te quedaste medio melado con la transfusión esa que te pusieron?
- Uy, ya estás tú con tus enredos.
- ¿De qué estás hablando, Rafael?
Mira, tú tienes cosas muy buenas, pero cuando te pierdes, te pierdes.
- Rafael, a relajarse, chiquillo, que tienes que estar 24 horas en conservación.
Pos 'tamos 24 horas en conservación.
- A ver, será en observación, prima.
Y eso es precisamente lo que voy a hacer ahora: observar.
¡Válgame, que me mareo!
- Rafael, quieto, que no te puedes mover de la cama.
- [inaudible].
Gracias, preciosa.
- [inaudible].
- Oh, que poquito pan poné, hija.
- Cotito, saca el vino.
Carmela, [inaudible].
- Allá estoy yo ahora.
- Estás de gloria.
♪♪ - ¿Te das cuenta?
Ahora llevas mi sangre mezclada con la tuya.
Ahora más unidos no podemos estar.
Ahora solo te queda perdonarme.
Tú no te puedes ni imaginar lo que yo te quiero, y yo solo espero que esa miejita que llevas mía dentro de ti te traiga de nuevo a mis brazos, mi Raúl, mi príncipe, mi hechicero.
Ay, Dios.
Ay.
Ay, Dios.
Ay.
Diagnóstico del paciente: lupus.
¿Lupus?
Lupus eritematoso.
Ay, mi madre.
¿Que te he pegado algo?
No, no, no, no, no, esto no, no, no, no, esto no, esto no, esto no, por Dios.
Esto no, esto no.
San Ceferino, por Dios.
Por Dios, te lo pido, que le quites esto del lupus.
Yo te juro, te juro que no vuelvo a hacer ninguna cochina por ahí, pero, por favor, quítale esto del lupus, esto, quítaselo.
- ¿Eh?
- Esto... - ¿Qué hace usted ahí arrodillado?
- Ay, mi madre, que le estoy rezando a la que no es.
- Fuera.
Fuera ahora mismo de aquí.
♪♪ - Ay, Carmelita.
- Ay, Chache, ¿qué ha pasado ahora?
- Que creí que le había pegado una venérea de esas, pero al final no, era una mujer.
- Hola, buenos días.
¿Me puede pasar esta cantidad de la primera a la segunda cuenta, por favor?
- Desde luego, no hay inconveniente, señora... - Un momento.
- Rey.
Eh, aunque, como sabe, necesitaremos también la firma de su esposo.
- Pero es mi dinero.
- Lo lamento.
No quisiera importunarla, pero es la normativa impuesta por el banco según la ley española.
- Es mi dinero.
Tú mismo me extendiste el talón.
- Godino, déjanos solos un minuto.
- Por supuesto.
Macarena.
- Las mujeres seguimos siendo ciudadanos de segunda categoría.
- Yo no he hecho las leyes, Macarena.
- Por lo menos en tu banco podrías instruir a tus empleados.
- ¿Qué ha pasado?
[respira agitada] - Me reclaman tu firma para hacer una transferencia con mi dinero de Petrogal.
- Bueno, lo metiste en el banco y ahora vuelve a ser mío.
- ¿Cómo?
- Tuviste que ser más prudente si querías que solo fuera tuyo.
- ¿Me estás hablando de meter el dinero debajo del colchón?
Haz el favor de decirle al muchacho que haga la transferencia.
- ¿Y a qué viene tanta prisa?
- No tengo por qué darte explicaciones.
- Bueno, yo tampoco tengo por qué saltarme la ley.
- Clara me pide que busquemos el local de Sevilla, necesito disponer de mi dinero.
- ¿Clara?
- Sí, ¿algún inconveniente?
- No, ninguno.
Tú necesitas mi firma, yo necesito tu ayuda.
- ¿Pero de qué me estás hablando?
- Siéntate un minuto.
♪♪ Me he enterado de que hace dos días ha entrado en Velvet un encargo que puede revolucionar la firma.
Quiero formar parte del negocio.
- Pero yo no soy quién para ayudarte.
- Tú puedes ayudarme perfectamente.
Mira, le he ofrecido a Clara una financiación extraordinaria para que sea más ambiciosa en el desarrollo previo de los vestidos de la reina de Persia.
No se ha mostrado muy receptiva.
- Será que no te necesita.
- Pero yo la necesito a ella, Macarena.
La necesito.
Quiero estar en el negocio.
Los negocios compartidos generan felicidad, de lo contrario, se crean frustraciones y tensiones que afloran en los proyectos futuros.
- ¿Me estás amenazando?
- Macarena.
Soy consciente de que tu proyecto en Sevilla generará nuevos costes para la empresa madre.
Incluso tú misma puedes necesitar financiación.
Sería una pena que ningún banco de este país te apoyara.
- Eres despreciable.
¿Qué quieres que haga?
- Convence a Clara.
Quiero formar parte del negocio de algún modo.
- No la voy a convencer de nada.
Le hablaré de lo ruin que eres y que ella decida.
♪♪ - Hola.
- Necesito hablar contigo un minuto.
- Mateo, no sé de qué más quieres que hablemos.
Ya has firmado los papeles, ya está.
Gracias.
- Solo te he pedido un minuto.
¿Por qué te niegas?
- Porque ya sé cómo van a acabar las cosas.
- ¿Y cómo van a acabar las cosas?
Muy mal.
- Peor de lo que están, imposible, ¿no crees?
- Te equivocas.
Tú todavía puedes pedirme que lo volvamos a intentar y yo hacerte caso.
Y dentro de unos meses, tú te irás a una de tus trepidantes investigaciones y soy yo la que se queda sola.
- ¿No querías que firmara los papeles de la nulidad?
¿Es eso verdad?
- Déjalo.
- ¿Por qué siempre tengo la sensación de que estoy cayendo en una trampa contigo, Clara?
- Mateo, déjalo.
- Clara.
Yo nunca te he dejado de querer.
- Pues entonces deja de hacerme daño.
- Uy, perdón, que no sabía.
Clara, que está aquí Omar, el embajador, quiere verte.
- Ahora mismo salgo.
Su Excelencia, no le esperábamos.
¿Le puedo ayudar en algo?
- ¿Por qué no empieza por decirme dónde está el despacho de su director de comunicación?
- ¿Perdón?
♪♪ - Es que justo acaba de salir y, bueno, tardará mucho en volver.
¿Quiere que le deje algún recado?
- No, no será necesario.
¿Podemos hablar en privado?
- Eh, sí, por supuesto.
♪♪ - ¿Pasa algo?
- No, no, no, no, no.
Siéntese, por favor.
- La reina quiere probarse los vestidos con sus propias joyas.
Tenemos que organizar un despliegue especial de seguridad para su próxima visita.
- Claro, por supuesto.
Supongo que las joyas están debidamente aseguradas.
- Eso no es asunto suyo.
Lo que estoy intentando evitar es cualquier tipo de altercado por la presencia de las joyas aquí.
- Señor embajador, yo entiendo que usted tiene que velar por la seguridad de la reina y todo lo que concierne a ella, pero en estas galerías ya hemos recibido a gente muy relevante y estamos más que preparados.
- No creo que haya visto en su vida una tiara de oro y esmeraldas de más de 300 años, eso por nombrar una de las joyas de su majestad.
- No, la verdad es que no he tenido el placer.
Pero lo que no entiendo es que, si tan preocupado está por la seguridad y por la discreción, ¿por qué me da tantos detalles?
- Es una mujer de carácter.
- Bueno, no más que otras.
Pero intuyo que usted no está muy acostumbrado a tratar con mujeres.
- No se crea.
- En los negocios, me refiero.
- Ya.
- Si tan preocupado está por la seguridad, ¿por qué no hacemos la prueba en la embajada?
Porque su majestad quiere sentirse un ciudadano libre y quiere venir a Velvet.
- Pues muy bien.
¿Cuándo ponemos la cita...?
- Próximo miércoles.
- Pero el próximo miércoles que son tres días, no nos da tiempo material hacer todo lo que nos han encargado.
- Solo trabajamos con los mejores, así que si quieren retirarse... - Aquí estaremos.
- [inaudible] - Ahí va.
Encantado de conocerse.
- Hombre, razones no le faltan.
- No, razones tengo yo para hacerte a ti unas cuantas preguntitas.
- Pues es que ahora mismo me viene un poquito mal, ¿sabes?
Es que tengo muchísimo trabajo, Clara, de verdad.
- Así que nuestro director de comunicación ha salido, ¿eh?
Qué pena, con las ganas que tenía yo de conocerle ahora que sé que tenemos uno.
- Pues es que no sé, habrá habido un malentendido.
- No, yo lo que creo es que hay gato encerrado.
¿Quién es?
- ¿Quién es quién?
¿El director de comunicación?
- Sí, sí, ese mismo.
¿Quién es?
- Pues... Enrique.
- ¿Perdona?
¿Pero ese imbécil qué se ha creído?
¿Tú por qué no me has dicho nada?
- Pues ya lo sé.
Si es que ya sabes cómo es.
- Bueno, ahora le hemos dejado que se metiera aquí... Bueno, da igual.
Avísame cuando llegue.
- Vale.
No te preocupes, que si... - Bueno, ¿y Mateo?
¿Sabes dónde se ha metido?
- Ah, sí, me ha dicho que te diga que, bueno, que se había ido para que tuvieras la reunión sola y tranquila.
Ha salido por aquí hace un momento, ha pasado por la sala de reuniones... - Mira, da igual.
Por favor, avisa a Jonás que tengo que hablar con él urgentemente.
- Vale.
No te preocupes, que ahora mismo le aviso.
- No sé qué haría sin ti, Palomita.
- Palomita, déjate de Palomitas, que menudo lío en el que me has metido.
¿Sabes que Omar ha preguntado por ti?
- Omar está de mierda hasta el cuello.
Estoy convencido de que quiere usar Velvet como tapadera de sus negocios.
Ese tipo no trabaja si no se lleva nada a cambio.
- Perdón, perdón, perdón, perdón, perdón, perdón.
- Perdone usted.
- ¡Julián!
- Don Mateo, ¿cómo está?
- ¿Qué haces por aquí con tanto libro?
- Bueno, nos echaron a todos en cuanto se fue usted y ahora trabajo en una editorial.
Esta es nuestra última publicación.
- ¿Esta no es Patricia Márquez?
- Ahora es Patty Shamira.
- ¿Patty qué?
Madre mía.
- Pero bueno, cuénteme usted qué está haciendo.
¿Cómo está?
Que sepa que, siempre que puedo, me leo todos sus artículos, todos sus reportajes son increíbles.
- Muchas gracias.
Pues sigo en Londres, la verdad que me va muy bien, aunque creo que voy a estar un tiempo por España, estoy investigando un nuevo caso.
- ¿Y cuándo no?
¿Cuándo no?
- Creo que este encuentro ha sido cosa del destino, quiero proponerte algo.
- Ahora no, no, no, no tenemos tiempo.
- Sí, sí, sí.
- Que no, no, de verdad... - Cuénteme, ¿de qué se trata?
- Tiene mucha prisa.
- Cierto.
Te veo en la puerta, ¿de acuerdo?
- En cuanto acabe esto, bajo.
Don Mateo.
¿No bajaba?
- ¿Yo?
Sí, sí, pero bueno, yo creo que no debería bajar.
- Pues no baje.
- No, no me refería a usted.
- Ah.
- Es que, verá, don Mateo ya no es el de antes.
- Pues yo lo he visto igual.
- ¡Uy, qué va, qué va!
Se le está empezando a ir la chaveta.
yo creo que ve casos donde no los hay.
- Si don Mateo necesita mi ayuda, me tendrá siempre a su lado, y más si está pasando un mal momento.
- Claro, claro.
Bueno, que vaya bien la presentación.
- Gracias.
♪♪ - Pues al final me va a costar la cabeza esto, ya verás.
- ¿Te quieres calmar?
Que me vas a dejar sin brazo.
- Ay, Jota, ¿y si esto es un error?
- Tienes razón, vámonos.
- Que no, hombre.
No.
- Es broma, mujer.
Ya verás que sale todo bien.
- Pues eso espero, ojalá.
- Mírala, ahí está.
- ¡Juliette!
¡Juliette!
Hola.
- Hola.
- Estás guapísima.
- Gracias.
Qué ganas tenía de llegar.
- Sí.
- Estoy un poco nerviosa, tía.
- Pero ¿estás contenta?
- Sí.
- ¿Sí?
- Sí, sí, sí, sí, estoy muy contenta.
[llora] - Tranquila.
Tranquila, todo va a estar bien, ¿eh?
- Yo me voy a buscar el coche.
- Sí.
¿Quieres que nos sentemos ahí a tomar una agüita?
- Sí.
- Venga, te ayudo.
Vamos.
♪♪ ¿Estás mejor?
- Sí.
- Sí.
- Sí.
Es que ha sido llegar y me ha venido un poco todo encima.
- Bueno, Juliette, las cosas llevan su tiempo.
- ¿Qué te ha contado mamá?
- No, no ha querido contarme nada.
Estaba tan disgustada como tú.
Juliette, quiero que sepas que llegas en el mejor momento.
Estaba deseando recibirte.
¿Quieres que te cuente una cosa?
- Sí.
- La reina de Irán le ha encargado a Velvet el vestuario para su coronación como emperatriz.
- ¿De verdad?
- Sí.
Sé que no es la escuela a la que estabas acostumbrada, pero creo que aprenderás mucho, así que ¿cuento contigo en el taller?
- Voy a dejarme la vida en ello.
- Lo sé.
- Gracias.
Gracias, gracias por darme esta oportunidad.
- Yo lo único que quiero es poder ayudarte con lo que sea que te esté pasando.
Pero no tienes que contármelo ahora.
Ya encontrarás la ocasión para que podamos hablar.
Venga, vámonos.
¿Qué tal tu tío ahí?
♪♪ - Por favor.
- No le esperaba, Excelencia.
- Yo tampoco a usted.
Me han dicho que había salido.
- Tengo una cita ahora mismo.
- Será solo unos minutos.
♪♪ ¿Quién es usted y a qué está jugando?
- ¿Disculpe?
Soy Matías Laguardia, el director de comunicación de Galerías Velvet.
- Los dos sabemos que eso no es cierto, ¿verdad, señor Lagasca?
- ¿Qué quiere de mí?
- Saber qué anda buscando con una repugnante rata en mi despacho.
Que me devuelva lo que es mío.
- Supongo que no tiene que tener miedo si no hay nada que ocultar.
- No juegue con fuego o se quemará.
- Gracias por la advertencia.
Llego tarde a mi cita.
- Que tenga suerte, señor Lagasca.
La va a necesitar.
- Es curioso.
Yo creo que el que la va a necesitar es usted.
♪♪ [quejidos] - [inaudible] [quejidos] ♪♪ - ¡Ey, Ey!
¡Oigan!
¡Oigan!
[quejidos] - Don Mateo, don Mateo, ¿está usted bien?
- Sí, sí, ayúdame a levantar.
- Cójase en mí.
Don Mateo, pero, pero ¿quiénes eran esos tipos?
[inaudible] - Ay, perdón.
- Perdón.
- Hola.
- Hola.
Hola.
- No, que un compañero del trabajo me ha dicho que habías venido a verme.
- Sí, sí, es que recogí la cartera del bar que se te cayó.
- ¿La tienes tú?
- Sí.
¿Me das un segundo y te la doy?
- Sí, ¿puedo acompañarte?
- Sí, claro.
♪♪ ¿Por qué me mentiste?
- ¿Cómo?
- Cuando me dijiste que habías perdido a tu hija.
- No sé de qué estás hablando.
- El otro día me dijeron que no fuiste a trabajar y yo me preocupé y... bueno, abrí tu cartera.
- ¿Has abierto mi cartera?
- Sí, sí, porque necesitaba buscar la dirección.
- No tenías derecho a hacerlo.
- Pero si, yo, yo solo quería saber si estabas bien.
Lo que pasa es que me encontré con tu hija.
- No.
No tengo por qué darte explicaciones.
- Pero si yo no te estoy pidiendo explicaciones.
Lo que pasa es que después de todo... - ¿Después de qué?
Después de nada.
Pero tú y yo no somos nada, ¿eh?
No te debo nada.
No te pedí que te preocuparas por mí ni que me trajeras la cartera, ¿eh?
Yo lo único que he hecho... - Tú lo único... ¿Sabes lo que has hecho tú?
Meterte en mi vida.
Tú, durante meses, has estado leyendo y releyendo las cartas del amor de mi vida.
Tú has violado mi intimidad, mi corazón roto.
¿Y qué me quieres hacer?
¿Me quieres juzgar?
¿Por qué me vas a juzgar tú a mí?
¿Por querer acercarme a ti como tú hiciste conmigo?
Lo siento.
Lo siento.
Yo pensaba que el destino nos había unido, incluso Rita, pero me di cuenta de que no.
♪♪ No quiero volver a verte.
♪♪ Vete, por favor.
- Pedro, ¿todo bien?
- Sí, sí, que estaba... estaba preparando la marcha y... se me ha hecho tarde ya.
- ¿Seguro que no quieres que te acompañe?
- No, no.
Prefiero estar solo con ella.
- Lo entiendo.
Conduce con cuidado.
♪♪ - No te preocupes, Julián.
Duele, pero parece más de lo que es.
Tienes que ayudarme, este tipo es peligroso.
- Sí, no, eso, eso ya lo veo.
- Se hace llamar Omar Ahmadi, pero también es Omar Khan.
Probablemente sea el mayor traficante de piedras preciosas de los últimos años.
- El caso Tigray.
Ya le dije que no me perdía ninguno de sus artículos.
[quejido] - Me retiraron del caso.
No pude acabar la investigación.
[suspira] Dame hielo.
Gracias.
Pero esta vez voy a llegar hasta el final.
- Don Mateo, yo no creo que eso sea una buena idea.
Mírese.
- Esto no entraba en mis cálculos, Julián.
Digamos que nuestro hombre se ha enterado de mis intenciones demasiado pronto.
Quiere que lo deje.
- Bueno, ¿y qué puedo hacer yo por usted?
- A mí ya me tiene localizado.
Va a vigilar todos mis movimientos, así que necesito a alguien que haga esos movimientos por mí.
Alguien fuerte, valiente.
- Cuente conmigo.
- Gracias.
Lo sabía.
He dejado unos documentos en el despacho de Clara, en Velvet.
Un informe que compromete a Omar.
Tenemos que recuperarlo.
- ¿Porque Omar sabe que está allí?
- No, pero si por alguna razón se enterase, señalaría a Clara.
La pondría en peligro.
Clara ni siquiera sabe que los tiene allí.
[quejido] [suspira] No puede pasarle nada.
Es la persona más importante de mi vida, aunque sea incapaz de demostrárselo.
- Don Mateo.
Protegeremos a su princesa.
- ¿Me das un poco de hielo?
Aquí.
Gracias.
- Macarena, ¿estás bien?
Me has asustado.
- Perdona que te moleste a estas horas.
- No, tranquila, si estaba en las Galerías.
¿Qué ha pasado?
- Hoy, cuando he ido al banco a, a disponer de mi dinero, me he encontrado con que no puedo mover un céntimo si no es con la firma de Eduard.
- Pero si esa cuenta es tuya, ¿no?
- Bueno, pero ya sabes cómo están las cosas en este país.
- Además, que, precisamente, ese dinero te lo dio él.
- Clara, estoy atrapada.
Si no le hacemos partícipe del proyecto de Farah Diba... - ¿Cómo?
- Pues que Eduard huele el negocio.
Seguro que te ha propuesto ampliar la financiación que tenéis o asegurarse el proyecto de algún modo, y le has dicho que no.
- Y no acepta un no por respuesta.
- Eso es.
Lo siento.
- Yo no le voy a decir a Ana que no vamos a seguir adelante con la franquicia de Sevilla.
- Yo tampoco querría que buscarais a otra persona.
- Es que no se puede permitir que tú tengas que depender económicamente de Eduard.
- Ya, pero es que no quiero que te veas obligada a seguir adelante.
- Lo vamos a hacer y ya me cobraré el favor.
- Gracias.
Buenos días.
Tengo buenas noticias.
Clara ha aceptado mi ayuda y tengo, esta noche, una cena con ella en el restaurante Pompidou.
¿No vas a decir nada?
Esta noche podrás seducirla como querías.
Y yo quiero que carguen el petróleo en los barcos.
- ¿Me estás espiando?
- ¿Quién, yo?
No, en absoluto.
¿Por qué?
- Ha estado aquí un periodista husmeando entre mis papeles y, casualmente, se ha hecho con unos documentos que nos relacionan a ti y a mí.
¿Qué quieres llevar?
¿Quieres chantajearme?
- No sé de qué me estás hablando, pero no me gusta un pelo.
Los periodistas llevan toda la vida buscando mi talón de Aquiles.
¿Sabes de quién se trata?
♪♪ - Mateo Ruiz Lagasca.
- Mateo.
Mateo Ruiz Lagasca no es un periodista, es el marido de Clara.
♪♪ - Mira, un atril a cada lado.
Vamos, vamos, por favor.
- Chicos, un cojín en cada silla, y el suelo tiene que estar mucho más liso, no puede estar así de arrugado.
Las sillas bien ordenadas, por favor.
- Manuel.
Tengo algo para ti.
- Uy, va a ser al final que los monjes me traen cosas buenas.
- Que no, que no es eso.
- Entonces, ¿qué es?
- Mira.
♪♪ - No sé qué decirte.
¿Es para chico o para chica?
- Mi amor, esto es para ti.
- ¿Perdón?
No pretenderás que me ponga esto yo.
- Manuel, tenemos que entrar en conexión con la comunidad.
- Ya, conexión comunicada, pero yo no me puedo quitar el uniforme así como así, o sea, si me pilla mi padre, me mata.
Gracias.
- Bueno, ¿y desde cuándo te importa a ti lo que dice tu padre?
Mi amor, no me digas que no le has dicho nuestro plan de irnos a la finca.
- A ver, que no es tan fácil, mi amor.
Que no es decirle que me voy a una finca a dar capotazos a una becerrada, no, es, es más delicado.
Y además, que hoy no es el día, porque hoy el hombre va para Porrillos y estaba sentido porque es su aniversario de boda.
Ya habrá tiempo, tú no te apures, mi amor, no te apures.
- Mi amor, sí me apuro, porque yo ya he sentido la llamada.
- ¿La llamada de qué?
- Del ser supremo.
- Gurú Maharishi.
- Gurú Maharishi.
- Maharishi gurú.
Solo ella podrá guiarnos.
- ¿Puedo ayudarle en algo?
♪♪ Cristina.
- Enrique, cuánto tiempo.
Sandra, te presento a mi hermano.
- Encantada de conocerle.
- Lo mismo digo.
¿Y con quién tengo el gusto?
- Con la voz de mi conciencia.
- Veo que, que te has recuperado.
- Y yo veo que te alegras mucho de verme.
- Sí, reconozco que... que no lo esperaba.
- Pues no estoy de paso, Enrique.
No he venido a saludar.
- ¿Ah, no?
♪♪ - He venido a recuperar lo que es mío.
- Pasemos al despacho.
- ¿Queréis beber algo?
¿Una copita, Cristina?
- No, gracias.
Cristina pretende ser muy directa, ¿verdad, Cristina?
- Muy bien, al grano entonces.
Tú dirás.
- Te aprovechaste de mi enfermedad para quedarte con mi parte de la herencia.
- Oh, eso es bastante simplificar las cosas, pero no te lo reprocho.
Claro que estás pasando por alto un dato sobre el dinero de papá, y es que se pudo mantener porque yo me he ocupado del negocio de Santander durante años.
- Eso no es lo que yo tengo entendido.
No escapes de ti misma.
Encuéntrate.
No te humilles.
Afírmate.
- Va a ser verdad lo de que es la voz de tu conciencia.
- Sandra Petri Velo es escritora y filósofa y, además, es mi psiquiatra.
- Pues mira qué bien, pero es muy divertido, porque te hablo a ti, responde ella, y viceversa.
- No estoy para tonterías, Enrique.
Me ha costado muchos años llegar hasta aquí y no me voy a ir sin mi dinero.
- ¿Y si te digo que no lo tengo?
- Entonces tendremos que bajar a la estúpida presentación que tenéis organizada y, en lugar de compartir la revelación de Patty Shamira, compartirás la de Cristina Otegui.
- ¿Podemos avanzar ahora?
- Claro.
- Enrique, Enrique.
¿Me puedes explicar qué significa esto?
- Es la presentación de Patty Shamira.
- Ya, pero es que esto no es una casa de cultura ni ningún carnaval.
¿Por qué nadie me ha comunicado esta iniciativa?
- Tampoco saquemos las cosas de quicio.
van a ser solo un par de horas.
Es que Patty quería, quería el mejor escenario para su presentación.
Y sabe que en Velvet es donde se concentra la alta burguesía catalana, que es justo su objetivo de ventas.
- Ya, ya.
No, si el objetivo de ella lo tengo clarísimo.
Lo que no entiendo es qué gana Velvet con esto.
- Eh, podemos hablarlo más tarde, porque estamos a punto de empezar y no, no es un buen momento.
- Muy bien, sí, tenemos que hablar porque me tienes que explicar ese capítulo de que ahora eres el director de comunicación de Velvet.
- ¿Qué?
- Clara, cuánto tiempo.
- Cristina.
- Ah, sí, es un parche.
Impresiona al principio.
Puedes mirar todo lo que quieras, ya estoy acostumbrada.
Perdóname, estábamos hablando de un asunto muy importante con Enrique.
- Sí, yo también tengo cosas importantes que hacer.
Buenos días.
- Buenos días.
- Hombre.
Ya hemos tomado una decisión.
- Hay una sala de reuniones, no entiendo qué hacéis en mi despacho.
- Bueno, Clara, es que resulta que la sala de reuniones está llena de las cosas de la presentación de Enrique.
Y sabemos que no has tenido mucho tiempo, pero es que resulta que Elena viaja mañana a primera hora con su padre y va a estar fuera unas semanas.
- Os casáis pronto, ¿no?
- Mmm... ¿qué tiene que ver contigo?
- Bueno, que me sorprende que estés más preocupada por la lencería que por tu vestido de novia.
- Perdona, pero es que no sé si te estoy entendiendo.
- No, pues que pienso que, como es uno de los días más importantes de tu vida, que no lo vas a dejar en manos de cualquiera.
Que ya tendrás decidido quién va a ser tu diseñador.
- Pues claro.
- Soy toda oídos.
- Pascal Blanche, haute couture.
- ¿Qué cosas, eh?
La mitad de la haute société francesa viene a vestirse a nuestros atelier y tú te haces tu vestido en Francia.
- ¿Hay algún problema?
- No, ninguno.
Es solo que la lencería también puedes encargarla allí.
Y ahora, si me disculpáis, me gustaría poder disponer de mi despacho.
- Déjame a mí.
- ¿Ahora va a ser esta la que escoja mi vestido de novia?
- Shh.
Calma.
- No te esfuerces más.
Elena y yo no nos vamos a entender nunca.
- Lo que no entiendo es por qué os lo tenéis que llevar todo siempre a un terreno personal.
- No, no, no, no, no te equivoques.
Esto no es personal.
Lo que no puede ser es que la futura esposa del director financiero de Velvet se case vestida de Pascal Blanche.
¿Qué crees que va a decir la prensa internacional?
- Bueno, no lo había mirado así.
- Eso es lo que me preocupa: que no te fijes en esas cosas.
A mí me da igual que Elena vaya a la suya, pero tú no te lo puedes permitir.
Tú debes saber bien.
¿Qué pasa si yo tengo que marcharme de Velvet Barcelona?
¿Qué se va todo al garete en un mes y medio?
- ¿Es que estás pensando en irte?
Te vas con Mateo, ¿no?
- Vale.
Me haré el vestido en Velvet.
♪♪ - Mademoiselle, ¿están...?
No están.
Se han ido de gira sin mí.
♪♪ ¿Embarazada?
- Qué maravilla todo, tío Jonás.
- ¿Te ha gustado?
- Me encanta.
- Tienes que poner a Juliette al día con el encargo de Farah para ver en qué nos puede ayudar.
Cariño, ¿estás bien?
- Sí, sí, sí.
Disculpad.
Están, están aquí... - ¿Los puedo ver?
- Sí, sí, sí, claro.
- Voilà.
- Bueno, como veis, están un poco a medio hacer porque la reina no nos ha dado indicaciones precisas de lo que busca.
- Este tiene algo único.
Es distinto.
- ¿Por qué no le enseñamos primero las tejedoras?
- Sí, sí, claro, sí.
- Pero todavía no hemos decidido a qué me voy a dedicar.
- No importa.
♪♪ [quejidos] ♪♪ - Mi... ¿Dónde estoy?
Señorita.
¿Dónde estoy?
Señor De la Riva.
- Por Dios, el parecido es impresionante.
- ¿Pero qué parecido?
Si soy yo, Inés.
Soy alumna de la escuela.
- ¡Ay!
Ay, Inés.
Claro, ya decía yo que eras igual.
Es que eres tú.
[ríen] ¿Qué haces así vestida?
Parece que estás fregando suelos.
Quítate eso.
Llévame a las Galerías, venga.
- No, no, no, pero si no se puede mover, que todavía no le han dado el alta, señor De la Riva.
- ¿Qué alta?
¿Qué es esto?
¿Qué hago aquí?
- Señor De la Riva, me está asustando.
El doctor.
Es que está un poquito excitado y desorientado, no sé.
- Bueno, probablemente será por la sedación.
Señor De la Riva.
- ¿Eh?
Señor De la Riva.
- ¿Eh?
- Hola.
- ¿Dónde...?
- Aquí, señor De la Riva, hola.
- Hola.
- ¿Qué tal?
- Muy bien.
- ¿Cómo se encuentra?
- Muy bien.
[ríe] Mejor que nunca.
Pero me tengo que ir, tengo muchísimo trabajo en el taller.
Ayúdeme, Inés, por favor.
- Usted debe recuperarse para volver a caminar.
- ¿Cómo?
- Señor De la Riva, usted ha sufrido una grave caída que ha supuesto una importante lesión, y ahora tendrá que esforzarse mucho si quiere volver a caminar.
Pero tranquilo, tranquilo, estoy seguro de que lo logrará.
Tranquilícese.
- No.
Váyase.
¿Qué?
¡No!
¡No!
¡No!
¡Inés!
¿Qué pasa?
- Señor De la Riva... - ¡Por favor!
- Míreme... - ¡Por favor!
- Tranquilícese.
Respire, respire.
[llora] - Es que me parece increíble que ni aun así apueste por mi colección.
- En cualquier caso, Clara tiene razón, y sería un acierto que lleves un traje de Velvet en la boda.
Imagínate lo que sería una portada hablando de otro referente de moda.
Y admite que ni a ti ni a mí se nos había ocurrido.
- Es que odio darle la razón a Clara.
- Bueno, vete.
Tienes muchas cosas que hacer.
- Prométeme que me vas a echar de menos.
- Haré lo posible.
- ¿Lo posible?
Te llamo cuando llegue a Roma.
- Oye, que te quiero.
- Y yo.
♪♪ - Cuando quieras.
- ¿Todo bien?
¿O necesitas otra sesión con mi chamán?
- Creo que ya estoy suficientemente iluminado.
Gracias.
- Oí que la iluminación llegará con mi éxito.
- Yo lo que necesito ahora es dinero.
- Veo que no has aprendido nada.
- La vida me demuestra una y otra vez que no se puede ser de otro modo.
¿Vamos?
[aplausos] Muchas gracias.
Buenos días a todos.
Nada más placentero para mí que compartir con ustedes este momento mágico.
La señorita Patty Shamira es probablemente la única mujer capaz en vida de conectar con algo que va más allá de lo real, más allá de lo mundano.
Y aunque les resulte grande, les aseguro que, en estos tiempos de cambio, quizás sería momento de que miráramos menos a lo material y nos preocupáramos más por nuestra alma.
La señorita Shamira ha tenido la generosidad de convertir en palabras todo aquello que le parece revelador para que cada uno de ustedes pueda profundizar en su esencia y conectar... con lo más profundo de nuestra existencia.
Y ahora ya, eh, sin más dilación, les dejo con la señorita Shamira, que hará verdaderamente grande este momento.
Muchas gracias.
[aplausos] - Mi luz es la luz.
- Manuel, pronto tú... - Mi espíritu es el espíritu.
Y mi misterio... - Perdón, ¿has visto a Manuel?
- Paz y amor para todos vosotros.
[teléfono] -Galerías Velvet, dígame.
- ¿Hola?
Hijo mío, soy tu padre, que quería hablar contigo.
- Eso me han dicho.
Dígame.
- ¿Tú cómo estás?
- Bueno, aquí vamos.
- Bueno, oye, escúchame, espero que estés ayudando a tu tío Jonás, ¿eh?
¿Y a tus hermanos les has preparado la merienda?
Ten cuidado con la sobrina de Marie, me la tienes que cuidar, pero me la cui... me la cuidas como un hombre, no como un gañán, por favor.
- Padre, si me pregunta tan rápido, no me da tiempo a responderle.
- Sí, perdona.
Ya, perdona, perdona, es que esta máquina, es que traga, traga que no veas.
¿Necesitas algo de mí?
- No, ya... ya si eso le cuento a la vuelta porque, padre, he visto la luz.
- Pues así me gusta, hijo, así me gusta.
Tienes que dar pasos hacia delante.
Bueno, cuando llegue yo allí a las Galerías, tú me cuentas, ¿vale?
Que solo quería que supieras que estoy llegando ya aquí a Porrillos.
- Ah.
Pues no, no se me ponga muy triste, ¿vale?
- No, no te preocupes, que tienes un padre muy fuerte.
Venga, adiós, me voy, me voy.
Un beso.
- Otro.
- ¿Te importa?
- Lourdes.
- Patty, conocerte me ha cambiado la vida.
Me gustaría que me firmaras tu libro.
- ¿Lo dices en serio?
- Llevo toda la vida buscando la aprobación de mis padres, ¿sabes?
Y desde que te conozco, me has enseñado que lo importante es que me acepte a mí misma.
- Vente conmigo.
Este viaje te acercará a la verdad, a tu verdad.
- ¿Adónde?
¿A la India?
- No dejes que nada te retenga, [inaudible].
Hay algo más importante que ser libre: ser libre.
-Lourdes.
Hola, Patty.
Estoy totalmente decidido, mañana hablo con mi padre... - Manuel, Manuel... - ¿Sí?
Dime.
- Manuel.
Tengo que decirte algo.
- Dime, dime.
- Me voy con Patty a la India.
- ¿Qué?
- Comienzo mi viaje, Manuel, mi viaje a la libertad.
♪♪ - Pero, Lourdes... ♪♪ - Que no, que no y que no.
Que no quiero saber nada de los líos de Mateo.
¿No ves que puedo perder mi puesto de trabajo y mi amistad con Clara?
- Pues entonces mira para otro lado.
- ¿Cómo?
Oye, no, no, no, no entres ahí.
Oye, ¡sal de ahí ahora mismo!
¡Ahora mismo!
- Segundo cajón a la izquierda.
Aquí está.
- Hola.
- Escóndete.
Escóndete.
Sí, perdón, dígame.
- Vengo del consulado de Irán.
- Ah.
- Esto es un sobre para doña Clara Montesinos.
- Es que no está ahora mismo, pero yo soy su secretaria... - No, no se preocupe.
Yo soy Clara Montesinos.
Es una carta del embajador.
- Gracias.
- Buenas tardes.
- Buenas tardes.
♪♪ - ¿Qué pasa?
- Nos cancelan el encargo de la reina.
♪♪ ♪♪ - Feliz aniversario, cariño mío.
[quejido] ♪♪ ¿Don Emilio?
♪♪
Support for PBS provided by:
















