
Episode 28
Episode 128 | 45m 26sVideo has Closed Captions
Braun devises a plan where he'll have to get his hands dirty to save himself.
Braun suspects the alliance between Cárdenas and Gregorio, but the men finally manage to convince the Nazi officer thanks to Cárdenas's cunning. However, the corrupt police officer still has problems to deal with, as Gaspar is close to finding him. This leads him to devise a plan where he'll have to get his hands dirty to save himself.
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
Hijos Del Desierto (Sons of the Desert) is presented by your local public television station.
Distributed nationally by American Public Television

Episode 28
Episode 128 | 45m 26sVideo has Closed Captions
Braun suspects the alliance between Cárdenas and Gregorio, but the men finally manage to convince the Nazi officer thanks to Cárdenas's cunning. However, the corrupt police officer still has problems to deal with, as Gaspar is close to finding him. This leads him to devise a plan where he'll have to get his hands dirty to save himself.
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
How to Watch Hijos Del Desierto (Sons of the Desert)
Hijos Del Desierto (Sons of the Desert) is available to stream on pbs.org and the free PBS App, available on iPhone, Apple TV, Android TV, Android smartphones, Amazon Fire TV, Amazon Fire Tablet, Roku, Samsung Smart TV, and Vizio.
[♪ música de tensión] - ¡Alto!
¡No se muevan!
- ¡Miente!
- Antes de poder ejercer, tendrías que convalidar tu título.
Y eso puede ser un proceso complejo y... y largo también.
- ¿Qué tan largo?
- Dos años.
Pero yo ya pensé en algo, creo que tenemos que encontrar un médico allá que te ayude a preparar tus exámenes para que puedas convalidar tu título.
Como te dije, mi primo tiene muchos amigos médicos y él nos puede recomendar a alguien.
- No, es que el tema no es de saber si puedo o no pasar un examen de ese tipo, el tema es el tiempo que voy a estar sin ejercer y yo amo mi trabajo, Gaspar, es lo que le da sentido a mi vida.
- Escúchame, yo lo sé, pero dos años pasan volando.
- No, Gaspar, es que por favor no le bajes el perfil a esto, para mí esto es grave, esto es muy grave.
- Amor, escucha, mi intención no es bajarle el perfil, solo estoy tratando de hacerte ver que no es irreversible.
Sí, puede ser un poco lento, pero, pero podemos hacer algo.
Y mientras tanto... hay muchas cosas que podemos hacer.
Los fines de semana nos podemos escapar a los Cotswold, a la campiña inglesa.
Y si tenemos más tiempo, cruzamos el Canal y nos vamos los dos al sur de Francia.
- Eso suena maravilloso, pero realmente creo que no estás entendiendo lo realmente importante que es para mí mi trabajo.
- Por supuesto que lo hago, mi amor.
[golpean puerta] - Pase.
- Permiso, doctorcita.
Esto es para usted.
- ¿Para mí?
¿De dónde sacaste estas flores tan lindas?
No, si no son nada de mí, se las manda el Pedrito Ramírez.
- A ver si entiendo bien.
¿Tú quieres que yo les condone la deuda?
¿Toda la deuda, ahora mismo?
- Ese fue el trato.
- No, pero esto es una especie de broma, ¿no?
Una broma, ¿cierto?
- No, son negocios.
- No, ese no fue el acuerdo.
Es una locura.
Lo que estás diciendo es una locura.
- ¿Una locura por qué?
Explícame.
- Pero, ¿cómo?
Antonia, por favor.
- A ver.
- ¿Cómo?
- ¿Tú pensaste que yo me iba a transformar en tu amante?
¿O que iba a estar 100 % disponible cuando tú tuvieras ganas?
¿O tú pensaste que yo me iba a enamorar de ti?
- No, eso no.
- ¿Entonces?
El trato fue que yo me entregaba a ti a cambio de que tú condonaras toda la deuda que teníamos con tu banco.
Yo cumplí.
- Pero, Antonia.
Antonia, por favor.
¿De verdad tú crees que lo que pasó antes de ayer en el avión vale todo lo que ustedes me deben?
¿De verdad tú crees eso?
Muy bien.
Muy bien.
Con este lápiz... voy a poner la firma... en este cheque.
Esta es la cifra... que yo creo que vale.
Lo que pasó antes de ayer en el avión.
- No es lo acordado.
- Pero, por favor.
Por favor, yo no sé cuánto sabes o no sabes de este negocio.
Pero esta cifra es la cifra más alta que ha pagado un hombre... a una prostituta... por una encamada en la historia de la humanidad.
- Siempre lo supe.
No eres más que un vulgar alemán.
Sin honor.
Y sin palabra.
- Muchas gracias, Lilo.
Debe ser por lo del Piojo.
- Sí, por eso.
Y también porque la vio en la revista.
- Ah.
- Todo un galán ese Pedro Ramírez.
Él te manda flores mientras yo te traigo malas noticias.
- Gaspar, no te lo tomes así.
- No, no, estoy hablando en serio.
Un bonito detalle.
Se nota que ese delincuente está muy pendiente de tus logros.
Toma, niño.
- No, deje.
Que el Pedrito Ramírez ya me pagó mucho más que eso.
- Muchas gracias, Lilo.
- Nos vemos, doctorcita.
Chau.
- Nos vemos.
Chau.
Son solo unas floregatas.
¿Qué querías que hiciera?
¿Que no las recibiera?
- No habría sido mala idea.
A ver si así por fin ese tipo te deja tranquila.
- Gaspar, le estás dando un sentido que realmente no entiendo.
- Por favor, no me trates como si fuese un estúpido, Eloísa.
- No te estoy tratando como ningún estúpido.
- Sabes que lo que él está haciendo no es correcto, lo sabes.
- ¿Y qué quieres que haga?
No le puedo impedir que me muestre su agradecimiento por lo del Piojo.
- Por supuesto que puedes.
No tuviste ningún problema con encarar a mi padre cuando le faltó respeto al tuyo.
O a mí cuando no te comenté los detalles de nuestro viaje.
No entiendo por qué no puedes hacer lo mismo con Ramírez.
- ¿Estás hablando en serio?
- Por supuesto que estoy hablando en serio.
Tu eres mi novia, Eloísa.
¿Tú sabes lo que eso significa?
No voy a permitir que un delincuente le mande flores a mi novia.
- Necesito que le ponga patita a mi nombramiento como gobernador.
Yo ya no estoy para ir al cuartel, ya no estoy pa andar haciendo trabajo policial.
¿Ah?
Y usted sabe que las cosas tienen que hacerse rápido.
Si no, Camarón que se duerme, usted ya sabe lo que le pasa al Camarón.
- A ver, Cárdenas.
Aunque no me crea, estoy haciendo todo lo que está a mi alcance.
Hablando con gente, consiguiendo plata para aceitar la maquinita.
Pero este es un cargo importante, que no se consigue de la noche a la mañana.
- Sí, pero a mí la paciencia se me puede agotar, pues.
¿Ah?
Usted sabe lo que pasaría ahí, pos.
El comisionado enterándose de que tiene un hermano delincuente, imagínese.
- Cárdenas... Yo la verdad pensé que usted era un hombre más curtido, oiga.
Un hombre que sabía cómo funcionan las cosas en esta vida.
Pero la verdad es que lo veo un poco nervioso, oiga.
- El que debería estar nervioso es usted, no yo.
Sabe que ayer estaba pensando algunas cosas y... me preguntaba qué pasaría y cuánto pagaría el Pedro Ramírez por saber la información que yo sé.
¿Ah?
Imagínese.
Si el Pedrito Ramírez ha estado buscando a su hermano toda la vida.
No es que yo vaya a hacerlo, por supuesto que no, pero... que podría hacerse, podría hacerse.
- Sí, podría.
Es cierto, Cárdenas, podría.
Oiga, a usted que le gusta tanto pensar cosas, ¿por qué no piensa que si le va con el cuento a Ramírez, yo ahí no tendría absolutamente nada más que perder?
Y un hombre que no tiene nada que perder... es muy peligroso.
¿Ah?
¿Me entiende?
[golpean puerta] - ¿Sí?
- Permiso.
Lo busca un caballero alemán, señor Braun.
Don Gregorio, ¿lo hago pasar?
- Sí, sí, sí, hágalo pasar.
- Señor Braun, ¿el agregado militar alemán?
- Sí.
Y compórtese, porque su nombramiento depende mucho de él.
Herr Braun, qué placer tenerlo en mi casa.
- Señor Sanfuentes, le pido disculpas por haber venido sin avisar, pero hay un tema urgente que necesito hablar con usted.
- No se preocupe, no hay problema.
Adelante, por... Permítame presentarle a... - Al señor Hipólito Cárdenas Cárdenas.
Nuestro flamante candidato para gobernador de Valparaíso.
Me he estado informando sobre usted.
- Un gusto, señor Braun.
- Es muy oportuna la presencia de este hombre en su casa, porque precisamente es de él que quiero hablar con usted.
- Muy bien.
Tome asiento.
Usted dirá, herr Braun.
- Señor Sanfuentes... No entiendo cómo un hombre como usted, presidente del Círculo de Oficiales de la Marina y miembro de tan distinguida familia, apoya la candidatura de un hombre como este para la gobernación de Valparaíso.
Evidentemente, entre ustedes pasa algo que no me han contado.
Así es que, señor Sanfuentes, soy todo oídos.
- De verdad creo que estás sobrerreaccionando.
Estás armando una tormenta en un vaso de agua.
- ¿Una tormenta en un vaso de agua?
Ese delincuente te está cortejando descaradamente.
¿Y a ti te parece bien aceptarlo así como así?
No, por favor, no me vengas con ese cuento que lo está haciendo como agradecimiento por haber operado a ese niño de urgencias.
Por favor, no lo hagas.
- Antes estábamos hablando de algo mucho más importante.
Yo no voy a poder trabajar en Londres.
Eso sí que es importante.
- ¿Y lo que es importante para mí no vale?
Tú me dices que para ti es importante tu trabajo.
Bien, yo me hago cargo.
Ahora te estoy pidiendo que hagas esto que es importante para mí.
- ¿Qué es lo que me estás pidiendo exactamente?
- Te estoy pidiendo que termines con esta relación ambigua que tienes con Ramírez.
¿Hasta cuándo tengo que aceptar no sólo que le recibas las flores, sino que te interpongas en mi trabajo para defenderlo?
- ¿Relación ambigua?
- Un día te trae a sus compinches heridos o a un niño grave.
Al día siguiente es benefactor de este consultorio.
Y al siguiente te empieza a contar sus dramas de infancia.
Y hoy día te trae flores y tú como si nada.
A eso me refiero, con una relación ambigua.
Dime.
Por favor, dime.
¿Hasta cuándo tengo que tolerarlo?
Hasta luego, hermana.
- Hasta luego, joven.
Apenas salga la doctora y te va a ingresar.
- Eh... ¿Quién sigue?
- Ella.
- Oye, Lilo.
Anda a contarle al Pedro.
- Piojo.
Anda a acostarte tú.
No seas copuchento.
¡Hermana Rosario!
Venga, por favor.
Lléveselo a la cama.
- Herr Braun, la verdad no entiendo de qué está hablando.
- Señor Sanfuentes, por favor.
La gente de su clase, en Chile y en Alemania, actúa de la misma forma.
Solo entregan un poco de poder cuando se sienten presionadas.
Y como el señor Cárdenas, evidentemente no es un hombre de su clase, me imagino que debe estar presionándolo para que usted apoye su candidatura.
Extorsión, amenazas, cuentas pendientes.
Dígame de qué se trata todo esto.
¿Cuál es el secreto?
- No, la verdad no hay ningún secreto, es... - Señor Sanfuentes, mi experiencia me ha enseñado que nunca hay que creerle a un hombre que dice la verdad.
Cuando un hombre empieza a hablar y dice la verdad, es porque está mintiendo o algo oculta.
¿Y bien, señor Sanfuentes?
Dígame.
- Es mi mujer.
El señor Sanfuentes no solo tiene amorío en el Pirandelli, sino que también tiene amorío en otras partes.
Picado de la araña, como se dice en Chile.
- Cárdenas, no, no, no es necesario.
- Déjelo que continúe.
Hace algunos meses descubrí que el señor Sanfuentes tiene amoríos con mi mujer.
Y si no quiere que la señora Antonia y todo Valparaíso se entere, va a tener que saber apoyarme para mi nombramiento como gobernador.
- ¿Doctorcita?
¿Su novio se fue enojado por culpa de estas flores?
- Sí, creo que Gaspar en el fondo tiene razón.
- ¿Cómo así?
- Es que creo que sin darme cuenta lo puse en una posición incómoda.
- ¿Por qué?
- Por permitir que Pedro haga este tipo de cosas.
- Usted es una mujer joven, linda, inteligente.
Usted es como estas flores.
Su perfume atrae hombres así como... ¡Uy!
Como unas abejas.
Pero estas flores lo hacen sin intención.
¿Tú?
- No, hermana.
Yo quiero a Gaspar.
Lo quiero, pero... A lo mejor sin darme cuenta yo... Creo que debería conversar con Pedro y decirle que existen límites.
- ¿Tienes claro esos límites?
- ¿Cómo?
No la entiendo.
- Sin importar lo que piense Gaspar, ¿no será que tú te confundes un poco con Pedro?
- Por supuesto que no, hermana.
¡No!
No, ¿por qué está diciendo esas cosas?
- Por nada.
Por nada.
No me hagas caso si yo soy una pobre monja loca nada más.
[♪ música suave] - Yo no sé cómo solucionan estos asuntos allá en Alemania, pero por lo menos acá en Chile no dejamos pasar estas cosas.
- Entiendo.
Pero dígame una cosa.
Si se siente tan humillado o está molesto por la infidelidad de su mujer con el señor Sanfuentes, ¿no sería más pertinente darle una paliza?
¿O mejor aún, pegarle un tiro?
- Créame que lo pensé.
Y ganas no me faltaron.
¿Pero qué ganaría yo?
Seguiría siendo un conudo y terminaría preso.
Y de alguna manera mi nombramiento como gobernador compensaría esto.
¿Me explico?
Y bueno, y un poco la política es así, ¿pos no?
Hacer negocio, negociar, agarrar algo en la pasada.
¿Ah?
- ¿Y qué opina usted sobre todo esto?
- A ver, herr Braun, lamento mucho este espectáculo que tuvo que presenciar.
Le pido mis disculpas.
- Bueno, yo me tengo que retirar, ¿ah?
Ya sabe, señor Sanfuentes.
Le pone patita a mi nombramiento como gobernador o vamos a tener problemas.
Un gusto, señor Braun.
¿Ah?
¡Hi, Hitler!
Como dicen en su país.
[risa] - Le reitero mis disculpas por este bochornoso espectáculo, herr Braun, pero no puedo dejar de decirle que soy un convencido de que Cárdenas como gobernador sería muy funcional para los intereses de su país aquí en Chile.
- Interesante.
Interesante conocer a este hombre.
Es astuto, vil, ambicioso y no tiene ningún escrúpulo.
Es el político perfecto.
Bueno, señor Sanfuentes.
Acá está el dinero que me pidió para aceitar la maquinaria.
Hagamos del señor Cárdenas el próximo gobernador de Valparaíso.
- ¿Cómo te fue con el Negro?
- Sigue mañoso el huevón, pero por lo menos no se va a ir de lengua ni nos va a traicionar.
- No, vos viste, si yo te dije que el Negro era derecho para tus cosas, siempre lo ha sido.
No nos va a traicionar.
¿Qué?
¿Por qué me mirái así?
- ¿No será que el Negro se puso huevón porque está medio enamorado de ti?
- ¿De qué hablái, huevón?
Se te ocurren tonteras, Pedro Ramírez, el negro es mi hermano.
- Se supone que nosotros también éramos hermanos, ¿o no?
- Sí, pero es distinto.
Porque con el Negro somos hermanos de antes.
Lo conozco antes que a ti.
Yo no sé si el negro piensa igual.
- Pedro, quedaste como rey con la doctorcita.
Lo único malo que cuando se las pasé estaba el tira, puso la mea cara.
- Oye, ¿y el Piojo cómo está?
- Oye, ¿y por qué el Pedro quedó como rey con la doctorcita, Lilo?
- Por las flores que le mandó pos, estaban más relindas.
- Estaban relindas, ¿ah?
Lindas.
[♪ música de tensión] - Mmm.
Exquisito, pero tiene algo distinto.
- Su paladar es impresionante, señora Antonia.
Le cambié las frambuesas.
Estas me las traen directamente de Longaví.
- Si el otro era maravilloso, este es sencillamente perfecto.
- Muchas gracias, muchas gracias.
- ¿Tú te imaginas lo que habríamos hecho juntos?
Un matrimonio a todo trapo.
- Sí, se habría hablado durante años del matrimonio de Eloísa González con don Gaspar Sanfuentes Williams.
- Ya lo creo.
Pero hay que respetar el deseo de los novios.
Neftalí, quiero saber cómo quedó Eloísa después de lo de ayer.
Bueno, quedó un poco... tensa.
Usted la vio.
- Ya lo creo.
Es que Gregorio fue muy desagradable contigo, muy grosero.
No te cuento las cosas que le dije cuando llegamos a la casa.
- Pero no era necesario.
- Por supuesto que sí, ¿sabes qué?
Él se dio cuenta que se había equivocado.
Sí, estaba muy arrepentido.
- ¿En serio?
- Ajá.
Así que, que no te extrañe que un día de estos pase por aquí a pedirte disculpas.
Ahora, a mí me sirvió.
Lo que pasó ayer me sirvió para darme cuenta que los chiquillos tienen razón de querer irse lejos para empezar una nueva vida y ser realmente felices.
- Es verdad.
- Claro.
- Es verdad.
- Y si se quieren ir, ahora ya, bueno, que se vayan ahora ya.
Nosotros tenemos que apoyarlos.
- Es cierto.
Es cierto, sí.
- ¿Te puedo hacer una pregunta incómoda?
- Por supuesto.
- ¿Tú sabes si Eloísa y Gaspar se pelearon después de lo de Gregorio?
- No.
No, o sea, yo los vi, bueno, bastante molestos, pero Eloísa no me ha dicho nada al respecto.
- Ah, qué alivio, Neftalí.
Que yo he aprendido a querer a tu hija tanto, es era una chiquilla espléndida.
- Sí.
Mi hija es, es una niña maravillosa.
¿La vio en la revista?
- ¿Revista?
- ¿No la has visto?
Permite.
En la portada.
¿Qué le parece?
- Neftalí, qué orgullo.
"Doctora Eloísa González realiza exitosa intervención quirúrgica".
Pensar que esta maravillosa mujer va a ser la esposa de mi Gaspar.
Increíble.
- No, no, no, se la regalo.
No, si tengo un montón yo.
- Ah, muchas gracias.
Oh, qué linda.
- ¿Y de cuándo que andái mandando flores vos, Pedro Ramírez?
- Fue para agradecerle por lo que hizo por el Piojo y por lo de la revista.
- Ah.
¿Y no le podías dar las gracias con otra huevada que no fueran flores?
¿Ah?
- Acá está la... la doctorcita.
- La doctora, a ver.
Muéstreme, Lilo.
- Mira que se ve linda.
- Que se ve linda.
Estáis muy chico vos para andar mirando mujeres.
Gato, ¿por qué no parái el escándalo?
La gente te está mirando.
- ¿Y qué me importa a mí la gente?
¿Qué me importan a mí los viejos curad'os?
¿Los viejos copuches?
¿Qué?
Ah, ¿qué se hacen los choros?
Ojalá se enfermen todos, pos bien enfermos pa que venga la doctorcita a curarlos a todos los huevones.
- ¡Oye, es mía!
- Es mía ahora.
- Lilo, Lilo.
Escúcheme, las mujeres son así, ¿ah?
- Tome para que envuelva el pescado.
- Gracias.
- Espera.
- Cornellius, no tenemos nada más que hablar.
- Tú pusiste las reglas del juego, ahora te aguantas.
- Suéltame.
Suéltame y baja la voz.
- ¿De verdad pensaste que podías manipularme y reírte de mí sin ninguna consecuencia?
¿Una encamada y ya?
Eso sería todo.
- Fuiste tú el que no respetó el trato.
Me arruinaste económicamente, ¿y ahora quieres humillarme?
- No, por favor, Antonia, ya no estás en edad para andar como una doncella a la que alguien le robó la flor.
- Me estás insultando, Cornellius.
- Tú estás acostumbrada a hacer lo que quieras y yo no te lo voy a permitir.
- ¿De qué te quejas?
Te encamaste conmigo y además te quedaste con mi casa.
Por favor.
- ¿A quién pretendes engañar, Antonia?
- ¿"Engañar"?
Realmente no entiendo lo que estás diciendo, Cornellius.
- No voy a dejar que te vayas de aquí hasta que reconozcas lo que sientes por mí.
Dime que lo que pasó en ese avión no tuvo ninguna importancia y te dejo ir.
- ¿Eso es lo que quieres escuchar?
- Sí.
- Okay.
Lo que pasó en ese avión no tuvo ninguna importancia.
¿Me puedo ir?
- Estás mintiendo.
Te conozco.
- No hagas un escándalo y baja la voz.
- Me importa un carajo el escándalo.
Estás tan acostumbrada a mentir que incluso tú misma te crees tus mentiras.
Pero tu cuerpo no miente.
Temblabas en mis brazos y gemías de pasión.
¿Me quieres pegar?
¿Me quieres pegar?
Pégame.
Pégame... y demuéstrale a todas estas personas que aún sigue corriendo sangre caliente por tus venas.
- Cornelius, te estás portando como un chiquillo.
No quería herir tu orgullo de macho pero voy a tener que hacerlo.
Lo que pasó en ese avión... no tuvo ninguna importancia para mí.
Fue sexo... a cambio de algo.
Punto.
[♪ música de tensión] - Te gusta el hueso, Tito, ¿ah?
Te gusta el hueso.
[♪ música de suspenso] Gracias, señor.
Gracias.
[♪ música de jazz] - Buenas noches.
- Buenas noches, herr Braun, ¿cómo está?
- Muy bien.
- Señor Braun.
Siempre es un honor y un placer tenerlo con nosotros.
¿Le puedo ofrecer algo?
Nos acaba de llegar una partida de licores importados, realmente espectacular.
- Debo recordarle que sigo las buenas costumbres del Führer, no bebo alcohol.
- Claro.
- Claro, sí, se, se, se me había olvidado.
Lo que pasa es que es tan difícil encontrar hombres con hábitos saludables como los suyos y los del Führer en este Puerto que... ¿Un cafecito, tal vez?
- No, muchas gracias, por ahora solo quiero la buena compañía de nuestra bella Margot.
¿Me acompaña, querida, por favor, a una mesa?
- Claro.
Por supuesto.
Muchas gracias, muy amable.
- Hace mucho tiempo que no conversamos, querida.
Cuéntame, ¿cómo está tu vida?
- Bien.
Bien, herr Braun.
Todo bien, todo bien.
- ¿Cómo va tu idilio con el señor Sanfuentes?
- La verdad es que Gregorio es un hombre muy amable, no tengo de qué quejarme.
- Me alegro.
Me alegro mucho, Camille.
Eres una mujer que ha tenido una vida muy dura y te mereces un hombre que te trate bien.
- Bueno, le agradezco mucho sus buenos deseos.
No quiero parecer maleducada, pero tengo un escenario que me está esperando y tengo que preparar el show.
- Tranquila.
Tranquila.
Lo que voy a mostrarte no me va a tomar más de un minuto, traje algo para ti.
Facundo, ¿verdad?
Escogiste un nombre muy argentino para tu hijo, Camille.
[♪ música de suspenso] - Patita, sírveme otra.
- ¿Cuánta llevái ya?
- Harta, pero tengo sed, así que ponle nomás.
- ¿Estái segura?
- Ponlo, ponlo, ponlo aquí.
- Despacito, Gatito, que el mundo sigue girando.
[♪ música suave] - ¡Gané!
[risas] - No, si no es nada la cuestión.
[inaudible] Ahí pongo la plata nomás, compadre.
[risas] - Salud.
El gato chale.
- ¿De qué se ríen estos viejos huevones?
¿Me vieron cara de payaso acaso?
- ¡Pedro!
¡Pedro!
¡Pedro!
- Tranquila, Paty, tranquila, ¿qué pasó?
- La Gato, la Gato está dejando la cagá abajo.
Vamos, apúrate.
Ya, tranquila, vamos, vamos.
- Vamos.
- ¿De qué te reí vos, viejo de...ah?
- Tranquila, baja esa cuestión.
- ¿Qué creí?
¿Que no me doy cuenta que te estás riendo de mí?
- No, nada que ver.
- No, nadie se está riendo... [discusiones] - Gato, ¿qué estái haciendo, mujer?
- Se están riendo de mí, Pedro.
- No, Pedrito.
Pedrito, nosotros estamos jugando las cartas.
- Tranquila, tranquila.
- Vamos... Cálmate, cálmate.
- ¡Suéltame, Pedro!
- A ver, a ver, a ver, se acabó el copuchenteo aquí, todo el mundo sentado, una ronda de pipeño gratis pa todos.
[gritos] - No.
No, no es mi hijo.
Yo no tengo hijos, herr Braun.
No, nunca tuve hijos, así que es imposible, le informaron mal.
Es un niño muy lindo, sí.
Pero la verdad es que yo nunca tuve la posibilidad de ser madre, quise serlo, sí, pero las cosas no se dieron, así que, bueno, aquí está su fotografía.
- Muy conmovedor, Camille, realmente.
- No, es que no me entiende.
- Muy conmovedor.
- No tengo hijos.
Le informaron mal, ¿me entiende?
- No, no te expongas más, Camille.
Tenemos excelentes hombres trabajando en Buenos Aires, y ya sé todo acerca de Facundo.
Vive en San Telmo, en la calle Defensa, con una familia de buenos cristianos, los Dorettis.
Inmigrantes italianos que lo cuidan muy bien a cambio de un dinerito que la hermosa Camille les manda religiosamente todos los meses.
De su padre, no se sabe mucho, algunas fuentes dicen que se trata de un pianista alcohólico que murió acuchillado, otros dicen que se trata de un señorito de una familia patricia, que se encandiló con la belleza de Camille, pero cuando su familia se enteró que tenía amoríos contigo lo envió inmediatamente a vivir a Europa.
Como ves, nadie sabe quién es el padre de esa criatura, tal vez ni siquiera tú lo sepas, querida Camille.
El tema es que Facundo crece sin padre y su pobre madre tuvo que dejarlo al cuidado de los Dorettis para poder seguir trabajando.
No me odies, Camille.
Yo solamente hago mi trabajo, ¿o creíste que iba a pasar por alto tu traición y las amenazas de tu amante?
- ¿Qué quiere?
¿Qué es lo que quiere?
- Por ahora nada nuevo.
Lo único que quiero es que sigas los pasos de Sanfuentes y me mantengas informado.
Y esta vez, no pienses ni por un segundo en traicionarme o contarle algo a él.
No me gustaría hacer una llamada desagradable a Buenos Aires y pedir que le hagan una visita a ese pequeño bastardo que tienes por hijo.
Ah.
Y una cosa más.
Te he extrañado mucho, uno de estos días iré a hacerte una visita.
No puedes negarme que es un hermoso regalo.
Puedes irte.
- Ya, amigo mío... este va a ser el último wiskacho bueno que nos tomemos, salud.
- No me diga eso, comisario, mire que, mire que yo ya me había acostumbrado a tomar del bueno, pos.
- Yo sé, amigo mío, yo sé, pero lamentablemente, las, las libretas de Heim nos pusieron la soga al cuello.
Todas esas anotaciones que tenía el finado, nos pueden delatar y, y el peje nos puede caer en cualquier momento, ah.
Sí.
- Bueno, ¿y, y qué vamos a hacer, comisario?
¿Pa dónde nos vamos a ir?
- Mire.
Lo mejor que podemos hacer es cruzar la cordillera, ¿ya?
Y nos vamos pa Argentina, allá hay buena carne, hay buenas mujeres, ¿sí o no?
Usted tiene que estar tranquilo, amigo Cornejo, tranquilo, ¿ah?
Mire que su amigo Cárdenas jamás lo va a dejar botado, nunca lo va a dejar botado.
Mire, yo tengo una platita ahorrada, ¿ya?
Una platita ahorrada con una pega hecha que yo hice.
- Sí.
- Y con esa platita nosotros nos vamos a filmar allá.
- Ya.
- ¿Hmm?
- Sí.
Pero, y ¿su familia, comisario?
¿Ah?
- Oh, mi familia, mi familia se va después, yo tengo todo hablado ya, lo importante es que nosotros tenemos que irnos pronto de acá.
Mañana mismo, si es posible.
- Sí.
- Mire, tómelo...tómelo como, como una aventura, como una despedida de este puerto.
Tranquilo, así, ¿eh?
- Pero tome como los hombres, pues sírvase más, pues, ah.
Como yo lo crié a usted, pues sí, no como los... ¡sírvase, pues!
- Comisario, comisario, no... ¿No será mejor entregarnos nomás?
- ¿Por qué habla huevadas, Cornejo, cómo se le ocurre?
¿Usted sabe lo que le pasa a los tiras que los meten a la cana, a la cárcel?
¿Y más encima lo que se pitearon a un excompañero, usted sabe lo que le pasa?
- Ya.
- Ya.
Sírvase, sírvase y no hable, tanta huevada.
Eso, sí va a estar todo bien, tome como los hombres, pues.
Eso es, como yo lo eduqué a usted, ah.
No como los...ah.
Ya, mire, vamos a hacer un salud.
Por la despedida de este pueblo y de este puerto de... Salud.
- Salud, comisario.
[♪ música de tensión]
Support for PBS provided by:
Hijos Del Desierto (Sons of the Desert) is presented by your local public television station.
Distributed nationally by American Public Television















