
Episode 29
Episode 129 | 42m 5sVideo has Closed Captions
Eloísa confronts Pedro Ramírez. Cárdenas reports that one of his men hasn't arrived at the barracks.
Eloísa confronts Pedro Ramírez to stop him, as the smuggler has been interfering too much in her life lately, and the tension between them can't keep growing - she's an engaged woman. Meanwhile, Cárdenas reports that one of his men hasn't arrived at the barracks, and when Gaspar goes looking for him, he finds that the man has allegedly committed suicide.
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
Hijos Del Desierto (Sons of the Desert) is presented by your local public television station.
Distributed nationally by American Public Television

Episode 29
Episode 129 | 42m 5sVideo has Closed Captions
Eloísa confronts Pedro Ramírez to stop him, as the smuggler has been interfering too much in her life lately, and the tension between them can't keep growing - she's an engaged woman. Meanwhile, Cárdenas reports that one of his men hasn't arrived at the barracks, and when Gaspar goes looking for him, he finds that the man has allegedly committed suicide.
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
How to Watch Hijos Del Desierto (Sons of the Desert)
Hijos Del Desierto (Sons of the Desert) is available to stream on pbs.org and the free PBS App, available on iPhone, Apple TV, Android TV, Android smartphones, Amazon Fire TV, Amazon Fire Tablet, Roku, Samsung Smart TV, and Vizio.
[♪ música de tensión] - [disparo] - ¡Alto!
¡No se muevan!
- ¡Miente!
[disparos] [quejidos] [♪ música de tensión] [explosión] [♪ música de tensión] - [Margot] Precioso, perdóname.
Perdóname.
[sollozos] [golpes en la puerta] Un segundo.
Un segundo.
Pase.
- Hola, preciosa.
- Hola.
- ¿Todo bien?
- Sí, todo bien.
- Qué bueno.
- ¿Tú?
- Aliviado.
Creo que la palabra adecuada es aliviado porque Herr Braun ya me dio la plata para poner a Cárdenas de gobernador, así que estamos a punto de lograrlo, y todo gracias a ti, ¿ah?
Fuiste tú la de la idea.
Salud.
- Qué bueno, me alegro.
- Mmm.
Está lleno de gente, ¿no has pensado, no sé, hacer un par de funciones en un lugar más grande, un teatro, por ejemplo?
- Sí, claro, sí.
- O sea, sería ideal, sería un éxito, te lo aseguro, un éxito.
¿Qué pasa?
¿Todo bien?
- Sí, todo bien.
Estoy un poco atrasada, Gregorio, eso es todo.
Estoy atrasada.
- ¿Un poco atrasada?
- Sí.
- ¿O un poco molesta?
- Un poco atrasada, un poco cansada, agobiada y tengo que trabajar, tengo que trabajar.
- Mírame, mírame.
Mírame.
¿Herr Braun te está molestando de nuevo?
- No.
- ¿Segura?
- No, no, no es eso, Gregorio, no es eso, lo que pasa es que estoy cansada y tengo que trabajar.
- Ya, está bien.
Está bien, te voy a dejar tranquila, ¿ah?
¿Te parece que nos juntemos más tarde en el departamento?
- No, no, perdona, lo que pasa es que tengo que descansar, Gregorio, por favor, entiéndeme, ¿sí?
[golpes en la puerta] Pase, pase.
- Permiso.
Disculpe, don Gregorio, Margot, ¿qué pasa?
¿Qué pasa?
- Voy.
Voy ahora.
- El público está esperando.
- Lo tengo muy claro, lo sé.
- Ya, pues.
Vamos.
- Voy ahora, ¿sí?
Voy.
Permiso.
- Todo es tan chico en este camarín, permiso, pues.
- Sí, sí.
Sí.
[♪ música emotiva] [♪ música suave] - Ester, ¿qué pasa?
- Señora, el joven necesita notificarla en persona por un asunto legal.
- Buenos días.
Antonia Williams de Sanfuentes.
- Buenos días, señora Williams, represento la oficina de abogados de Wilkins y Saniar.
Hoy estoy aquí por encargo del señor Cornellius Bormann para firmar este documento, si es tan amable.
- ¿De qué se trata?
- Es una citación para tratar el tema de su deuda con el banco.
- Ya veo, ¿me da unos minutos para revisar el texto, por favor?
- Ya la escuchó, espere afuera, por favor, mientras ella lee.
Le dije que no podía confiar en Bormann.
- ¿Quién te dijo que yo confío en él?
- No sé.
Yo pensé como, como últimamente se ven demasiado.
- Últimamente estás pensando mucho, Ester.
Me estoy deslomando por sacar a esta familia de la ruina, y no voy a permitir que tú me juzgues, y ni una palabra de esto a Gregorio.
Plánchame el vestido nuevo y me lo llevas a la habitación, voy a salir.
- Así lo encontré, comisionado.
- Oh, por una... ¿Alguien más sabía que usted guardaba aquí las libretas?
- Nadie, comisionado, incluso no quise dejarla en el estante de las evidencias para evitar que alguien se sintiera tentado a robarla.
- Cárdenas, estoy seguro de que fue Cárdenas, levantó las huellas dactilares.
- Sí.
Pero no hay huellas, está todo limpio.
- Escúcheme, tenemos que detenerlo aunque no tengamos evidencia suficiente, no podemos arriesgarnos a que siga suelto.
[golpes en la puerta] Adelante.
- Permiso, comisionado, necesito hablar con los dos.
Tengo, tengo que confesar algo, comisionado.
[♪ música de tensión] - Tómese esto, Gatito, para que se le pase el malura al cuerpo.
- ¿Qué me vai a dar, Pata?
- Tómeselo nomás, le hace bien, fúndele.
- ¡Oh!
¡Oh!
La hueva es mala.
- ¡Ah, eso te pasa por curada!
Te gustó andar tomando anoche, ahora... - Cállate, Peineta.
- Oh.
- Hola, buenos días.
- Buenos días, doctora, ¿cómo está?
- Bien, gracias.
- Mire quién llegó, si no es la doctora más famosa de Chile, ¿no?
¿Y?
¿Dónde está su público?
Oh.
Yo la voy a aplaudir.
- Oiga, doctora, que salió encachada en la foto, la vi ahí en la revista, salía con el Piojo, oh, se veían bonitas.
- Muchas gracias.
- Parecían estrellas de cine.
- Estrellas de cine, usted viene a hablar con el Pedro, ¿verdad?
- Sí, la verdad es que sí.
- El Pedro está en el privado hablando con un viejo que le quiere robar toda la plata, pero como el Pedro es bueno y se deja engañar por la gente, ahí está, po, haciendo huevadas.
- Apenas tenga novedades, te voy a ir informando, señor Ramírez.
- Bueno, cualquier cosa que sepa de mi hermano me va a contar, ¿no?
Que le vaya bien.
- Hasta luego.
- Hasta luego.
Doctora, ¿cómo está?
- Hola, bien, gracias, Pedro.
Eh, necesito hablar una palabra con usted.
- Sí, por favor.
- ¡Gato!
No se te ocurra hacer tonteras, ven pa acá, ven.
- Lo escucho.
- Encubrí a... Encubrí a Cornejo en la muerte de Joselito.
Eh, mentí.
Dije que Joselito había disparado primero, pero la verdad es que no sé quién disparó antes si, si Cornejo o el finado.
- ¿Pero no se supone que usted y Cornejo entraron al mismo tiempo?
- No, Cornejo llegó antes y cuando yo, cuando yo entré, el Joselito y el fulano ya estaban muerto, ya.
Yo voy a contarle cómo fue todo, comisionado, porque la verdad es que yo no, no puedo seguir cargando con esta mentira.
[timbre de teléfono] - Doctora, ¿le puedo ofrecer un té o un mate?
- Eh, no, estoy bien así, muchas gracias.
- Bueno, usted dirá en qué la puedo ayudar.
- Sí, Pedro, mire, lo que pasa es que yo, yo vengo aquí porque le quiero pedir que, por favor, no vuelva a enviarme flores ni ningún tipo de regalo.
- Ah.
- Yo le agradezco el gesto, naturalmente, pero es algo que no corresponde.
- Entiendo, supe que su novio estaba ahí y que no se lo tomó muy bien.
- Perdón, pero creo que usted está entendiendo mal.
- ¿Sí?
¿No se enojó el tira?
- A ver, Pedro... - Porque eso es lo que me dijo Lilo, que vio las flores y que su novio puso un rostro de tres metros.
- Yo quiero aclararle que yo no estoy acá porque Gaspar se haya enojado.
- ¿No, doctora?
- No.
No, por supuesto que no.
Soy yo, o sea, es a mí a quien no le parece que usted se tome este tipo de libertades, así que basta, Pedro, suficiente.
- Estábamos con, con mucha rabia que, queríamos desquitarnos como todos, yo creo, y cuando nos enteramos de que Joselito había sido el que el que había matado nuestro malogrado compañero Heim.
Cornejo se volvió como loco, tenía como los ojos desorbitados y llegaba a dar miedo, comisionado, el Cornejo no era así antes, o sea, antes no era así, él estaba como nervioso, como saltón.
- ¿Desde ese día?
- De antes.
O sea, yo hace semanas que lo vengo notando raro.
- Bueno, ¿y por qué no nos contó eso al comisionado o a mí?
- Porque yo no ando mariconeando mi gente, Soto.
Yo a Cornejo lo crie, lo crie en este cuartel.
Yo pensé que, que tenía algunos problemas de deuda, qué se yo, algunos líos de faldas.
- Comisario.
Cuéntenos qué más pasó ese día.
- Bueno, cuando llegamos al galpón yo le dije a Cornejo que revisáramos el perímetro, pero, pero el huevón ni siquiera me escuchó, estaba, estaba como loco, entró corriendo, parecía un toro, comisionado, y... y de repente se escucharon los disparos, y cuando yo entré, Cornejo me quedó mirando y me dijo que lo habían tratado de matar y él lo único que hizo fue defenderse.
Y ahí ya el Joselito y el, este otro gallo estaban, estaban baleados, estaban muertos ya, po.
Comisionado, si, si usted me quiere poner un sumario yo lo voy a aceptar, voy a aceptar cualquier orden suya.
- ¿Dónde está Cornejo ahora?
- No sé, su puesto está vacío, está todo ordenado, no ha llegado todavía.
- Hay que encontrarlo lo antes posible, comuníqueselo al resto del personal, vaya.
- Sí, comisionado.
- ¿Qué opina de todo esto, comisionado?
- No le quite los ojos de encima a Cárdenas, vaya.
[♪ música de tensión] - A ver, doctora, explíqueme eso de las libertades porque usted sabe que soy un poco bruto para algunas cosas.
- Creo que lo entiende perfectamente, enviarle flores a una mujer comprometida simplemente no corresponde.
- A ver, si uno quiere felicitar a una doctora por algo profesional, ¿qué se le puede regalar?
¿Mmm?
Enséñeme.
Porque usted es la única doctora que conozco.
- Oigan, el otro día fui a la importadora americana a ver los tocadiscos, hay unas cuestiones para encachada.
- ¿Te querés comprar una, Peineta?
- Dos, me voy a comprar, uno para ponerlo en mi pieza y el otro para ponerlo en el privado, además me pusieron un disco del Carlitos Gardel, ¡uta!
Que se escuchaba bonito, era como si me estuviese cantando ahí mismo.
- Ya cállate, Peineta.
- ¿Qué te pasa, Gato?
- Cállate, te dije, ¿qué se cree esta pinturita Venir a huevearme a mi hombre en mi cara?
¿Ah?
- Gato, ¿a dónde vai?
- Quiero cantar un par de huevas a esa doctora.
- Oye, escúchame, escúchame, ¡Gato!
- ¡Suéltame!
- Se va, la doctora se va, se casa con el Tigre y se va para la Europa.
- ¿Se va?
- Sí, se va.
- ¿Y cómo sabei que se va?
- El Piojo me contó y se va ahora, luego, así que cálmate y nos hagai huevadas, ¿estamos?
- Ya.
- Ya basta de hacerse el bruto que no entiende nada, usted no tendrá educación, pero es un hombre bastante inteligente.
- Muchas gracias, doctora.
- Esto no es gracioso, Pedro, no es gracioso, usted me puso en una situación comprometedora con mi novio y lo sabe, y ni siquiera le voy a pedir que esté de acuerdo conmigo, simplemente le exijo que me respete, que respete mi espacio, que respete mi vida privada porque soy yo, y no usted, la que decide si recibo regalos suyos o no.
- Disculpe, doctora, no, no quise faltarle al respeto.
- Ojalá sea así porque a veces lo pongo en duda.
Y por último, quisiera recalcarle nuevamente que soy una mujer comprometida con todo lo que eso significa, así que no más flores ni ningún tipo de regalo, ¿le quedó claro?
No tengo nada más que hablar con usted, muchas gracias.
Que tenga lindo día.
- Chau, doctora, que esté bien, cuídese.
¿Viste que no era tan difícil?
- Eso.
Gatito, así, tranquilita como una señorita.
- ¿Y tú qué estai haciendo acá?
¿Se te olvidó que tení que seguir al gringo?
- Tengo que comer en algún minuto, po, Pedro.
- Ya voy a ir a buscar mis cosas y vamos a salir a trabajar, hay pega que hacer.
- Linda la cuestión, le pegué la media salvada y me reta.
[♪ música emotiva] [golpes en la puerta] - [Sanfuentes] Cornejo.
[golpes en la puerta] Cornejo, soy el comisionado Sanfuentes, abra la puerta o vamos a tener que entrar a la fuerza.
[golpes en la puerta] - Abra la puerta, cornejo.
[golpe] ¡Cornejo!
¡Cornejo!
¡Cornejo!
¡Cornejo!
¡Cornejo!
Cornejo... [♪ música de tensión] - "Por la firma del presente documento se hace efectivo el embargo de la propiedad arriba especificada junto con todos los bienes muebles contenidos en ella en el plazo y condiciones estipulados en el documento Anexo número uno", señora Williams, en el documento anexo a la liquidación de la deuda se definen los plazos para la tasación de los bienes mencionados y su eventual salida a remate, ¿usted está de acuerdo con estos términos?
- ¿Tengo alguna alternativa?
- ¿Y la casona?
La... La antigua casona de Valparaíso, no va a alcanzar a cubrir la deuda, por lo tanto, mi grupo de abogados tiene instrucciones que una vez que se remate, se condone el total de la deuda como una deferencia a usted.
- Supongo que tengo que estar agradecida por el detalle.
- A propósito de detalles, este documento lo tiene que firmar Gregorio y tú también.
Te incluí en el acuerdo por deferencia a ti.
[♪ música de tensión] - Señores, ¿me permiten un momento con el señor Bormann?
[♪ música de tensión] ¿Estás satisfecho?
Supongo que para un comerciante como tú, estos momentos son de gran felicidad.
- Tú lo quisiste así.
No me eches la culpa a mí.
Ahora, si me disculpas, tengo cosas importantes que hacer.
- Está bien.
Supongo que así tiene que ser.
[♪ música de tensión] Recuperaste tu dinero, Cornellius, pero a mí me perdiste para siempre.
Farewell.
[♪ música de tensión] - Comisionado, esta carta es para usted.
- Tome.
Es una carta de confesión.
"Comisionado Sanfuentes, cuando esté leyendo esta carta, yo estaré lejos de este mundo, en un lugar mejor, sin penas y sin dolores.
Espero que pueda aclarar el caso con mi confesión para que no siga muriendo gente inocente, últimamente las cosas se pusieron muy oscuras y no puedo seguir ocultando mis acciones que dejaron muchas confusiones en el cuartel.
Quiero ser sincero antes de irme y confesar que yo fui el autor del asesinato a Joselito, para borrar las huellas.
Confieso también el homici... El homicidio del detective Patricio Heim.
Yo no quería hacerlo.
Heim era un buen cabro, pero descubrió que yo estaba encubriendo al asesino de Anselmo Brito y no me quedó otra.
Pensé que podría vivir con eso, pero no se puede, veo el rostro de Heim por todos lados, ya no aguanto más.
Jaime Cornejo Zúñiga, detective de la Policía Nacional, Valparaíso, mayo de 1937".
[♪ música de tensión] Cárdenas, vaya a buscar al juez para que podamos retirar el cuerpo.
- Sí, comisionado.
[♪ música de tensión] [aves trinan] [puerta se abre] - Permiso, ¿se puede?
- Sí, entra.
Perdóname, no te enojes conmigo, es que ayer fui tan pesada, tan desagradable.
- No estoy enojado, estoy preocupado.
¿Te sientes mejor?
- Sí, mejor, ¿quieres un té?
- Ya.
Déjame decirte que tu presentación de anoche estuvo magnífica, muy emocionante.
- Gracias.
- Sí.
- Siempre eres tan cariñoso conmigo.
- No, sí es la verdad.
Gracias.
Margot.
- ¿Mmm?
- Tú sabes que puedes confiar en mí, ¿verdad?
O sea, yo te he contado mis secretos más íntimos.
Porque a ti algo te pasa.
- Mmm.
Sí, bueno, pero no sé si vale la pena hablarlo.
- ¿Por qué no?
- Porque no.
No tiene sentido.
- ¿Por qué?
¿Por qué no me lo cuentas ahora?
Estamos aquí los dos tranquilos.
- Nada, es el tiempo, Gregorio, el tiempo que llevo arriba de los escenarios y, a veces, sencillamente uno no tiene el ánimo ni la energía de pararse arriba de un escenario y reírse y bailar y cantar y bueno, eso, pero el show debe continuar, es mi oficio y eso es.
- Lo entiendo, el problema es que tú pones el alma en el escenario todo tu corazón y se nota.
- Yo soy solo una cantante que lleva demasiado tiempo cantando en cabaret.
- ¿Y por qué no lo dejas?
¿Por qué no dejas ese lugar?
- No... - Y cualquier otro, yo me encargo de ti.
- No, no... - Yo te cuido, deja, deja.
No, Gregorio, si dejar, dejar la música no es un camino para mí, yo amo lo que hago, pero ¿sabes cuál es mi sueño?
- ¿Cuál?
- Dejar la noche, el traqueteo, la noche, no me gusta, me gustaría cantar en teatros, en una radio.
- ¿Pero por qué no lo haces?
No entiendo, si tienes todo el talento para hacer eso.
- Mi amor, porque una cosa así, imagínate levantar una carrera como esa, es carísimo, no se puede, o sea, hay que contratar un productor, músicos, un teatro, es un horror de plata, no se puede.
- ¿Y por qué no dejas que yo te ayude?
Que te ayude a cumplir tu sueño, te lo digo en serio.
¿Mmm?
¿Qué?
- ¿Por qué eres así?
- ¿Así cómo?
- ¿Tan bueno conmigo?
- Porque te quiero.
- Yo no me lo merezco.
Y yo también te quiero.
Mucho.
[♪ música emotiva] [puerta se abre] - Darling.
Mmm.
Qué sorpresa tenerte aquí.
- ¿Cómo está?
- Bien.
¿Y esa carita?
¿Pasó algo?
- Tuve un mal día en el cuartel.
Eso.
Varios días, en realidad.
- ¿Algo de lo que preocuparse?
- Encontramos a otro policía muerto.
Se suicidó.
- Ay, Dios Santo.
- Dos policías muertos, homicidios sin resolver, robos en los muelles.
Mi gestión ha sido un fracaso, mamá.
- No.
No digas eso.
Por ese lugar no ha pasado un hombre más honesto e inteligente que tú.
- No, no, eso no es verdad, mamá.
- Por supuesto que sí.
- No, si fuera así, no tendría los resultados que estoy teniendo.
- Gaspar, ¿puedo ser franca contigo?
- ¿Cuando no lo has sido?
- Eres demasiado bueno para ese lugar.
- No, mamá, pare con eso, por favor, suficiente, en serio.
De verdad.
- Gaspar Eduardo, te crie para ser un lord, no para ser un jefe de la policía.
Cuando llegaste de Londres con esa idea loca de querer ser el jefe de la policía de Valparaíso, no me gustó la idea, pero te apoyé porque soy tu madre, ¿mmm?
pero tenía ganas de gritarte a la cara: "No, Gaspar, no lo hagas, eso no va a resultar", pero uno como madre aprende que tiene que dejar que sus hijos se equivoquen para así aprender de sus errores, pero no es un lugar para ti.
- Mamá, yo tengo que resolver esos casos antes de irme.
- Gaspar, siempre van a haber casos por resolver, este es un puerto, y eso va a ser que te vayas enredando y enredando y te vayas quedando en este puerto que es una cárcel, tú tienes que preocuparte de lo que te importa ahora y eso es tu relación con Eloísa.
Sí.
Eloísa y Gaspar, siempre va a haber un Gregorio o una Josefina o alguien que quiera separarlos, ándate, ándate a Londres, yo no quiero que estés lejos de mí, pero te quiero seguro y feliz.
Ándate, ándate ya.
- No se imagina cuánto la voy a echar de menos.
- Más te vale.
No sé si sabes que el director del Registro Civil es el hermano de mi amiga Toto Domínguez.
[♪ música emotiva] ¡Ay!
- ¿En qué está pensando, mamá?
[♪ música emotiva] [crepitar] - Gatito, ¿tení un pucho?
Se me quedaron los míos adentro.
Gracias.
- Todavía tengo la caña mala.
- No es para menos, te tomaste hasta las molestias anoche.
Oye, ¿te puedo hacer una pregunta?
¿Qué onda con el Pedro?
Hacen vida juntos, después se pelean, a ti te dan los monos.
Dejai la embarrada, así las cosas no funcionan con un hombre... - Ah, ¿y cómo es que funcionan entonces?
- No podí ser tan polvorita, po, Gatito, al hombre no le gustan las mujeres tan bravas.
Y además, siempre lo estai atrincando.
- Bueno, ¿y qué hueva querís que haga?
¿Que vea cómo, cómo le va a hacer ojitos a la muñeca?
Que le lleva flores a la doctora y yo me quedo ahí aplaudiendo con las huevonas.
- Nadie está diciendo eso, pero si seguís así, lo único que vai a conseguir es que tu hombre salga arrancando.
Yo no debería decirte estas cosas porque hartas ganas que le tengo al Pedrito.
- Oh, la Patricia.
- Pero tú me caías bien.
¿Querí aprender?
Yo te voy a enseñar cómo tratar al Pedro Ramírez, cabra huevona.
- ¿Quieres tomar algo?
- No, no, gracias, estoy bien.
Pero ¿cómo?
¿No te vas a sentar acá conmigo?
- Estoy bien aquí, gracias.
Quería aprovechar de contarte que ya hablé con Pedro Ramírez y creo haberle dejado bastante claro que no corresponde que me envíe flores ni ningún tipo de regalo, espero que con eso te quedes más tranquilo.
- La verdad es que no me importa.
- ¿Cómo que no te importa?
Ayer me hiciste un escándalo por esas flores, y ahora me lo dices... - No, a ver, Eloísa, no creo que te haya hecho un escándalo, pero en fin, eso no es lo importante.
Lo importante es lo que va a pasar pasado mañana a las 11.
- ¿Qué va a pasar pasado mañana a las 11?
- Conseguí una hora en el Registro civil, nos casamos, mi amor, por fin nos casamos.
[♪ música de tensión] - Permiso.
Llego esto de parte del señor Bormann.
- [Cornellius] Aquí van los documentos, tu deuda conmigo ya no existe, ahora veremos si en verdad solo se trataba de eso, si no es así, llámame y paso por ti, es nuestra última oportunidad.
- Lo conseguí.
Ester, lo conseguí.
Recuperé esta casa y lo poco que nos queda.
Así es que ahora Gaspar va a tener herencia.
- Ah.
Ay, me alegro tanto, me alegro tanto, señora, sobre todo por Gaspar y porque usted ahora va a poder dejar de ver a ese hombre aborrecible.
[♪ música de tensión] - ¿Se puede saber dónde me llevas?
- Ah, no, no arruines la sorpresa.
Lo único que te puedo decir que es mejor que el avión.
[♪ música romántica] - Si no hubiese sido por ese contacto, nos habríamos demorado por lo menos un mes en conseguir hora, y si tú me conoces, me siento un poco culpable por, no sé, haberme saltado la fila, pero bueno, uno no se casa todos los días, ¿no?
Y menos con una mujer tan hermosa como tú.
Oye, tranquila.
Yo sé que está presente el tema de tu trabajo, lo sé, y por lo mismo volví a hablar con mi primo, y adivina lo que me dijo.
Que el tiempo para convalidar tu título se reduce a la mitad al casarte conmigo y tener la nacionalidad británica.
Y un año pasa volando, mi amor.
Eso sí, tenemos algo urgente que resolver y es el tema de los testigos, ¿mmm?
Tenemos que llevar a dos personas, yo le voy a pedir al Tito Urmeneta, que es un compañero del colegio, y tú tendrías que llevar a alguien más.
- Ah.
- ¿Se te ocurre alguien?
- Eh.
Podría ser la Tere, que es una amiga de la universidad.
- Ya.
- Pero no sé, trabaja en el Barros Luco y no sé si pueda, qué lío.
- ¿Y no puede ser otra amiga que viva acá?
Ya sé, ya sé, se lo podemos pedir a la hermana Helena, yo no creo que ella tenga problema, ¿no?
- Eh... Sí, pero, Gaspar, no es llegar y decirle a alguien: "Me caso pasado mañana, ¿quieres ser mi testigo?".
No sé, déjame, déjame pensarlo.
- Eloísa, ¿qué pasa?
No sé, no pareces contenta con todo esto.
¿Estás dudando casarte conmigo?
[♪ música de tensión] - Ya.
Por fin solos.
- ¿Se puede saber por qué me trajiste a la punta de un cerro pelado?
- ¿Cómo pelado?
- No hay nada, salvo una vista maravillosa.
- Bueno, sí.
- No hay nada, es un poco espeluznante.
- ¿Pero cómo no te das cuenta que estás sentada sobre la suite presidencial de uno de los hoteles más importantes y glamorosos de Valparaíso?
Solo que todavía no lo empiezo a construir.
- ¿Me trajiste a un hotel que solo está en tu imaginación?
- Mmm... - O sea, todo el riesgo que yo corrí es para tener un amante que es poeta.
- Mmm, no está en mi imaginación solamente, no, ese proyecto está en marcha.
Tengo este sitio maravilloso, con una vista espectacular, y el diseño y los planos los está haciendo Albert Speer.
- No tengo idea de quién me estás hablando.
- Ah, pero qué provinciana, por favor, Albert Speer, arquitecto personal de Adolf Hitler.
- Ah.
¿El canciller?
- Sí.
- Ese hombrecillo tan vulgar.
- Sí, un poquito.
- Me aburre profundamente tu conversación y tu suite.
No es muy cómoda.
- Pero tiene servicio a la habitación, ¿sabías tú?
- ¿Ah, sí?
- Tengo un teléfono en cada una de las habitaciones, mira, aquí lo tengo.
¿Aló?
Sí, Cornellius Bormann.
El dueño del hotel, sí.
Necesito que me traiga aquí a la habitación una botella de champaña.
¿Ya está aquí?
No, no le puedo, ya está aquí, mira.
Ya, muchísimas gracias, son muy rápidos, son chinos.
Una champañita francesa, diez años, ya está.
¡Qué maravilla!
Esto es maravilloso, vamos a probar, venga, le pegamos aquí, en el poto.
Y sale.
[habla en francés] - Tu francés es pésimo.
- Pésimo, sí.
- ¿Dónde están las copas?
- No pedí, porque quiero ver si Antonia Williams es capaz de tomar directo del gollete de la botella.
[♪ música emotiva] [♪ música de tensión]
Support for PBS provided by:
Hijos Del Desierto (Sons of the Desert) is presented by your local public television station.
Distributed nationally by American Public Television















