
Episode 33
Episode 133 | 45m 17sVideo has Closed Captions
Ramírez tells Eloísa he's glad she didn't marry Gaspar. Antonia sees her secret in danger.
Neftalí wanders through the port city at night, filled with shame over what happened with Eloísa, until Ramírez finds him and takes him home. There, he talks with Eloísa and tells her he's glad she didn't marry Gaspar. Meanwhile, since Gaspar won't be leaving Chile, Antonia sees her secret in danger, so she and Inés devise a plan that could divert attention from the truth.
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
Hijos Del Desierto (Sons of the Desert) is presented by your local public television station.
Distributed nationally by American Public Television

Episode 33
Episode 133 | 45m 17sVideo has Closed Captions
Neftalí wanders through the port city at night, filled with shame over what happened with Eloísa, until Ramírez finds him and takes him home. There, he talks with Eloísa and tells her he's glad she didn't marry Gaspar. Meanwhile, since Gaspar won't be leaving Chile, Antonia sees her secret in danger, so she and Inés devise a plan that could divert attention from the truth.
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
How to Watch Hijos Del Desierto (Sons of the Desert)
Hijos Del Desierto (Sons of the Desert) is available to stream on pbs.org and the free PBS App, available on iPhone, Apple TV, Android TV, Android smartphones, Amazon Fire TV, Amazon Fire Tablet, Roku, Samsung Smart TV, and Vizio.
[♪ música de tensión] - ¡Alto!
¡No se muevan!
[♪ música de tensión] - Pero, don Neftalí, ¿qué estás haciendo?
- ¿Qué te importa?
Déjame en paz.
Ni se te ocurra ir donde la Eloísa.
No quiero saber nada de ella.
No quiero verla.
- ¡Eloísa!
¡Eloísa, mi niña!
- ¿Qué pasó, Olegario?
- Es su papá, mi niña.
- ¿Qué tiene?
- Se cayó al frasco de nuevo y no me hace ningún caso.
- ¡Papá!
¿Dónde está?
- Lo voy a ver a la cocina.
[♪ música de suspenso] - No está por ninguna parte.
- ¿Tienes idea de dónde puede haber ido?
[sollozo] - Pato, amiga.
Pato, mira.
- Gracias, Gatito.
- Ya, guachita.
- ¿Sabes qué vamos a hacer para celebrar?
Te voy a invitar al cine.
Hay una película mexicana que están dando que se llama "Allá en el Rancho Grande".
Eso vamos a hacer, ¿te parece?
- Eso.
- Oye, que me... ¿no?
Parece que me voy a pedir que me secuestren más seguido.
- No, no es eso.
- Ay, no.
- Aquí está tu plata, Pati.
Muchas gracias.
- Acá, Pedro.
Vai a tener que cortar tu trato con los alemanes porque la cosa se está poniendo negra.
Y la próxima vez alguien va a terminar muerto.
- A ver, parece que a ustedes se les olvidó que nosotros somos una banda de ladrones.
Somos contrabandistas.
Es un trabajo peligroso donde alguien siempre se puede morir.
No somos ni contadores ni boticarios.
Nada más entiendan que ahora estamos ganando más plata que nunca.
Por fin vamos a poder tener una vida mejor.
- ¿Entonces a ti te da lo mismo que a la Patricia casi la hayan matado?
- Por supuesto que no me da lo mismo.
- ¿Ah, no te da lo mismo?
- No me da lo mismo.
Además tiene 500 pesos en su bolsillo que antes no tenía.
Y ahora tiene 500 más.
Tiene 1000 pesos.
Además la Pati está viva porque yo la traje de vuelta mientras vos andáis preocupada de pura huevada.
¿Y sabéi qué más?
Vos y el Negro me tienen hasta la tusa.
Así trabajamos y así va a seguir siendo.
Y al que no le gusta se puede ir a morir de hambre con el otro... del Negro.
- Andáis pura cambiando el revés, Gato.
[♪ música de tensión] - Ah, pero, hombre.
De vuelta.
- Una vez más.
Ay, ay, ay.
- Las cartas, las cartas.
- Aquí están.
- Una caña de aguardiente, la más fuerte que tenga.
- Claro.
Aquí tiene.
- De tres huacos, lo más fuerte que hay.
- Será entonces.
- ¿Va o no va ahora, Carlitos?
- No lo quiero dejar en pelotas de nuevo.
- Mire lo que da.
- Está faroleando el hombre.
- ¿Cómo dices?
- Está mintiendo, si se nota al tiro cuando están faroleando.
- Hey, hey, hey.
- Ya está faroleando de nuevo.
Deje de farolear.
[risas] - Reparte el marino entonces.
- Muy bien, pues.
- Oiga, amigo.
La mesa está abierta por si se quiere sumar.
- ¿Y con cuánto hay que echar?
- 50 pesitos nomás.
Después vamos subiendo si se entusiasma.
[inaudible] - Eso es, gancho.
Así me gusta verlo, total... Donde caben cuatro, caben cinco, pues.
- Eso.
[risas] Ahí vamos entonces.
- Y lo damos, amigazo.
- Pero no se demore tanto.
- Es un buen día.
- Eso es, vamos nomás.
- Venga, venga.
- Esta ya la sé.
[periodista] El intendente señaló que el proceso de búsqueda del nuevo gobernador del departamento de Valparaíso consideró a los mejores hombres disponibles.
Todos con una gran trayectoria pública y sobrados méritos morales.
Finalmente, señaló el intendente, la balanza terminó inclinándose en favor de Hipólito Cárdenas... [hombre] ¡Ese es nuestro comisario, carajo!
- ¡Felicidades, comisario!
- Gracias.
Gracias, muchachos, muchas gracias.
Gracias.
Este, este reconocimiento no es solo para mí, sino que también es para este cuartel, ¿no?
Para este cuartel que siempre ha estado presente con su puesto y que no se les olvide que yo jamás, jamás me voy a olvidar de ustedes, mientras sea, gobernador, jamás.
- Gobernador, gobernador, teléfono.
- Bueno, bueno, a seguir trabajando, muchachos, ah.
Hay que seguir trabajando.
Gracias, gracias.
Comisario Cárdenas, al habla.
- No, no es necesario que diga comisario.
Ya puede decir oficialmente, gobernador Cárdenas.
- ¿Cómo está, amigo mío?
- ¿Ve?
Cumplí mi palabra.
Bueno, pero yo... yo jamás dudé de usted, pues.
¿Ah?
Yo siempre supe que usted era un caballero honorable.
- Bueno, yo también espero que el nuevo gobernador de Valparaíso sea un caballero honorable y cumpla conmigo.
- Pero no tenga ninguna duda, ah.
Por supuesto que sí, pues.
Oiga, hay una... Hay una cosita que yo tengo que hablar con usted.
Fíjese que antes anduvo por aquí el detective Olivares, ese perro que contrató el guacho Ramírez.
Y bueno... estuvo haciendo varias preguntas, pos.
Y está bien cerca, está bastante cerca de descubrirlo todo.
- Concha de su madre.
Viste, amigazo, va a perder otra vez, ¿eh?
- Bájese con confianza, nomás.
Vamos, vamos.
[risas] - Vamos nomás.
- Venga, Carlitos.
- Vamos.
- Romualdo, ¿cuánto rato lleva jugando el hombre?
- Hace rato ya.
Lo único que le falta es que apueste los zapatos, nomás.
- Póngale, póngale, póngale.
- Para eso tengo plata.
Tengo el café y me saco la cresta trabajando.
Vamos, vamos.
- Así se habla, amigo.
Así se habla.
- Ya, señores, se acabó el juego.
¿Qué pasa, Pedrito?
¿Estamos en la mitad de una mesa?
- Se acabó el juego, dije.
- ¿Quién soi vos para decirme lo que tengo que hacer?
¿Ah?
- ¿Qué pensaría su hija si lo viera así, don Neftalí?
- ¿Qué sabís vos de mi hija?
¿Ah?
- Sé que usted dejó de tomar y se sacó la cresta trabajando para poder pagarle los estudios.
No la cargue ahora.
Dejé que lo acompañe a su casa.
[conversaciones indistintas] - Peineta, voy a dejarlo en la casa.
- Permiso.
Don Gaspar salió a dar un paseo en el auto.
Necesitaba despejarse un poco.
Permiso.
- No, Ester, Ester, quédate.
Quédate porque a ti también te incumbe esto.
Gregorio, entonces, explica bien.
¿Qué es eso de que el detective de Ramírez está muy cerca?
- Bueno, ya descubrió que el hombre que me reconoció en la gala está escondido en Chillán.
Es cosa de tiempo para que lo encuentre.
Cuando eso suceda, basta con que vea una foto mía para que me reconozca.
- ¿Y por qué ese hombre no está muerto?
- Ay, Antonia.
Antonia, por favor, no podemos andar por la vía matando gente.
Ya tengo demasiada sangre en mis manos.
- Entonces, ¿qué hacemos para proteger a mi hijo?
¿Qué hacemos para que Ramírez no encuentre a Gaspar?
- Bueno, Cárdenas ya es gobernador.
Eso ya es algo y podemos confiar.
- ¡Estamos en manos de puros rotos!
¿En qué momento pasó eso?
Cárdenas, Ramírez, el detective ese, la policía, que no deja que mi hijo salga del país.
Tu sobrina que se dio el lujo de rechazar a Gaspar.
¿En qué momento este país se fue a la...?
La única solución... es eliminar a Ramírez.
- Ya, ya, Antonia, déjate de hablar estupideces.
Entiende, por favor, entiende.
Ramírez está bajo la protección de Braun.
- ¿Qué me importa a mí ese nazi de...?
Estamos en manos de fanáticos.
¿Desde cuándo?
¿Por qué?
Este puerto siempre le ha pertenecido a los ingleses.
Valparaíso es de los ingleses.
Hay que eliminar a Ramírez.
Y si tú no te pones los pantalones y lo haces, Gregorio Sanfuentes, lo voy a tener que hacer yo.
- No, te prohíbo que hagas una estupidez.
- Tú a mí no me prohíbes nada, capitán.
Sí, sí, te prohíbo.
¿Por qué?
¿Qué es lo que pretendes hacer?
A ver, ¿qué pretendes hacer?
¿Cómo?
- Señor, señora.
Si Ramírez insiste en buscar a su hermano, lo tiene que encontrar.
- ¿Cómo?
¿De qué estás hablando?
Si quiere un hermano... hay que darle uno.
- Quiero disculparme si fui grosero en la cantina.
- No se preocupe.
Ahora, ¿usted no tendría por qué haber hecho toda esta situación que está haciendo?
- No, pero si a mí no me incomoda.
No se preocupe.
Quédese aquí en el auto.
Quédese aquí en el auto.
- No, no, no.
- Voy y vuelvo.
- No, si yo... No sea porfiado, hombre.
Ya le dije que se quedara acá.
- No, pero aquí, señor.
- Venga, venga, venga.
- Soy un hombre grande ya.
- Sé, que un hombre grande.
- Hasta luego, buenas noches.
Buenas noches.
De-de-déjeme hasta aquí nomás.
- En su casa.
- Si yo entro solito.
- No, no, espérame, espérame.
- ¿Pero cómo lo voy a estar esperando?
- Escúcheme, escúcheme.
Cálmese, cálmese.
Estamos en su casa.
- ¿Sí?
- Lo va a ver su hija así.
Cálmese.
- Listo me está amenazando.
- No, quédese ahí - Me está amenazando, ¿eso es?
- No lo estoy amenazando.
- Yo, yo, yo... [Eloísa] ¡Ya voy!
Le falté el respeto.
Le pedí disculpas.
- No me faltó el respeto.
- Pero no me falte el respeto.
Ahí está, mi hija.
- Papá, por Dios.
Se va a enojar.
Se enojó, ¿eh?
- Papá, ¿está bien?
- Sí, borracho nomás.
Lo encontré en la cantina.
- No, no estoy borracho.
- Estamos hablando de usted.
- No, no estoy borracho.
- Vamos, papá.
- Ya, ya, sí, ya.
Ay.
- Por Dios, papá.
¡Aquí!
Ya, déjenme solo.
- Yo lo llevo.
Gracias, Pedro.
- No, no, no.
- No, déjeme.
- Yo lo llevo.
Yo lo acompaño.
- No, déjeme.
- No me cuesta nada.
Vamos, vamos, vamos.
- Déjenme.
Yo lo acompaño.
Si no me cuesta nada.
Si ya estamos acá.
- Le dije, es mi hija.
- Sí sé que es su hija.
- Mi hija.
Mi hija que no me hace caso.
- Vamos, vamos.
- Lleva su idea.
- Vamos.
- Todas las mujeres... - Ah... Ester, querida.
¿Por qué no nos explicas un poco mejor?
- Bueno, Ramírez no va a dejar nunca de buscar a su hermano.
Menos ahora que tiene plata para hacerlo.
Incluso se puede dar... - Ya, al grano, mujer.
- Bueno... hay que encontrarle a su hermano perdido.
- ¿Qué te tomaste, mujer, por Dios?
- O sea... hay mucha gente que puede hacer este trabajo por un poco de plata.
- Ay, no, por favor.
O sea, tu idea es descabellada, por decirlo así.
- Gregorio.
Gregorio, por favor.
Ester, ¿tú piensas que Pedro Ramírez se tragaría algo así?
- Me imagino que sí.
Gasparcito llegó acá a los cuatro años.
Él debe haber sido un poco mayor, pero sus recuerdos deben ser de un niño.
De hecho, está que se han visto varias veces y no se han reconocido, han pasado 30 años.
- Sí, pero... ese tipo tendría que fingir por el resto de su vida.
- No, no necesariamente.
Una vez que se conozcan y que estén un tiempo juntos, esta persona puede desaparecer, viajar.
Lo importante es que Ramírez crea haber encontrado a su hermano y deje de buscarlo.
- Antonia... ¿de verdad lo estás considerando?
O sea, ¿tú crees que uno puede ir a...?
- Gregorio, Gregorio, por favor.
Si tú no eres capaz de ponerte los pantalones, le vamos a dar una oportunidad a la idea de Ester.
- Dios santo, no lo puedo creer.
- Y el único roto... capaz de conocer a un delincuente que nos pueda hacer este trabajo es Cárdenas.
Así que lo vas a llamar y nos vamos a juntar con él.
- Mil disculpas, Pedro.
Lamento mucho que haya tenido que pasar por todo esto.
- No se preocupe, doctora.
¿Cómo quedó su papá?
- Durmiendo.
¿Y cómo, cómo fue que lo encontró?
- Bueno, estaba... su papá estaba en mi boliche empinándose un... Y... - ¿Y qué más?
- Estaba jugando a las cartas.
Pero no se preocupe, yo paré el juego antes de que siguiera perdiendo plata.
Disculpe, doctora, pero... Cuando venía para acá en el auto con su papá, sin querer escuché que... Bueno, que él estaba balbuceando, que usted... - ¿Qué?
- Que usted ya no se iba a casar, que... Que se cancelaba su matrimonio.
[♪ música de tensión] - ¿Le pasó algo?
¿Ese pije se portó mal?
- No.
No, no, no tiene nada que ver con eso.
Gaspar es un caballero.
- Ah.
Bueno... [Carraspeo] La dejo entonces.
- Lo acompaño a la puerta.
- Bueno.
Bueno, doctora... Buenas noches.
- Buenas noches.
¿Pedro?
Eh... Muchas gracias por haber traído a mi papá.
No sé qué hubiese sido de él si... si usted no aparece.
- De nada, no, nada que agradecer.
Bueno, me imagino que está muy triste por... por no haberse podido casar, ¿no?
Me imagino que eso también significa que... Que usted no se va a ir.
- No.
No, no, no me voy a ir.
- Va a haber mucha gente contenta con esta noticia.
Partiendo por sus pacientes, los niños... Bueno, yo también.
Déjeme decirle que era bien triste... Pensar en estas calles sin usted.
Muy triste.
- Mira, Pati.
Aquí está la película que te decía.
"Allá en el Rancho Grande".
- ¿Y?
- ¿Cómo que y?
¿La vamos a ir a ver o no?
- Ay, no sé.
Como que tú eris muy cabro chico pa entrar contigo.
Aparte, ¿qué va a decir la gente después?
- ¿Y qué importa lo que diga la gente?
Además, yo ya no soy ningún cabro chico.
Ahora soy un hombre.
Mírame.
Hecho y derecho.
- ¡Eso!
- ¿Sí o no?
Que vaya al cine conmigo, dígale.
- ¡Piénselo, piénselo!
- Piénselo, Pati.
[Pati] No sé.
- Se está perdiendo un buen partido.
Miren.
- ¿Dónde está el Pedro?
- Salió hace un rato.
- ¿Y a dónde fue?
- Fue a dejar al veterano ese, al que estaba jugando cartas ahí, pos.
- ¿A cuál veterano que estaba jugando cartas?
- Al Neftalí.
El papá de la doctorcita.
Estaba medio guasqueado el hombre y empezó a jugar cartas con el Carlitos.
Lo dejaron en pelotas.
Igual el Pedro paró la mano para que no le siguieran sacando plata al pobre hombre.
- Claro.
- Y ahí se lo dio.
- Pobre hombre.
¿No pierde oportunidad el Pedro pa ver a la doctorcita, ah?
- A ver, Gatito.
¿Qué conversamos el otro día?
- ¿Qué importa que la vaya a ver?
Se recuerda que la doctorcita se va pa la Europa.
Oye, Gato, mira.
Escúchame.
Mira, mira.
Sí ya ganaste, ya.
No te hagái mala sangre, [inaudible] - Oye, tranquilízate.
Escucha a la Pati.
¿Estamos?
Pata, dame un cortito.
- Ya, Pati, ¿qué?
¿Cuándo paso por ti, ah?
- Venía a hablar contigo para tratar de entenderte.
Para ver si es que podíamos arreglar las cosas y te encuentro acá con este atorrante.
- Tranquilo, Sanfuentes.
- ¿Por qué me mentiste?
- No, Gaspar.
¿Por qué no me dijiste la verdad que no cancelaste nuestro matrimonio por tu trabajo, por tus pacientes?
¿Por qué no me dijiste que lo hiciste por este imbécil?
- Gaspar, no es lo que estás pensando.
Pedro vino a dejar a mi papá porque lo encontró borracho.
- Bravo, bravo.
Qué caballero, huevón.
Qué caballero Pedro Ramírez, huevón.
¿Revisaste si tu papá tenía su billetera, o no?
No me extrañaría que este delincuente se le haya robado.
Anda a revisar.
- Deja de hacer el ridículo, hombre.
Uno en la vida tiene que saber cuándo perder y... - No me vas a decir lo que tengo que hacer... Hasta que lo conseguiste, huevón.
- ¿Era necesario venir hasta acá para encontrarse con el roto de Cárdenas?
- ¿Cómo le ibas a explicar la presencia de este caballero a Gaspar?
- Tiene toda la razón el caballero.
- Buenas noches, don Gregorio.
Buenas noches, mi dama.
- Buenas noches.
- Buenas noches, señora Antonia.
- ¿Qué hubo?
- Yo quería agradecerle, señora Antonia, por su apoyo a la familia Sanfuentes Williams, por su apoyo a mi nombramiento como gobernador, pues.
¿Ah?
- Felicidades, gobernador.
Espero que en el futuro no se olvide de nosotros.
- No, por supuesto que no.
Claro que no.
Yo soy un roto agradecido.
Y con memoria.
Si no, pregúntele a su marido, ah.
- Cárdenas, las señoras tienen una idea muy particular que contarle.
- Pero, por favor, un honor para mí.
Para eso estamos acá.
Las escucho, mis damas.
- Ester.
- Necesitamos que nos ayude a encontrar un hombre que se haga pasar por Manuel.
El hermano de Pedro Ramírez.
[♪ música de suspenso] - Basta, déjalo, Gaspar.
- Cada vez que me descuidaba un poco ahí estabas... - Gaspar, déjalo.
Dándote las de Robin Hood.
Metiéndole cosas en la cabeza a Eloísa.
- No le he dicho nada.
No le he metido nada en la cabeza.
Ella es una mujer inteligente.
Sabe tomar sus decisiones.
Quizás por eso te dejaron, huevón.
Nunca te diste cuenta de eso.
- Basta, basta.
Basta de hacer este cándalo frente a mi casa.
Gaspar.
Por favor, entiende.
Pedro solamente trajo a mi papá porque estaba borracho.
- No me sigas tratando como si fuese un idiota, por favor.
¡Para!
- Váyase, Pedro.
- Eloísa, no te... - Váyase, váyase, Pedro.
- No el que se va de acá soy yo.
No tengo nada más que hacer.
- Gaspar, por favor, ¿podemos conversar un minuto?
- No quiero volver a hablar contigo.
Haz lo que quieras con tu vida... - Gaspar.
- pero a mí no me busques más.
[♪ música triste] [sollozo] - Lo siento, Eloísa.
No fue mi intención.
- Está bien.
Está bien.
Solo quiero preguntarle si... - No, no.
Ya basta por hoy.
Necesito, necesito descansar.
Por favor.
Gracias, pero se puede ir.
- Buenas noches entonces.
Descanse.
[llanto] - Bueno, no sería necesario que estuviera eternamente cerca de Ramírez.
Puede irse en algún momento o desaparecer.
La idea es que él sepa que tiene un hermano y que deje de buscarlo.
- Ah.
- Claro.
Por eso nosotros pensamos en que usted, como tiene tantos contactos con la policía, podría encontrar a ese hombre fácilmente.
- Ah.
- Ya, Cárdenas.
¿Por qué no les dice de una vez por todas que es una locura?
- No, fíjese que es buena la idea, ah.
Es buena.
La dama aquí tiene razón.
Hay gente que hace cualquier cosa por plata.
Lo que nosotros tendríamos que hacer es reclutar a un cuentero, ¿ah?
Uno de estos tipos que son, que son ascurridos, que son vivos pa la mentira.
Son profesionales de la mentira.
Son capaces de mentirle hasta a la mamá con tal de conseguir plata.
Pero tendríamos que ir a Santiago porque me tinca que el Pedro Ramírez los conoce a todos por acá.
- Eso es lo que nosotros habíamos pensado.
- Claro.
Y tendríamos que hacer otras cositas también.
Como por ejemplo el detective que contrató Ramírez, el Olivares.
A ese tendríamos que atraerlo a nuestro lado.
Pero no creo que eso sea un problema.
Porque con platita baila el monito, pos.
- O sea, ¿usted cree que es posible?
- Casi, mi dama.
Casi.
Ahora, la idea es buena.
Es buena.
Pero tenemos un problema.
Porque la noche de la gala, el Anselmo Brito reconoció al oficial que se robó al niño y que lo mató.
Entonces, supongamos que un día aparece el hermanito del Pedro Ramírez por ahí, ¿ah?
El tipo que, que, que lo robó en el norte.
El cabro chico tendría que indicarlo y decirle: "¿Usted me robó?
¿Usted me trajo aquí a Valparaíso?".
- Ya, a ver, ¿qué es lo que quiere decir, Cárdenas?
No lo entiendo.
- Que mientras no consigamos un oficial a quien podamos echarle la culpa del robo del niño, de la muerte del Anselmo Brito, el plan no funciona, pues.
Ahora, mi dama, que la idea era buena, era buena.
Pero quedamos medios cojos.
¿Me entiende usted?
Por eso, desde que el mundo es mundo, hay ciertos trabajos que son pa los hombres y otros para las mujeres.
- Ya, muchas gracias por su tiempo, comisario.
Disculpe, gobernador.
- No, por favor, amigo mío.
Un honor, pues, ah.
Oiga, y una cosita, aprovechando que ya estamos aquí.
Permiso, mi dama.
Ya estamos aquí, ¿sabe qué?
Yo siempre a usted lo veo bien, bien, bien vestido, bien distinguido, con corbatita, trajecito, todas las cositas.
¿Usted no tendría un datito de sastre?
- Sí, sí, tengo el sastre que me ha atendido toda la vida.
Voy a buscar la tarjeta y se la voy a hacer llegar.
- Macanudo, pues.
Macanudo, macanudo.
Muchas gracias, don Gregorio.
Bueno, buenas noches, señora Antonia.
Buenas noches, mi dama.
- Buenas noches.
- Permiso.
- Qué hombrecito más desagradable.
Ni aunque no vista el sastre del duque de Windsor.
- Ya.
Espero que les haya quedado claro.
Ahora, súbanse al auto que las voy a pasar a dejar a la casa porque quiero aprovechar de ir a ver al comodoro Atkinson.
- Gregorio, por favor.
Podrías ser más creativo para inventar una excusa para salir de noche.
- Juega solito hoy día, Tarzán.
Déjame tranquila.
¿Qué querís?
¿Querís jugar con eso?
A ver, ¿esto es lo que querís?
Arriba.
Ven acá, mira, eso es, eso.
Arriba, arriba.
- ¿Estái malcriando ese perro ya?
- Bueno, yo malcrío el perro, tú malcría a los clientes, pues me dijeron que fuiste a dejar al Neftalí a la casa a domicilio.
- Bueno, sí, el hombre estaba borracho y se estaban aprovechando de él en el juego.
- ¿Y desde cuándo que te importan tanto los clientes borrachos?
- Bueno, me quedaba cerca, ¿qué tiene de malo que lo haya ido a dejar?
- ¿Y en qué momento vino a parar el viejo acá que yo no lo vi?
- Bueno, no sé, a lo mejor se sentía mal y se quería emborrachar, no sé.
- ¿Y por qué se sentía mal?
- Porque se canceló el matrimonio de la doctora.
- ¿Qué dijiste?
- Eso.
Que la doctora canceló el matrimonio con el pije Sanfuentes.
- ¿Y tú partiste corriendo a dejarle al papá a la doctora, ah?
Que eris buena persona, Pedro.
- Gato, yo no sabía que la doctora canceló el matrimonio, me acabo de enterar.
- ¿Y ella lo canceló más encima?
- Mira, me tenís cansado con tu tontera, no te tengo por qué dar explicaciones, voy a comer algo abajo.
- Tú no vas a ninguna parte, porque yo no voy a seguir haciendo el papel de tonta lesa aquí, ¿escuchaste?
Tú me vái a responder una cuestión, ¿soy o no soy tu mujer?
Contéstame, ¿soy o no soy tu mujer?
[♪ música de tensión] - Permiso, señora.
Le traje una leche caliente.
- Gracias, Ester, pero no creo que sirva de mucho.
- Señora, estuve pensando en lo que dijo Cárdenas.
- Ester, yo sé que tú quieres ayudar, pero la verdad es que yo en este momento también tengo que pensar, necesito estar sola.
- Lo que nos falta... es un oficial de la Marina que pudiera ser el asesino de Brito.
- No, Ester.
No hay caso, no insistas.
- Escúchame.
Tengo una idea que solo usted y yo podemos hacer, pero este secreto... lo tenemos que llevar a la tumba.
- Gato, estoy cansado.
No tengo ánimo de discutir y menos contigo.
- Yo tampoco quiero discutir.
Quiero que me respondái esa pregunta que no es tan difícil tampoco, ¿soy o no soy tu mujer?
- Mira, esto no está resultando.
Nosotros somos amigos.
Tú eres como mi hermana y siempre te voy a querer... pero no podemos seguir juntos.
No está resultando.
¿Por qué no volvemos a ser como éramos antes?
Amigo, yunta.
Tú me cubrís la espalda, yo cubro la tuya.
Estamos ganando plata, quizás, vamos a ganar más plata que nunca, ¿y lo vamos a echar a perder todo por esto?
- Pa sacarte las ganas, pa eso me usaste.
- No digái eso.
- Ah, ¿es mentira acaso?
¿Es mentira?
Dime si tú estái todo enrabiado porque la doctora se estaba revolcando con el futre ese y no encontraste nada mejor que sacarte las ganas conmigo.
¿Cierto?
Eso es, pero la próxima vez que te quierái desahogar, anda a buscarte una de las peucas esas que te mueven el culo porque yo no estoy pa eso, Pedro Ramírez.
¿Escuchaste?
- Gato, ¿a dónde vái?
¡Gato!
- Toma.
- Gracias, mi amor, qué rico.
- ¿Qué pasa?
¿Por qué estás tan callada?
- No, estaba pensando en tu hijo, pobrecito, debe tener el corazón roto.
- Pero es lo mejor para él.
- ¿Sí?
- Sí.
Ahora lo importante es que se vaya cuanto antes de Valparaíso.
- ¿Por qué lo dices?
- Para que Pedro Ramírez no pueda encontrarlo jamás, y además en Inglaterra va a tener un mejor futuro que acá, ¿no?
- ¿Tú crees que se dio cuenta de lo nuestro?
- Que no se te olvide que estudió en Scotland Yard.
[risa] - Es cierto.
Podría decírselo a tu mujer.
- No.
Él sabe perfectamente cuál es mi situación.
- Ah.
¿Y cuál es tu situación?
A ver.
- Que estoy completamente loco por ti.
- Me gusta esa situación.
[risa] Y me gusta oírte hablar así, me encanta.
Hablé con Tuco Aravena.
- ¿Y?
- Y me dijo que... eh... Es posible que Francisco Flores del Campo me componga dos canciones.
Imagínate.
- Francisco... - Francisco Flores del Campo, mi amor, es un compositor famosísimo que está radicado en Estados Unidos y que ha trabajado incluso con Gardel en la película, "El día que me quieras", imagínate.
♪ El día que me quieras La rosa que engalana... ♪♪ - Cantas muy bien.
- Ya, ¿y que hay que hacer para que este amigo de Gardel le escriba canciones a mi amor?
- Bueno, yo creo que hay que darle un adelanto y como te había comentado no es poca plata.
- ¿Cuánto?
- Cinco mil pesos.
- ¿Cinco mil pesos?
- Sí.
Sí, mucho.
No te preocupes, mi amor, no es necesario.
- Escúchame.
¿Tú sabes cuál es el problema?
- ¿Cuál?
- Que me tienes completamente embrujado.
- Cinco mil pesos.
Aquí está.
- Sí.
[periodista] Una lamentable tragedia aérea se registró el día de hoy en la zona austral de nuestro país,.
El Sikorsky Chiloé, avión anfibio de la FACH desapareció luego de zarpar a las 09:45 de la mañana desde Puerto Montt con rumbo a Magallanes.
Las autoridades marítimas en conjunto con la Armada Nacional, han comenzado con las labores de búsqueda de la aeronave con la esperanza de encontrar sobrevivientes.
Se registra que a bordo del Chiloé viajaban dos capitanes y cinco pasajeros, entre ellos una niña de tres años.
[♪ música de suspenso] - ¿A los mirones... ¿Qué pasa?
¿Nunca habíai visto a una persona tomando?
¡Habla!
¡Habla!
[♪ música suave] - ¿Estái bien?
- Un poco triste, Negrito.
Pero nada que la compañía de un hermano no pueda arreglar.
¿Me puedo quedar aquí esta noche?
- Pasa.
[♪ música suave] - Ester.
[balbuceo] - Shhh.
- Tranquilo, tranquilo.
[♪ música de tensión] [quejido] [♪ música de suspenso]
Support for PBS provided by:
Hijos Del Desierto (Sons of the Desert) is presented by your local public television station.
Distributed nationally by American Public Television















