
Episode 2
Episode 2 | 46m 5sVideo has Closed Captions
The hunt for his mother reveals the forger Itaca's mysterious connection to his past.
Unai reluctantly investigates murders linked to the Black Book. The hunt for his mother reveals the forger Itaca's mysterious connection to his past.
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Episode 2
Episode 2 | 46m 5sVideo has Closed Captions
Unai reluctantly investigates murders linked to the Black Book. The hunt for his mother reveals the forger Itaca's mysterious connection to his past.
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Learn Moreabout PBS online sponsorship[suena lluvia cayendo] [música de misterio] ♪ ♪ - [solloza, tiembla] ♪ ♪ - ¡Entra!
¡Entra!
[música de suspenso] ♪ ♪ - ¿Por qué me ha ayudado?
- Ven conmigo.
Ha llegado el momento de presentarte a los ancianos.
♪ ♪ [música de misterio] ♪ ♪ - Unai, no sabía que habías llegado.
Oye, no hemos podido rastrear el origen del enlace que te mandaron al móvil.
Han usado un número virtual y han borrado los metadatos.
Lo vamos a seguir intentando, pero la cosa no pinta bien.
- ¿Se sabe algo del paradero de la becaria?
- Nada.
Y también he hablado con los profesores y... los compañeros y todos dicen lo mismo: que no sabían nada y que les extraña.
- Ya, la típica buena chica vitoriana de clase media.
- Eso es.
- Además, ella no pudo matar a Sarah Jordan en Madrid.
- Ya, pero los inocentes no huyen de la policía.
- [suspira] [música inquietante] Está claro que quien mató a los dos libreros pertenece al mundo de la bibliofilia.
Los conocía personalmente.
Es en el entorno profesional donde lo vamos a encontrar.
Hay cierto sadismo, hay algo muy personal en destrozarles el rostro.
Pero o no es fuerte físicamente-- y ahí encaja Lorea-- o es cobarde y no quiso matar en un cuerpo a cuerpo.
Ni siquiera estar presente.
- Un bibliófilo sádico y cobarde.
De puta madre.
- Inspectora, Unai, ¿podemos hablar?
- Claro, venga por aquí.
¿Ha pasado algo?
- Pues sí.
Es sobre esa chica que se les ha escapado, la becaria.
Estaba revisando unos papeles de mi marido y encontré su finiquito.
Entonces recordé que él dijo que no le iba a renovar el contrato.
- ¿Sabes si se lo comunicó a ella?
- Y parece que no le sentó muy bien.
- A día de hoy, esa chica también es una víctima.
Resultó afectada por los gases.
- ¿Ah, sí?
Pues ha huido del hospital.
- Eh, gracias, ya lo investigaremos nosotros.
- Si necesita algo más, lo que sea, por favor, llámeme.
- Muy amable.
¿Y eso a qué ha venido?
[sirenas sonando] - Hola, Unai.
- Hola.
Necesito hablar contigo de algo importante.
Yo tampoco quiero volver a vivir el caos de los últimos años y de verdad que quería dejarlo atrás por nosotros y sobre todo por Deba, pero no puedo obviar esa llamada diciéndome que hay una mujer que es mi madre y que está viva y que si no consigo ese libro la van a matar.
Si hay una posibilidad de que eso sea cierto... [suspira] He aceptado ayudar a Esti en la investigación.
Di algo.
- Entiendo que quieras saber la verdad y encontrar a tu madre.
Y entiendo la urgencia.
Pero yo me voy a mantener al margen por Deba y por mí.
Mi prioridad es la seguridad de nuestra hija.
- Claro, por supuesto, la mía también.
- Y no solo eso.
[carraspea] Creo que lo mejor es que no vengas por aquí mientras dure la investigación.
[música sombría] ♪ ♪ - Si es lo que quieres.
- ¡No, no es lo que yo quiera!
¿Tú recuerdas lo que pasó con nuestra hija?
- No tengo que recordarlo.
Yo también lo tengo presente cada día.
Alba, ¿tú entiendes que yo tengo que hacer esto?
- Yo lo único que entiendo es que no voy a permitir que mi hija vuelva a estar en peligro.
Eso es lo que no entiendo.
♪ ♪ - Entra.
[puerta cruje, rechina] - ¿Y los ancianos?
- Son ellos.
Aquí es donde cuido de los centenarios.
Y aquí es donde tú te convertirás en una experta en bibliofilia.
Lo primero que debes aprender es el curioso comportamiento de un bibliófilo.
Pasan su vida buscando el ejemplar único.
Y ahí es donde entramos las Egerias.
- ¿Las Egerias?
- Un círculo que te acogerá.
- ¿Un círculo?
¿Co-como una familia?
Cuénteme más.
- Todavía tienes que pasar muchas noches aquí para eso.
De momento, te revelaré una de sus leyes.
Si eres una Egeria, niega que lo eres.
[música suave] - ¿Por qué?
¿Es que son malas?
- Todo tiene su propia sombra.
Y la luz más brillante produce las sombras más intensas.
♪ ♪ - Mira, Unai, aquí hay más papeles.
A ver si encontramos algo.
- A ver, alguna documentación de mamá tiene que haber por aquí, ¿no?
¿DNI, pasaporte, certificado de defunción?
Por cierto, abuelo, ¿tú sabes por qué en su lápida solamente figura el primer apellido?
Es raro, ¿no?
- Pues no lo sé.
No hablaba de sus cosas y tu padre tampoco contaba nada.
- Ya.
- Mira a tu padre.
Qué buen mozo fue desde niño.
- ¿Y el hippie quién es?
- Su amigo y también su jefe.
Alistair Jordan.
- ¿Jordan?
- Mm.
- ¿Sabes si su hija se llamaba Sarah Jordan?
- Sí.
¿Y tú cómo lo sabes?
- La mataron ayer en Madrid.
[música de suspenso] ♪ ♪ [sirenas sonando] Para.
La becaria.
- Dijo que no había ido a trabajar hasta la noche porque estaba enferma.
- Mintió.
- Con la cara de niña buena.
- Me extrañaría que ella fuese la asesina.
- Bueno, tiene el motivo, la oportunidad y el arma.
- Dale un poco para atrás.
Quiero ver al piloto.
Para.
Mira, esa moto tiene por lo menos 10 años.
Y la ropa que lleva es barata.
Pero esas zapatillas son caras.
Por lo menos 600 euros.
- ¿Tú que eres, un entendido en moda?
- Vi un reportaje hace poco y me llamó la atención.
Me pareció ridículo que alguien pague ese precio por unas zapatillas y no son las más caras.
- El mundo se va a la mierda.
- No creo que se las pueda permitir.
[Esti suspira] - A lo mejor alguien les ha pagado para hacer el trabajo sucio.
- Bueno, intentaré buscar al motorista que nos llevará a Lorea.
[suspira] Es tarde, ¿nos vamos?
- Sí.
- ¿Vas a casa a cenar?
- No, Alba prefiere que me mantenga alejado mientras dure la investigación.
- ¿Cómo se lo ha tomado?
- Creo que piensa que la niña y ella no son mi prioridad.
- No, ella sabe que las quieres.
- Ella quiere una vida tranquila, lo único que parece que yo no le puedo dar.
- Venga, vamos a tomar algo.
- No, quiero salir temprano para Madrid.
- ¿A qué vas a Madrid?
- El padre de la librera asesinada y el mío eran amigos.
Quiero hablar con él.
- ¿Su padre y tu padre?
Demasiadas conexiones.
[música inquietante] [timbre sonando] - Expósito.
¿De dónde vienes?
¿De una fiesta?
Seguro, no hay más que verla.
[risas] Tiene pinta de no haber dormido.
[música inquietante] Claro, como Cenicienta.
[parloteo] ¿Se te convirtió la carroza en calabaza?
♪ ♪ [sonidos de tráfico] [música de suspenso] ♪ ♪ [suena campanilla] - ¿Hola?
¿Alistair Jordan?
♪ ♪ - No estoy.
♪ ♪ - Soy el hijo de Gael López de Ayala.
Me llamo Unai.
Mi abuelo le envía sus condolencias.
[pasos rápidos] [habla en inglés] Cuántos fantasmas.
Pasa, hijo.
Estaba consolándome con la mejor medicina.
- ¿Los libros?
- La absenta.
Bebe conmigo.
Dejar a un bebedor solo es de muy mala educación.
- Podré con la culpa.
No se preocupe.
Siento mucho lo de su hija.
Y créame que odio hacerle esto, pero tengo muchas preguntas y muy pocas personas a las que acudir.
- Bueno, tú dirás, ¿cómo puedo serte útil?
- ¿Qué sabe del Libro negro de las horas de Constanza de Navarra?
- Nunca he oído hablar de ese ejemplar.
Yo en su día fui un gran experto en coleccionismo, de los mejores.
Indaga por ahí.
- Ese libro podría estar relacionado con la muerte de su hija.
- Jamás me habló de él.
- Ha aparecido muerto en Vitoria un librero y pensamos que-- - Ya, ya, Edmundo el Conde.
- ¿Sabe si su hija lo conocía?
- Bueno, nos conocemos todos, hijo.
Nos compramos y vendemos ejemplares.
A ver, ¿qué es lo que quieres saber?
- Recibí una llamada exigiéndome encontrar y entregar El libro negro de las horas, a cambio de no matar a Ítaca Expósito, la mejor falsificadora de libros del mundo.
Supuestamente, mi madre.
- Bueno, eso no es así.
Tu madre se llamaba Marta, que en paz descanse.
Tu padre y ella se conocieron aquí mismo, en esta librería.
Yo nunca he oído hablar de ninguna Ítaca.
- Y a mi madre, Marta, ¿la llegó usted a ver embarazada?
- Supongo que sí.
¿Hace-- hace cuánto, eh?
Estamos hablando de... ¿cuántos años?
Lo siento, hijo.
Hoy no tengo cabeza para esto.
Perdóname.
- Una inspectora de Madrid me llamó para informarme de la muerte de Sarah Jordan, que resulta ser la hija del mejor amigo de mi padre.
En la escena del crimen encontraron sangre y ese ADN coincide con el mío.
Era de mi madre.
[música de suspenso] - Así que o tú entregas un libro que no existe, o alguien mata a una muerta.
♪ ♪ ♪ ♪ [parloteo] - Buenas tardes, inspectora.
- Buenas tardes.
¿Cómo quieres que te llame?
¿Inspector, Unai, López de Ayala?
- Como quieras menos Kraken.
- ¿Por qué te llaman así?
- Me lo pusieron en el instituto.
Supongo que porque crecí a estirones, brazos largos, hombros anchos.
No lo sé.
- Algo me dice que es porque nada puede detenerte cuando decides hacer algo.
Te he investigado.
Y cualquiera que hubiera sufrido la mitad que tú, ahora mismo estaría hundido.
Pero tú sigues en pie.
- ¿Me has investigado?
No sé si sentirme ofendido o halagado.
- ¿Qué haces en Madrid?
- He venido al entierro de Sarah Jordan.
- Muy bien, pues vamos juntos.
Es importante saber quién va y quién no va.
El mundo del coleccionismo es pequeño y endogámico.
- Y parece que el asesino que buscamos pertenece a ese pequeño grupo.
- ¿Te ha vuelto a llamar el secuestrador?
- La cuenta atrás sigue en marcha.
Tengo que encontrar ese libro.
- Olvídate.
No es probable que tenga a tu madre.
No puede estar secuestrada y en la escena del crimen a la vez.
Ahora mismo, lo importante es localizar a Calibán.
Y es muy posible que esté en ese cementerio delante de nuestras narices.
Vamos.
Por favor.
[música sombría] [campanadas sonando] ♪ ♪ - ¿Estáis grabando a los asistentes?
- Tengo un equipo ahí dentro.
♪ ♪ - ¿Los conoces?
- Sí, están todos los libreros de la Cuesta de Moyano.
También los de la Liga Internacional de Libreros Anticuarios.
Y ahí, en primera fila, Juan de la Cuesta, el ilustre descendiente.
- ¿De quién?
- Del primer impresor de Cervantes.
Tiene la imprenta de donde salió la primera edición del Quijote en el barrio de las Letras.
Los de Patrimonio siempre acudimos a él.
- ¿Es confidente de la policía?
- Uno de los mejores.
Él sabe todo lo que se mueve en este negocio.
Y, sí, le pagamos.
♪ ♪ - ¿Y ese grupo de mujeres?
- No las conozco.
♪ ♪ - No parecen simples asistentes.
Están vigilantes, como nosotros.
- Serán amigas de Sarah.
Imagino que tenía una vida más allá de los libros.
♪ ♪ - Disculpe, quería presentarme.
Soy Juan de la Cuesta.
He oído hablar mucho de usted, pero no tenía el placer de conocerle.
- Si me disculpa un segundo-- - Tengo entendido que están investigando el asesinato de Sarah Jordan y Edmundo el Conde.
Sarah es... bueno, era... era muy buena amiga mía.
Quería-- quería dejarle una tarjeta mía, por si le puedo servir.
- Claro, si me perdona un segundo, enseguida hablo con usted.
Disculpe.
[música de suspenso] ♪ ♪ Mencía, quiero ver las imágenes de Goya y ese grupo de mujeres.
- Sí, a mí también me gustaría.
- ¿Qué pasa?
- Hemos tenido un problema técnico.
Otra vez.
- ¿Qué?
- Que parece que no se ha grabado nada.
- ¿Estás de coña?
- [se mofa] ¿Quieres que te hable del presupuesto que tenemos para material?
[celular sonando] [música inquietante] ♪ ♪ [teléfono sonando] - ¿Dígame?
Precisamente estaba pensando en usted.
Sí, llamé a mis contactos de París y de Milán y todos coinciden en que tiene usted un gusto exquisito.
Nada menos que el Paraíso perdido de Milton.
Por supuesto, haremos lo imposible por encontrarlo para usted, pero... va a ser difícil.
Y cuando digo difícil, quiero decir muy caro.
Estupendo.
Le mantendré informado.
[golpeteo suave] [música de misterio] ♪ ♪ - ¿Qué sacamos de estos huesos de oveja carbonizados?
- El antiguo negro marfil.
♪ ♪ - Y con esta tierra de Siena mezclada con yema de huevo... obtendremos un precioso ocre amarillo.
Por cierto, un coleccionista quiere un ejemplar del siglo XVII del Paraíso perdido.
- "Es mejor reinar en el infierno que servir en el cielo".
- Lo has leído.
Nunca dejas de asombrarme.
- Tengo mucho tiempo libre.
- Ya no.
- ¿Cómo?
¿Nos vamos de viaje a buscarlo?
- El ejemplar no existe.
Se perdió su pista en París durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.
- ¿Entonces?
- Tú lo recrearás y yo lo venderé como si fuera original.
[música inquietante] ♪ ♪ Vamos, ¿a qué esperas?
♪ ♪ [truenos rugen] ♪ ♪ - Disculpe la espera.
- Tranquilo, tranquilo.
Trabajo con manuscritos del siglo XVII.
Tengo la paciencia muy entrenada.
- Bueno, encantado, me llamo Unai.
- Mucho gusto.
- Y muchas gracias por querer colaborar.
- Faltaría más.
Lo que le ha pasado a la pobre Sarah es... No tengo palabras, la verdad.
- Discúlpeme por tener que hacerle esta pregunta, pero, ¿qué opina de los asesinatos de Sarah y de Edmundo?
- Bueno, pues es algo terrible.
Es terrible.
Somos libreros, no estamos acostumbrados a estas cosas.
¿Entiende?
- Ya.
¿Conocía bien a las víctimas?
- Sí, a Sarah sí, bastante.
A Edmundo, superficialmente.
En este mundillo nos conocemos todos y un amigo te puede engañar sin dudarlo, cualquier cosa con tal de conseguir un ejemplar único.
- ¿Cualquier cosa?
- Sí.
- ¿Entonces uno de ustedes podría ser el asesino?
- Bueno, no lo sé, ¿ya ha visto lo que hay aquí?
A mí no me encaja.
Ahora usted-- usted es el experto.
- Ya.
Si Sarah tuviese un ejemplar valioso, ¿se le ocurre algún lugar en el que lo podría haber escondido?
- Los bibliófilos solemos tener nuestros escondrijos favoritos.
Es algo personal.
El caso es que Sarah, bueno, puede ser una tontería, ¿eh?
Las últimas semanas frecuentaba bastante el Instituto Cervantes.
- ¿Y cree usted que sería un buen sitio para esconder algo?
- [ríe] Valórelo usted.
Yo... tengo un rato libre.
Si-- si tiene tiempo, se lo puedo enseñar ahora mismo.
- Veo que ya os habéis conocido.
- Sí.
Íbamos a hacer una visita cultural.
- Os acompaño.
- Buenas tardes.
- Hombre, Fabio, ¿cómo estás?
- Sr.
de la Cuesta, ¿qué tal?
- Aquí vengo a enseñarle La Caja de las letras a estos amigos.
Bueno, les presento, este es Fabio, el guardián de este tesoro.
A la inspectora ya la conoces.
- Buenas.
Mencía.
- Tú dirás.
- Bueno, los amigos de don Juan de la Cuesta siempre son bien recibidos.
- [ríe] - Así que... - Gracias.
- Pasen por aquí.
- Adelante.
[música de suspenso] ♪ ♪ - Bueno, pues esta es La Caja de las Letras.
Antes fue un banco.
Ahora se guarda el legado de escritores, directores de cine, científicos, en fin, y celebridades relacionadas con el mundo de la cultura.
Hay unas 1,800 cajas, pero solo se usan 60.
Maravilloso lugar, ¿verdad?
- ¿Cree que Sarah Jordan pudo usar una de estas cajas para guardar El libro negro de las horas?
- Bueno, esa idea me ronda la mente, sí.
Es posible.
Sí, es posible.
Yo la veía mucho por aquí.
No sé, parecía estar vigilando, custodiando algo... algo de valor.
Pero hay más.
Edmundo viajaba con frecuencia a Madrid.
Se veía con Sarah a menudo.
Parecía que tenían algo entre manos.
- ¿Se refiere a una relación sentimental?
- Bueno, eso se hablaba por ahí.
No, me refiero a que tenían un gran negocio, entre ellos.
- ¿Tienes pruebas de todo eso?
- No, no.
No, no.
[celular sonando] Perdón, un momentito.
- ¿Crees que podrías conseguir una orden de registro para entrar aquí y mirar las cajas vacías?
- No, no me la darían.
Ese libro no está relacionado con ningún delito.
- Tenemos la grabación de Calibán.
- Ya sabes que ningún juez lo permitiría.
Me tengo que ir.
Llámame con cualquier novedad.
- ¿Le puedo ayudar en algo más?
- ¿Qué sabe de ese Libro de las horas?
- Bueno, hay una leyenda que circula entre bibliófilos que dice que el último propietario fue un tal Casto Olivier, de Vitoria, un empresario.
- ¿De Vitoria?
- Acabó arruinado.
La colección se liquidó.
- ¿Y sabe quién la compró?
- Un tal-- un tal Pedro... Pedro Bardel... se dice, pero son habladurías.
- ¿Sabe dónde puedo encontrar a ese tal Pedro Bardel?
- Mu-murió hace años ya.
Le puedo facilitar el último domicilio hasta su muerte.
No sé si le servirá de algo.
- Me sirve de mucho.
[aves trinando] [celular sonando] [celular sonando] - Unai.
- Esti, perdona, antes no lo podía coger.
- ¿Qué tal el entierro?
- Muy divertido, como todos los entierros.
Eso no es lo que me preocupa.
¿Qué sabes de esa inspectora de Patrimonio?
- ¿Mencía?
Pues más o menos lo mismo que tú, ¿por?
- Creo que no me cuenta todo lo que sabe.
- Bueno, como todos los polis.
- No, estoy convencido de que me miente.
Está encubriendo a alguien y yo la estorbo.
- Pues estaremos más atentos.
Que no note tu desconfianza.
- Ya, no se me había ocurrido.
¿Qué tal por ahí?
- Bien, ya he dado con el chaval de la moto.
Se llama Ibai Etxebarria, tiene 24 años.
Vive en Vitoria y no tiene antecedentes.
De familia trabajadora, trabaja de aprendiz en un taller y no tiene pinta de sicario ni de tener mucho dinero.
- ¿Alguna relación con el mundo de los libros?
- Este no ha pasado de Dora, la exploradora y no me pega nada como novio de Lorea.
¿Y tú?
¿Cuándo vuelves?
- No, aún no, he conseguido la dirección de un tal Pedro Bardel que murió, pero que pudo ser el último propietario de la biblioteca que incluía El libro negro de las horas.
No sé, voy a pasarme por allí a ver si encuentro algo.
- ¿Y cómo vas a entrar?
- No sé.
Tal vez la puerta esté abierta.
Mejor, no preguntes.
- Bueno, ten cuidado.
- Chavales, que me ha cansao la birra; vamos a otro sitio que también pago yo.
Venga, anda.
- ¿Qué le pasa a este?
Si está siempre sin un puto duro.
- Oye, te dejo que este se pira.
- ¿Qué te ha tocado la lotería o qué cojones?
- Algo mucho mejor, chaval.
Venga, dejar eso ahí que se ha calentao y está mal.
Venga, que me la suda.
Vamos, va.
Venga, venga, venga, venga, venga.
- Va, va, va, va.
¡Venga!
[música de suspenso] [golpes en la puerta] ♪ ♪ [puerta rechina] - Ítaca Expósito.
"A Ítaca Expósito, de tu amigo y maestro, Padre Lázaro".
♪ ♪ - Ellos no saben valorar lo divino.
Por eso lo hago.
¿Es pecado, Señor?
Tal vez.
Pero sé que tú me comprendes.
Si hago esto, es por un fin sagrado.
Yo soy culpable, pero ellos lo son más.
Solo hago justicia divina.
¿Vas a castigarme por eso?
Puede que merezca arder en la hoguera.
Pues que así sea.
¡Qué así sea!
Esto no ha hecho más que empezar.
[música dramática] [línea sonando] - Esti.
- Acabo de ver los pantallazos que me has enviado.
Oye, ¿esto no lo habrás robado de la casa del librero?
- Mejor no preguntes.
- Joder.
- Es la primera vez que le pongo cara a Ítaca Expósito.
En cualquier caso, ese cabrón de Calibán lo ha conseguido.
Me tiene trabajando a contrarreloj para él.
Por cierto, ya he conseguido encontrar una pista de ese libro en los Olivier.
Una familia de Vitoria.
Qué casualidad.
- Localizaré a ese cura de la foto.
Pero dime, ¿cómo lo llevas?
- No sé, Esti.
Ahora mismo no puedo ni pensar.
- Venga, tío, no te vas a poner fatalista ahora, que eso es lo que quiere el Calibán ese.
Estamos avanzando.
- Sí, estamos tras la pista del amiguito de Lorea y sabemos que Sarah Jordan visitaba asiduamente el Instituto Cervantes.
- Y yo voy a ir a buscar al cura de la foto, ¿okay?
- [suspira] Gracias, Esti.
- ¿Por qué?
- Ya sabes por qué.
[pitido] [música contemplativa] ♪ ♪ - [suspira] ♪ ♪ [campanadas sonando] [se abre puerta] - Cristo de la Veracruz, ¿cómo es posible semejante indolencia?
Que sea domingo no es una excusa para haraganear.
- Buenos días, hermana.
Mire, el Paraíso perdido.
[música suave] ♪ ♪ - Aprobado.
Este ejemplar ya puede venderse.
- ¿Entonces puede hablarme de las Egerias?
¿Las voy a conocer ya?
- Voy a contarte quién era Egeria.
Una mujer hispana del siglo cuarto, noble y culta.
Viajó a Tierra Santa y escribió lo que se conoce como la Primera guía de viajes.
- ¿Y ya está?
- Claro que no.
Has trabajado bien y te mereces una recompensa.
Este es su libro.
Para ti.
- No lo quiero.
[música inquietante] - ¿Cómo?
- Que no lo quiero.
Esto es una señora del siglo IV y usted me habló de un círculo que me iba a acoger.
Me he esforzado mucho para conocer a esas Egerias.
Casi no he dormido en dos meses.
♪ ♪ [lanza libro] Yo no quiero un libro.
Quiero una familia.
- Todo a su tiempo, hija.
Todo a su tiempo.
♪ ♪ [portazo] - He estado en el colegio Veracruz, que según la noticia que me mandaste es el colegio donde estudiaba Ítaca.
- ¿Y?
- Nada.
No queda ni una monja de la época.
- ¿Y los archivos?
- La gran mayoría se perdieron en una reforma del edificio.
Las monjas debieron tirarlo al vertedero.
¿Error?
No lo sé.
El caso es que ni rastro de Ítaca Expósito.
- ¡Joder!
- Afortunadamente, sí reconocieron al cura de la foto.
Sigue vivo.
Pero hace años que colgó los hábitos.
[música de suspenso] ♪ ♪ - ¿Y sabemos por qué?
- Ni idea.
Pero parece ser que es un hombre muy peculiar.
Pero está limpio.
Tiene una buena relación con la gente de la catedral.
Por eso sigue viniendo a restaurar las vidrieras en el taller del sótano.
♪ ♪ - Entonces estará familiarizado con productos químicos.
- Ya lo había pensado y además trabaja cerca de la librería Montecristo.
- Bueno, y lo más importante, conocía a Ítaca Expósito cuando era una niña.
- Y ya han llegado los resultados del audio de la llamada de Calibán y parece ser que el secuestrador hizo la llamada desde un lugar insonorizado o con los muros muy gruesos.
- ¿Algo así como el sótano de una catedral?
[campanadas sonando] [cantos gregorianos] ♪ ♪ [toques fuertes a la puerta] [música de suspenso] - ¡Policía!
Abra la puerta.
[toques fuertes a la puerta] - Me han encontrado, Señor.
Perdóname por lo que he hecho.
- ¡Abra!
¡Abra la puerta!
[toques fuertes a la puerta]
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