
Episode 4
Episode 4 | 47m 51sVideo has Closed Captions
Unai finds evidence of Itaca's fate and a link between her and Sarah.
Massive amounts of blood make Unai fear for Itaca’s life, but he refuses to give up. A new lead reveals a link between Itaca and Sarah.
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Episode 4
Episode 4 | 47m 51sVideo has Closed Captions
Massive amounts of blood make Unai fear for Itaca’s life, but he refuses to give up. A new lead reveals a link between Itaca and Sarah.
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- Ya tengo los resultados del laboratorio de la sangre que encontramos detrás de la estantería.
♪ ♪ - ¿Y?
- Es de tu madre.
♪ ♪ Hay más de litro y medio de sangre.
Ya sabes lo que eso significa.
Incompatible con la vida, Unai.
♪ ♪ ¿Estás ahí?
- Imposible.
No, no.
Si había perdido tanta sangre, no pudo salir de allí por su propio pie.
Alguien tuvo que ayudarla.
Puede que aún esté viva.
Puede que-- que le hicieran una transfusión o... - Se acabó.
Lo siento.
- Te equivocas.
Esto no se acaba hasta que la encuentre y Calibán esté en la cárcel.
♪ ♪ [música de suspenso] ♪ ♪ [truenos retumban] - Cuidado con el aglutinante, hija.
Si pones demasiado, puedes alterar el brillo.
- ¿Voy a por el sulfuro de mercurio?
- Vamos a dejarlo.
Espero una visita.
Diego Olivier.
- ¿Olivier?
Pero, hermana, ¿ese no es el hombre que mató a su padre?
¿El que le robó el libro ese tan valioso?
- Su nieto.
- ¿Y qué quiere de usted?
- No lo sé, pero he de atenderlo.
[toques a la puerta] Tú observa y escucha.
¡Adelante!
Adelante, don Diego.
- Por fin.
Me ha costado dar con usted.
- Es un privilegio que haya venido a visitarnos.
Ella es Ítaca, una alumna que me ayuda con las restauraciones.
- Ajá.
Un trabajo bien bonito.
- Gracias.
- Aquilina, al grano.
Es usted una gran cazadora de libros, si no la mejor.
Y estoy aquí para pedirle que me tenga en cuenta como uno de sus clientes.
- Desconocía que eran ustedes coleccionistas.
Estaré encantada de mostrar algunos ejemplares que tengo listos para salir al mercado.
- Perfecto.
- Ítaca, déjanos solos.
- Pero puedo ayudarla, hermana.
- No es necesario, gracias.
- Pues adiós.
- Fue un placer.
"Nada es más dulce que Ítaca.
El suelo al que siempre hemos de volver".
La Odisea.
[música suave] ♪ ♪ [sirenas sonando] - Te tengo la tarjeta.
¿Nos disculpas un momento?
Sí, luego te busco.
No sé qué decirte, Unai.
- No me creo que esté muerta.
No.
- Unai, yo misma he visto el informe.
- Convencí a Calibán para que me diera más tiempo.
Yo seguía buscando el libro que él quiere.
¿Por qué iba a matarla ahora?
No tiene sentido.
No me lo creo.
No me lo creo.
- La sangre que han encontrado es anterior a la última llamada de Calibán.
- Eso quiere decir que ya estaba muerta cuando me llamó.
- Te engañó.
- Yo me dejé engañar.
Tengo que encontrar a ese tipo como sea.
- ¡No!
Tío, tienes que descansar.
Vete a casa.
O vete a Villaverde, pero ya está.
Ya.
No puedes hacer nada por esa mujer.
- Es que para mí no es "esa mujer".
Para mí es-- es algo personal.
Si de verdad es mi madre, ¿por qué me abandonó?
¿Es también la madre de mi hermano Germán?
Y si de verdad Ítaca está muerta, ¿dónde está su cuerpo?
¿Quieres que siga?
- No.
- ¿Cuánto hace que nos conocemos, Esti?
¿Cómo puedes pedirme que abandone?
- Pues puedo pedírtelo porque soy tu amiga y veo que te estás haciendo daño con todo esto.
Ya está.
No duermes, no-- no descansas.
Estás obsesionado, tío.
Es que no-- no puedes resolver todo.
No puedes.
[suspira] Mira, te lo tengo que decir.
Me arrepiento de haberte involucrado.
[música de suspenso] ♪ ♪ Soy la inspectora Estíbaliz Ruiz de Gauna.
Sesión de interrogatorio a la investigada Lorea Díaz de Durana.
Asiste como miembro de la defensa letrada, Amaia Aguirre.
Lorea, te has metido en un buen lío, ¿eh?
Agredir a un policía y quitarle la pistola es bastante grave.
¿Por qué huiste?
- Cuando vinieron a verme al hospital, pensé que me iban a acusar de matar a Edmundo.
- ¿Cuál era tu plan?
- N-no tenía plan.
Eh... entré en pánico.
No sé.
Solo quería desaparecer.
- ¿Mataste a Edmundo?
- No.
No.
- Pero sabías que iba a morir.
- No, no, no, no lo sabía.
No lo sabía.
¡Es que no lo entiende, yo también podría haber muerto!
Si llego un rato antes a la librería, también me habría pasado lo mismo que a él, lo mismo.
- Ya, pero no llegaste un rato antes.
Qué suerte.
- Pues sí.
- O a lo mejor no fue suerte y lo tenías todo calculado para llegar justo en el momento perfecto.
- Inspectora, por favor, no-- no haga especulaciones.
- Tu cómplice, Ibai... ha declarado que tú podrías ser la asesina de Edmundo.
- Eso no puede ser.
No, imposible.
¿Es una trampa esto?
¿Es una trampa?
¿Está queriendo que confiese?
¿Está queriendo que confiese algo que no he hecho?
- No.
- No lo he hecho.
- Él no habla muy bien de ti.
Concretamente dijo: "Es una tía súper turbia.
Puta loca".
- No, no, no.
No puede ser que haya dicho eso.
No.
- ¿De qué conoces a Ibai?
- Del barrio.
Le conozco del barrio.
- ¿Te gustaba?
Es muy guapo.
- Sí me gustaba, pero no... Me parece que no le gusto a él.
Me dijo un día que estaba metido en un lío, que había pedido dinero prestado y no-- no sabía cómo devolverlo.
- Y lo tenían amenazado.
¿Quiénes?
¿Los mismos que mataron a Edmundo?
- No sé.
No tiene nada que ver con Edmundo.
Son... gente que él conoce.
No sé.
- Continúa.
- Me dijo que le querían... que le querían romper los dedos de las manos y que lo iban a dejar en una silla de ruedas.
A ver, yo le quiero.
Tiene que saber que yo solo le quería ayudar porque yo no tenía dinero y no-- no sé cómo ayudarle.
Entonces recibí una llamada... de una voz que era, no sé, distorsionada, rara, que me dijo que tenía que hacer un trabajo muy fácil.
Que tenía que enviar un paquete desde la librería y falsificar la firma de Edmundo.
- ¿A quién tenías que enviar ese paquete?
- A una editorial de Madrid.
[música de suspenso] Eh... Fisher King.
A nombre de una chica, creo.
- ¿Qué chica?
- No sé, no me acuerdo.
No sé.
- Haz memoria.
♪ ♪ ¿Te suena Sarah Jordan?
- Sí.
Sí.
Sarah.
Sí, es ella.
Sí.
- ¿Sabes lo que le pasó a Sarah Jordan?
- No.
- La mataron.
Como a Edmundo.
♪ ♪ - No.
♪ ♪ - ¿Enviaste el paquete, falsificaste la firma y...?
- Me dijo que tenía que cambiar un frasco del taller de Edmundo por otro que él me iba a mandar.
- Y lo hiciste.
- Que yo solo quería ayudar a Ibai.
O sea, yo no quería... [solloza] Quería que se le resolviera el problema.
No... - ¿Viste alguna vez a esa persona?
- [solloza] No.
No, no.
No sé quién es.
No sé quién es.
- ¿Nunca lo viste?
- No, él-- él mandaba directamente el dinero a una cuenta para Ibai.
Me dijo que así yo no iba a ser sospechosa.
- ¿Y qué pensabas que pretendía hacer él?
- No sé.
[solloza] Yo no sabía que lo iba a matar, se lo juro.
O sea, no pensé que lo iba a matar.
Es lo último que pensaba yo.
Yo solo pensaba que a lo mejor le... le dañaba las restauraciones o los cuadros o algo.
No-- - No lo sabías.
- No, no lo sabía.
No pensé que lo iba a matar, de verdad, porque yo no soy un asesina.
O sea, que yo no lo he matada, de verdad.
Que no he sido yo.
- Yo creo que tendríamos que hacer una pausa, ¿no?
[música de suspenso] ♪ ♪ - [exhala] - ¿Otro?
¿Cuántos cafés llevas hoy?
Bueno, al menos ahora podemos relacionar los dos casos.
Ya se lo he dicho a Mencía.
- Esa chica, sus manos, la forma que tiene de responder.
No hay cálculo.
Solo miedo.
- Vamos a volver a interrogarla y vamos a seguir todas las pistas: pagos, envíos, llamadas, todo.
- Me extrañaría que Calibán hubiese cometido errores.
Sabemos poco de él, pero no es su estilo.
¿Qué?
- Acabo de recibir esto.
Es una foto de Ítaca en la actualidad.
Está hecho con la IA a partir de la foto de la niña que encontraste.
[música dramática] - Es la mujer del video.
♪ ♪ [truenos retumban] ♪ ♪ - ¿Se ha ido ya la visita?
- ¿Qué haces aquí?
- Pensaba que íbamos a seguir trabajando en el ejemplar.
- ¡Ahora no!
Tengo que ir a casa de los Olivier.
Volveré antes de una hora.
Tú mientras tanto, sube a mi despacho y sigue actualizando el catálogo de la biblioteca.
- ¿Pero cómo se va a ir con esta tormenta?
- Haz lo que te he dicho.
[truenos retumban] [música dramática] ♪ ♪ [truenos retumban] - Las fiestas de la Blanca.
Yo te compré esa blusa.
Eras un chiquito bien majo.
- Hasta ahora no me había dado cuenta de que casi no me acuerdo de ella, pero sí recuerdo que me sentía protegido.
- Te quería mucho.
Esas fueron sus últimas fiestas.
Poco después se nos fue.
- [suspira] Aitona, esto es un desastre.
- Ya, ya, ya.
Lo sé, lo sé.
Pero es que nunca saco tiempo para ordenar.
Pero de este invierno no pasa.
- Seguro.
¿Aitona?
- ¿Mm?
- ¿Qué es esto?
"Queridísimo Santiago, encontré la solución "a nuestro grave problema.
"Confía en lo que está escrito y nunca reveles el secreto.
Firmado, G.J.".
[música de suspenso] ¿Qué es esto, Aitona?
Por favor, ahora no te hagas el loco.
¿Qué secreto?
♪ ♪ - Gael Jordan.
Un gran amigo mío.
El padre de Alistair.
Él falsificó esa biblia y luego me la envió.
Fue por el lío del nombre de tu padre.
En aquellos tiempos, los curas no bautizaban con nombres que no estaban en el santoral.
Así que mi amigo se inventó el santo y lo colocó en esa biblia.
Mira donde está el marcapáginas.
♪ ♪ ¿Lo ves?
Ahí está.
- Ajá.
- San Gael.
Y luego yo se lo enseñé a don Félix.
- Y así pudiste bautizar a mi padre con el nombre de tu amigo.
- Puede que sea una de sus primeras falsificaciones.
♪ ♪ - ¿Gael Jordan era falsificador?
- Ajá.
¡Ah, Unai!
Había otra caja con fotos.
Voy a buscarla.
♪ ♪ - Agur.
[celular sonando] Dime.
- Esti, escucha.
Se me ha ocurrido algo.
- Anda, qué raro.
- Hay una familia Jordan, americana, que tiene un museo en Nueva York.
Necesito que averigües si tienen alguna relación con Alistair Jordan.
♪ ♪ - Claro.
♪ ♪ [trueno retumba] - Ahora vuelvo.
¿Dónde estabas?
¿Escondida de la tormenta?
- Mikaela, ¿conoces la casona de los Olivier?
- Sí, ¿por qué?
- Aquilina se fue allá hace más de dos horas y no vuelve.
- ¿Y?
- Pasa algo raro.
- Bueno, eh, está en la calle Iradier-- - No sé de qué me estás hablando.
Llevo dos años sin salir del colegio.
[trueno retumba] - Mejor te acompaño.
Vamos a por los abrigos.
[música de suspenso] ♪ ♪ - ¡Venga, niñas!
Aquí no podéis estar.
¡Fuera!
♪ ♪ - Una desgracia.
Esta mujer estaba hace cinco minutos hablando conmigo.
Salgo a la calle y mire.
Esta maceta ha caído de nuestra casa.
♪ ♪ Tendría que haber mandado que la arreglaran... ♪ ♪ Dígales que estoy a su entera disposición.
♪ ♪ - ¿No la habrás despertado?
- No, claro que no.
- Creí que habíamos quedado en que no volverías hasta terminar la investigación.
- Solo quería verla.
La echo mucho de menos.
- Ella también.
Más de lo que te imaginas.
- ¿Y tú?
Me tengo que ir a Madrid.
Hay una nueva pista.
- Claro.
- Sabes cómo va esto, has sido policía.
- Haz lo que tengas que hacer.
Subo con Deba.
- ¿Duermes con ella?
Ya es mayor, Alba.
- Lo sé.
- No creo que sea bueno para ella.
- Es que no lo hago por ella.
Lo hago por mí.
Necesito tenerla cerca y sentirla respirar.
Solo así puedo estar segura de que no se la van a volver a llevar.
- Nadie se la va a llevar.
- ¿Y eso cómo lo sabes?
La secuestraron, le raparon la cabeza y casi se la llevan para siempre.
Y puede que para ti esto sea más fácil, pero es mi hija.
- También es mi hija.
Puede que no lleve mis genes, pero soy su padre desde el momento en que nació.
- ¡Y siempre te lo he agradecido!
- ¿Me lo has agradecido?
- Es que ahora soy la única que está con ella.
♪ ♪ - No puedes decirme eso, Alba.
- Unai... Vas detrás de un fantasma.
Esa mujer, sea tu madre o no, está muerta.
¿De verdad es necesario seguir adelante o lo que pasa es que simplemente no puedes parar?
Resolver todo esto es más importante que nosotras.
¡Ya está!
Yo lo admito, asúmelo tú.
No te mientas y no me mientas a mí, por favor.
♪ ♪ Te he preparado una habitación.
No hagas ruido mañana cuando te vayas, ¿eh?
♪ ♪ [música tensa de percusión] ♪ ♪ - ¿Alistair?
Despierta.
♪ ♪ - [habla en inglés] - Tranquilo.
Vale, vale.
Tranquilo.
- Unai.
- Sí.
- Lo siento.
- No, no.
Vamos, arriba.
Venga.
Ya está.
Venga.
Vamos.
Sí, sí.
Vale, vale.
Tranquilo.
- Abrimos a las 10:00.
Son días difíciles.
- Lo sé.
¿Necesitas algo?
- No.
Estoy bien.
¿Cómo has entrado?
¿Qué-- qué haces aquí?
- Me mentiste.
- Ah.
- Me dijiste que nunca habías oído hablar del Libro negro de las horas, pero estuvo en un museo de tu familia en Nueva York.
- Oh, no hay rincón donde el destino no te encuentre, ¿eh?
Sí.
Sí, pero desapareció.
Se le perdió la pista.
Eran tiempos difíciles.
Crash del 29, la Gran Depresión... Alguien lo compró.
O lo robó, yo qué sé.
- ¿Por qué no me contaste esto cuando vine la primera vez?
Sé que tu padre era falsificador.
Probablemente tú también.
- Y de los buenos.
Sí.
Sí, he engañado.
He engañado a coleccionistas, historiadores, bueno, museos.
Y ellos están felices y orgullosos.
La única diferencia entre el fake y un original... es saberlo o no saberlo.
- No me cuentes rollos.
Estás falsificando El libro negro de Constanza de Navarra.
Por eso me mentiste.
- ¡Ah!
Esa es buena.
Esa es buena, pero la edad y la absenta no perdonan, hijo.
- ¿Y tu hija Sarah?
- Mi hija está muerta, Unai.
¡Déjala en paz!
- ¿Es posible que tu hija e Ítaca Expósito hubiesen encontrado El libro negro y lo estuviesen falsificando para quedarse el original?
- [habla en inglés] ¡No vas a manchar el nombre de mi hija en mi propia casa!
Te ruego que te marches.
[música sombría] ¡Márchate, hijo!
♪ ♪ [suena campanilla] ♪ ♪ [habla en inglés] - ¡No!
¿Qué haces?
¿Es El libro negro?
¿Estás quemando El libro negro?
- Era una copia.
- ¿Cómo que una copia?
- No van a ensuciar el nombre de mi hija.
Detenme si quieres.
¿Qué más da?
- ¿Detenerte?
Lo que quiero es encerrar al salvaje que ha matado a tu hija.
Si tuvieses que rastrear esa falsificación, ¿por dónde empezarías a buscar?
[música de suspenso] ♪ ♪ - Azul ultramar.
El libro necesita grandes cantidades de ese pigmento y el único proveedor está en Escocia.
- Y tú has trabajado con ellos.
♪ ♪ Llámales.
♪ ♪ - Aurora Pigments.
♪ ♪ - Toma.
[línea sonando] - [habla en inglés] ♪ ♪ - Gabriela Milton, calle Sierpe 29.
- ¿Cómo?
- Es la falsa identidad de Ítaca y su dirección.
- ¿De dónde has sacado la información?
- Alistair Jordan.
Su hija e Ítaca estaban falsificando El libro negro de las horas.
- ¿Tienes pruebas de eso?
- Me lo ha contado Alistair.
- Eso no es una prueba.
- He visto el libro.
Una copia.
Alistair lo ha quemado delante de mí y estaba demasiado afectado como para mentir.
- Lo comprobaremos.
- Vamos.
- ¿Ahora?
- Yo sí.
- No, tú no.
No estás en activo.
No puedes hacer eso.
- ¿Ah, no?
¿No puedo ir a una dirección, llamar al timbre y preguntar por esa Gabriela Milton?
¿Es ilegal?
- Es suicida.
Tú no sabes quién está dentro de ese piso.
Puede que sea un asesino, una banda de criminales.
Puede que Gabriela Milton sea la asesina.
O puede que si vas, acabes arruinando toda la investigación.
- O puede que sea la única manera de comprobarlo.
- O puede que te vuelvan a meter una bala en el cerebro.
Vamos a hacer las cosas bien.
No quiero que te pase nada.
Pediré una orden judicial.
- Bien.
Esperaré.
- No me puedo creer que esté haciendo esto.
Son las cuentas de Sarah Jordan.
Hacía pagos periódicos a Fabio, el guardia de seguridad del Instituto Cervantes.
- Voy a hablar con él.
- ¡No!
- Voy a hablar con él mientras tú consigues esa orden.
- De acuerdo.
- Espero tu llamada.
[portazo] [sirenas sonando] - Tenemos un problema.
[música de suspenso] [truenos retumban] ♪ ♪ - ¡No, no, no!
¡No!
No, no, no, no, no.
No.
♪ ♪ [música tensa] ♪ ♪ [toques a la puerta] - Adelante.
- Buenos días.
- Caballero, buenos días.
- No sé si me recuerda.
Estuve visitando La caja de las letras con el Sr.
de la Cuesta.
- Sí.
¿En qué que puedo ayudarle?
- Colaboro con Patrimonio en una investigación y necesitaría revisar las cámaras de seguridad que controlan el acceso a la caja.
- Eso tendría que consultarlo con mi jefe.
- ¿Y cree que a su jefe le gustaría saber que usted recibía dinero de una mujer por permitirle entrar en la caja?
Una mujer que, por cierto, ha sido asesinada.
- ¿Qué dice?
- Necesito revisar las entradas de Sarah Jordan.
Puede ayudarme o puede ir llamando a un abogado.
[música tensa] ♪ ♪ ♪ ♪ [celular sonando] Dime.
- Tengo la orden judicial para entrar en la casa de la calle Sierpe y te he autorizado como testigo civil.
Vamos para allá.
- Voy.
[música de suspenso] ♪ ♪ Gracias, muy amable.
♪ ♪ ♪ ♪ ♪ ♪ - ¡Unai!
♪ ♪ H-50.
Manda una ambulancia, por favor.
[música suave] ♪ ♪ No hay rigor mortis.
Lleva poco tiempo muerta.
♪ ♪ - Por ahí perdió la sangre.
- Tendría que haber muerto entonces.
- Inspectora, todo despejado.
♪ ♪ - Aquí termina tu caza.
Aquí comienza la mía.
♪ ♪ [truenos retumban] - ¡No!
[balbucea, jadea] No me hagas más daño, por favor.
No me hagas más daño, por favor.
Por favor, no me hagas más daño.
Habla con mi abuelo, por favor.
Él hará lo que quiera, por favor.
- Tranquilo, Diego.
- Ítaca.
¿Eres Ítaca?
- Sí, sí, soy yo.
- ¿Pero por qué me hacéis esto?
¿Por qué me hacéis esto?
¿Tú eres su cómplice?
- No, no, no.
Yo-- yo no tengo nada que ver.
Yo-- yo voy a soltarte, ¿vale?
- No... ¡No me toques!
- Diego, necesito que te tranquilices.
- ¡No me toques!
[truenos retumban] - Vale, ya está.
Tranquilo.
- Yo solo quería compraros vuestros libros.
¡Me ha dejado ciego, joder!
¡Hostia!
Llama a un médico.
Ítaca, llama a un médico, por favor.
No, llama a la Madre Superiora.
Ítaca, ¿me oyes?
- No, no, no voy a llamarla.
- ¿Cómo que no vas a llamar a la Madre Superiora?
- Que no sé si hay más monjas detrás de esto, que igual mi Madre Superiora también tiene algo que ver con esto.
No la voy a llamar.
[truenos retumban] - Ayúdame, por favor.
- Vale, vale.
Mira... - Ayúdame.
- V-voy a sacarte de aquí y vamos a ir a un lugar seguro, ¿vale?
[música de suspenso] ♪ ♪ Vamos a salir por la puerta de atrás.
[truenos retumban] ♪ ♪ - ¿Falta mucho?
- Tranquilo, ya casi estamos.
[suena lluvia cayendo] ♪ ♪ Ven, espera aquí.
♪ ♪ - Llama al timbre.
[timbre sonando] - Es Diego.
Le han quemado los ojos.
- ¡Esteban!
¡Esteban!
¡Llama al Dr.
Ibisate ya!
¡Ya!
♪ ♪ - Le han-- le han quemado los ojos con agua-- con aguarrás.
♪ ♪ [solloza] ♪ ♪ - Por aquí.
La forense ha accedido a que estemos presentes en un primer examen del cadáver.
¿Te sientes capaz?
- Sí.
- Piénsalo bien.
La analítica coincide.
Es el cuerpo de tu madre.
- No tengo nada que pensar.
Solo quiero saber la verdad.
Cuanto antes.
- Hola.
Por aquí.
[música de suspenso] ♪ ♪ - Vamos a hablar con seguridad.
♪ ♪
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