
Episode 5
Episode 5 | 46m 17sVideo has Closed Captions
The hunt for the Black Book leads Unai to a stolen body and the Instituto Cervantes.
Unai follows Itaca's false identity as the hunt for the Black Book leads to Goya, a stolen body and a mysterious clue at the Instituto Cervantes.
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Episode 5
Episode 5 | 46m 17sVideo has Closed Captions
Unai follows Itaca's false identity as the hunt for the Black Book leads to Goya, a stolen body and a mysterious clue at the Instituto Cervantes.
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Learn Moreabout PBS online sponsorship[suenan campanillas] [portazo] - Buenos días, Alistair.
- Oh, buenos días.
- ¿Todo bien?
- Todo bien.
Sí.
- Déjame ver, anda.
Déjame.
Lo estabas colocando.
Ya lo hago yo.
¿Qué tal estás, amigo?
- Bien, bien.
- Mira, tengo un par de horas libres.
¿Por qué no descansas un poco y yo me ocupo de la librería?
- Gracias, Juan.
Eres buena persona.
El único que ha venido.
- Anda, siéntate y descansa un poco.
[Alistair habla en inglés] Oh, si buscas El libro negro, ahí no está.
- No, no, no, no es eso.
No.
Parece que todo el mundo se ha vuelto loco con el maldito libro.
Fíjate que a mí me parece que es muy posible que-- que ni exista.
[música tensa] - [habla en inglés] - Alistair, si existe y lo tienes, conozco un comprador.
Está dispuesto a pagar una fortuna por él.
♪ ♪ - Buitres.
[habla en inglés] - Escúchame-- - Sois todos carroña.
- Escucha.
- [habla en inglés] - Escúchame.
[suenan campanillas] ♪ ♪ [línea sonando] - ¿Inspectora?
Nada.
Aquí no hay nada.
Vale.
[música de misterio] ♪ ♪ - Pasa.
Siéntate.
- ¿Qué tal, joven?
- El Sr.
Olivier quiere hablar contigo.
- Todavía no sé cómo agradecerle lo que ha hecho por mi nieto.
- ¿Es usted su abuelo?
¿Cómo está?
- Hospitalizado.
Los médicos todavía no saben si recuperará la visión.
Las córneas han estado horas en contacto con el aguarrás.
Esa mujer estaba completamente trastornada.
- ¿Qué quería de usted?
- Me pidió un libro a cambio de algo que para mí era muy importante.
Y ahora entiendo que hablaba de mi nieto.
- ¿Qué libro?
- Bueno, volvamos a lo de mi heredero.
Quiero agradecer a esta joven su valor.
¿Podría hablar con sus padres?
- No tiene.
Es huérfana.
- ¿Y qué piensas hacer cuando acabes los estudios?
¿Tienes algún sitio donde ir?
Mire, usted va a dejar que yo tutele a esta joven hasta su mayoría de edad.
- Eso es una locura.
- ¿Una "locura"?
¿Quiere que hablemos de locura?
Mi nieto ha sido secuestrado y torturado bajo este techo.
Si se opone, exigiré responsabilidades y eso puede ser el fin de su congregación.
¿O me equivoco?
Esta joven se merece una vida mejor.
- Recoge tus cosas.
- Estoy muy agradecida, señor.
No sabe cuántas veces he soñado con el momento de abandonar este lugar.
- Soy yo el que te tiene que estar agradecido.
Si no fuera por tu arrojo, mi nieto estaría muerto.
- ¡Ítaca, espera!
- Deme un momento, por favor.
[música tranquila] ♪ ♪ Prométeme que nunca te olvidarás de mí.
- [ríe] Prometido.
Siempre seremos amigas.
- Siempre.
Este es el teléfono de la casa de mis padres.
Me puedes localizar si necesitas cualquier cosa, o si quieres hablar.
- Te voy a echar mucho de menos.
- Me alegro tanto por ti.
Adiós, Expósito.
- Adiós, amiga.
♪ ♪ - En 20 años de servicio, nunca he visto nada así.
Así que alguien cortó la luz, desconectó las cámaras, entró en un edificio público y se llevó un cadáver.
¿Es así?
- [carraspea] - Estábamos en el cambio de turno y... No sé qué decir.
- El que lo ha hecho, conocía bien el funcionamiento interno.
¿Pudo haber sido un trabajo hecho desde dentro?
¿Algún empleado, un guardia de seguridad?
- Me extrañaría.
Todo el personal es de confianza y... llevan años trabajando aquí.
- Gracias por su ayuda.
- ¿Alguna opinión?
- Esto es obra de Calibán, no hay duda.
Quería evitar que encontráramos en el cuerpo indicios que le señalaran.
En la primera llamada que recibiste, escuchaste un forcejeo, ¿no?
Seguro que bajo las uñas de Ítaca había restos de su ADN.
- No me encaja el perfil.
Un asesino experto en química, bibliófilo y hombre de acción capaz de asaltar un edificio público.
Demasiadas cualidades para un solo delincuente.
- ¿Pudo pagar a alguien para que lo ayudara, como hizo con la becaria?
- No.
No, no, no, no, no, no.
Eso tendría sentido si Calibán estuviese fichado y la policía pudiera rastrear su ADN.
- Revisaremos de nuevo la lista de sospechosos habituales.
Vete a casa.
Te avisaremos si hay alguna novedad.
- No.
Prefiero estar presente en la investigación.
- Es una investigación delicada.
Deja que la policía haga su trabajo.
- No voy a ninguna parte.
Es el cuerpo de mi madre.
- Precisamente por eso.
Colaboras con la Ertzaintza, pero con la policía de Madrid no.
No quiero tenerte por aquí investigando-- - ¿Inspectora?
- ¡Voy!
No quiero tenerte por aquí investigando por libre.
Vete a casa.
Estaremos en contacto.
[música inquietante] ♪ ♪ [música dramática] ♪ ♪ - Buenos días.
¿Aquí puede informarme sobre control de vehículos?
- Sí.
- ¿Cuántas entradas y salidas hay para los coches?
- Solo una.
- ¿También para los vehículos que trasladan los cadáveres?
- Sí, señor.
Acceden directamente al montacargas para subir y bajar de la morgue.
- ¿Y siempre hay un funcionario presente?
- Bueno, andamos escasos de personal y a veces... - Y cuando robaron el cadáver, no había nadie.
Ya.
¿El apagón no afectó a los montacargas?
- No.
Funciona con un sistema independiente.
- Entonces, el registro electrónico de las matrículas también funcionaba.
- Sí.
- Necesito un listado de todos los coches que han entrado y salido en las últimas 12 horas.
- Ya se lo he pasado a la inspectora.
- ¿Y?
- Se lo imprimo.
[teclea] [parloteo] [línea sonando] - Esti, dime.
- Por fin me coges el teléfono.
Tío, ¿qué pasa, Unai?
Me tenías preocupada.
- Te he enviado un listado de matrículas.
Necesito que las compruebes y me digas si ves algo raro.
No sé, cualquier cosa que te llame la atención.
- ¿Y eso por qué?
- Son de los coches que han entrado y salido del Instituto de Medicina Legal.
Es importante.
- Ya, ¿pero eso no es mejor que lo haga Mencía?
Sería más práctico que lo haga yo.
Pues esto no-- - No, mejor no.
- Tío, Unai, ¿qué coño pasa?
- Mi madre ha muerto.
Encontramos su cuerpo... y alguien lo ha robado del depósito.
- Eh... ¿Quieres que vaya o--?
- No.
No, salgo ya para Vitoria.
- Vale.
- Oye, espera.
Busca todo lo que haya sobre Gabriela Milton.
Es-- era la nueva identidad de Ítaca.
- Cierra los ojos.
¿Ya?
- Sí.
- No hagas trampas.
- No.
- No los abras.
- Que no.
- Vale.
Ahora piensa un deseo.
¿Lo tienes?
- Sí.
- ¡Nico!
¡Nico!
Eso no se hace, truhán.
- Déjalo.
No pasa nada.
- Quiero ser mayor.
- No, pues serás mayor cuando cumplas 18 años, como Ítaca.
Espero que para entonces sepas comportarte.
- Edurne, hágame el favor.
Vaya cortando la tarta.
Ítaca, ven conmigo.
Tengo una sorpresa para ti.
- Muchas gracias.
Es la primera vez que celebro mi cumpleaños.
[música inquietante] ♪ ♪ - Pasa.
¿Qué te parece?
Lo he mandado traer todo desde el internado.
- No entiendo, don Casto.
¿De qué me habla?
- Por favor, no me llames don Casto.
Llámame abuelo, que ya eres parte de la familia.
¿Qué te piensas, que no sabía quién eras cuando te traje a vivir a esta casa?
Ítaca, quiero que hagas por mí lo mismo que hacías por Aquilina.
- Usted también vende libros falsificados.
- Bueno, he hecho algunas inversiones que no han salido como esperaba, pero los Olivier siempre hacemos lo que haga falta por la familia.
- Gracias, pero prefiero buscar otro tipo de trabajo.
[música tensa] ♪ ♪ - También puedo replantearme tu papel en el secuestro de Diego.
- Yo le salvé.
- Tú sabías que estaba encerrado.
- No, yo no lo sabía.
- Sí, lo sospechabas.
Por eso fuiste a la biblioteca, para saber qué es lo que estaba sucediendo.
Ítaca, no te conviene nada que se sepa lo que pasó esa noche.
¿Estamos de acuerdo entonces?
¿Estamos de acuerdo?
Bien, bien.
- Enséñeme El libro negro de las horas.
- ¿Quién te ha hablado de él?
- La hermana Aquilina.
- La hermana Aquilina era una pobre mujer obsesionada con un sueño.
♪ ♪ [Esti teclea] [pitido] - Una furgoneta está matriculada en Vitoria.
- ¿Y los horarios de entrada y salida coinciden?
- Sí.
- Vale.
Vamos a buscar al propietario.
Bien.
Ve a buscarlo y lo traes a comisaría cuanto antes.
[música de suspenso] ♪ ♪ - Buenos días.
- Buenos días.
- Muchas gracias, Edurne.
[tintineo] [tintineo] [música esperanzadora] ♪ ♪ Gael.
♪ ♪ - Buenos días, cariño.
- N-no sé qué decir, Diego.
- Pues solo tienes dos opciones.
- ¿Qué hacéis?
- Nico, nos vamos a casar.
- Qué bien.
¿Pero por qué no se lo pides de rodillas?
[ambos ríen] ♪ ♪ - ¿Cómo estás?
- Si hubiera ido directamente allí cuando descubrí su identidad, a lo mejor podría haber hecho algo por ella.
O al menos haberme despedido.
Pero Mencía me convenció para esperar a la orden judicial.
- Unai, le he estado dando vueltas y ya sé cómo puedo ayudarte.
Me gustaría prescindir de tu colaboración.
- No hablas en serio.
- Sí hablo en serio.
Creo que es lo mejor.
Creo que tienes que irte a casa, con tu hija, con Alba y descansar y te tomas tiempo para asimilar-- - ¿Por qué me estás haciendo esto?
- ¿El qué te estoy haciendo, Unai?
Lo único que estoy haciendo es protegerte.
- ¿Que me estás protegiendo?
¿De qué?
- De ti mismo.
- Tú no has visto a tu madre tirada en el suelo muerta.
- Pero he perdido a un hermano en una investigación.
¡Y tú lo sabes!
Que no se te olvide esto.
Con la puta hostia.
Y estás sufriendo por una mujer que ni conoces.
[suspira] Tengo que entrar.
- Esti, voy contigo.
- Haz lo que te dé la gana.
[parloteo] - ¿Qué hace aquí?
¿No me lo vas a contar?
- Vete a casa, por favor.
Voy a descubrir quién está detrás de todo esto.
Te lo prometo.
- Esti, entre los dos podemos ir más rápido.
Si me apartas, lo haré solo.
Tardaré más, pero lo haré.
Ya me conoces.
- Qué pesado eres.
- No sé qué estoy haciendo aquí.
- ¿Qué hacía ayer tu furgoneta en Madrid en el Instituto de Medicina Legal?
- No tengo ni idea.
- ¿Estás seguro?
- Robaron un cadáver.
¿Qué hacías tú allí?
- Yo no he salido de Vitoria.
- Escúchame bien-- - Mira, me robaron la furgoneta.
Cuando salí de trabajar, la furgoneta no estaba.
- Claro.
¿Y denunciaste?
- Por supuesto.
Estuve todo el día hasta la noche trabajando con dos compañeros, reorganizando los archivos de los fondos editoriales.
Cuando salí, la furgoneta no estaba y me fui a denunciar.
He estado trabajando desde primera hora de la mañana.
Lo podéis comprobar.
- Lo haremos.
Lo haremos.
- No sé lo que está pasando.
- Sabes que poner una denuncia falsa es un delito, ¿verdad?
Si le has dejado la furgoneta a alguien para luego denunciar el robo, es mejor que lo digas ahora.
- ¡Te juro que no!
Cuando salí de trabajar, la furgoneta no estaba.
- Shh.
Tranquilito.
[música tensa] - ¿Me puedo ir ya?
- Gracias.
- De nada.
- Goya es sospechosa y justo le roban la furgoneta a su ayudante para llevarse el cadáver de Ítaca.
No deberíais perderlos de vista.
[suenan campanadas] - Estate tranquila, que el anillo no se te va a escapar.
Gael.
- Diego.
- Gael.
- ¡Cuánto tiempo!
- Qué casualidad.
- Sí, sí.
- ¿Pero hace cuánto que no te veo?
- Mucho.
Bueno, he estado fuera.
- Ah.
- Ya sabía lo de tu compromiso, pero no sabía con quién.
- Pues... - Y, bueno, había oído lo del ojo también.
Ya lo siento.
- Ya.
Bueno, oye, deja que te presente a mi prometida.
Gael, esta es Ítaca.
Ítaca, este es Gael, un antiguo amigo del colegio al que le tenía perdida la pista.
- Encantado, Ítaca.
Y enhorabuena por tu compromiso.
- Gracias.
- Oye, eh, tengo que ir al notario.
¿Por qué no te quedas?
- No, no sé.
- Sí, sí, sí.
Espérame, ¿eh?
Y nos tomamos algo, como en los viejos tiempos.
- No sé, no quiero interrumpir este paseo de prometidos.
- Pero no digas tonterías, si tenemos toda la vida para eso.
Mira, quedaos los dos y así os conocéis.
Que una mujer en un notario, ya me dirás tú, se va a aburrir.
- Vale, vale.
Pero no tardes mucho, que luego no nos encuentras.
- Cuidao con este, ¿eh?
Cuidao con este.
Vengo enseguida.
- Un destino con "I".
- Nombre gaélico de cuatro letras.
- Estuve esperando cada día durante dos años en el parque, Ítaca.
- No pude salir a buscarte.
Me castigaron.
- ¿Y si hubieras podido...?
- Sí, sí.
[música tierna] ♪ ♪ - Nunca perdí la esperanza de verte de nuevo.
Pero espero que seas muy feliz.
- No creo que pueda sin ti.
♪ ♪ - Mejor me voy.
Dile a Diego que he tenido una urgencia.
- No, no, espera, espera.
Quiero hablar contigo, pero fuera de Vitoria.
♪ ♪ - Aupa.
- Siento haberte hablado así.
- Yo también lo siento.
- No nos hagamos daño, ¿vale?
Eres una de las pocas personas en el mundo en las que confío.
- Bueno, me lo he ganao.
Llevo aguantándote desde el instituto.
- El abuelo y tú sois las únicas constantes en mi vida que me mantienen cuerdo.
- No te vengas arriba, porque muy cuerdo no estás.
Eres un obsesivo de cojones.
Pero te queremos igual.
- Esti, yo también te quiero.
Mucho.
Mucho.
- Anda ya.
- De verdad.
- Ya está.
- ¡Qué burra eres!
- [ríe] Te he dado flojito.
[celular sonando] ¿Sí?
Parece que la furgoneta ha dejado rastro.
- Vamos.
- Casi me mata.
Pues yo iba tranquilamente al médico, porque el Sintrom se me ha vuelto a descabalar.
El Sintrom, lo de la sangre.
Y en un cruce, una furgoneta se saltó el stop y me dio un golpe.
¿Se creen que se paró a preguntar a ver si estaba bien o a darme sus datos?
No, señor.
Siguió de largo.
No me dio tiempo ni a apuntar la matrícula.
- ¿Pudo ver quién conducía?
- Una señora muy aparente, así, elegante, que seguro que no había cogido una furgoneta en su vida.
Pero no digas nada, porque ahora no se puede hablar.
- Sí, mejor no decir nada.
¿Podría ser ella?
- Sí.
- ¿Seguro?
- Yo diría que sí.
Todo fue muy rápido.
- [carraspea] ¿Fundación Sancho el Sabio?
Necesito hablar urgentemente con la Sra.
Goya.
Eh... Vale, gracias.
Que dice se ha ido a un congreso a Egipto.
Una cosa de última hora.
- Ya.
- Voy a llamar a Mencía para informarle.
- No va a servir de nada.
- Es colega y no tenemos pruebas contra ella.
Lo único que ha hecho que te ha intentado sacar de la investigación y me parece una cosa bastante comprensible.
- Vale, ¿entonces quién me paga el arreglo?
¿Se encargan ustedes?
[celular vibra] - Inspectora Ruiz.
- Quería informarte que tengo indicios para pensar que Goya, la viuda de la primera víctima, podría conducir la furgoneta con la que robaron el cadáver.
El vehículo es de su ayudante y un testigo la ha identificado.
- Buen trabajo.
- He hablado con la Fundación Sancho y me han dicho que está en Egipto.
¿Puedes confirmar si ha salido del país?
- Por supuesto.
- Te mando los datos.
- Gracias.
Estaremos en contacto.
- Agur.
- No me gusta lo que hacemos.
No está bien.
- Demasiado tarde para echarse atrás, ¿no?
- Kraken no va a parar.
Acabará por descubrirlo todo.
- Por eso vas a tener que evitarlo.
- Está sufriendo.
- Lo sé y lo siento de verdad.
[música tensa] - ¿Todo esto merece la pena?
- Yo me hice esa misma pregunta hace muchos años.
Tú sabes mejor que nadie lo que nos jugamos.
♪ ♪ - ¿De verdad me esperaste en el parque todo este tiempo?
- Cada día.
¿Estás enamorada de Diego?
- Le tengo cariño.
Se ha portado bien conmigo.
Pero cuando te veo... me... me baila el corazón en el pecho.
Nunca he sentido eso con él.
- ¡Pues déjale!
Anula el compromiso y cásate conmigo.
Nos iremos lejos de aquí si quieres.
A Madrid, a París, donde quieras.
- Y tú abrirías una librería.
Y yo pintaría paisajes recordando este momento.
Me gustaría más que nada en este mundo.
- ¿Pero?
- Don Casto no lo permitiría.
- ¿Qué nos importa don Casto?
Que no son tu familia.
No tienen poder de decisión sobre tu vida.
- Por favor, déjalo.
- Ítaca-- - Gael, déjalo.
[música sombría] ♪ ♪ - No quiero verte triste, Ítaca.
♪ ♪ - A mí me pasa como al jubilado.
No veo a Goya en una furgoneta.
Y mucho menos robando un cadáver.
Está claro que sola no lo ha hecho.
Pero Telmo tiene una coartada.
- Goya es inteligente y utilizar la furgoneta de su ayudante ha sido un movimiento muy torpe.
- Lo ha hecho a la desesperada.
Se ve que le preocupaba lo que el forense pudiera encontrar en el cadáver.
Cuanto más estudiamos el caso, menos sentido tiene todo esto.
Por cierto, no hay nada de Gabriela Milton.
Lo único que han encontrado ha sido un pasaporte falso.
Tío, vámonos a un sitio en condiciones a cenar.
- Revisando las cámaras del Instituto Cervantes, hay algo que no me cuadra.
La última entrada de Sarah Jordan.
No parece ella.
Mismo aspecto, pero no es ella.
¿Crees que los del laboratorio podrían ayudarnos a identificarla?
- Mañana se lo digo.
- No, Esti.
Ahora.
- Pues ahora no sé si estarán trabajando, Unai.
Vale.
- Adelántate, por favor, que tengo que hacer una llamada.
- Vale.
[línea sonando] - Hola, Unai.
- Hola, Alba.
¿Qué tal estáis?
- Estamos bien.
¿Qué quieres?
- Quería darle las buenas noches a Deba.
- Ya está en la cama.
- Ya.
Es tarde.
- Sí, sí que lo es.
- Vale, vale.
Bueno, pues cuando se despierte, dile que he llamado, por favor.
Dale un beso, ¿vale?
- Yo se lo doy.
- Gracias.
- Hasta luego.
- Adiós.
[música inquietante] ♪ ♪ - Es la misma mujer.
- Vestida como la víctima, con capucha para evitar la cámara.
- Puede que se hiciera pasar por Sarah Jordan para esconder el libro.
- Bueno.
Gracias, Javi.
Buen trabajo.
- Muchas gracias.
- Hay miles de cajas en el Instituto Cervantes.
El juez no nos va a dejar abrirlas todas solo por una suposición.
- Ya.
Cuando entramos en el piso de Ítaca, había pinceles, pinturas, muchos cuadros, supongo que pintados por ella.
La mayoría eran de cielos nocturnos y lluvias de estrellas.
- Perseidas.
- Sabes qué día son las Perseidas, ¿no?
- Tu cumpleaños.
[música inquietante] ♪ ♪ [se abre puerta] - Señorita, ha llegado esto para usted.
- Gracias.
[música de suspenso] ♪ ♪ - Hola, cariño.
- ¿Qué tal la cacería?
- [suspira] Pues mal.
Cada vez apunto peor con este ojo.
¿Qué?
♪ ♪ - Diego, no vamos a casarnos.
Vengo a romper el compromiso.
Tú tampoco quieres casarte conmigo.
Nos hemos prometido porque-- porque así lo ha decidido tu abuelo.
- Tienes razón.
- ¿No crees que nos merecemos elegir con quién queremos pasar el resto de nuestras vidas?
- No vamos a romper nada.
- Diego... - Vales demasiado.
- ¿Qué dices?
Pero si no tengo nada.
No tengo ni un apellido.
- Tú no, tus falsificaciones son las que valen.
Nos mantienen a flote.
Mira, el abuelo está mayor y pronto yo voy a dirigir todo esto.
Vuelve al trabajo.
- Quiero a otro hombre y me quiero casar con él.
- ¿Y desde cuándo es importante lo que tú quieres?
- Te dejo.
Os dejo a todos.
- ¡No!
- ¿No?
¿Y qué vas a hacer?
¿Me vas a pegar un tiro?
- Solo tengo que esperar a la próxima tormenta.
Pobre hermana Aquilina.
- ¿Qué quieres decir?
- El viento arrasa con todo.
Rompe ramas, tira macetas... - ¿Tu abuelo la mató?
- ¡Exigió El libro negro de las horas a cambio de mi vida!
- No quiero saber nada más de esto.
Me voy a ir.
Y me vas a dejar que me vaya.
- ¿O qué?
- O voy a llamar a la policía y les voy a decir que matasteis a Aquilina, que vendéis libros falsificados aunque yo caiga también, me da igual.
Pero por lo menos me voy a librar de ti y de tu abuelo.
- ¡Aah!
[jadea] [música tensa] ♪ ♪ [bocinazos] [aves trinando] - Joder.
[suspira] [toques a la puerta] - Inspector Kraken, otra vez por aquí.
- Necesito volver a revisar las cámaras.
- Mire, yo quiero colaborar con las fuerzas del orden, pero esto ya me parece demasiado.
- Será la última vez que me vea por aquí.
- Ande, pase.
[música inquietante] ♪ ♪ [pitidos] - Fabio, ven al hall, por favor.
- De acuerdo.
Voy para allá.
Tengo que salir un momento.
Ahora vuelvo.
- No te preocupes.
Tengo para rato.
♪ ♪ [portazo] [música tensa] ♪ ♪ ♪ ♪ [parloteo de fondo] ♪ ♪ ♪ ♪ [golpe seco]
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