
Episode 6
Episode 6 | 52m 22sVideo has Closed Captions
The truth about Pelayo emerges as tensions rise and the women face a chilling surprise.
Elena and Cecilia uncover the truth about Pelayo, tensions explode at La Favorita, and a grim discovery at home pushes the women into deeper danger.
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback

Episode 6
Episode 6 | 52m 22sVideo has Closed Captions
Elena and Cecilia uncover the truth about Pelayo, tensions explode at La Favorita, and a grim discovery at home pushes the women into deeper danger.
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
How to Watch La Favorita 1922
La Favorita 1922 is available to stream on pbs.org and the free PBS App, available on iPhone, Apple TV, Android TV, Android smartphones, Amazon Fire TV, Amazon Fire Tablet, Roku, Samsung Smart TV, and Vizio.
Providing Support for PBS.org
Learn Moreabout PBS online sponsorship-No se preocupen, señoritas, mantengan la calma.
Ya tengo mi carro listo para llevarlas.
Hombre, no es tan elegante como las carrozas a las que estaréis acostumbradas, pero les aseguro que si se portan -- -Quítate o disparo.
-Ey, ey, ey.
Tranquila.
[ Chasquea la lengua ] -¡No!
-¡No, por favor!
-Esta me la quedo yo por si la usa igual de bien que el taco de billar.
[ Risas ] -¿Quién me ha robado la cartera?
-Han sido el Gallego y el Pipiolo.
-Pero ¿qué carayo dices, Maruja?
-Mi cartera.
¡Mi cartera!
-[ Grita ] -[ Gruñido ] -Corre.
Corre, corre, corre.
[ Jadeos ] -¿Estará usted bien?
-Solo es un día normal aquí.
-Gracias.
-[ Gruñidos ] [ Gritos ] [ Golpe seco ] [ Gruñidos ] -Lo que nos faltaba.
Ni una pista y dos enemigos más.
-¿Cómo que ni una pista?
Sabemos que se llamaba Pelayo y sabemos quién lo envía.
Cecilia, piensa.
¿A dónde nos querían llevar?
A una finca de un señor importante en Dos Hermanas.
-¿Casa de vacaciones de don César?
-Está claro.
Mi suegro quiere vengarse.
-Pero si es un hombre encantador y te adoraba.
-Igual ahora que he matado a su hijo, me adora un poquito menos.
Conociendo a César, no va a parar hasta encontrarnos.
-Tendremos que huir otra vez.
-No.
Yo no voy a huir más.
Estoy harta.
Tengo un restaurante, tenemos a las favoritas.
Y también tenemos una deuda con don Benito que saldar.
-Pero si es que ponemos un circo y nos crecen los enanos.
Si contratamos al grandullón de la sala para que nos proteja en el restaurante.
Total, no nos vendría mal.
-No.
Tengo una idea mejor.
Ve yendo al restaurante.
Con suerte, esta noche dormimos tranquilas.
-Elena.
¡Elena!
Pero... -[ Carraspea ] -Vaya sorpresa.
No me digas que ya tienes todo mi dinero.
Porque con una columnita como la que sale en este panfleto no creo que haya venido mucha gente.
-Ahórrese el sarcasmo, don Benito, porque no vengo a pagarle.
Vengo a exigirle que cumpla su parte del trato.
-Sorpréndeme.
-[ Se ríe ] Ya he terminado de arreglar la cerradura.
Ha quedado genial.
-¿Y ya te vas?
-Sí.
Tranquila, que no voy a volver más por aquí.
-¿Y eso?
-Pues porque tampoco quiero ser un problema.
-Tampoco hace falta que te vayas ya.
Tú sabes la que tiene Ana montando el escenario para la cena espectáculo.
No le vendría mal tu ayuda.
Si no tienes nada que hacer, a mí no me importa.
-Claro, como quieras.
-Mira lo que he encontrado.
-[ Se ríe ] Esta es la que nos hizo el fotógrafo ese que se recorría el barrio.
-¿Te acuerdas que no teníamos dinero para pagarla?
-Que me miraste con una cara.
Hiciste la señal con los dedos de la de tres pa' salir corriendo.
-Estábamos pelados.
-Como ahora, pero nos llevábamos mejor.
[ Suspira ] No sabes lo que te he echado de menos, Ceci.
-Yo también he pensado mucho en ti.
-Entonces, ¿me vas a decir de una vez qué hice para que te enfadaras tanto conmigo?
-Cecilia, ¿dónde estabais?
¿Estás bien?
¿Y Elena dónde está?
-Sí, sí, sí, ahora os cuento.
Estoy bien.
-¿Qué tal?
[ Abre la puerta ] -Ya estoy aquí.
¿Qué tal el servicio del mediodía?
-¿Tú crees que puedes entrar así después del susto que nos has dado?
-Sí, es que os teníamos que haber atado.
-¿Pero a quién se le ocurre ir a esa sala de juego?
-Vamos a ver, que eso está lleno de delincuentes.
La gente solamente va allí a apostar y a emborracharse.
-Veo que Cecilia os ha puesto al día.
-Sí.
Ahora te toca a ti.
¿A dónde has ido?
-Señoras, aquí el menda se va a planchar la oreja hasta el turno de noche.
-Pero ¿este quién es?
-Disculpa, no me he presentado.
Soy Roberto Betancor si no nos conocemos.
Y "Roberto, ¿cuándo volveré a verte?"
después de la primera cita.
¿Y usted es?
-Tu jefa.
-Bueno, si es la socia de Julito, entonces es amiga mía.
¿A que sí?
Hasta luego.
-¿Alguien me explica?
-Sí, yo te explico.
Yo te explico.
Quizás si no te hubieses ido, hubieses impedido que tu socio contratase al personaje este.
-¿Que lo ha contratado?
¿Cómo que contratado?
Pero si no tenemos un real.
-Pues eso le dije yo.
Pero dice que por el momento se conforma con las propinas.
-Este hombre me va a oír.
Es que me va a oír.
-Pero antes, ¿nos vas a decir de una vez qué has ido a hacer?
[ Bullicio ] -¿Qué, cómo va tu primer día?
-Si te digo la verdad, Julio, se echa de menos a tu padre.
-No eres el único.
-Que no me quejo.
Pero esto no es lo que era.
Es un gallinero y... cada gallina que se gaste una mala leche.
-A mí me lo vas a contar.
Pero paciencia, terminarás cogiéndoles cariño.
-No sé yo, Julio, pero bueno, de todos modos, muchas gracias por la oportunidad.
-Nada, para eso estamos.
Toma.
Guárdame esto.
¿Qué hace aquí?
-Probar no sé qué leches al fricandó.
Ni idea de qué es, pero está de chuparse los dedos.
Oye, esa cocinerita que te has echado es buena en lo suyo.
Tienes buen ojo.
-No, no.
El trato no era este.
Nosotros le pagábamos en un mes y usted nos dejaba tranquilos.
Le repito, ¿qué hace aquí?
-¿Ya me estás echando?
Menudos modales, Julito.
Pero si ni siquiera me han sacado el postre.
-Mejor se busca otro restaurante para cenar.
Y de paso se lleva al gorila que tiene en la puerta.
Porque si se cree que nos va a venir aquí a meter miedo -- -Para meteros miedo, no necesito tantas alforjas.
Ha sido tu socia la que me ha suplicado para que viniera.
¿No te lo ha contado?
-¿Elena?
-Ay, Julito, tan listo que eres y no te enteras de nada.
Mira, si no os ponéis de acuerdo en quién lleva los pantalones en los asuntos de negocio, es cosa vuestra.
Y ahora déjame cenar tranquilo y no me toques más las pelotas, ¿estamos?
-Lourdes, las chuletas a la musa de la mesa 9 las necesito ya.
-Tienes ahí el rape con boniato de la cinco.
-Ya, ¿y las chuletas?
-Y dale.
¿No ves que estoy con ellas?
Dame cinco minutos.
-Bueno, que sean dos.
-[ Jadea ] No.
No, no.
No.
No puede ser.
No puede ser.
Ay, ¿dónde está?
¿Dónde está?
-¿El qué?
-El hielo.
Estaba aquí y no... -Es que lo usé yo para los sorbetes de limón y no ha venido el repartidor, Lourdes.
-¿Qué vamos a hacer sin hielo?
No podemos estar sin hielo.
Necesitamos hielo.
-Tú no lo necesitas para cocinar, ¿verdad?
Te pasa algo en la mano.
Y esta vez no me digas que son los nervios, porque ya no cuela.
-No me pasa nada.
-Si no te pasara nada, no estarías aquí escondida.
Que soy yo, Lourdes.
Que me lo puedes contar.
¿Te duele mucho?
-¿Y a ti qué te importa?
-Estamos todo el día juntas.
Claro que me importa.
Y quiero ayudarte, pero -- -No necesito ayuda.
Estoy estupendamente, gracias.
-Pues no lo parece.
Lourdes, si te lo callas no sirve de nada.
Tienes un problema.
-¿Tú?
¿Tú me vas a dar lecciones?
Que ni siquiera te atreves a hablar con tu novio.
Mira, métete en tus asuntos, que bastante tienes con lo tuyo, guapa.
[ Portazo ] -Ay.
Disculpa.
¿Le has pedido a don Benito que viniera?
¿Has perdido la cabeza?
Chicas.
No sé en qué estarías pensando, Elena, pero te puedo asegurar que -- ¿Me estás ignorando?
Muy bien.
Pues no me voy a mover de aquí hasta que me respondas.
Estas cosas me las tienes que consultar, socia.
-Como me consultas tú cuando contratas a un camarero.
-Te lo habría contado si hubieras estado aquí.
Además, Roberto es un gran camarero y viene de una -- No me cambias de tema.
A don Benito le debemos mucho dinero.
Por fin nos libramos de él.
Un mes, Elena.
Un mes.
Y ahora lo tenemos aquí cenando.
Que le has invitado tú a cenar, sí.
-Don Benito tiene que cumplir su parte.
Si le estamos pagando, necesitamos protección.
-Elena, que era una cerradura y ya la hemos cambiado.
Un ratero.
No creo que necesitemos ni a don Benito ni a sus hombres para todo esto.
¿No será que tienes miedo de otra cosa?
¿Me estás ocultando algo?
-Ja.
El que fue a hablar.
Julio, no me puedes sacar de la cocina así.
-Está claro que tú y yo no terminamos de entendernos.
-Fíjate que no me había dado cuenta.
-Bueno, podríamos intentar ser un poquito más sinceros.
-No tengo tiempo para esto.
-De acuerdo.
Empiezo yo.
Eres una cocinera increíble.
-Lo sé.
Gracias.
-De nada.
También eres terca, cabezota.
-Terca y cabezota significa lo mismo.
¿Me puedo ir ya?
-No, no.
Elena, ¿tú te crees que estás sola en esto?
Se supone que somos socios.
Las decisiones importantes las tomas tú.
Le pides protección a don Benito, decides qué sale o qué no sale en la revista.
Ni siquiera me has hablado de la carta.
-Pero ¿ahora te quieres meter en la carta también?
Que la cocinera soy yo.
-Sí, tus platos están exquisitos.
Exquisitos.
¿Lo ves como eres una terca?
¿Sabes lo que ha comido hoy don Amancio?
Lentejas, libritos de pollo y natillas.
-¿Le has puesto la comida de personal a un cliente?
¿Tú estás loco?
-Le ha encantado.
-Hombre, claro.
Pero ese no es el tema.
-A ver, Elena, estás tan preocupada en hacer una cocina moderna, diferente, que te olvidas de que también hay otro tipo de clientes.
Uno que puede venir a diario y necesita algo más sencillo.
Los menús del día de mi padre.
Podrían servirte.
-Para menú del día está el mesón de la esquina.
Aquí hacemos otra cosa.
-¿Y por qué no hacemos las dos?
Sí, a veces cosas muy distintas pueden convivir.
-Muy bien.
Me toca ser sincera.
-Bien, de acuerdo.
-El 65% de este negocio es mío.
En mi cocina se hace lo que yo digo.
-Muy bien.
A lo mejor tu cocina dura poco tiempo si sigues así.
Deberías pensar menos en lo que tú quieres y más en lo que quieren los clientes.
-Será fresca.
Las horas que son y no ha pasado ni por casa.
[ Abren la puerta ] ¿Hola?
¿Elena?
¿Quién es?
-[ Grita ] -La madre que te trajo.
¿Tú sabes el susto que me has dado?
-¿Te quieres callar?
Que vas a despertar a Lourdes y Rosa.
-Da gracias que no se hayan despertado y hayan salido sartén en mano a recibirte.
Te recuerdo que ayer estábamos todas muertas de miedo durmiendo en el salón porque ese tipejo sigue por ahí suelto.
¿Qué quieres, que se nos salga el corazón por la boca?
¿Cómo se te ocurre irte por ahí?
-Qué pesada eres, chica.
De verdad que necesitaba tomar un poco el aire.
-Ya, ¿el aire?
Te gusta más la fiesta que una folclórica.
[ Estruendo ] ¿Con quién vienes?
-Con nadie.
-Anda ya.
Si acabo de escuchar el ascensor.
-Que no abras.
-No, a mí no me mientas.
Uy.
Pero si es -- -Este es Esteban, y se va a casa ya con su mujer.
-¿Con su...?
-Y aquí nadie ha visto nada.
-Oye, pero mi besito de buenas noches.
-Que te lo dé tu mujer.
Venga.
¿A ti te parece normal montarme este numerito?
Y todo porque te piensas que vengo con Manuel.
-Bueno, es que como Manuel y -- -No.
Manuel y yo, nada.
Cecilia, nada.
Además, ¿cómo puedes creer que te haría algo así?
Eres mi amiga, aunque seas una malpensada.
[ Suspira ] -Tú también eres una buena amiga.
Lo siento.
Lo siento muchísimo.
Es que no sé qué me ha pasado.
Igual es que Manuel me gusta un poquito.
-¿Un poquito?
-Un poquito, mucho.
Bueno, estoy loquita por él.
¿Contenta?
-Pues muy bien.
Pero yo creo que deberías decírselo.
Esto te lo digo como consejo de amiga.
Y ahora vamos a dormir, que necesito descansar unas horitas antes de ir a trabajar.
[ Toca "Flor de Té" ] -♪ Flor de té es una linda zagala ♪ ♪ Que a estos valles a poco llegó ♪ ♪ Nadie sabe de dónde ha venido ♪ ♪ Ni cuál es su nombre ni dónde nació ♪ ♪ La acompaña un gentil zagalillo ♪ ♪ Que le ofrece su amor ♪ ♪ Y su fe ♪ [ Golpeteos ] ♪ Y por él solo saben las gentes ♪ ♪ Que dice al -- ♪ [ Golpeteos continúan ] -¡Fermín!
Fermín.
Oye, ¿puedes parar?
Que me va a estallar la cabeza.
-Es que es un martillo.
-Ya sé que es un martillo, pero estamos en mitad de un ensayo.
Hazlo después.
-Pero vamos a ver, ¿queréis el escenario listo para esta noche o no?
Pues entonces.
-¿Os importa si nos tomamos un descanso?
-No, no, claro.
Por mí bien.
-Hombre, yo un bocata me tomaba.
-Tú no, que tienes que trabajar, Fermín.
-¿Has podido oír algo a pesar de los martillazos?
-No estaba en la cocina.
Lo siento.
-He cambiado el repertorio.
Tenías razón.
Y esto no es un cabaret.
-Gracias.
-En realidad soy yo la que te quería dar las gracias.
Julio lo pasó tan mal cuando murió su padre que pensé que nunca más iba a volver a verle sonreír.
Han sido unos años muy difíciles para los dos.
Hasta que apareciste tú.
Y ahora viene entusiasmado, cada día a trabajar.
Habla maravillas de este sitio, de ti.
-Ah, vaya.
-Está feliz.
Y en parte es gracias a ti.
No podría tener una socia mejor.
-Julio es... es un gran compañero.
-A mí me lo vas a contar.
Aunque tiene un don especial para sacar de quicio.
Seguro que ya te habrás dado cuenta.
-Sí, sí, es una de sus virtudes.
-Bueno, voy a seguir con el ensayo.
Me ha gustado mucho hablar contigo.
-Igualmente.
-Manuel, ¿qué tal?
Venía por achicoria y he pensado si te gustaría tomar algo.
Manuel, ¿estás más fuerte o me lo parece a mí?
No, Cecilia, ¿cómo le vas a decir eso?
Manuel, ponme unas achicorias y nos vamos a tomar algo ya.
¿Qué leches me pasa a mí con las achicorias?
-Los pimienticos verdes.
¿Qué más, reina?
-Dos kilos de azúcar, por favor.
-Dos kilos de azúcar.
Marchando.
-¡Ay!
Disculpe.
-Por favor.
-Los pimientos rojos, los verdes, dos kilos de azúcar, chocolate.
-Anda.
¿Qué le pongo a la favoritilla?
-No se preocupe, Consuelo.
Atiende a esta señora.
Yo me espero.
-Nanay de la china.
Tú vas primero.
-Que no pasa nada, de verdad.
-Si ella insiste, yo tengo prisa.
-Que no, que cuela una y se lía aquí la marimorena.
Entonces, ¿te pongo algo, sí o no?
-Hasta mañana.
-Pues, esto.
Achicoria.
-Deje, madre, ya la atiendo yo.
-Pero nada de fiar, que luego no salen las cuentas.
¿Oído, cocina?
-Jm.
¿Cuántas te pongo?
-Ninguna.
Vamos, es que en realidad no venía a comprar nada.
Quería saber si tomas café, que supongo que sí, porque lo toma todo el mundo.
El caso es que yo también lo tomo y he pensado que podríamos ir a tomarlo juntos a la vez, en un bar, si te apetece luego.
-Suena muy bien, pero es que he quedado con Agustina.
-Bueno, claro, si has quedado con otra chica, pues entonces nada.
-No, no, pero Agustina tiene 60 años.
Es una vecina que le llevo la compra con la bicicleta.
Pero lo del café podemos dejarlo para otro día.
-Claro.
-Aunque bueno, si no tienes nada que hacer ahora, podrías acompañarme a hacer el reparto.
-Sí quiero.
Digo que sí puedo, que tengo un ratillo antes del turno, y estaría muy bien.
-Pues estupendo.
Pues ahora nos vemos.
-Sí.
[ Conversación indistinta ] -Aquí tienes.
Mira.
Las acelgas.
-¿Manuel?
-Te haces una sopita.
¿A dónde vas?
-¡Manuel!
[ Jadeos ] -[ Se ríe ] -¿Estás bien?
-Perdón.
-Ya, te cobro otro día.
Con cuidado, cuidado.
-Buenos días.
-¿Cómo estáis?
-Gracias.
¿Quieres un poco?
-Sí.
Muchísimas gracias.
-Y como estábamos jugando al lado de la hoguera, la que me quise dar cuenta tenía todas las enaguas chamuscadas.
¿Lo puedes creer?
-Fíjate que cuando te conocí pensaba que eras más tímida.
Hasta parecía que te faltaba un hervor.
-Gracias.
[ Chirrido ] -Perdón, que soy un burro.
Es que no sabía que eras tan divertida.
Me lo he pasado muy bien.
Yo también.
-Bueno, ¿qué?
¿Te vas a quedar ahí?
-Sí, perdona.
-¿Te ayudo?
-Sí, gracias.
-Ya me tengo que ir.
-Tengo que ir a casa.
-A volver.
[ Se ríen ] Bueno, muchas gracias por acompañarme.
Así da gusto.
Ojalá te vinieras todos los días a hacer el reparto.
-Cuando quieras.
Cualquier día de estos.
Es por ahí.
-Chao.
[ Toca "Como las Mareas" ] -♪ A la mar yo la comparo ♪ ♪ Pues la encuentro parecida ♪ ♪ Con el amor en sus penas, en sus ilusiones ♪ ♪ Y en sus alegrías ♪ ♪ Pleamar ♪ ♪ Si los amores la felicidad nos da ♪ ♪ Si nos dan solo tristezas, es marea baja ♪ ♪ Que nos deja en seco todo nuestro afán ♪ -¿Qué tal, parejita?
¿Unos altramuces, unos torreznos para acompañar?
[ Se ríe ] Es broma, es broma.
Aquí somos mucho más finos.
¿Dónde va a parar?
Ahora mismito les traigo la carta.
-♪ Y otras que lejos están ♪ ♪ Es del alma la amargura ♪ ♪ Cuando está desengañada ♪ ♪ Una amargura más grande ♪ ♪ Que la de las olas de la mar salada ♪ -Ya estoy, ya estoy.
Perdón.
Voy.
-Ya era hora, bonita, que estamos hasta arriba.
Venga, ponte con la mesa cuatro.
-Sí.
-¿De dónde vienes con esa sonrisita?
-Le he hecho caso a una amiga y acompañaba a Manuel al reparto.
-¿Ah, sí?
Mírala.
Si, parecías modosita.
¿Y qué tal el reparto?
¿Te ha tocado algo?
-No seas mal pensada.
Solo hemos hablado.
Bueno, y nos hemos reído mucho.
Igual quedamos otro día.
-Me alegro.
Ves como tenías que hacerle caso a tu amiga, que es muy lista.
-Sí, la verdad es que da muy buenos consejos.
-No hay noticias de ese malnacido.
Y el hombre de don Benito está vigilando, así que podemos estar tranquilas.
Sigamos, que hay faena.
Lourdes, la reducción de oporto y setas, ¿está?
-Sí, sí, estoy con ella.
-La necesito ya.
-Perdón.
Perdón, perdón, perdón.
-¿Estás bien?
-Sí, sí, ha sido mi culpa.
-Sí, sí, todo bien.
-Yo te ayudo, yo te ayudo.
-Vamos, que nos vamos.
Que no me entere yo que esta parejita me pasa hambre.
-¿Disculpe?
-Disculpada.
Ahora mismito le traigo el pan porque esa salsita pide guerra.
-Perdonen.
Ahora mismo les atiendo yo.
Ven conmigo.
¿Qué haces?
-Atender a tus finolis.
Se ve que la cara de vinagre aquí la regalan.
-Mira, te voy a decir una cosa y te la voy a decir por las buenas.
Puedo imaginarme el tipo de antros en los que has trabajado antes, pero aquí no funcionamos así.
Sé educado, baja el tono, vístete bien, y sobre todo, no trates a los clientes como si fueras su cuñado.
-¿Es por el chiste que le conté al de la mesa seis?
Si se ha reído.
-¿Sabes qué?
Mejor cállate y limítate a mover la cabeza.
-Sí, mi generala.
-Eso es lo que te molesta, ¿no?
Que tu jefa sea una mujer.
-Si te soy sincero, me caerías igual de mal siendo un hombre.
-Pues entonces te lo voy a decir por las malas.
O cambias tu comportamiento -- -¿O qué?
¿Vas a hacer que me despidan otra vez?
-Mejor no me pongas a prueba.
-Mira, lo que pasa aquí es que soy amigo del dueño y no creo que eso le haga mucha gracia.
Así que si me permites, tengo que volver al trabajo.
-Estaba buscando nueces.
Ya me voy.
-Tranquila, que no muerdo.
Gruño mucho, pero no muerdo.
Rosa, lo que has hecho antes, lo de cubrirme delante de Elena.
Gracias.
-No lo volveré a hacer.
Bastantes secretitos llevamos ya.
Si te pasa algo, las demás tienen que saberlo.
-No, no.
No pueden enterarse.
¿Tú sabes lo que hizo la señora para la que cocinaba cuando se enteró?
Ponerme de patitas en la calle.
Ninguna casa me quería contratar.
Ni en San Sebastián ni en Bilbao.
Nadie.
Normal.
¿Quién va a querer una cocinera que no es capaz ni de sujetar una sartén?
Pensaba que no iba a trabajar más y entonces recibí la carta de Elena.
Yo no quiero perder esto.
Me pasa como a ti, supongo.
Que le he cogido mucho cariño a este sitio y... Y a las chicas.
-Pero es que ellas lo van a entender.
Y seguro que algo se podrá hacer.
-No, esto va peor.
Los temblores irán a más, y llegará un día que no pueda moverme.
-No, eso no lo sabemos.
-Sí.
Yo sí lo sé.
Me está pasando lo mismo que le pasó a mi madre y... no acaba bien.
Yo no sé hacer otra cosa.
El tiempo que me quede aquí, quiero pasarlo cocinando.
-Te prometo que no diré nada.
-Gracias.
-Pero con una condición.
Que te olvides del hielo y de los remedios caseros.
-No puedo.
No puedo.
-Lourdes.
Te tiene que ver un médico.
A no ser que prefieras que hable con Elena.
-¡Rosa!
¡Rosa!
-¿Qué haces aquí?
Aún tengo faena.
-De eso nada.
Tú te vienes conmigo ahora mismo.
-Pero estamos en mitad del servicio.
Ahora no me puedo ir.
-Que me da igual.
¿Tú sabes con quién está hablando tu jefa?
Con el prestamista del barrio.
A saber los líos que se traen.
-Pero no seas mal pensado, que no es -- -Que no me gusta que trabajes aquí.
¿Cómo te lo tengo que decir?
-Tampoco hace falta que te pongas así.
-¿Y a ti qué te importa cómo me pongo o me dejo de poner?
Estoy hablando con mi novia.
-Como sigas tratándola así, te va a durar poquito, fenómeno.
-¿Y tú quién coño eres?
-Miguel, déjalo, ¿vale?
Es Fermín, el manitas.
Viene de vez en cuando.
-El manitas.
Pues que tenga cuidado, no vaya a ser que se haga daño en las manitas.
-¿Qué pasa?
¿Aquí no trabaja nadie?
-Es que me tengo que ir.
Se me había olvidado que es el cumpleaños de mi suegra y teníamos cena.
-Ya.
Tranquila, yo te cubro.
-Menudo soplagaitas.
-Que lo digas.
-Yo no sé qué hace con un tipo como ese.
-♪ A la mar no te vayas, marinero ♪ -Ha sido una gran idea traer a Lola.
-¿Ah, sí?
-Sí.
Mira.
Más reservas que nunca.
La gente encantada, y ella es muy simpática.
-¿Quién eres y qué has hecho con mi socia?
-No, en serio.
Siento si he sido un poco seca con ella en algún momento.
Me cae bien.
Mejor que tú.
-Bueno, eso es fácil.
-♪ Y al morir en la arena ♪ -¿Vienes un momento?
Quiero enseñarte una cosa.
-♪ Estos besos, chiquillas ♪ ♪ Que a tus plantas traemos nos los dio para ti ♪ -He estado pensando en lo que dijiste anoche, y... -¿Sí?
¿Y?
-Y creo que es un poco difícil hablar con alguien tan terco y tan cabezota, pero -- -Según los expertos, cabezota y terco significan lo mismo.
-Pero creo que tu idea del menú del día es buena.
-Vaya.
-De hecho, es muy buena.
-Gracias.
Y lo de ser una cabezota te lo perdono, de verdad.
-No lo decía por mí.
Bueno, sé que puedo ser un poco complicada a veces, pero tampoco... -A veces -- -Bueno, como no te calles, lo vas a arruinar.
[ Carraspea ] Tienes razón.
Y hay que atraer clientes que vengan a diario.
Así que he estado repasando los menús de tu padre y voilà.
Crema de mariscos, mollejas al ajillo y crema catalana.
Los miércoles habrá cocido y los viernes paella.
-Espera.
Este es uno de los menús del día de mi padre.
-Casi.
La receta es la base tradicional de tu padre, pero le he dado un toque de alta cocina para, no sé, no perder nuestra esencia.
Por favor.
La sopa lleva azafrán y la crema catalana está infusionada con especias para que sea más sorprendente.
-Muy buena.
Y esas son las mollejas al ajillo que hacía mi padre, ¿verdad?
-Con mi toque especial.
Le he añadido jerez a la salsa porque creo que le faltaba así.
-Elena, ¿cómo te atreves a --?
-Bueno, ¿te puedes callar y las pruebas?
-Están buenísimas.
-Lo sé.
A partir de ahora, los clientes podrán elegir entre comer de carta o comer un menú que es más sencillo, un poco más tradicional, modernizado y delicioso.
Genial, ¿no?
-Es genial.
Fue idea mía.
Pero ahora debemos de pasar la prueba de fuego.
-♪ Y así dicen que cuenta el pastor ♪ ♪ Al pintar... ♪ -Mollejas a la Favorita.
-Son como las que hacía tu padre.
-Son mejores, don Amancio.
Y a partir de mañana tendremos un menú diario para nuestros mejores clientes.
-♪ No desdeñes mi amor ♪ ♪ Que contigo es la vida un encanto ♪ -Mm.
Como esté todo tan bueno como esto, me vais a aguantar hasta en el desayuno.
-♪ Si me falta la luz de tus ojos ♪ ♪ Flor de té ♪ -Esa cocinera es buena.
-Sí, sí que lo es.
-Y muy guapa.
-¿Sí?
No me había fijado.
-Te conozco desde que eras un crío y correteabas por aquí.
Y esa mirada solo te la había visto una vez, hace ya muchos años.
Ay, Julito, me temo que estás a punto de complicarte la vida.
♪ Una tarde el señor del castillo ♪ ♪ Que de caza a sus montes salió ♪ ♪ Y al volver del camino un recodo ♪ ♪ Al ver a la niña, prendado quedó ♪ -Estaba todo delicioso.
-Y la música una maravilla.
-Les esperamos la semana que viene entonces.
Buenas noches.
No han parado de felicitarme por tu música.
Creo que ha gustado hasta más que mi comida.
Me voy a poner celosa.
-Me lo he pasado muy bien.
-Eso espero.
He prometido que volverías.
Es la primera noche que llenamos así.
Gracias.
-Prueba su prueba.
-Mm-jm.
Le he dicho a Lola que esperamos verla pronto por aquí.
-Bueno, cuando tú quieras claro, cariño.
-Bueno, ¿nos vamos?
-Sí.
Vámonos.
-Adiós, Elena.
-Adiós.
-Hasta mañana, socia.
-Hasta mañana.
[ Pasos acercándose ] Bueno, pues hemos sobrevivido a nuestra primera cena espectáculo.
-¿Primera?
Así que habrá más.
-Tenías razón.
Lola es una gran cantante.
Y simpática, además.
-Aunque sea la mujer de Julio.
-¿Qué tal con el nuevo?
Te he visto discutir.
-Bueno, podría haberle matado en mitad del servicio, pero no lo he hecho porque soy una profesional.
-Lo despedimos.
-No, no hace falta.
Buscaré la manera de hacerme a él cueste lo que cueste.
-Como quieras.
Vete a casa.
Chicas, dejad lo que estáis haciendo e iros a casa.
-Ay, menos mal, porque estoy muerta.
-♪ Flor de té, flor de té ♪ ♪ No desdeñes mi amor ♪ Se me ha pegado la cancioncilla.
Hoy no voy a pegar ojo.
-Claro.
Seguro que por la cancioncilla.
No, por otra cosa.
Venga, anda.
Tira para casa.
[ Ladridos distantes ] Pero bueno, mira quién está por aquí.
-Pero ¿y tú a qué vienes a estas horas, alma de cántaro?
-Bueno, pues venía.
Vamos, te quería hablar.
-Pues nada, nos vamos a casa y os dejamos darle a la lengua tranquilamente.
-Venga.
Buenas noches.
-Buenas noches.
-Adiós.
-Ha estado divertido, ¿no?
Lo de esta tarde, digo.
-Sí, mucho.
-¿Y venías solo a saludar o...?
-En realidad no, que no sabía si venir.
Esto me da un poco de vergüenza, pero cuando te gusta mucho alguien y no aguantas sin verla.
-Qué me vas a contar.
-Pues yo soy un burro y no sé hacer estas cosas.
Necesito un empujón.
-Pues si hay que empujar, se empuja.
-¿Me ayudarías a ligarme a Ana?
-¿Qué?
-Estoy loquito por ella.
Y no sé cómo se hacen estas cosas.
Y como tú eres su amiga.
Me ayudarás, ¿no?
¿Sí?
¿Sí?
Millones de gracias.
Pues nunca había tenido una amiga como tú.
-Al final soy la única que se queda soltera.
Ya verás.
-Que no, mujer.
Que yo te presento a un par de amigos.
-Quita, quita, que no estoy yo pa' esos trotes.
-[ Grita ] ¡Lourdes!
[ Gritos ] -Me he dejado el...la... En realidad no me he dejado nada.
-Lo sé.
Disimulas fatal.
-Bueno, solo quería agradecerte que hayas cocinado las mollejas de mi padre.
-Es lo más bonito que me has dicho nunca.
En serio.
Gracias a ti.
Ha sido tu idea.
-Bueno, un poco tuya también.
-Estaba pensando que... si el menú del día y la carta pueden convivir siendo tan distintos, igual tú y yo también.
-Sí.
Creo que podemos llegar a entendernos.
-Poniendo un poco de nuestra parte.
-Sí, dejando de ser dos cabezotas.
Por algo somos socios, porque hacemos muy buen equipo.
-Uno muy bueno.
-¡Elena!
-¿Qué pasa ahora?
-Tranquilidad, tranquilidad.
Está muerto.
-Claro.
Igual la puñalada en el corazón te daba una pequeña pista.
-A lo mejor estaba valorando todas las opciones antes de aceptar que tenéis un cadáver en vuestra sala.
-Dios mío, que tenemos un muerto en casa.
¿Qué hacemos?
-Ir a la policía inmediatamente.
-Vamos a calmarnos un momento antes de -- -Pero... -Porque... -¿Qué pasa?
[ Resuella ] -Shh.
-Pero... Pero es el tipo del restaurante, el que te atacó.
-Espera, espera, espera.
¿Le conocías?
¿Cómo que te atacó?
-¿Recuerdas que te dije que habían entrado a robar en el restaurante?
Pues no era un ladrón, era... -¿Me podéis explicar, por favor, qué es lo que está pasando?
-Julio, vas a necesitar una copa.
-Elena, ¿qué copa?
-Vas a necesitar.
Ven.
-Por favor, Elena.
Elena.
-Tranquila.
-Elena, por favor, dime qué está pasando.
-Qué está pasando, sí.
-Sí, sí.
¿Qué está pasando?
-Bueno, lo primero que tienes que saber -- bebe -- es que mi nombre no es exactamente mi nombre.
-[ Tose ] ¿No te llamas Elena?
-Me llamo Elena, sí.
Me llamo Elena De Valmonte.
-¿Eres de familia noble?
-Bueno, nací en una familia bien, pero sin título.
Supongo que por eso, cuando el marqués de Valmonte le pidió mi mano a mi padre, pues él se la concedió sin dudar.
Yo nunca me habría casado con ese hombre, pero no pude elegir.
Mi marido era complicado.
-Elena, esta historia -- -No, Julio, no me interrumpas, por favor, porque si no te lo cuento de golpe, no te lo voy a poder contar.
Mi marido... No, mi marido no era complicado.
Mi marido era un malnacido y un desgraciado.
Y yo me pasaba las horas en la cocina huyendo de él.
Y Cecilia, que era mi doncella, trabajaba para mí.
¿Puedes entender cómo alguien le puede hacer daño a esa chiquilla?
-¿A Cecilia?
No te sigo.
-Una noche oí a Cecilia gritar.
Fui a ver qué pasaba y me encontré a Adolfo, mi marido, borracho... sobre ella, forzándola.
Yo la quise defender, pero Adolfo era bastante más fuerte y más grande que yo, entonces -- -"¿Era?
¿Adolfo era?"
¿En pasado?
-Sí, porque no hay más Adolfo.
Verás, es que yo solo quise quitármelo de encima.
Él se abalanzó sobre mí, me quise defender y cuando me di cuenta estaba en el suelo y estaba muerto.
No sé cómo pasó.
Entonces tuvimos que huir de Sevilla.
Cogimos unas maletas, unas joyas y aparecimos aquí.
El hombre que está en el salón ha sido enviado por mi suegro.
Supongo que como yo maté a su hijo, pues él querrá hacer lo propio.
Yo de verdad me siento culpable cada día por lo que pasó.
Pero te aseguro que si volviera a vivir lo mismo, volvería a hacer lo mismo.
Yo volvería a defender a Cecilia o a cualquier mujer a la que estuvieran forzando.
Yo no he matado a ese hombre, Julio.
No sé qué hace en mi salón.
No sé cómo voy a salir de este.
No sé por qué llevas tanto tiempo sin decir nada.
Por favor, di algo.
-[ Jadeos ] -Yo no puedo mirarlo.
Tápale la cara, por favor, que me da mucho repelús.
-Después despellejas y le sacas las tripas a los conejos sin inmutarte.
-Toma.
-Se lo ha tomado muy bien.
-¿A dónde va?
¿A la policía?
-No creo.
-¿Estás segura?
Porque no tiene pinta de habérselo tomado demasiado bien.
-Julio no haría eso, creo.
Espero.
-¿Y quién...quién le ha...?
Porque no hemos sido ninguna de nosotras, ¿no?
-A ver, no sería la primera vez que -- -Os cargáis alguno.
-Eso fue un accidente.
Y en defensa propia.
¿Cómo íbamos a matar a este?
-¡Shh!
-Alguien ha tenido que dejarle tieso.
-Sí, ¿para qué?
¿Para qué lo han traído aquí?
¿Para meternos miedo?
¿Para qué?
-Chicas, por favor.
Nos estamos olvidando de lo importante que es que hay que sacar un cadáver del salón.
-¿Y a dónde lo llevamos?
-A algún sitio... Que tengo que pensar.
-Pues piénsalo rápido, porque enseguida va a amanecer y se van a llenar las calles de gente.
-En mi pueblo desapareció el mesonero y se rumoreaba que su mujer lo había metido en un guiso.
-Ostras, Lourdes.
-A ver, no estoy diciendo que lo hagamos, pero, no sé, me ha venido a la cabeza.
-Ya me dirás el nombre de tu pueblo para no ir jamás.
¿Ahora qué?
[ Estruendo ] [ Resuellan ] -Es la vecina.
-Shh.
-La Sra.
Peláez está barriendo, claro.
Habrá oído voces y quiere poner la oreja.
-Ay, Dios mío.
¿Qué hacemos con el finazo?
-No podemos sacarlo ahora.
Hay que esperar a la noche.
-Hacemos como con los solomillos.
Lo metemos en hielo para que no caduque.
-Eso es.
¡Eso es!
Lo metemos en la mañana.
Y traemos hielo varias veces al día para que no huela.
Y ya está.
Y hacemos como que es un día normal.
Support for PBS provided by:
















