
The Past Always Returns
Season 2 Episode 4 | 52m 13sVideo has Closed Captions
Clara battles Omar and betrayal while Raul plots a risky escape from the hospital.
Clara fights to save Velvet’s deal with Omar while betrayal surfaces. Love troubles, family conflict and Raul’s daring escape from hospital follow.
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The Past Always Returns
Season 2 Episode 4 | 52m 13sVideo has Closed Captions
Clara fights to save Velvet’s deal with Omar while betrayal surfaces. Love troubles, family conflict and Raul’s daring escape from hospital follow.
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-¿Se puede saber qué hace, señor Infantes?
Vamos, levántese, levántese y colóquese bien la ropa, ahí, eso, muy bien.
[ríe] Ha pasado el tiempo y seguimos lo mismo usted y yo.
¿Busca algo?
♪♪ No me toque las narices, señor Infantes.
-Pero ¿usted está aquí de verdad?
-¿Usted qué cree?
-Pues no sé, la verdad, no lo sé.
-¿No se alegra de verme?
-Sí, sí, sí.
Ahora, ahora siento cosas raras, pero, sí, me alegro mucho.
Es que usted, usted había pasado como a, a mejor vida que se dice, ¿no?
-Se dice mal.
Desconfíe de las frases hechas.
Vamos a dejarlo en que pasé a la otra vida y no, no del todo.
-Uy, esto no está pasando, esto no está pasando.
-¿Señor Infantes?
♪♪ -Madre mía, que me estoy volviendo loco.
Que me estoy volviendo loco.
-Señor Infantes.
Señor Infantes.
Señor Infantes.
♪♪ [Emilio carraspea] -¡Ay, Dios mío de mi vida y de mi corazón!
pero ¿cómo?
¿Cómo ha entrado aquí, don Emilio?
-Por la puerta, como es natural.
-Como es natural, natural, yo, esto, yo, de verdad, yo, esto, no veo nada natural.
Que es que no... -Señor Infantes, cálmese, señor Infantes.
Cálmese, yo se lo voy a explicar.
Verá, los de arriba me están poniendo a prueba.
Tengo una misión y usted me tiene que ayudar.
Mejor dicho, yo le tengo que ayudar a usted.
-Pero... ¿una misión?
-Sí, eso parece, sí.
Y me temo que si no la cumplo, pues que, en fin, lo del descanso eterno lo voy a tener crudo.
[jadea] [llora] Señor Infantes, perdóneme si le parezco impertinente, pero tengo que insistir.
No soy un producto de su imaginación, ni está usted loco, señor Infantes.
-Es que si no estoy loco, esto tiene que ser un sueño.
Y tiene que acabar ya, por favor.
-No, ni una cosa ni otra, y se lo voy a demostrar.
Verá, escuche.
De camino a Porrillos, usted se paró en la venta de Balsaminas.
¿Mmm?
Le dijo a Manolito que se pararía allí para tomar un café y llamarle por teléfono.
-Sí.
-Pero de café nada, se empujó usted un bocadillo de panceta como, como mi antebrazo y dos chatos de vino tinto.
-Bueno, porque tenía, tenía hambre y ya sabe cómo tengo el estómago, pero... -Le voy a decir a usted lo que pensaba mientras se comía el bocadillo.
Pensaba: "Si mi Rita estuviese aquí, se habría pedido otro, pero de panceta churruscada".
♪♪ -Le he echado mucho de menos, don Emilio.
Que se fue usted sin despedirse ni nada.
♪♪ -¿Qué está ocurriendo aquí?
-Es que es muy largo de explicar.
-Pues no te preocupes, porque como nos han cancelado el encargo, tengo todo el tiempo del mundo.
-Vale, pero no te enfades, por favor.
-Mal empezamos.
-Eh... Verás, es que la cancelación, y otra cosa que ha pasado, pues lo mismo, a lo mejor tienen algo que... -¿Qué otra cosa que pinta aquí Julián?
-Ju... Julián... es el... Mateo entró en el consulado de Irán haciéndose pasar por el director de comunicación de Velvet y robó unos documentos de Omar.
-¿Qué?
-Ya lo he dicho.
-La intención de don Mateo no era mala.
-Mira, ¿eh?
¡Me importa un bledo la intención de don Mateo!
Don Mateo no es nadie ni para meterse en mis negocios ni para representar a Velvet.
Lo tuyo no tiene nombre, ¿eh?
-Don Mateo me pidió que viniera para asegurarme de que todo estaba bien, y yo quería aprovechar y hablar con Paloma.
-Yo sé que no tenía que haber ayudado a Mateo y muchísimo menos mentirte a ti, Clara, pero, por favor, tienes que creernos.
-¡Fuera!
¡Fuera ahora mismo de mi despacho!
Y ya estáis llamando al consulado y pidiendo disculpas.
-Sí, sí.
Ahora mismo.
[timbre de teléfono] -Consulado de Irán, dígame.
-Buenas tardes, me gustaría hablar con su Excelencia, el embajador.
Llamo de Galerías Velvet.
-Su Excelencia no está disponible, señora.
-Señora no, señorita.
-Hola, buenas, soy la directora de Velvet, Clara Montesinos.
Me gustaría poder hablar con el embajador.
-Señora Montesinos, como ya sabe, el embajador no tiene nada que tratar con Velvet.
Buenas tardes.
-Ya... -Yo siento ser tan grande, de verdad, sabes que tengo el sí fácil.
-¿A quién llama?
-Shh.
[timbre de teléfono] -Sí, diga.
-Eduard, perdona que te moleste, pero es importante.
-Tú nunca molestas, Clarita.
¿En qué te puedo ayudar?
-Ha habido un cambio de planes.
No vamos a poder cenar esta noche.
-Vaya.
No esperaba oír algo así.
-La embajada nos ha cancelado el encargo.
-¿Qué ha pasado?
-Pues que un periodista parece ser que se ha colado en la embajada haciéndose pasar por un empleado de Velvet y ha robado unos documentos, así que supongo que eso no ha ayudado mucho.
-¿Cómo que un periodista se ha llevado unos documentos de la embajada?
Habrá que emprender acciones legales contra él ahora mismo.
-Sí, sí, es lo que habría que hacer, pero el problema es que el periodista es Mateo.
-Clara, Farah no es una clienta cualquiera y su coronación es un negocio.
-Lo sé, lo sé, lo sé, Eduard.
No necesito que me digas lo importante que es para nosotros perder este proyecto.
Por eso te estoy llamando, porque necesito tu ayuda.
El embajador no quiere ni hablar conmigo.
¿Podrías reunirte con él e intentar que cambie de parecer?
-Bueno, la clave son esos documentos, así que tendrás que recuperarlos.
Estoy seguro que sin ellos, Omar no va a ceder.
-Me pongo ahora mismo con ello, espero tu llamada.
-Don Emilio, ¿y mi Rita?
¿Cómo está ahí arriba?
-Bien, bien, bien, está muy bien, sí, pero tampoco crea usted que yo la veo todos los días, ¿no?
Porque, no, ella está en una zona para elegidos, es una zona como de primera clase, eh, le llaman el Paraíso.
Ella se conoce que debió llegar con el alma completamente limpia.
-Eso es seguro.
He venido a verla porque hoy, hoy es nuestro aniversario.
Siempre que llegaba nuestro aniversario, yo estaba a puntito de olvidarme, hasta que un día me olvidé y... ¿sabes lo que me dijo ella?
"Mientras que no te olvides de la boda de oro".
Ella pensaba que esto iba a durar para siempre, pero a veces el para siempre se acaba antes de lo previsto.
-Pedro, tiene usted treinta y pico de años.
No quiero decir que vaya a encontrar otra mujer como Rita, es más, ni le aconsejo que se ponga a buscarla.
Pero no se encierre, Pedro.
No se encierre.
Puede usted volver a amar otra vez.
¿Mmm?
Claro, y está bien que sea así.
Hay que aprovechar la vida.
Yo he tenido que morirme para darme cuenta.
Hay que aprovechar, Pedro, hay que aprovechar.
-Sí, pero es difícil.
-Sí.
No es fácil, no, pero un día ya lo sabrá cuando encuentre una persona y el corazón vuelva a latirle con fuerza.
Sabe a lo que me refiero, ¿no?
-Sí.
Sí, sí, conocí a una chica.
-¿Y siente algo por esa mujer?
Es que siento que está... está llena de dolor.
-O sea que sí, que siente algo.
-Sí, sí.
Vamos, no sé, no sé, pero sea lo que sea, nunca será parecido a lo que siento por Rita.
-Me parece que ya empiezo a entender por qué estoy yo aquí.
lo de la misión, quiero decir.
-Sí.
-Sí.
Pedro, vámonos que tenemos que descansar y mañana salir temprano para Barcelona.
-Sí.
-Venga.
-Sí.
Una pregunta, don Emilio.
-Sí.
-¿Y usted está muerto o se puede decir que está resucitado?
Ah.
[ríe] [golpean la puerta] -Buenas noches, ¿no?
-Pero ¿tú estás loco o qué te pasa?
¿Cómo se te ocurre montar esa farsa del director de comunicación de Velvet y robar al embajador?
-Tenía mis razones.
-Y hundirme.
-Intentaba protegerte.
¡Ese tipo es peligroso!
-Ya, que pares y te dejes ya de figuraciones.
-¿Son figuraciones mías?
Su Excelencia me sugirió que no metiera las narices en sus asuntos, le dije que no, esto es lo que pasa.
-¿Esto te lo ha hecho Omar?
-Él no se ensucia las manos, lo ha hecho por encargo, supongo que a modo de advertencia.
¿Te vale como prueba?
-Nos han cancelado el encargo de Farah por tu culpa.
Y ese acuerdo era el lanzamiento internacional que necesitábamos para la marca.
-Lo siento.
-Te vas a olvidar de Omar y me vas a devolver esos documentos.
Necesito recuperar ese encargo.
-No quiero ponerte en peligro.
-Déjate de peligros y dame los documentos.
Mateo.
Mateo, por favor.
-No los tengo.
-Mateo, es la oportunidad que necesito para demostrar que no estoy aquí de prestado.
-Dame hasta mañana.
-No me decepciones.
♪♪ -Estaba muy nerviosa, pero estoy seguro de que va a conseguir los documentos porque sabe que si no, no hay negocio.
-¿Qué propones?
-La idea es decirle que he organizado una cena para los tres, y que en esa cena tendrá la posibilidad de recuperar el encargo de Farah.
-Una cosa más.
La cena será aquí.
-¿Quieres intimidarla?
-¿Roban en mi casa y pretendes que dé las gracias porque me devuelven lo que es mío.
Que venga a pedir disculpas.
-Estoy de acuerdo.
Ahora quiero que me liberes uno de los petroleros.
-Cuando tenga en mis manos lo que me pertenece.
-Omar, el robo no es culpa mía.
Y además me compromete tanto como a ti.
Si esos documentos salen a la luz, el emperador se sentirá traicionado y tú y yo terminaremos en la cárcel.
Te estoy ofreciendo una solución, así que concédeme lo que te pido.
-Daré orden de que carguen y liberen uno de los barcos hoy, el otro dependerá de esa cena.
-De acuerdo.
Salud.
♪♪ [golpean la puerta] -Don Mateo.
Don Mateo.
-Ya era hora, ¿dónde te habías metido?
-Su mujer entró mientras Paloma y yo estábamos en el despacho.
Lo sabe todo.
-Ya lo sé, ya.
Tengo que fotografiarlo todo.
-¿Para qué?
-Digamos que voy a devolver lo que no es mío.
Y necesito copias de todo para seguir investigando.
-Don Mateo, yo empiezo a pensar que esto no es una buena idea.
-No digas tonterías.
¿Cómo va lo de mi casa?
-Tengo una preciosa, podemos verla mañana, si a usted le viene bien.
-A mí siempre me viene bien.
Mira lo que tenemos aquí.
♪♪ -Sergio Godó.
¿Y esto qué significa?
-Pues una de dos.
El pequeño Godó está de mierda hasta el cuello o el gran Godó lo está utilizando.
♪♪ -Así está bien, gracias.
Disculpad.
He venido lo antes posible.
¿Ha pasado algo?
-Nos han cancelado el encargo de Irán.
-¿Cómo?
¿Y ahora qué vamos a hacer?
-Recuperarlo.
-¿Y alguien me puede explicar cómo ha podido pasar algo así?
-Los detalles son lo de menos.
Ayer llegó esta nota de la embajada.
-Y, Clara, mientras tanto, ¿no deberíamos dejar de trabajar en la propuesta?
-No.
-Lo digo porque si seguimos probando telas y pedrería, y al final no recuperamos el encargo, vamos a gastar un dineral.
-No, no debemos.
Es la oportunidad ideal para lanzar el nombre de Velvet fuera de España.
Esto debe ser un farol.
-Pues no lo parece, la verdad.
-La coronación ya tiene fecha.
Y si a nosotros no nos queda casi tiempo, ¿cómo va a poder sacarlo adelante otra empresa que empieza de cero?
-Y no pueden cambiar la fecha.
-¿Con todas las casas reales de Europa ya invitadas?
No, no pueden.
¿Tenemos algo que poder enseñarle al embajador para que recapacite?
-Pues no, no, la verdad es que no tengo nada que esté a la altura.
El material que trajo tu madre está muy bien, pero sigo trabajando en ello.
-Cuando hice la mudanza de Madrid, encontré unos diseños de Raúl, eran así como, bueno, como orientales.
-Pero ¿sabes dónde están?
-No, pero bueno, los podemos buscar.
-Ya sé cuáles son.
Sí, sí, búscalos.
Yo los necesitaría para esta noche.
A lo mejor consigo cenar con Omar.
Venga, en marcha.
-A mí me vas a decir la verdad, ¿no?
¿Por qué nos han cancelado el encargo?
Clara, se supone que somos un equipo.
Es que si no, no sé en qué estamos convirtiendo Velvet.
-Mateo se ha hecho pasar por el director de comunicación de Velvet y ha robado unos documentos de la embajada.
-¿Qué?
Pero este, ¿este quién se ha creído que es?
James Bond?
-El caso es que Omar ya se ha enterado de todo el pastel, y aquí estamos.
-Con el agua al cuello.
-Pues sí.
-Perdona, Clara.
¿Eh?
No es culpa tuya.
Ya verás como encontramos una solución.
-No sé, no sé cuál es la solución, no sé qué es lo que podemos hacer, la verdad.
-Ven acá.
[suspira] ♪♪ -Sergio, ¿puedes dejarnos un momento solos?
-No, no, mejor que se quede.
Creo que tu director financiero nos debe una explicación.
-¿Ah, yo?
-Sí, tú.
Sí.
Clara, en estos papeles... -Mira, Mateo, basta, basta ya de investigaciones y de jugar a ser Sherlock Holmes.
No, no voy a continuar con esto, se acabó.
Voy a devolver estos papeles.
Yo no voy a poner en peligro Velvet por algo que no tiene nada que ver con nosotros.
Y me da igual si ese Omar es un tipo oscuro o si tiene negocios ilegales, me da igual.
No es nuestro problema, nosotros hemos aceptado un encargo de Farah Diba, se acabó.
Él es un mero intermediario, no hay más.
-Ahora lo acabo de entender.
Yo no puedo seguir luchando contra ti, Clara.
Solo intentaba protegerte.
Que seáis muy felices.
♪♪ [suspira] [portazo] -Eh, tú.
-¿Qué quieres?
¿Que nos peleemos como dos gallitos de corral?
-No pienso consentir que me sigas hablando con esa suficiencia.
¿Tú quién te has creído que eres?
-No me fío de ti, nunca me he fiado.
Eres hijo de Godó, pero haces tratos con Godó.
-Perdona, pero no sé de lo que me estás hablando.
-En esos documentos figuras como propietario de dos de las empresas que hacen negocios con el embajador.
-No digas estupideces, Mateo.
-Voy a destapar todo esto, tú vas a caer con ellos.
-No insista, señor De la Riva, la rehabilitación es innegociable.
La va a tener que hacer, le guste o no.
-Ay, por favor.
¿Y va a ser todos los días igual?
-No.
-Pues menos mal.
-Hoy ha sido la primera sesión, las próximas serán más exigentes.
-Pero ¿cómo más exigente?
Si a la de hoy yo he sobrevivido de milagro.
-Por favor, no sea exagerado.
-Esa enfermera... -Dulce.
-El nombre engaña, es como un luchador de sumo con medias.
Me he dado un masaje en el cuello que yo creo que ahora tengo los ojos saltones, fíjese.
-Señor De la Riva, la rehabilitación, si se hace bien, es dolorosa, pero es la manera de recuperarse.
-Pero ¿y qué hay de la otra rehabilitación?
¿De la mental, de la emocional?
Doctor, míreme, yo soy un artista, yo necesito luz, color, inspiración, salir de aquí.
-Eso sería prematuro.
-Por favor, por favor, doctor.
Se lo imploro, eminencia.
-No.
-Yo le prometo que vendré aquí una vez a la semana si es necesario, se lo prometo, se lo juro.
-Es que no sería suficiente.
-Vengo tres días a la semana, todos los días, si es necesario, a fichar.
¿A usted no le parece suficiente verme aquí, atado a esta silla?
Por favor.
-Déjeme que lo hable con el equipo médico.
Si se compromete a seguir un programa estricto, tal vez pueda marcharse.
-Sí, sí, sí.
-Silvia, por favor.
Lleve al paciente a su habitación.
-Doctor.
-¿Sí?
-Espero su veredicto.
Hay que ver lo que manda un médico en un hospital, ¿eh?
[inaudible].
Dios mío, que me dejen irme ya, que me va a dar algo, por favor.
[suspira] ¡Clara!
¡Clarita!
Cariño.
-Pero bueno, qué bien te veo.
-Mejor me vas a ver cuando me den el alta.
-¿Ya?
-Bueno, me estoy intentando camelar al médico a ver qué pasa.
-Cómo me alegra oír eso, nos tenías muy preocupados.
Si no le importa, ya me encargo yo.
-Si me lleva ella, gracias.
-Vamos.
-Qué guapa estás.
-Pues anda que tú.
-Chérie.
Perdóname.
He sido un idiota.
Os he tratado fatal y sé que no tenía ningún derecho a comportarme así con mis amigos, mi familia.
-No seas bobo.
-No, es verdad, es verdad, mi amor, es verdad.
Sois lo más importante de mi vida.
Y yo lo único que siento ahora mismo es agradecimiento.
Gracias.
¿Qué ha pasado?
¿Por qué estás así?
-Nada, estoy muy contenta de verte tan bien, no te imaginas lo que te necesitamos.
-Lo que me necesitabais, que ahora estáis vistiendo a la mismísima Farah Diba.
-No, Raúl, hemos perdido el encargo de Farah Diba.
Yo ya se lo había contado a Alberto y a Ana, pero no, no va a ser nuestro trampolín internacional.
Perdóname, perdóname.
Tú así y yo hablándote de bobadas como si yo... -Tranquila, mujer, tranquila.
No sabes lo que me gustaría poder ayudaros.
-Y ya lo haces volviendo a ser tú.
-Clara, yo estoy pasando uno de los momentos más difíciles de mi vida, pero estoy empezando a ver la luz.
Tú no puedes venirte abajo, ¿me oyes?
¿De acuerdo?
-Sabes que he puesto a un equipo a buscar los diseños orientales que hiciste.
-¿Qué diseños?
-Aquellos, los que hiciste hace ya bastantes años.
-No, no.
¿Los pomposos?
No.
[Clara ríe] -Sí.
-Eso es un horror, eso hay que quemarlo todo en la hoguera.
-Bueno, tal vez sea nuestra última oportunidad.
♪♪ -No te molestes, Julia.
¿Qué tienes que ver con Omar Ahmadi?
-¿De dónde has sacado esa idea?
-Mi nombre aparece en unos documentos vinculados al embajador y resulta que yo no conocía de nada a ese señor, pero como a ti te conozco muy bien, me parece que está todo bastante claro.
-Quien te haya dicho eso miente.
Precisamente estaba en conversaciones con Clara para iniciar una serie de negocios a través de Velvet.
Es gente muy interesante la que trae de la mano.
-No me trates como a un niño y asegúrate de que lo que me dices es cierto, porque si no lo fuera, no me va a quedar otra opción más que denunciarte.
-A estas alturas ya deberías saber que no soporto que me amenacen.
-No tientes a la suerte.
♪♪ -¡Godino!
-A tu puesto.
-¿Estás idiota o qué?
¿Cómo se te ocurre incluir en el acuerdo con Omar las empresas que están a nombre de mis hijos?
-Solíamos hacerlo para diversificar.
-Este no es un negocio cualquiera.
Omar es un hombre sin escrúpulos y podría estar poniendo en peligro a toda mi familia.
-Lo siento.
No pensé... -No, no pensaste.
Mi hijo Sergio ya lo sabe.
Supongo que no será el único.
Cambia todo esto y quita a mis hijos de ahí.
-¿Y el embajador no se dará cuenta?
-Espero que por tu bien no lo haga.
-Sí, señor.
-Yo voy a mirar por aquí, si no lo encuentro, me doy por vencido.
[Manuel llora] Pero, Manuel, ¿qué haces ahí?
¿Qué te pasa?
Manuel, ven, ven, anda, sal de ahí.
Pero ¿qué te pasa, Manuel?
-Lourdes, que se ha ido, tío Jonás.
[solloza] -¿Se ha vuelto a Londres con su madre?
-Ojalá.
Se ha ido a la India con Patty Shamira.
Yo la quería, tío Jonás, lo iba a dejar todo por ella.
-Sí, y lo más importante ya lo habías dejado: a Inés.
-Pero no me haga esto ahora, ¿no ve que no es momento?
-Tienes razón, pero a veces es necesario caerse del caballo para verlo todo claro.
-¿Qué caballo?
-Como Pablo en las puertas de Damasco, es lo que se llama una epifanía, una revelación.
De repente las cosas encajan, uno piensa en lo que ha hecho en la vida y lo ve todo claro.
Manolito, en esta vida hay que luchar por lo que uno sabe que merece la pena.
No puedes rendirte ahora.
[ríen] -Tiene razón, tío Jonás.
¿Para qué me voy a rendir si puedo seguir luchando, no?
-Claro, hombre, además, Inés es una buena muchacha, seguro que sabrá perdonarte.
-Gracias.
-Ay, Manolito, Manolito.
♪♪ -Hola, buenos días.
¿La finca Amanecer?
Sí.
Soy Manuel Infantes de Galerías Velvet.
¿Qué hay?
Buenos días, ¿podría hablar con, con, o sea, con Maha... con Mare...?
Eso es, gurú... Ah, ¿que es usted Gurú Maharishi?
Encantado de hablar con usted, sí.
Mire, pues le voy a ser franco, yo... yo he sentido la llamada, ¿sabe, gurú?
Sí, y siento que, que mi energía me empuja hacia la India.
No, poca, poca práctica y experiencia, poca, la verdad, ya me gustaría.
Sí, deme un segundito.
A ver, ¿me puede deletrear?
Vale, perfecto.
Mañana nos vemos, muchas gracias, Gurú Maharishi.
Eso es, gracias.
♪♪ [exhala] -Bueno, aquí están todos los bocetos que tiene Raúl en su despacho, así que tiene que aparecer.
-Y si no hay, no sé, ¿una referencia...?
-No, no, no, no, tenemos que buscar uno por uno.
-¡Lo tengo!
Lo tengo, mirad, chicas.
Mirad qué joyas.
-Los ha encontrado.
-Es todo oriental.
-Qué suerte.
-Mira, puro exotismo hecho moda.
-A ver.
-Ay, qué bonito.
-Bonjour.
-Bonjour.
-Hola.
-A ver.
-Dios.
Qué bonito, por favor.
-Sí.
Mira, yo creo que este, si lo actualizamos un poco, es perfecto para la ocasión.
-Y ese también es muy bonito, ¿no?
-Cuidado, cuidado, cuidado, cuidado, cuidado.
-¿Jonás?
-Cuidado.
¿Estás bien?
-Sí, sí, sí, sí, gracias.
-No tenemos todo el día, ¿no?
Y tú, Juliette, ¿por qué no sigues con lo que estabas haciendo?
-Sí, sí, sí, claro, ahora voy.
-Bueno, ¿y qué hacemos?
-Eso me gustaría saber.
-Bueno, pues yo voy a mirar si trabajo sobre estos.
Gracias, Paloma.
-De nada.
¿No crees que deberías relajarte un poco?
¿Mmm?
Si tienes algo que hablar con él, hazlo, que para eso es tu marido.
Ay.
♪♪ -Qué maravilla.
Sabes que de pequeño yo jugaba a adivinar lo que la gente decía en sus cartas.
Veía repartir al cartero y me iba detrás de él.
A eso jugaba.
Sí, sí.
Claro que ahora es más fácil, ¿verdad?
Oh, querida Julia, los días pasan lentamente desde que subiste a ese tren.
No puedo pensar en otra cosa.
No puedo pensar... -No, no, no, no, no, no.
[carraspea] -Eh, puedo entender que tengas miedo de todo esto, no somos ningunos niños, pero ¿qué impide que podamos ser felices juntos?
-Este es el quinto, por favor, don Emilio, es que yo creo que no ha sido buena idea venir aquí a Correos.
-No se me achique, Infantes, no se me achique.
Tiene usted la oportunidad de enmendar lo que hizo, que es de lo que se trata.
-Bueno, yo realmente yo no hice nada, fue... Bueno, venga, vamos para arriba.
♪♪ Yo es que esto no lo veo, de verdad, don Emilio.
-Pedro, Pedro, Pedro.
-Es que ¿y si usted se ha equivocado?
¿Y si esta no es la misión de la que hablaba?
-Razón de más para seguir adelante porque así salimos de dudas.
Señor Infantes, señor Infantes, son unos pocos metros, ¿eh?
Ni una excusa de nada, y yo me estoy jugando mi lugar en el mundo.
En el otro mundo, quiero decir, ¿no?
¿Eh?
-Está bien.
-¿No la ve?
-No, no, no, la verdad es que no.
Yo creo que deberíamos venir otro día a Correos.
-Diana.
-¿Sí?
-Aquí te traigo más.
-[inaudible], por favor.
-Sí.
-Conque no estaba, ¿eh?
Conque no esta... Es usted más corto que las mangas de un chaleco.
Vamos.
-Por favor, don Emilio, es que yo no me, yo no me encuentro bien.
-No se encuentra bien porque esto le importa.
Porque esta muchacha le importa.
-¿Qué hace?
¿Qué hace?
¿Qué hace?
¿Qué hace?
♪♪ -Pedro.
-Hola.
Sáqueme de aquí, por favor, sáqueme de aquí.
-Ni de broma.
♪♪ -Pensaba que no iba a volver a verte nunca.
-Diga algo.
-Perdóname por lo que hice la última vez que... Que lo siento mucho, de verdad.
-Bien, va usted bien.
-No, soy yo quien te tenía que haber pedido perdón, Pedro.
Fui muy injusta contigo.
Tenía miedo de que no quisieras volver a verme.
Mira, yo... no sé lo que esconde tu vida, pero... si algún día necesitas algo, que aquí estoy para lo que necesites.
-Vale.
-Me parece a mí que con estos dos no... -Vale.
-Bueno, pues, no sé, me voy.
-Pedro.
♪♪ Mira, yo no quiero que haya secretos entre nosotros.
Tú me importas mucho.
Si me das un minuto para que acabe, te invito a tomar un café aquí mismo.
No está muy bueno, pero se deja beber.
-Bueno, yo que soy... A mí me gusta mucho el café malo.
-Pues enseguida termino.
-Bueno, pues te espero ahí.
-Ahí.
-Sí.
-Ahí.
-Lo del café malo, genial, sencillamente genial.
Ah, bueno, tiene su encanto este sitio, ¿eh?
-El encanto lo tiene ella.
-¿Cómo?
¿Qué has dicho?
-No, no, no, que no, no lo he dicho... -¿Con quién hablas?
-No, no estaba hablando, estaba cantando y, bailar, bueno, me gusta.
[ríe] -¿Sigues queriendo un café malo?
-Sí.
-Azúcar, ¿vas a querer?
-No.
[hablan a la vez] -¿Nos sentamos?
-Sí, pero empiezas tú hablando, por favor.
-Vale.
Aquello que te dije que había perdido a mi hija es cierto.
-Bueno, Diana, pero no hace falta... -No, no, no, escúchame, Pedro.
Quiero, quiero contártelo.
♪♪ Hace poco más de ocho años, yo me quedé embarazada.
Mi novio de entonces reconoció que la niña era suya, pero no quiso casarse.
Pero, bueno, nos fuimos a vivir juntos.
No sé si, si él cambió de repente o, o no era la persona que yo creía que era, pero empezó a tratarme mal.
Me, me insultaba, se burlaba de mí por todo, bebía a veces.
Y un día empezaron los golpes.
Pero yo... yo hubiese seguido aguantándolo todo de no ser por la niña.
Una noche, cuando estábamos cenando, él me tiró la, la comida por encima.
La niña lo vio, se asustó tanto que no había manera de hacer que, que parara de llorar.
Así que al día siguiente, cuando él se fue a trabajar, yo cogí a la niña y me fui.
No tenía claro dónde ir, pero yo sabía que ese no era un buen lugar para ella.
Él me denunció por abandono del hogar y rapto, así que la niña tuvo que volver con él.
Me quitaron a mi hija, Pedro.
El juez me quitó a mi hija y, a partir de ese momento, me prohibieron acercarme a ella.
-Pero ¿no la, no la has vuelto a ver?
-Todas las tardes.
Antes de venir a trabajar, paso por el parque y la veo jugar.
Cada tarde, desde la distancia, sin que ella lo sepa, yo la veo jugar.
Y eso me hace feliz.
Porque es que es lo único que tengo.
♪♪ -Hay cosas que ni muerto se acaban de entender.
La carta que, que viste en mi cartera es una carta que, que llevo mucho tiempo queriéndole enviar.
Me da, me da mucho miedo que me olvide, pero más miedo me da no saber más de ella, así que ahí sigue.
-Esto no se puede quedar así, Diana.
Tú tienes que luchar por tu hija.
Tu hija te necesita, Diana.
♪♪ -¿Cómo?
-No lo sé, pero yo te voy a ayudar.
-Gracias.
♪♪ -¿Te gusta?
-Es perfecto.
-¿Y cuánto tiempo se quedará?
Tengo que decirle algo a la inmobiliaria.
-Pues no lo sé, ¿unas semanas, unos meses?
Puede que no me vaya nunca, Julián, ¿quién sabe?
-Aquí tengo el contrato.
Aquí.
-Hacemos un gran equipo.
-Sí.
-Pero no tenemos tiempo que perder.
Quiero estar al tanto de todo lo que ocurre en las galerías.
-Pues me temo que con Paloma ya no podemos contar.
-Eso habrá que verlo.
-Espera.
[timbre de teléfono] -Galerías Velvet, dígame.
-¿Palomita?
-Don Mateo, ¿para qué me llama?
-El nombre de Sergio Godó aparece en esos papeles.
-Vamos a ver, ¿no ha tenido ya suficiente con todo lo que ha pasado?
-Paloma, créeme, no quiero complicarte la vida, pero necesito tener a Sergio controlado en todo momento.
¿No me has oído?
Está metido en el ajo.
-¿Y yo qué quiere que haga?
-Que colabores con Julián y conmigo en todo lo que haga falta.
No te rindas por un simple enfado de Clara.
-Hombre, ¿simple enfado?
-La quiero, no voy a permitir que le ocurra nada malo.
¿Tú qué estarías dispuesta a hacer por amor?
¿Mmm?
[suspira] -Si es que de verdad ya me está liando otra vez.
Y le tengo que dejar, que viene alguien.
-Paloma, si ves algo raro, avisa a Julián.
-Que sí, que sí.
-Hecho, la tienes en el bote.
-¿En serio?
-Ya lo verás con el tiempo.
¿No hay un mueble bar en esta casa?
♪♪ -¿En qué les puedo ayudar?
-Venimos a ver a don Enrique.
-Pues está con su abogado, pero... un momento.
-Hasta puede reclamar la propiedad de alguno de tus bienes.
-No, no.
Eso no lo va a hacer, la conozco bien y le falta valor.
[golpean la puerta] -Don Enrique, ha llegado su visita.
-Vaya, veo que me esperas armado.
-No menos que tú.
Gracias, Joaquín, ya te llamaré.
-Buen día.
-¿Y bien?
-Lamentablemente, el estado de mi liquidez es limitada.
-Si solo fuera tu liquidez.
No me tomes por tonta, Enrique.
Las cosas te han ido muy bien, no hay más que ver todos esos premios, todas estas campañas.
-El éxito y los premios no dan la felicidad, pero eso seguro que te lo ha contado tu conciencia.
-Somos lo que hacemos, así nos fabricamos a nosotros mismos.
Y usted no podrá negar que las cosas le han ido bien disponiendo de un dinero que no le pertenecía.
-Eso.
-Eso no es cierto.
Pero dada la alegría que me ha producido tu recuperación y vuestra visita, estoy dispuesto a ofrecerte un tercio de lo que crees que te corresponde.
-No voy a aceptar una limosna, Enrique.
Un tercio no.
Voy a llegar hasta el final.
-Estás jugando con fuego, y la última vez te quemaste.
-Tienes dos semanas para conseguir el dinero que me debes.
De lo contrario, no solo te denunciaré, sino que vendré a las galerías y armaré tal escándalo que me haré con las portadas de todos los periódicos.
Nos vamos.
-Ha sido un placer.
-Lamento no poder decir lo mismo.
-Juliette.
-¿Sí?
-El, el otro día se te cayó del bolsillo del abrigo un sobre y sé que estás embarazada.
Juliette, Juliette, Juliette, Juliette.
-Tú no tienes ningún derecho a mirar entre mis cosas.
Sí, tienes toda la razón, pero vi que era un informe médico y me preocupé.
Tú y yo sabemos que estar embarazada a tu edad puede ser algo complicado, y solo quería que, que supieras que puedes contar con, con tu tía y conmigo para lo que quieras.
-¿Ella lo sabe?
-Todavía no, pero como comprenderás... -No se lo digas, me ocupo yo de decírselo.
-Está bien, pero no tardes mucho.
♪♪ -Perdón, ¿ha visto usted a Inés, la chica de la limpieza?
Perdón, ¿ha visto usted a Inés?
Inés.
-Señor De la Riva, ¡qué susto!
-Baje la voz, la estaba buscando.
-¿Qué pasa?
-Tiene que ayudarme, tengo que ir a las Galerías ahora con usted.
-¿Qué?
-Pero ¿quiere bajar la voz, por Dios?
Cierre la puerta, cierre la puerta, que no nos oiga nadie.
Nadie se debe enterar porque a mí todavía no me han dado el alta.
Yo no puedo irme de aquí, pero es urgente que lleve esto a Velvet.
-¿Usted se ha vuelto majareta o qué?
-Que lo necesitan para esta noche.
-Pues llamamos a un mensajero y que lo acerquen.
-Pero ¿cómo voy a dar esto a un mensajero?
Son diseños del mismísimo Raúl De la Riva.
Velvet está en un momento crítico.
Yo no puedo dejar el destino de Velvet en manos de un mensajero que le dé la gana de hacer el reparto o no.
-Pero es que, señor De la Riva, yo no le puedo llevar a Velvet.
No le puedo llevar porque usted está ingresado y yo estoy trabajando.
Y además si Manuel... -Con que es eso.
Está anteponiendo un asunto personal ante una situación crucial con Velvet a vida o muerte, señorita.
-Tiene usted toda la razón del mundo.
Soy un egoísta y una mala persona.
Una mala persona que no quiere volver a ver al hombre que le ha roto el corazón y del que todavía sigue enamorada.
♪♪ -Lo siento mucho, Inés, perdóneme.
Perdóneme.
-Si no tengo nada que perdonar, tiene usted toda la razón.
Yo no quiero volver a Velvet, ni ahora ni nunca.
♪♪ Es que mis padres todavía siguen esperando que les diga la fecha de la boda.
-Oh, Dios mío.
-Y Manuel se piensa que me he ido a Alemania, No que estoy limpiando en un hospital.
♪♪ -No hay nada vergonzoso en lo que está haciendo.
Usted es una mujer muy valiente que ha vuelto a encontrar un lugar por sí sola aquí en Barcelona.
Eso no lo puede decir cualquiera.
Míreme a mí.
Yo me hundí tras la caída, me hundí y todavía no sé si voy a volver a ser la persona que fui.
Por eso necesito llevar esto a Velvet.
Lo necesito porque es la forma de demostrarme a mí mismo que la vida sigue.
Por favor, ayúdeme.
-¿Me promete que solo será un momento?
-Solo un momento, se lo prometo.
-Y que si vemos a Manuel, nos daremos la vuelta.
-¿Cómo?
No, no, no, no, no.
Si vemos a Manuel, no nos vamos a dar la vuelta.
Si vemos a Manuel, le diré que usted va a ser mi nueva asistente personal del taller, y si no le gusta, tendrá la puerta y se podrá ir.
-Yo no sé si va a ser una buena idea.
-A mí me parece una idea estupenda.
Y ahora, por favor, me lleva a la habitación, me quita este pijama y me pone un traje.
Me has puesto muy cortos los tirantes, no puedo respirar.
-Shh, cállese, que al final me va a meter en un buen lío.
-Que me ahogo.
-¡Buenos días!
Vamos a salir por la puerta de atrás, que yo no puedo ir vestida así a Velvet.
-A mí me parece perfecto.
-Me encanta.
-¿Seguro?
-Sí.
Como soy la primera interesada en que funcione la franquicia, cualquier cosa que vea, descuida que te la voy a decir.
-A ver si Eduard libera pronto mi dinero.
-Ya verás que sí, confía en mí, esta noche va a salir todo bien.
-Tenemos 48 horas.
Hay otras personas interesadas en él.
-Bueno, vamos a ir paso a paso.
Esta noche nos centramos en el diseño.
¿Podrías bajar tú para ver cómo van?
Es que yo me tengo que ir a arreglar ya.
-No, no, por supuesto que no.
-Y dile a Jonás que me voy a pasar por aquí antes de la cena para que lo tenga todo listo.
-Ahora mismo.
-Macarena.
-¿Mmm?
-Me gusta mucho tenerte aquí.
-Jonás.
-Macarena, ¿te puedo ayudar en algo?
-Clara acaba de marcharse y me ha pedido que te avise que en hora y media pasará a recoger los diseños.
-En hora y media.
¿Y esto cómo lo vamos a hacer?
-¿Necesitas que te ayude en algo?
-Eso sí yo no quería entrar al taller.
-Inés, por favor, ahora eres mi ayudante y tienes que venir conmigo al taller y a todos los sitios.
Hola.
-Pero ¿tú qué haces aquí?
Inés.
-Os debía una disculpa y esta es mi forma de pediros perdón.
Son unos diseños que he hecho para Farah Diba.
-Pero es una maravilla.
-Gracias, Macarena.
Un placer volver a verte.
-Muchas gracias, muchas gracias.
-Pero no están terminados todavía, tenemos que darles el último toque, tú y yo.
-¿Juntos?
-Claro, juntos, como trabajamos juntos.
Venga, que me vas a hacer llorar, Jonás.
Vamos.
¿A qué hora tiene Clara la cena con el embajador?
-A las nueve, pero antes se pasará a recoger los diseños.
-Pero no tenemos tiempo.
Hay que ponerse ya, ¡a la mesa!
Inés.
¡A la mesa!
-Vamos.
♪♪ -Señor Infantes, es usted un tipo admirable.
-Usted sí que es admirable, don Emilio.
-Genio y figura hasta después de la sepultura.
[ríe] No, en serio.
Esa muchacha Diana ha tenido mucha suerte en dar con usted.
No puede dejarla sola, ¿eh?
-No la voy a dejar nunca sola.
-Bueno, sepa, señor Infantes, que le voy a echar de menos.
¿Mmm?
-¿Cómo que me va a echar de menos?
¿Que se va?
-He cumplido mi misión, esa chica queda en buenas manos.
-Pero, pero usted, usted no se puede, no se puede ir así, yo no me puedo quedar sin usted.
-Ya encontrará la forma, ya... Además, yo estaré siempre vigilando desde allá arriba.
Espero.
♪♪ -Dele muchos besos a Rita, por favor, de mi parte.
Y dígale que... que yo la sigo queriendo como el primer día.
¿Sabe usted una cosa?
Yo estoy feliz porque por fin me voy a poder despedir de usted.
-Yo estaré siempre aquí.
Y ahora no ponga esto tan difícil, señor Infantes, por favor.
-Pero le voy a echar mucho de menos.
-Eso espero.
-Pero... ♪♪ -Todavía no hemos hablado de mis barcos y no pienso mover... -He liberado uno hace una hora, se está cargando.
-¿Qué piensas hacer con Clara?
-La señora Montesinos acaba de llegar.
♪♪ ♪♪
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