
When You Least Expect It
Season 2 Episode 5 | 48m 33sVideo has Closed Captions
Clara travels to Iran with Omar as Velvet’s future and Mateo’s fears collide.
Velvet’s deal collapses after Mateo’s intrusion. Clara travels to Iran with Omar, unaware of his motives, while danger and accidents looms.
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When You Least Expect It
Season 2 Episode 5 | 48m 33sVideo has Closed Captions
Velvet’s deal collapses after Mateo’s intrusion. Clara travels to Iran with Omar, unaware of his motives, while danger and accidents looms.
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-Buenas noches.
Le agradezco mucho que haya accedido a que nos veamos.
-Si estoy aquí, es por la insistencia de Eduard.
No creo que esta reunión vaya a cambiar nada.
♪♪ -Soy la primera en aceptar que hemos cometido un error, y lo único que puedo hacer es pedirle disculpas y garantizarle que no volverá a ocurrir.
-Señora Montesinos, lo que ha pasado es muy grave.
No es un error como usted lo presenta, es una traición.
-Pero no de parte de Velvet, sino de alguien ajeno a la empresa.
-¿Alguien ajeno?
¿De verdad quiere que entremos en eso?
Si no los he denunciado antes, es porque no quiero poner a su majestad, nuestra reina, en el centro de un escándalo.
-Y yo se lo agradezco.
Y espero que con lo que voy a mostrarle, considere que merece la pena seguir trabajando con nosotros.
-¿Por qué no vemos lo que nos trae Clara?
-Gracias.
-Verá que hemos hecho una mezcla interesante.
Hemos conjugado elementos orientales con un corte francés más del gusto de su majestad.
♪♪ -Ah, pero son magníficos.
¿Qué te parece, Omar?
¿Te gustan?
-Mucho.
Pero todavía no sé cómo lo vamos a arreglar.
¿Qué ofrece, Clara?
¿Qué está dispuesta a hacer para recobrar mi confianza?
-Lo que sea.
-Esas tres palabras lo abarcan todo.
Son fáciles de decir, pero... -Bueno, esas tres palabras son mi palabra.
[risilla] -¿Lo que sea?
¿Estás segura?
♪♪ -Señor Godó, le llaman por teléfono.
-Disculpadme.
♪♪ -Tiene un coche esperándolo en la puerta.
-No será necesario.
He venido con el mío.
Llame al chófer.
-Sí, señor.
-Lo siento, me tengo que marchar.
-Pero ¿por qué?
¿Ha pasado algo?
¿Algo grave?
-No me han presentado a la firma unos cheques, y como tienen que viajar mañana por la mañana a primera hora en valija diplomática, me tengo que marchar inmediatamente.
-Bueno, pero podemos posponer la reunión para otro momento.
-No, no, no, no.
Y menos ahora que tenéis un nuevo acuerdo que celebrar.
O al menos eso espero.
-Sí, he pensado que es mejor no mostrarle a la reina los figurines.
En papel, quiero decir.
No hay margen de error.
Prefiero que su majestad vea cómo se desenvuelve con ellos.
-¿Propone que confeccionemos unas toile?
-Así es.
No creo que haya ningún problema.
-No, no, no.
Claro que no, ninguno.
Me voy tranquilo, entonces.
Que disfrutéis de la velada.
Buenas noches.
-Hasta pronto, Eduard.
-Pues ¿si me dice de qué modelos le gustaría que confeccionáramos las toile?
-De todos.
-¿De todos?
-Claro.
Ahora son ustedes los que tienen que demostrar.
¿No es así?
Y hay una condición más que, si la aceptan y todo sale como espero, el encargo volverá a ser de Velvet.
-¿De qué se trata?
-Todos los tejidos y pedrería que se utilicen para la confección del vestido vendrán de Irán.
Y naturalmente, habrá que ir allí a escogerlos.
-Sí.
Bueno, hablo con mi equipo para ver cuándo podemos organizar el viaje.
-No habrá ningún equipo, Clara.
-¿Los quiero elegir usted?
-No, yo no.
Yo no sabría ni por dónde empezar.
Viajaremos a Teherán los dos.
Usted y yo, nadie más.
-Bueno, si quiere que solo vaya una persona, creo que es el diseñador el que debe acompañarle, yo no.
-No, no, no, no, no.
Me parece que no me ha entendido.
Esa condición es innegociable.
¿Vendrá usted?
-¿Cuándo sería el viaje?
-Mañana a mediodía sale nuestro vuelo.
A primera hora le llegará los detalles del viaje.
-Pues sí, sería un detalle, la verdad.
-Pues entonces, brindemos.
Por Velvet.
[tintineo] ♪♪ -Vamos, ve saliendo.
No quiero que lleguemos tarde.
♪♪ ¿Quién es usted?
¿Qué quiere?
-No que, que creo que me he equivocado de número o algo.
Perdón.
-Vamos.
♪♪ [voces indistintas] ¿Se puede saber quién es usted y por qué me está siguiendo?
-Es Jesús Navarro, ¿cierto?
Soy Pedro.
Soy Pedro Infantes.
Soy amigo de, de Diana Pastor.
Mire, yo, yo sé que no soy quién para, para meterme en su vida, pero... -Pues no se meta.
-Es que creo que tenemos un problema.
Di-Diana, Diana necesita ver a su hija, y su hija necesita ver a su madre.
Entonces, quería saber si podíamos llegar a algún acuerdo.
-Una madre no abandona a su hija como hizo ella.
-¿Cómo?
Yo no... Yo no tenía esa información.
-¿Ah, no?
Pues le aconsejo que no se deje engañar por ella, porque es una mujer que esconde muchos secretos.
En casa estuvimos muchísimo tiempo esperando a que volviese.
Así que me temo... ...que no le han contado las cosas como son.
-Ya, bueno.
Pero, pero... Perdón.
Perdón, perdón, perdón.
¿Si Diana estuviese dispuesta a volver?
♪♪ ¡Ay!
¡Dios mío de mi vida!
Don Emilio, ¿qué hace usted aquí?
Yo, yo lo hacía en el paraíso.
-Sí, sí, yo también.
Pero ya ve usted, ya ve usted.
-Pero ¿qué ha pasado?
-Pues que ve que sigo en asuntos pendientes.
Sí, porque al parecer he cumplido una misión, pero no una que no era.
-¿Cómo que no era?
Pero usted había venido aquí a ayudarme con lo de Diana, ¿no?
-No, no, no.
Ahora tengo la impresión... Es una impresión, porque tampoco... -Claro.
-O sea, de que es usted el que tiene que ayudarme a mí.
-¿En serio?
-Sí.
-Ah, pero lo que haga falta, don Emilio.
Si quiere, podemos ir a... Vamos a las galerías y vamos a ver qué, cómo está.
De acuerdo.
-Pedro, cuidado con ese tipo de ahí.
Cuidado.
-Descuide que no hay... No hay problema.
[motor] ♪♪ -Buenos días.
Hola.
♪♪ "No dejaré que nada ni nadie vuelva a asustarte.
Con todo mi cariño, Pedro".
[timbre telefónico] -Galerías Velvet.
-Eh, sí, hola.
Buenos días.
¿Sería posible hablar con Pedro?
Pedro Infantes.
-¿Diana?
-¿Pedro?
-No, no, no, no, no.
Soy Jonás, su primo.
-Ah, ya me parecía a mí.
♪♪ ¿Se pone?
-¿Quién?
Ah, no, no.
Perdona, perdona, Diana.
Es que Pedro no ha llegado todavía.
Pero si quieres, le dejo un recado.
-Eh, sí, eh... Dile que me han encantado.
-¿Algo en particular?
-Eh, no, no.
No, no, no.
Mejor no le digas nada.
Mira, voy a intentar pasarme por allí a última hora de la tarde y ya se lo digo yo personalmente, ¿eh?
-Mucho mejor, mucho mejor.
-Pues hasta luego, Jonás.
-Hasta luego.
Hasta luego, Diana.
♪♪ Marie, ¿no crees que deberíamos hablar?
-No, gracias.
-¿Cómo que "no, gracias"?
Llevas sin dirigirme la palabra ni mirarme a la cara desde ayer.
Esta mañana te has venido tú sola.
Si todo esto es por lo de Juliette... -Tú dirás.
-Creo que estás sacando un poco las cosas de quicio.
-¿Sacando las cosas de quicio?
¿Cómo reaccionarías tú si yo me comportase así con otro hombre?
-¿Cómo?
-Menudo numerito aquí con mi sobrina cogiéndola en volandas en el taller.
-Se iba a caer.
-Bueno, pero ya estabas tú delante para que eso no ocurriese.
-Claro, está embarazada.
-¿Qué?
-¿No lo sabías?
No, no.
No, ¿estás seguro?
Me temo que sí.
Me encontré sin querer con el resultado de la prueba y ella no pudo negarlo.
-¿Y por qué no me lo contaste?
-Porque ella me pidió que no te lo dijese.
Creo que quería ser ella quien te lo contara.
-Madre mía, ¿pero cómo va a estar embarazada si es una niña?
[balbuceo] -Bonjour.
-Bonjour.
A todas.
♪♪ -Clara, buenos días.
-Convoca una reunión dentro de diez minutos con todos.
¿Han llamado de la embajada?
-No.
¿Qué tal fue la cena de ayer con Omar?
-Bien.
¿Alguna pregunta más?
-Clara, Clara.
Clara, por favor.
Yo no puedo seguir así.
De verdad, lo siento muchísimo.
Yo sé que lo de Mateo es lo peor que podía haber hecho, pero te prometo, te juro que no va a volver a pasar.
Es que me dijo que Omar era peligroso y que podía hacerte daño.
-Ya.
¿Sabes lo que pasa?
Que Mateo ha estado mucho tiempo investigando a Omar y como no ha conseguido nada, ahora está aquí para quitarse la espinita.
-Que no, que Mateo te quiere mucho y que no quiere que te hagan daño.
-Paloma, de verdad, no dejes que te engañe.
Que no, que Mateo es un cabezota y es un orgulloso.
Le frenaron los pies a tiempo y él no acepta un no por respuesta.
-Bueno, pero entonces, ¿me vas a perdonar o no?
-Pues sí, porque la verdad es que lo estoy pasando fatal.
-Menos mal, yo ya pensaba que me iba a quedar sin trabajo y sin mi mejor amiga.
-Pero una y no más, ¿eh?
-No, no, te lo juro.
Te lo juro, te lo juro.
-Que una vez que se pierde la confianza, ya no hay nada que hacer.
A la que te descuidas te montan en un avión.
-¿Cómo un avión?
-Bueno, pues, ahora te cuento, que me tengo que ir a Teherán.
-¿Qué?
-Es su única condición para darnos otra oportunidad.
Los tejidos tienen que venir de Irán.
Bueno, pero tampoco pongáis esas caras, ¿no?
Que es una buena noticia.
Al fin y al cabo, hemos recuperado el negocio.
-Ya.
Pero no ha querido cambiar las condiciones del acuerdo.
-No, no, no, no.
El acuerdo seguiría tal cual.
Él lo único que quiere es que el impacto del vestido suponga algo positivo para su industria textil.
Pero, bueno, claro, a eso no le puedo decir que no.
-Pero a ver, ¿qué impacto económico tiene esto para nosotros?
Porque el viaje no está previsto en nuestro presupuesto inicial.
-Ya, Sergio, pero es que es o eso o nada.
No sé, creo que es el momento de pensar a lo grande.
-Clara tiene razón.
Creo que tenemos que valorar este proyecto en términos más amplios.
Además, estoy seguro que nos arreglaremos.
¿Ha dicho algo de los bocetos?
-Sí, que le han encantado.
Lo único que quiere ver todas las toile.
-Eso no será un problema.
Lo que me preocupa es el tejido que nos ofrezcan allí.
Marie, ¿tú sigues teniendo el contacto de aquel proveedor iraní que venía tanto a París?
-Sí, sí, lo tengo.
¿Queréis que le escriba?
¿Cuándo vais a viajar?
-No viajamos, Marie.
No viajamos.
-Pero ¿cómo que no?
Clara, si acabas de decir que... -Voy a viajar sola.
Bueno, sola no.
Con él.
Es una exigencia de Omar y es innegociable.
-¿Y eso por qué?
-Me parece que ha llegado la hora de mandar a paseo a la embajada de Irán.
-Pero ¿este tipo qué se ha creído?
-A ver, Clara.
Es que comprende que es una falta de respeto para los diseñadores.
-Bueno, creo que tenemos que ver esto con perspectiva.
Tenemos que ser inteligentes y no dejarnos llevar.
Obviamente yo no voy a traer ningún tejido que tú no quieras, Jonás.
No pretendo ahora liderar creativamente este proyecto.
Respeto mucho el trabajo que hacéis Raúl y tú.
De hecho, creo que estamos aquí gracias a vuestro talento.
Simplemente, pues, quiero ser tus ojos allí y traer lo que tú quieras que traiga.
-Y tú y yo mientras trabajamos en las toile.
Pero es que yo no perdería la oportunidad de vestir a Farah Diba.
-¿Votamos?
¿Quién está a favor de seguir adelante con esto a pesar de las nuevas condiciones?
Yo sí.
[timbre telefónico] -Está bien.
-Muy bien, si es lo que queréis.
-Gracias.
Pues nada, manos a la obra.
A trabajar.
-Es la primera vez que como diseñador debo enfrentarme a una situación así.
-Bueno, tranquilo.
Pero todo va a salir bien.
Y aparte, yo prefiero que te quedes.
No puedo afrontar sola el tema de Juliette.
Jota, lo siento mucho.
Siento haber desconfiado de ti.
♪♪ -Pero ¿en quién quieres que me fije teniéndote a ti?
♪♪ Te quiero.
-Te quiero.
[cajas caen] -¿Estos por qué los traéis aquí si son para el taller de Manresa?
-A nosotros nos lo dijo Manuel Infantes, el hijo de don Pedro.
-Ya, ¿y dónde está ese Manuel Infantes, hijo de don Pedro?
-Pues no lo sé.
♪♪ -Buenos días, ¿Maharishi gurú?
♪♪ Buenos días, Maharishi.
Soy Manuel Infantes.
Llamé el otro día por lo de la iniciación.
-Maharishi gurú.
-Ajá.
-Sí, sí.
Manuel.
-Eso es.
-El de la luz.
-Exactamente, el de la luz.
La he visto.
La ha visto, Maharishi.
Ha sido una revelación y se ha ido la India.
[cántico espiritual] -Mi humilde persona te saluda.
Son tan pocos los iluminados.
Nosotros los llamamos "bhavatu sarve shanti".
Que significa "todo está en mí".
Todo está en ti.
No, no en ti.
En el iluminado.
-Claro, claro, claro, claro.
-Bhavatu sarve shanti.
-Ya.
-¿Conoces a nuestra casa?
-No.
No, no, no, no, no, no.
Pero vamos, Maharishi.
Si a mí me llaman eso que usted me ha llamado en otro sitio, lo mismo me lío a bofetadas, ¿sabes?
-No.
-¿No?
-Violencia nunca.
-Nunca.
No, era una broma.
-Sígueme, por favor.
-Sí.
-Para una buena iniciación, es esencial que conozcas a la casa de Patty Shamira.
-Tengo mucho interés, pero lo que quiero es irme a la India, ¿sabe?
-Sí, sí.
Eso ya me lo has dicho.
-Ajá.
-Se trata, a la vez, de una introspección y de una extrospección.
Un viaje en los dos sentidos, que te permitirá hablar con el universo.
-Ya, ¿y si al universo le da por no contestar?
-El universo siempre contesta, pero nosotros no todos lo oímos.
-Ya, claro.
-Yo te ayudaré.
-¿Y cómo?
-Con las gotas de la verdad.
La secreta dimensión.
♪♪ -Gurú, ¿a estos hombres qué les pasa?
-Están [inaudible].
Llevan catorce días sin comer.
Están en iniciación, como tú.
-Gurú, que yo aquí no he venido para... O sea que yo no me siento preparado para... -Tranquilo, tu caso es distinto.
Ellos están aprendiendo a cerrarse al mundo, a los sentidos para encontrar su espiritualidad.
Contigo lo que hay que hacer es todo lo contrario.
Hay que abrirte del todo, ayudarte a expandirte.
Es mucho más placentero.
Ya lo verás.
♪♪ Tu camino empezará aquí.
-Ya.
¿Y nuestro viaje a la India, gurú?
-Dale con la India.
No te preocupes, que ahora mismo nos desplazaremos allí.
-Ajá.
-Ve quitándote la ropa y te pones eso.
♪♪ Enseguida vuelvo.
♪♪ -Ay, Lourditas, qué mala espina me da todo esto.
-Pero ¿lo has confirmado con los dos capitanes?
O sea que los tenemos en alta mar.
Perfecto, entonces.
Ahora sí, libera el dinero de mi mujer.
El importe es correcto.
Eso es.
Adiós.
Gracias, Emilia.
Enrique, siéntate y toma algo.
-Me alegra que estés contento de verme.
Pensé que nuestra relación se había enfriado.
-Eso nunca.
Ambas alianzas que funcionan, ¿para qué estropearlas?
Lo tomas solo, ¿verdad?
-Sí.
Eduard, me encanta poder venir a tu casa a tomar una copa.
Pero ¿qué es lo que quieres?
-Tengo un nuevo negocio.
-¿Y de qué se trata esta vez?
¿Diamantes, trata de blancas?
-Petróleo.
Estoy haciendo negocios con Irán.
♪♪ -Eso son palabras mayores.
Me encantaría poder formar parte del negocio.
-La propuesta no va tan lejos.
Lo que sí quiero hacer es encargarte el nombre comercial y la imagen.
Quiero competir con Petrogal.
-¿Y para cuándo lo querrías?
-Lo antes posible.
-Bueno, tengo un par de campañas bastante potentes sobre la mesa, pero podría dejarlas de lado si la propuesta económica fuera igual de ambiciosa que el proyecto.
-Necesitas dinero.
-Digamos que tengo que hacer frente a gastos inesperados.
-Quizá el banco pueda ayudarte.
Estamos para eso.
-Te lo agradezco, Eduard.
Pero no me malinterpretes.
No quiero deberle dinero a nadie, y menos a ti.
Me conformo con las campañas.
Hasta ahora solo estábamos hablando de una.
-Pero eso es porque no me has dejado hablarte de la otra.
Navidad.
Este fin de año toda España va a estar bebiendo tu cava.
-Suena muy bien.
¿De qué se trata?
-Para eso vas a tener que venir al despacho.
Allí estaré dentro de un rato.
Gracias por el güisqui.
-Pare, pare.
Pare un poquito aquí.
Pare.
Como en casa, en ningún sitio.
-¿Ni siquiera allá arriba?
-Ni siquiera.
-Bueno, vamos a aparcar, ¿le parece?
-Sí.
♪♪ -Por fin en casa.
♪♪ -¿Blanca?
-Macarena, qué alegría verte.
-Creí que estabas en Cuba.
-Acabo de llegar.
Mañana vuelvo a salir para Francia, pero hacía escala y no podía dejar de pasarme a veros.
-Qué guapa estás.
¿Cómo te ha ido?
-Muy bien.
Estoy mejor, la verdad.
Supongo que seguir los pasos que Emilio dio por allí y revivir su vida, pues, me ha ayudado mucho.
-Debíais hacer una pareja maravillosa.
-¿Y tú cómo estás?
-Pues en pleno vértigo.
Me he metido en la aventura de abrir la primera franquicia de Velvet en Sevilla, nada menos.
-Pero ¿qué me dices?
-Hay noches que me entran unas dudas.
-No, lo vas a hacer muy bien.
Estoy segura.
-¿Tú crees?
-Sí.
-¿A estas alturas de la vida, empresaria?
-Pero si estás en la flor de la vida.
Las cosas han cambiado mucho, Macarena.
Las mujeres ahora no envejecemos, maduramos.
Oye, ¿sabes si Clara está arriba?
-Supongo que sí.
¿Vamos juntas?
-Vamos.
-Venga.
-¿Pero qué desorden es este?
¿Cómo puede encontrar nada aquí?
¿Qué hace usted cuando necesita algo?
¿Eh?
¿Qué hace?
-Pues buscar, como siempre.
Venga, por favor, que aquí [inaudible].
[carraspeo] -¡Oh!
¡Oh!
Qué cantidad de recuerdos.
Deje los albaranes que tampoco hay tantos recuerdos, ¿verdad?
Siempre estaba rezongando por ello.
Don Emilio, ¿le importa que suba un segundo arriba?
Es que la gente desde Porrillos... -Vaya, vaya.
Haga lo que tenga que hacer.
-¿Cómo que vaya bien?
Venga usted conmigo.
Que como lo dejo yo aquí solo, es que me, me reorganiza todo.
-Que es lo que tendría que hacer.
Arreglarlo esto como es debido.
No como está, que es una ruina esto.
[risas] -Lo peor es que aún no había pagado los pañuelos, pero con tal de no volver a entrar.
-Blanca.
[risas] -Ay, los cubanos.
Ay, si tienen la fama de melosos que tienen.
-No, no, y así está ella tan guapa.
De ánimo mejor, ¿verdad?
Sí, eso le decía a Macarena.
Por lo menos estoy tranquila y ya puedo dormir mejor.
-Me alegro.
¿Y qué?
¿Te vas a animar a venir aquí con nosotras?
-No, pero mirad lo que he encontrado en Cuba.
¿Os acordáis de la llave que apareció entre las cosas de Emilio?
Pues era de una taquilla donde encontré dos cartas de agradecimiento que Emilio había escrito de dos mujeres que lo ayudaron mucho cuando estuvo allí.
Una de ellas ya había fallecido, pero la otra, Estela... -Estela.
-...a pesar de sus años, se acordaba de Emilio perfectamente.
Y guardaba un proyecto que había diseñado para él cuando trabajaban juntos en La Habana.
El proyecto nunca llegó a realizarse, hasta ahora.
Me he propuesto sacarlo adelante.
Por eso he vuelto.
-Joyería.
-Bueno, no son joyas exactamente.
Son piezas de plástico, bisutería.
Estoy convencida de que triunfarán entre las más jóvenes.
-¿Pero con plástico?
-Sí.
Como estas, mira.
-Es ideal, me encanta.
-Pero ¿desde cuándo se conocen las dos mujeres de mi vida?
-Ay, ojalá pudiera verlo Emilio.
♪♪ [carraspeo] -¡Pedro!
-Doña Blanca.
Qué bueno verla.
-¡Qué alegría verte, sí!
-No me diga que se queda.
-No, de momento no.
Pero tenía tantas ganas de veros.
-Uy, ¿por qué no tomamos un café y me cuenta todos los secretos de don Emilio por La Habana?
-Claro, me encantaría.
-¿Sí?
-¿Os apuntáis?
-Yo sí.
-Ay, a mí me encantaría, pero tengo que ir al aeropuerto.
De todos modos, te veo prontito, ¿no?
Que tenemos que seguir hablando de esto.
-Por supuesto que sí.
-Pedro, ¿y tú todo bien?
-Sí, dándole muchas vueltas a la cabeza, pero bien.
¿Tomamos ese café?
-Eh, sí.
Dejo las cosas aquí de momento.
-Sí, claro.
♪♪ -¿Cómo vas?
-Muy bien.
Yo creo que ya lo tengo.
Mañana podremos empezar a coser el primer modelo.
¿Qué te parece?
-Bien.
Bien, muy bien.
-¿Ocurre algo, tía?
-No, no.
Eh, bueno, sí.
-¿Qué pasa?
-Creo que eso tienes que contármelo tú.
Vamos al despacho.
¿Hasta cuándo crees que vas a poder ocultar tu embarazo?
¿Es por el padre del niño?
¿No quiere hacerse cargo?
Para poder ayudarte, necesito saber por lo que estás pasando.
-Eso no lo sabrás en la vida.
-No, claro que no si no me lo cuentas.
Juliette, yo solo quiero ayudarte.
♪♪ -Un profesor de la Escuela de Diseño de París... ...abusó de mí.
♪♪ -¿Te forzó?
-Me violó.
Ese monstruo me violó.
Ahora ya lo sabes todo.
♪♪ -Bueno, tampoco creo que sea para tomárselo así.
-Pero ¿cómo?
¿Cómo me lo tomo?
Dame.
Vamos, hombre.
¿Qué va a ser esto?
Me voy de aquí ahora mismo.
¿Cómo has hecho esto?
¿Esto qué se piensan que es?
¿Un internado?
¿Un convento de monjas de clausura?
Trae.
-A decir verdad, nos fuimos sin el alta médica y sin el permiso de nadie.
-¿Cómo que de nadie?
Del mío, que soy el enfermo.
Como venga el matasanos este encima a pavonearse, me voy.
Hombre, que me voy.
[golpes en la puerta] -Buenas.
Me han dicho que quería usted hablar conmigo.
-Pues sí, doctor.
Aquí donde me ve... ...yo tengo mis derechos.
Y soy un paciente, amigo mío.
No un preso.
Y esto es un hospital, no una cárcel.
-Vayamos por partes.
Yo no soy su amigo, soy su médico.
Y tiene usted razón, esto no es una cárcel.
-Pues lo parece.
-Es un hospital, no un hotel como usted se cree.
Aquí, señor De la Riva, no es usted el célebre diseñador de moda.
Es el paciente de la 307.
No puede dar órdenes.
Tiene que acatarlas.
No puede saltarse las normas y actuar como una diva de ópera por muy acostumbrado que esté.
¿Y sabe por qué?
-¿Por qué?
Dígamelo usted, licenciado.
Porque las normas están para protegerle a usted y a los demás pacientes.
Los recursos que destinamos a intentar curarlo deben garantizarse.
No malgastaremos ni un minuto de nuestro tiempo ni de nuestros tratamientos en un paciente que no está comprometido con su propia situación clínica.
¿Sabe qué va a ser de usted si sigue así?
Que nunca se curará.
-Eso no lo diga ni en broma.
-Es que esto no es una broma, señor De la Riva.
Es la cruda realidad.
O empieza a tomarse esto en serio y pone de su parte... ...o seguirá en esa silla de ruedas para siempre.
-Yo me voy a curar.
Me voy a curar.
Pero necesito mi medicina, la que me cura realmente.
La que me salva, la que me alivia.
Que es mi profesión.
-Yo lo entiendo.
Pero en casos como el suyo, el protocolo es muy estricto respecto a las altas médicas.
-Mándeme ejercicios.
Hágame venir aquí cada día a firmar.
Pero devuélvame mi vida, aunque sea con esta silla de ruedas.
Está bien, tiene razón.
Yo soy el paciente de la 307 y puede que tenga el mismo tratamiento que el de la 136.
Pero usted sabe que cada paciente somos diferentes, y cada uno funciona con un estímulo diferente.
Y yo aquí me estoy muriendo.
♪♪ -¿Se acuerda de Dulce, la enfermera de rehabilitación?
[timbre telefónico] -¿Es Julián?
-Me temo que no.
-¿Qué haces aquí?
¿Cómo me has encontrado?
-Yo también tengo mis recursos.
Tenemos que hablar de Clara.
¿Puedo pasar?
-Ven.
-Mateo, tienes que confiar en mí.
Creo que las cosas están a punto de complicarse y que tú y yo nos vamos a tener que entender nos guste o no.
Mi padre nunca ha confiado en mí para los negocios y nunca se embarcaría en nada conmigo.
Ni yo con él.
-¿Qué pasa con Clara?
Se marcha hoy a Teherán con nuestro amigo en común, Omar Ahmadi.
Es la única condición que él ha puesto.
El viaje con él sola, supuestamente a elegir unas telas persas.
-No me gusta.
-A mí tampoco.
Pero es la única manera que tenemos para recuperar el encargo de los vestidos de Farah.
Ya sabrás que los perdimos... -Por mi culpa, ya lo sé.
-Mateo, he venido aquí a pedirte ayuda.
No sé qué podemos hacer.
-Yo me encargo.
Necesito saber dónde se va a alojar Clara, su itinerario y todo lo que tenga que ver con su viaje.
Me voy cuanto antes a Teherán.
-Veré qué puedo hacer.
-Oye, gracias.
♪♪ -¿Y su excelencia?
-Le está esperando en el avión.
-Clara.
Ten mucho cuidado, ¿eh?
Que ese país está lleno de peligros.
-Ay, no seas exagerada.
Si pasado mañana voy a estar aquí de vuelta.
-Bueno, si algo no te gusta, lo que sea, nos llamas.
-No te preocupes, que voy a traer todo lo que ha dicho Jonás.
Que yo también sé elegir bien.
-No me refería a las telas.
-Tenemos que salir ya.
-Claro.
Bueno.
-Bueno, buen viaje.
-Cuídate.
♪♪ Voy a necesitar el itinerario de viaje, el hotel, todo lo que tengas.
-¿Cómo?
-Quiero hacer un seguimiento de todo su plan.
-Pero ¿por qué?
-No, por, por nada.
-¿Te llevas todo?
-Sí, sí, sí.
Creo que sí.
Don Mateo, yo no sé si esto es una buena idea.
¿Y si nos detienen allí?
-¿Por qué iban a detenernos?
-No lo sé, Esas cosas pasan en las películas.
-Esto no es una película.
-Don Mateo, ¿usted conoce el código penal iraní?
-No, ¿tú sí?
-No, yo tampoco.
Pero me han dicho que por menos de un pitillo te lapidan.
-Mira.
Julián, yo no tengo elección, pero tú no hace falta que vengas.
Te estoy muy agradecido de lo que has hecho.
Ya está.
-Yo nunca le dejaría solo.
Si vamos a la cárcel, que sea juntos.
Esto es lo mejor que me ha pasado en la vida.
-Este es mi chico.
Venga, vámonos.
Clara está a punto de irse.
¡Vámonos!
♪♪ -Una maleta grande.
-Bueno, es la primera vez que viajo a Irán.
No sé el clima que me voy a encontrar.
-Estoy seguro de que resultará la maleta perfecta.
Clara, sé que no hemos empezado con buen pie.
Pero ya que vamos a comenzar a trabajar juntos, creo que es el momento de que firmemos la paz.
Hagamos el amor y no la guerra.
Espero que disfrutes el viaje.
♪♪ Nos vamos.
Ponte en contacto con Babak.
Dile que ya tenemos transporte para las joyas.
♪♪ -Recuerda.
Nunca más de dos gotas.
-No, no, no, gurú.
Yo prefiero mirar.
Y aprendo mirando, mejor.
-Toma eso y comenzarás tu viaje.
Confía.
♪♪ Ahora cierra los ojos y dame tus manos.
En seguida empezarás a ver colores tan vivos como nunca los has visto.
♪♪ -¡Caramba, gurú!
♪♪ -Y sentirás que te invade la armonía.
La armonía universal.
-Un tigre líquido.
Un tigre... -De esos colores ve surgir otros hilos de color.
Todo a tu alrededor se va tiñendo.
¿Ves la India?
-Lourdes.
-Ve a por ella.
Ve.
-Lourdes.
[risa] ¿Qué haces aquí, Lourdes?
Lourdita.
Ay, mi amor.
♪♪ -Cuidado con el espumillón, que no se nos vaya la mano, ¿eh?
Vamos, vamos, por favor.
Vamos, vamos, vamos.
-¿Qué es todo esto?
-Y la atención tiene que estar concentrada ahí, porque el invitado lo va a ver desde aquí.
-¡Que qué es todo esto!
-Eso mismo me estaba preguntando yo.
-Buenos días, señor Godó.
-Buenos días, Paloma.
-Eduard, siempre tan puntual.
Pueden irse, muchas gracias.
Me has pillado con las manos en la masa.
-Feliz Navidad.
-Igualmente.
-Espectacular, Quique.
Espero que te esmeres tanto en la campaña del petróleo.
-Y yo espero que me des tiempo para ello.
Me lo has dicho esta mañana.
-Cierto.
Centrémonos, pues, en el cava.
♪♪ Así empiezan las buenas historias.
Salud.
-No, todavía no.
-¿No irás a hablarme de la retronasal, el aireamiento y todas esas cosas?
Porque de todas ellas sé más que tú.
-Pero ¿y quién quiere vender eso?
Es demasiado prosaico, demasiado técnico.
Yo quiero presentar tu cava desde otro punto de vista.
Emoción, magia, lujo.
Te doy una pista.
¿Qué es lo que caracteriza a un buen espumoso?
-El punto de acidez, la adición de azúcar.
-¿Qué más?
-¿Sabes que estás pesadísima?
[risa] -Las burbujas.
Un cava sin burbujas no sería un cava.
Y por ahí va mi propuesta.
Convertir a las burbujas en las protagonistas de la Navidad.
-¿Las burbujas?
-Convertidas en mujeres que representen todo lo que buscamos en esas fechas.
Alegría, diversión, felicidad.
Chicas vestidas de dorado de arriba a abajo.
Decenas de ellas, decenas de burbujitas Godó invitándonos a pasar las Navidades con ellas.
-Hay que reconocer la originalidad.
-Y entre todas ellas, abriéndose camino entre las burbujas, Carmela Cortés, en una de sus coreografías más estilizadas.
-Falta algo junto a la Cortés.
Un tipo con charm.
La imagen viril brindando al lado de la bailaora.
Alguien internacional que solo podamos tener nosotros.
-Déjame darle una vuelta.
Seguro que alguien se nos ocurre.
-Salud.
-Blanca, me acaban de contar que estaba usted por aquí.
Bienvenida.
-Gracias, Sergio.
¿Cómo estás?
-Muy bien.
Todo bien por aquí.
-Hola, hijo.
-¿Pero qué tal usted?
¿Cómo ha ido el viaje?
-Pues me temo que tu padre tenía más de un secreto muy bien guardado allí en Cuba.
-Pero ¿cómo?
¿Que es...?
¿Es mi hijo?
-No me digas.
-Sí, pero ¿además de...?
-Sí, además de.
Pero ya os lo contaré cuando vuelva de París.
-Disculpen, eh, vamos.
Voy al, al... Voy al baño.
-Bien, hijo.
-Muy bien.
-Bien.
-Vamos.
-Pues tengo intención de estar en París una semana más o menos.
Y si puedo, antes de regresar a Cuba... -Pedro Infantes.
Infantes, ¿cómo no me ha dicho usted nada de esto?
-Joder, es que... Es que yo pensaba que lo sabía, don Emilio.
Y como, como viene con tanta información, pues... -Me he pasado media vida dedicada a una sobrina... ...y tenía un hijo.
¡Un hijo!
[risilla] -Bueno, lo siento mucho.
-No, no.
No lo sienta, Infantes.
Está muy bien, es un muchacho... -Sí, sí.
Sí.
Y muy agradable.
-Un hijo.
-Ya verás, vamos a estar en boca de todo el mundo.
-Confío plenamente en la campaña, Quique.
Consígueme una estrella internacional y hablaremos de tu comisión.
-Voy a querer un porcentaje del caché.
No, no te rías.
No bromeo.
La dimensión de la campaña tiene que ser la misma para todo el mundo.
-Dame buenas noticias y hablaremos.
[quebrazón] -¡No!
[quebrazón] ¿Estás bien?
-Sí.
Sí, estoy bien.
¿Qué es esto?
-Juliette.
Juliette, ábreme, por favor.
[golpes en la puerta] Juliette, solo quiero ayudarte.
-¿Sigue ahí?
-Está encerrada como una niña pequeña.
-Déjame.
[golpes en la puerta] Juliette, ¿estás bien?
Juliette, estamos un poco preocupados.
Por lo menos di algo.
-Ay, ¿y si le ha pasado algo?
Lleva más de una hora ahí dentro.
Vamos a forzar la puerta.
-¿Seguro?
-Sí.
-Juliette, vamos a entrar.
No te asustes.
Ya.
¡Voy!
[grito] ¡Juliette!
¡Marie, pide ayuda!
♪♪ Ayúdame a levantarla.
¡Avisadle a una ambulancia!
♪♪ Que nadie entre en el almacén.
¡La puerta!
¡La puerta!
-Un accidente.
Ha habido un accidente.
-¿Un accidente?
-Pero ¿qué pasa?
-Sí, bueno, que en realidad han sido dos.
-Pero tranquilízate.
-Es que el toldo de la fachada se ha caído.
Y estaba don Enrique y el señor Godó, pero que no les ha pasado nada.
Ha sido abajo, en el almacén, una chica del taller, se la han llevado a urgencias.
-¿Qué chica?
-¿Pero qué ha pasado?
-No, no, no lo sé.
Solo sé que se la han llevado en una ambulancia Jonás y Marie.
-Bueno, vamos a tranquilizarnos.
Lo primero que hay que hacer es llamar al seguro.
-Yo voy a la calle a ver qué ha pasado.
-Sí, yo voy al taller.
-Al seguro, hay que llamar al seguro.
♪♪ -¿Pero sabemos algo de Jonás?
-Sí, he llamado y me han dicho que Juliette está en urgencias, y están a la espera de, de noticias.
-Bueno, esperemos que se quede todo en un susto.
♪♪ -Pedro, ¿estás bien?
-Sí.
Sí, sí.
Es que me... Me gustaría despedirme de doña Blanca a solas, si no es inconveniente.
-Claro que sí, por supuesto.
Vuelva pronto, aunque sea de visita.
-Volveré.
Y tú cuídate mucho.
Y a tu madre.
-No lo dude.
Y mucha suerte.
-Gracias.
¿Seguro que estás bien, Pedro?
Te noto ausente.
-Es que... A ver, esto que le... Esto que le voy a contar, no... ...no va a sonar muy cuerdo, la verdad, pero... No sé cómo he llegado a esto, no sé cómo ha pasado, pero... ...estoy en contacto con, con don Emilio.
-¿De qué estás hablando?
-Porque, que hace un par de días que le veo y me puedo comunicar con él... -Esto no tiene ninguna gracia.
-Bueno, pero si no estoy intentando ser gracioso, doña Blanca.
Se lo aseguro.
Seguro que le veo, que es real.
-Pero ¿por qué me estás haciendo esto?
Tú mejor que nadie deberías saber cómo me siento.
-Doña Blanca, mire, escuche, lo único que no quiero es hacerle daño.
Pero es que creo que tenemos que ayudar a don Emilio.
Se acaba de enterar que tiene un hijo y si no lo ayudamos, no descansará en paz.
♪♪ -¿Pedro?
♪♪ -Me fui sin decirte... ...que te seguiré amando siempre.
Siempre.
Lamento no poder consolarte, vida mía.
-¿Emilio?
♪♪ ♪♪
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